El último año de su vida lo aprovechó el santo para redactar un escrito de lucha.
Contra los judíos, en aquella época casi obligatorio. Aunque no es raro encontrar en él con
anterioridad invectivas antijudías.289
Agustín, que sólo en una ocasión informa sobre una conversaciónpersonal con un judío, “un hebreo cualquiera” (a quien deja que le explique el significado de la palabra
Racha), les ataca teológicamente y por su modo de vida.
Su diligencia le irrita tanto como su alegría o su búsqueda del placer, que a menudo critica. Repetidas veces les reprocha que acudan a los espectáculos. Les llama los mayores vocingleros del teatro. Sin embargo, aprovechan el sabbat sólo para comer golosinas, para holgazanear o, en lo que respecta a sus mujeres, para “bailar todo el día sin vergüenza sobre sus tejados planos”. Constantemente interpreta los salmos para ata-
287 Oros. hist. 1 prol. 14; 1,1,1 s; 1,1,9 s; 1,3,1 s; 1,3,3; 1,5,9. 3 prol. 1 s; 4,6,37 s; 5,11,6; 7,7,10 s; 7,10,5 s; 7,15,4; 7,17,4 s; 7,19,1 s; 7,21,2 s; 7,22,3 s; 7,23,6; 7,38,7; 7,39,2. Pauly 1763. Kraft, Kirchenváter Lexikon 401 s. Schuitze, Untergang 1412 s. Altaner 207 s. Diesner, Orosius 91 s. Corsini 109 s. Goetz 12 s, 98 s, 136 s. Blazquez 653.
288 Oros. hist. 1 prol. 1 s; 7,43,17. Cf. al respecto el tratado complementario: f Die Quellen bei Goetz 25 s, además 136 s.
289 Para datar el tratado: Blumenkranz 207 s. Sobre el antijudaísmo de Agustín: el mismo, 59s, 110s.
carles. Ve en los judíos a unos notables querellantes, dice que son peores que los demonios, que al menos habrían reconocido al Hijo de Dios, que ya en su tiempo distinguía entre sus seguidores y ellos “como entre la luz y la oscuridad”. Lo mismo que Juan Bautista había descubierto el “veneno” de los judíos y les había insultado llamándoles “engendro de víboras”, “no seres humanos sino víboras”, Agustín los vilipendia como malignos, salvajes, crueles, los compara con lobos, les llama “pecadores”, “asesinos”, “vino de los profetas avinagrado”, “rebaño de ojos legañosos”, “suciedad removida”.290
Desde el punto de vista teológico, el experto afirma que los judíos no entienden lo que leen, que “sus ojos están oscurecidos”, que son “ciegos”, están “enfermos”, son “tan amargos como la hiel y ácidos como el vinagre”. Son “culpables del monstruoso pecado del ateísmo”. Simplemente no quieren creer, y Dios ha “previsto su mala voluntad”. No es suficiente: “El padre de quien sois, es el diablo”. Esto no deja de repetirlo Agustín con deleite. Y puesto que el diablo es su padre, no sólo tienen sus apetitos, sino que mienten como él: “veían en su padre lo que hablaban; ¿qué, sino mentiras?”. Pero él, Agustín, es como el abogado de Dios” de la verdad, y así, con santa insolencia, no deja de hablar de “nuestros primeros padres”, “nuestro Moisés”, “nuestro David”―¡cristianos puros!-, “si bien ya vivían”, lo cual es realmente incuestionable, “antes de que Jesucristo Nuestro Señor se hiciera carne”. Y después de haber tergiversado la Biblia, como acostumbra, exclama: “¡Y cuanto más os ensalcéis con insolente desvergüenza, tanto más dura será la caída para hundiros con mayor infamia! “No os tengo ninguna simpatía”, pero quien habla no es nadie más que el Señor, el Todopoderoso”. Y repite ahora con evidente placer: “No os tengo ninguna simpatía”. Huelga decir que los judíos persisten en su “maldad”, “en sus mentiras”, que es necesario en la historia de la salvación, Dios así lo quiere, que constituyan una minoría no apreciada, dispersos “desde que sale el sol hasta que se pone”, que vagabundeen sin patria. “En una impía manía innovadora, como seducidos por artes mágicas, habían caído en dioses e ídolos extraños” y “finalmente habían matado a Cristo”.291
En Handbuch der Kirchengeschíchte, el historiador católico de la Iglesia Kari Baus cree que la interpretación teológica que de la inconvertibilidad de Israel realiza Agustín, “se expone sin vejamen para el judaísmo”.292
290 August. enarr. en ps. 50,1. Senn. 80,4 s; 9,3 de cons. evang. 2,77. En Joh. Ev. Tr. 3,19; 26,1; 30,2; 35,4; 38,5; 42,5; 45,10; 51,5; 92,2. de serm. domini in monte, 1,9,23. Blumenkranz 59 s. Van der Meer, Augustinus 106 s. Frank, «Adversos Judaeos» 42.
291 August. de civ. dei 4,34; 17,19; 18,37. Advers. Jud. 1,2; 5,6; 7,9; 9,12. de trin. 1,13,28. enarr. en ps. 65,9. de gratia Christi et peccat. originali 2,25,29 ep. 138,4,20. de catech. rudibus 19,33. Evangelio de San Juan 42. Vortrag 9 s; 53,4 s. Frank “Adversos Judazos” 42.
Con Séneca, Agustín cree que “este pueblo criminal” obliga a adoptar su estilo a todos los países. “No se harán cristianos sino que nos hacen judíos. Las costumbres de los judíos son peligrosas y mortales para los cristianos. Cualquiera que las siga, proceda del judaísmo o del paganismo, cae en las fauces del diablo.” Sobre los judíos acuña su enemigo el dicho: “Id [...] al fuego eterno”, y proclama que deberán seguir siendo esclavos hasta el fin de los tiempos; naturalmente, esclavos de los cristianos. Agustín, que en su sede episcopal distinguía también entre “dos tipos de seres humanos, los cristianos y los judíos”, desnaturalizó a éstos teológicamente hasta el extremo. Y para poderles negar los escritos del Antiguo Testamento, no sólo afirma: “Los leen como ciegos y los cantan como mudos”, no sólo niega que sean “los elegidos”, ¡sino incluso su derecho a llamarse judíos! Sin embargo, evidentemente satisfecho, añade que al hablar así sólo le mueve el amor y nada más que el amor: “¡Qué bien tan grande es el amor!”. Todos los horrores cometidos por los cristianos contra los judíos los explica como un acto de justicia, y hasta mantiene que “ciertas matanzas de judíos” (Pinay) son un castigo de Dios. También fue un castigo de Dios la destrucción de Jerusalén y la guerra de los judíos con los romanos. Pero el santo conoce muchos de esos castigos divinos, y escribe que los judíos tiemblan bajo los cristianos, llegando aun a jactarse de ello, quizás con miras al primer gran pogromo judío ― la primera “solución final”― ordenado por el santo padre de la Iglesia Cirilo en Alejandría, en el año 414: “Os habéis enterado de lo que les ha pasado cuando se han atrevido a levantarse sólo un poco contra los cristianos”. Es también el primer teólogo que culpa a los judíos de su tiempo de la muerte de Jesús, lo que vuelve a determinar su eterna servidumbre, su perpetua servitus. En 1205, el papa Inocencio III adopta esta idea, y en 1234 pasa a formar parte de la colección de decretos de Gregorio IX. El antisemitismo de Agustín influyó también sobre la legislación anti-judía del emperador.293