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Creating value

3. Methodology

4.1 Value chain

microfinanzas.

De acuerdo con Hidalgo (2005), la perspectiva de género es definida como aquel enfoque que permite analizar y comprender las características que definen a las mujeres y a los hombres de manera específica, así como sus semejanzas y deferencias (Lagarde, 2005:15). Con el género es posible analizar las identidades y los roles socialmente aceptados, así como las relaciones de poder entre los géneros.

Lagarde (2005:13), anota que la perspectiva de género tiene como fin el cambio de las estructuras del poder que han colocado a las mujeres en desventaja frente a los hombres, hacia la construcción de una nueva configuración social y subjetiva en la que exista una relación de equidad entre los dos géneros.

No existe una receta académica para implementar la perspectiva de género en los proyectos de desarrollo, sin embargo, existen ciertos criterios que se deben tomar en cuenta. Uno de ellos es que se deben abordar las necesidades de los hombres y de las mujeres por separado y de acuerdo a su género. En este sentido, se deben comprender dos conceptos: las necesidades prácticas y las necesidades estratégicas de género.

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En este orden, las necesidades prácticas se refieren a una preocupación que hombres y mujeres tienen a partir de su condición y de acuerdo a su posición como género dentro de la división genérica del trabajo (Moser, 1991:70-72). Se deberá entender como condición al estado material y por posición a la ubicación social y económica de las mujeres respecto a los hombres (Young, 1995:16).

Respecto a las necesidades estratégicas de género, se refieren a aquellas necesidades que se derivan a partir del análisis de la subordinación de las mujeres en relación con los hombres, cuyo fin el lograr una organización más equitativa de la sociedad y que varían de acuerdo al contexto cultural, económico, social y político donde se están formulando (Moser, 1991: 69).

Una estrategia o un proyecto de desarrollo con perspectiva de género deben contemplar no solo las necesidades prácticas, sino también las necesidades estratégicas de género. Es necesario establecer que las microfinanzas desde una perspectiva de género no se tratan únicamente de facilitar el acceso al microcrédito a las mujeres.

De acuerdo con Johnson (1997), las microfinanzas son una herramienta que pueda corregir los desbalances de poder resultantes de la inequidad genérica, a menos que cada proyecto y estrategia tenga un compromiso con un acercamiento estratégico para lograrlo. Así pues, para que los diferentes programas puedan desafiar las estructuras de opresión de las mujeres, es necesario tener presente la perspectiva de género a lo largo del todo el ciclo del proyecto, desde su planeación hasta su evaluación.

De acuerdo con Hidalgo (2005), a nivel teórico existe un gran potencial transformador de las relaciones de género que se derivan de los proyectos de microfinanzas con perspectiva de género. Desafortunadamente, un gran porcentaje de los proyectos de microfinanzas no incluyen a la perspectiva de género, como resultado, las evaluaciones se han hecho a estos programas no han podido verificar empíricamente el potencial transformador.

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Tener presente al género como una categoría útil para analizar los resultados será imprescindible. Resulta conveniente entonces abordar las diferentes conceptualizaciones que las feministas y diferentes académicas han hecho al respecto del género.

La concepción epistemológica de Scott (2008:289), señala que ―… el género, es un elemento constitutivo de las relaciones sociales, las cuales se basan en las diferencias percibidas entre los sexos, el género es una forma primaria de las relaciones simbólicas de poder…‖ Pensando en el poder, Scott continúa diciendo que, los cambios en las relaciones

sociales siempre corresponden a cambios en las representaciones del poder, y aclara que la dirección del cambio no es necesariamente única.

Scott (1992), refiere sobre el conjunto de elaboraciones conceptuales de género y subraya que las palabras dan lugar al discurso, el discurso es estructura histórica, social e institucionalmente específica de enunciados, términos, categorías y creencias como maestro/alumno, padre/hijo, marido/mujer. En tanto no se haga un paréntesis para rechazar la oposición igualdad/diferencia e insistir continuamente en las diferencias; las diferencias como la condición de las identidades individuales y colectivas, […] el reto constante será ajustar esas identidades.

De acuerdo con Scott (1999:37-75), el género comprende cuatro elementos interrelacionados:

 Símbolos culturalmente disponibles que evocan múltiples representaciones que pueden ser contradictorias.

 Conceptos normativos que manifiestan las interpretaciones de los significados de los símbolos en un intento de limitar y contener sus posibilidades metafóricas expresadas en doctrinas religiosas, educativas, científicas, legales y políticas que atribuyen y dan significado de varón/mujer, masculino/femenino aludiéndolas como declaraciones univocas aparentemente surgidas de consensos de conflicto .

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 El género se construye a través de las instituciones y organizaciones sociales, en los sistemas de parentesco, en la economía, en la política, en los mercados de trabajo y en las instituciones educativas.

 La identidad subjetiva y la construcción de la identidad genérica relacionada con actividades, organizaciones sociales y representaciones culturales históricamente específicas, que puede ser analizada mediante biografías o de colectivos sociales. Asumir el género desde esta perspectiva implica una forma particular de definir e interpretar la realidad social e interpersonal diferenciando lo que sociohistóricamente ha sido definido como masculino y femenino. El proceso de creación y desarrollo de género involucra una forma particular de identificarse, interaccionar y de interpretar la realidad social de acuerdo con el orden que cada cultura y grupo social establecen para la acción social de hombres y mujeres.

Para Lamas (1999:14), el género es ―…el conjunto de prácticas, creencias, representaciones y prescripciones sociales que surgen entre integrantes de un grupo humano en función de una simbolización de la diferencia anatómica entre hombres y mujeres‖; señala que por esta clasificación cultural se definen no solo la división del

trabajo, las prácticas rituales y el ejercicio del poder, sino que se asignan características exclusivas a uno y otro sexo en materia de moral, psicología y afectividad.

En el terreno específico de lo biológico, los países anglófonos han empleado la palabra género para organizar a los seres vivos de acuerdo con su sexo, para ello, se agrega el término femenino o masculino, con lo que se da pie a un sistema de diferenciación entre animales, plantas y cualquier otro ser vivo (Lamas, 1995).

Scott (1986), separándose del reduccionismo biológico, subraya que el género estructura la percepción de las personas, la organización concreta y simbólica de la vida social al establecer las relaciones de poder, como el acceso y control diferencial sobre los recursos materiales y simbólicos.

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Las limitantes que ofrece el discurso biológico, en el que se insiste en establecer diferencias entre hombres y mujeres a partir de lo corpóreo, radican en que esta explicación no toma en cuenta que tales diferencias corresponden a situaciones evolutivas y de adaptación al medio, aunado a ello, se ocultan las asimetrías sociales entre hombres y mujeres en el devenir histórico.

El haber asumido los criterios del sexo y lo biológico como forma para interpretar las acciones de los seres humanos trajo como consecuencia serias implicaciones sociales. Las dimensiones biológicas de las dicotomías hombre/mujer, varón /hembra, más allá de una realidad biológica natural, ocultan una realidad simbólica-cultural que se muestra al mundo en términos binarios cuyas contradicciones representan una complejidad donde las diferencias han puesto en desventaja a las mujeres; el problema es que esas desventajas continúan siendo parte de las representaciones culturales.

Dice el diccionario ideológico feminista (1981:136), ―que mientras el entorno siga estando fuertemente dicotomizado en razón del sexo, es difícil, por no decir imposible, impedir que el género refuerce la diferencia y la diferencia justifique al género‖. Una vez

que la problemática del género […], es exclusivamente una formación cultural y ahí están

los cambios y diferencias históricas observables a lo largo de los siglos, o incluso, sincrónicamente en culturas diferentes.

Para Anderson (2007:97-102), el género es relacional y considera que esta categoría es ―… un conjunto de elementos que incluye formas y patrones de relaciones sociales, prácticas asociadas a la vida social cotidiana, símbolos, costumbres, identidades, vestimenta y la forma en que se trata al cuerpo que permanecen como un conjunto haciendo referencia a una forma culturalmente especifica de registrar y entender las semejanzas y diferencias entre los géneros reconocidos‖.

Finalmente y de acuerdo a Burin y Meler (2000), el género tiene rasgos característicos:

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1. Siempre es relacional, nunca aparece de forma aislada, sino marcando su conexión, por ello, cuando se alude a los estudios de género, siempre nos remitiremos a las relaciones entre el género femenino y el masculino.

2. Se trata de una construcción histórico-social, por lo tanto, es susceptible de modificarse‖.

3. Jamás aparece de manera pura, siempre se encuentra atravesado por aspectos determinantes como la raza, la clase y la etnia.

Los análisis con perspectiva de género permiten la búsqueda de respuestas a preguntas para definir ―él quien‖, ―cómo‖, y ―cuándo se usan los recursos‖ y ―para qué‖. Cuando se aplica una metodología con enfoque de género es posible mirar cómo los hombres y mujeres determinan su acceso a los recursos, quién decide sobre ellos y qué efectos les trae este proceso de decisión.

De esta manera y con el empleo de la perspectiva de género es que se logra cuestionar las estrategias y políticas de desarrollo, en el logro de estos objetivos se requiere ubicar cada política en su justa dimensión, puesto que existe el riesgo de que una política refuerce el papel culturalmente asignado a las mujeres o pueda provocar cambios significativos si está bien construida.

En el caso del microfinanciamiento, esta estrategia se aplicó en México luego de que las crisis financieras vinieran a modificar de manera significativa las condiciones de vida de muchas personas, en particular las de las mujeres.

Problemas como la pobreza, la falta de un empleo que permita de manera paralela la seguridad social y garantizar mínimamente la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, lleva a la oportunidad de analizar a profundidad lo que sucede al interior del grupo doméstico cuando las mujeres utilizan un microcrédito. Cabría preguntarse ¿cómo ha sido considerada la participación de las mujeres en el desarrollo? ¿Qué problemas enfrentan? ¿Ante quienes?

La sexualidad de las mujeres y los hombres ha sido un referente equívoco de la organización genérica de la sociedad, constituyéndolos definidamente con base en lo que

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las diferentes culturas reconocen y asignan a los atributos sexuales con los que elaboran la clasificación y diferenciación de los géneros.

La sexualidad ha descansado en principios de poder político logrando el dominio del cuerpo, como un elemento para organizar el espacio de la materialidad real de hombres y

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