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2.4   EMPIRICAL TEST: CLUSTER ANALYSIS 45

2.4.1   Variables 46

Una serie de experiencias especialmente decepcionantes en el tratamiento psicoterapéutico de familias con interacción esquizofrénica nos obligó a tomar conciencia de que el mayor obstáculo que debíamos enfrentar para su abordaje, estaba dentro de nosotros. Este obstáculo era nuestro propio e inevitable condicionamiento lingüístico.

Tal toma de conciencia la debemos particularmente a dos obras fundamentales: una, de Gregory Bateson, Steps to an ecology of mind, y otra de Harley Shands, The war with words, de las que citaremos seguidamente algunos párrafos sobresalientes. El reflexionar respecto de esas obras nos estimuló para realizar el esfuerzo, en verdad nada pequeño, de cambiar nuestra epistemología por otra, más correcta, que nos permitiera inventar una metodología terapéutica adecuada.

El relevamiento y la clasificación minuciosa de las perturbaciones de la comunicación peculiares de la familia con interacción esquizofrénica fueron ciertamente una conquista en el sentido de la investigación científica. Incurrimos aun en errores mientras continuamos ilusionándonos con la posibilidad de poder inducir el cambio mediante, la corrección de tales peculiaridades comunicacionales: notándolas, haciéndolas notar, invitando a reformular los mensajes de modo correcto, en suma, enseñando a comunicar de maneja funcional. Nos habíamos ilusionado, incluso, con la posibilidad de emplear el código lingüístico de manera fructífera, presumiendo erróneamente que era compartido y consentido por la familia con interacción esquizofrénica.

Logramos darnos cuenta, finalmente, de hasta qué punto nos condiciona la entrada y la pertenencia a un mundo verbal. De hecho, ya que el pensamiento racional se forma a través del lenguaje, conceptualizamos la realidad según, el modelo lingüístico que forma así, para nosotros, un todo con la realidad. Pero el lenguaje no es la realidad. Así, el lenguaje es lineal mientras que la realidad viviente es circular. Dice H. Shands:

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PARADOJA Y CONTRAPARADOJA

El lenguaje nos prescribe ordenar los datos deductivamente, de manera lineal. Influidos y condicionados, sin advertirlo, por el método lingüístico, aceptamos, aun reforzándola, la noción de que el universo está organizado según una base lineal y por lo tanto según el modelo causa-efecto. Puesto que el lenguaje exige sujeto y predicado, quien realice la acción y quien la soporte, concluimos que ésta es la estructura del mundo. Bien pronto descubrimos, frente a contextos difíciles y complicados, que no es posible encontrar un orden tan concretamente definido si no se lo impone. Es así como realizamos operaciones consistentes en colocar líneas de demarcación que separan lo que en realidad es un conjunto de variaciones graduales, logrando de este modo hacer una distinción entre "hipo" e "hiper", entre "normal‖ y "anormal", entre "blanco" y "negro".

Nos encontramos aun atrapados por la absoluta incompatibilidad de los dos sistemas primarios en que vive el ser humano: el sistema viviente, dinámico y circular, y el sistema simbólico (lenguaje), descriptivo, estático y lineal.

La especie humana, desarrollando su característica específica, el lenguaje, instrumento de instrumentos para la organización y transmisión de la cultura, ha debido integrar dos modalidades comunicacionales completamente diferentes: la analógica y la digital. "Por tanto, únicamente a los seres humanos les es concedida ya la cultura, ya la psicosis, según sea la integración o contraposición entre los dos niveles del comportamiento" (Shands).

Siendo el lenguaje descriptivo y lineal estamos obligados, para describir una interacción, a producir una dicotomía o a introducir una serie de dicotomías, "puesto que es imposible describir una organización circular justamente porque la naturaleza de la operación simbólica es diferente de la naturaleza de la operación viviente" (Shands). La necesidad de realizar una dicotomía a lo que el lenguaje nos constriñe, exigiendo inevitablemente un antes y un después, un sujeto y un objeto, en el sentido de quién realiza la acción y de quien la sufre, importa un postulado de causa-efecto y, por consiguiente, una definición moralista.

En nuestra opinión el moralismo es intrínseco del lenguaje, justamente porque el modelo lingüístico es lineal. Por ejemplo, como veremos en el capítulo 15, ante una paciente psicótica que recita el papel de un padre de familia ancestral, autoritario y violento, intentamos atribuir la causa de tal patología a la "ineficiencia" y a la "pasividad" del padre real, deslizándonos fatalmente a la formulación de un juicio moral sobre el padre. En realidad, en el modelo circular, los dos comportamientos no son sino funciones complementarias de un mismo juego.

En el caso de la familia con interacción esquizofrénica, donde los dos niveles comunicacionales, analógico y digital, están en contraposición, nuestro condicionamiento lingüístico nos indujo a una serie de errores.

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PARADOJA Y CONTRAPARADOJA

Sintetizamos los más significativos:

a) conceptualizar la realidad viviente de la familia en sentido lineal, y no sistémico-circular;

b) juzgar las modalidades comunicacionales de la familia como "equivocadas", en, relación con las nuestras; señalarlas por ende como tales y tratar de "corregirlas";

c) basarse principalmente en el empleo del código digital (sobre todo en cuanto al nivel de contenido de los mensajes) con la intención de actuar terapéuticamente sobre la familia.

El cambio de rumbo epistemológico y metodológico que intentamos resultará más claro a la luz de la exposición y el análisis de las modalidades de intervención terapéutica que ideamos.

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PARADOJA Y CONTRAPARADOJA

Capítulo 7