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3. Variables, data and descriptive statistics

3.1. Variables measurement

Bien está que los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen de todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

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El conformismo del pensamiento el aferrarse al principio de que éste es una actividad fija, un reino cerrado en sí mismo dentro de la totalidad social, renuncia a la esencia misma del pensar. Horkheirmer

No quiero escribir de la paradoja, por ejemplo, en Zenón o Aristóteles, en Quintiliano o Plutarco, Seneca o Santo Tomas, Kant o Hegel, en cambio, quiero preguntar por qué el pensamiento o más bien el quehacer filosófico, se encuentra hoy día viviendo en una paradoja. En ese sentido, el termino paradoja no debe ser entendido como algunos lógicos lo han descrito debido a su derivación etimológica, para doxa: contrario a la opinión común, o figura del pensamiento que envuelve una contradicción, sino más bien como un choque de dos posturas, tal choque servirá como recurso para poder reflexionar respecto del quehacer filosófico sus academias e instituciones hoy en día. Dichas posturas pueden quedar condensadas en la siguiente frase: el quehacer filosófico y la rapidez con que se produce el conocimiento hoy día. Esta frase es de aquellas que guardan un sentido y una verdad recalcitrante, porque es una manifestación del síntoma de época en el vivimos, para decirlo con Byung- Chul Han: “La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento. Tampoco, sus habitantes se llaman ya “sujetos de obediencia” sino sujetos de rendimiento”, […] al inconsciente social le es inherente el afán de maximizar la producción” [2012: 25-27]

Este síntoma de época nos lleva a pensar el lugar del quehacer filosófico en la sociedad del siglo XXI. Lo que pasa en una sociedad del rendimiento es que el filósofo tiene que producir en una sociedad de la producción, y así cumplir con ciertos valores, números y estadísticas, aspectos que desde luego no definen la actividad filosófica, sin embargo, su quehacer se ve cada vez más relacionado con dichos valores de productividad. Lo que viene a implicar un segundo aspecto, puesto que esta productividad envolvente de las sociedades del siglo XXI sitúa a la actividad filosófica en un entre: entre concebir la filosofía como espacio de libertad donde se puede dar y cultivar el pensamiento, y los valores de productividad donde actualmente se ve envuelta dicha labor filosófica, en esta tensa relación hay que ser competitivos para tener un trabajo y pronto la búsqueda de la verdad es lanzada

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por la borda. En nuestro país, poco a poco la filosofía se ha visto en un entre, tan solo el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ha lanzado un discurso de pertinencia sobre el estudio de la filosofía en nuestras sociedades y en general sobre el futuro de esta carrera en las Universidades y a la vez que ha señalado los riesgos que un estudiante contrae al matricularse en una de estas profesiones no rentables para la economía de un país, que además de pobre tiene altos índices de violencia:

“quien estudia una licenciatura en Filosofía apenas gana 24% más de los 6,208 pesos que en promedio obtiene una persona con preparatoria terminada. Un joven tiene todo el derecho de resolver sus inquietudes vocacionales estudiando filosofía o teología, pero debe tener claro que sus prospectos salariales serán menos de una tercera parte que si hubiera elegido una profesión más rentable.” [Juan E. Pardinas- IMCO-2017]

Ahora bien, si por rentabilidad educativa y económica entendemos:

“que la educación no sólo incrementa la riqueza nacional, sino que además reporta ventajas a los individuos, lo cual no constituye una sorpresa evidentemente. A las personas con más estudios – dice la publicación – les va mucho mejor en el mercado de trabajo. En efecto, tienen más posibilidades de conseguir y conservar un empleo y cuantos más títulos poseen más dinero ganan.” [Motivans A. y Tremblay K. UNESCOPRESS-2017]

Este estudio de la UNESCO en colaboración con la OCDE ha sido realizado por Financing Education – Investments and Returns21 bajo el nombre de Proyecto de Indicadores Mundiales de Educación (WEI por sus siglas en inglés) sobre los indicadores de la educación en el mundo, y sitúa a la filosofía como una profesión que nada tiene que ofrecer en las sociedades de la producción. Ya que, aunque un estudiante de filosofía logre obtener títulos suficientes para desempeñarse en la sociedad, la realidad es que muchas veces no consigue trabajo y si lo llegase a encontrar no corresponde con los estudios estandarizados de la UNESCO-OCDE sino más bien con aquellos discursos de la IMCO sobre la pertinencia de la filosofía en el mundo actual por su escasa o casi nula rentabilidad en las sociedades del rendimiento, sin embargo, estos discursos además de estandarizados son peligrosos porque la actividad

21 http://uis.unesco.org/sites/default/files/documents/financing-education-investments-and-returns-

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filosófica no es un simplemente conseguir “empleo” sino más bien un quehacer sobre la reflexión de los problemas que acosan nuestro mundo. La filosofía no puede negar que hoy ella misma sea una profesión, pero tampoco puede resignarse a ser un trabajo exclusivamente productivo en los términos de la IMCO. El sesgo que crean estos tipos de discurso muestra una de las partes de la problemática sobre la filosofía y la rapidez con que se genera el conocimiento como una fuerza productora y productiva, es decir, porque se puede llegar a pensar que nuestro país es pobre porque no tiene técnica que lo inunde en potencial productivo, y con base en ello necesita de más técnica y menos filosofía pues esta no es rentable y mucho menos productiva.

Pero al tiempo que las instituciones conciben a la filosofía como una actividad no rentable se asume que su pertinencia en la sociedad la puede adquirir en la medida en se vuelva productiva para garantizar su permanencia, que no es otra cosa más que el quehacer filosófico se someta a las reglas políticas y económicas de las instituciones que lo promueven, ese mecanismo maximiza la actividad productiva de la filosofía y su investigación, convirtiéndola en una virtud individual y colectiva que es castigada o premiada por la misma institución, volviendo a la filosofía pasiva y desinteresada de los asuntos concretos que debe atender como fuerza crítica de la reflexión que es, ya que la labor filosófica centra su atención en el ámbito del mercado y la producción, aunque lo haga indirectamente.

Son estos acontecimientos a los que el pensamiento de Simone Weil se opone porque el quehacer filosófico como un trabajo exclusivamente humano no puede ser determinado por el mercado y su producción, ya que corre el peligro de esclavizarse ahí mismo donde se produce o realiza sin percatarse de ello, viciando su capacidad crítica y reflexiva:

Un hombre sería completamente esclavo si todos sus gestos procedieran de otra fuente que su pensamiento: o bien las reacciones irracionales o bien los pensamientos de otro; el hombre primitivo hambriento cuyos movimientos están provocados por los espasmos que tuercen sus entrañas, el esclavo romano perpetuamente tenso ante las órdenes de un capataz armando de látigo, el obrero moderno que trabaja en cadena se aproxima a esta condición miserable. [1982:78]

El señalamiento weliano se vuelve un guiño de las condiciones en que se gesta hoy el quehacer filosófico, pero aún más cuando nos arroja la figura del filósofo como aquel sujeto intelectual de rendimiento, quizá ahora, en nuestra época, en pleno siglo XXI y a diferencia

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del obrero moderno al que se refiere Weil, no existe la imposición de un capataz con látigo en mano que nos dé ordenes, quizá ese otro impositivo esté desdibujado, y su imagen de opresor no sea tan clara, sin embargo, pienso que el peligro es aún más grave porque no se distingue con claridad qué es lo que oprime al pensamiento: ¿si es la sociedad del rendimiento y de la producción; las políticas educativas y económicas (los discursos de pertinencia)? o ¿acaso es un fantasma que ronda y sólo se aparece por ahí a unos cuantos intrépidos? Sin embargo, puesto en nuestra sociedad existe un mecanismo establecido entre consumidores- productores y nuevos consumidores, la filosofía parece volverse una industria del pensamiento, en un eterno ciclo de estabilidad y orden, donde nada ni nadie se puede librar porque somos producto y parte de ello. El peligro de esta actividad sin detrimento es llevar en la avalancha del mercado a la filosofía, como conciencia crítica de la sociedad, a un estado acrítico y manipulable por los beneficios que la misma actividad productiva puede acarrear en su rentabilidad. Esta problemática reclama importancia, ya que debemos preguntarnos qué estamos haciendo como investigadores ante contextos que cuestionan el mismo quehacer filosófico y su status quo en nuestras sociedades contemporáneas. Ya que la gran tragedia humana, sería la pérdida de poder pensar y hacerlo libremente.

Ahora bien, si partimos del entendido de que la tarea inevitable del pensamiento filosófico es el autorreflexión de una época sobre sí misma, como vigía y previsora, como la de la voz de un tiempo, podemos decir entonces que es necesario que la filosofía se coloque no en la Torre de Hércules22 donde desde un faro de navegación con piso firme se avistan los peligros que el mar esconde, sino más bien situarse en la cofa del barco para informar todo lo que veamos o sintamos durante la navegación, pero más que sólo informar, preguntar por las apariencias que envuelven los acontecimientos de nuestro mundo como cortinas de niebla en plena navegación y que de algún modo obnubilan nuestra tarea de vigías. En todo caso

22 Al decir “Torre de Hércules” queremos enfatizar metafóricamente la idea de que la filosofía si es previsora,

no debe hacerlo desde la seguridad que le otorga un lugar firme como lo es un faro porque es un lugar que está fuera y lejos de los cambios y peligros que el mar esconde. La Torre de Hércules es un antiguo faro Romano, su construcción data del siglo I d.C., fue construido en la costa de A. Coruña España, la UNESCO señala que desde la Edad Media hasta el siglo XIX, numerosas leyendas han ido jalonando la historia de la Torre de Hércules. Es el único faro de la Antigüedad grecorromana que ha conservado en cierta medida su integridad estructural y que sigue desempeñando la misma función. Una de las leyendas cuenta que Hércules llegó en barca a las costas donde actualmente se sitúa la Torre, y que fue precisamente allí el lugar donde enterró la cabeza del gigante Gerión, después de vencerle en combate. Puede consultarse acerca de la Torre de Hércules en https://whc.unesco.org/en/list/1312/

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porque la filosofía es la indicada para abrir otros horizontes posibles de pensamiento, por ello es necesario que permanezca o se renueve en el corazón de los problemas que atañen a nuestro mundo. Dicha tarea es la que se asume ahora para vislumbrar por qué la filosofía se encuentra viviendo en una paradoja.

En nuestra tarea de vigías, es viable entonces, preguntarnos por este choque de posturas, esta paradoja que coloca al pensamiento en un entre, entre la libertad y la opresión, entre el mecanismo de producir y en el de verdaderamente reflexionar. ¿Cuál es el trasfondo que esconde esta paradoja? ¿La institución, ya se la universidad o la academia, es responsable de que la actividad filosófica cada vez vaya en detrimento? ¿es responsable de ello la velocidad con que se produce el conocimiento hoy día debido a que la actividad filosofía es una actividad que va contra la velocidad debido a su ociosa improductividad? Mucho se ha especulado sobre el tema, de hecho, este tópico no es nuevo, sin embargo, hay cierto desinterés por investigar cabalmente una problemática que nos acosa en pleno siglo XXI, es así como varios filósofos han señalado algunos destellos sobre la relación de la filosofía con las sociedades de la rapidez del siglo XXI, pero dejando de lado la relación de la filosofía con la misma academia filosófica, en el sentido de que mitigan las reglas con el quehacer filosófico se desempeña en la academia.

Por ejemplo, desde el siglo pasado es José Ferrater Mora [J. Ferrater, 1959], quien asegura que la filosofía ha ganado espacios en Universidades y otras instituciones y la producción en masa ha servido en la divulgación de la filosofía pero que extrañamente la filosofía es apenas perceptible. Hoy parece que esa tendencia del siglo XX continua, pero se ha exacerbado, es Marina Garcés23 [2016:EL PAIS] quien señala que la filosofía vive en una paradoja porque pierde horas en la academia y las instituciones garantizando que sus alumnos aprendan a repetir las doctrinas filosóficas, pero al mismo tiempo fuera de sus instituciones llena mesas de debates y cafés filosóficos, además comenta que la economía y la política de

23 El señalamiento de Marina Garcés fue publicado en el diario EL PAIS, en un artículo llamado Filosofía: la

palabra libre, donde ubica la situación de la filosofía contemporánea concretamente en el caso de España, sin

embargo, el problema que observa Garcés podría ser aplicado a nuestro contexto por la relación que guarda con las políticas educativas y económicas. Puede leerse más sobre los trabajos de Marina Garcés respecto de esta temática en ‘Fora de classe’ (Arcàdia Editorial) / ‘Fuera de clase. Textos de filosofía de guerrilla’ (Galaxia

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nuestro tiempo tienen un plan epistemológico, cultural y educativo, y este consiste en hacer de la inteligencia una fuerza directamente productiva, en aras de la acumulación del saber que satisfaga las necesidades de una sociedad consumista, donde las políticas educativas tienen mucho que ver.

Daniel Innerarity y Cesar Rendueles, [EL PAÍS: 2016] por otro lado, han aseverado que el contexto de nuestra época no es apto para la reflexión que no se da en la rapidez y en la urgencia. En estos tiempos hay que ser competitivos bajo una fuerte presión económica, y la filosofía está vinculada a la ociosa improductividad, pero resulta que la filosofía se ha vuelto un trabajo competitivo que pasa a ser parte de funcionarios y la división del trabajo, también señalan que el academicismo es un problema grave porque la comunidad filosófica escasamente reconoce que hay una lógica interna de resultados inmediatos uniformizando a las humanidades de la manera en que trabaja la ciencia, entonces se dejan de lado este tipo de cuestionamientos e investigaciones que bien podrían poner el dedo en la llaga. Aquí en nuestro país Paulina Rivero Weber [P. Rivero,2004] señala, por otra parte, la importancia de las instituciones y las academias en la filosofía, pues garantiza en cierta medida que el trabajo de los profesores beneficie a los alumnos. Sin embargo, en el proceso de institucionalización, el individuo es incorporado con una función determinada, que reduce la posibilidad de cuestionamiento, cuando las academias de filosofía llevan al extremo este proceso se vuelve un espacio cerrado, una especie de academicismo, en vez de que funcionen como instancias que promuevan la apertura del pensamiento.

De este tema de la relación entre la filosofía y sus academias también recientemente ha hablado Michel Onfray en su libro La comunidad filosófica24, que es básicamente un

manifiesto por una Universidad Popular. La historia de las universidades populares —por lo menos en Francia— tienen una larga historia, su objetivo es abrir el conocimiento a quien quiera tomar de él y no simplemente el que se gesta actualmente en lugares inexplorables como las academias o instituciones educativas, por ello, no es sorpresivo en ese sentido que

24 En este libro Michel Onfray desmitifica al filósofo de su imagen de intelectual y lo pone en contacto con el

mundo que ha sido siempre propósito de sus reflexiones. La lucha de Onfray es una lucha contra las instituciones de coartan la libertad filosófica, sin embargo, algunas de sus aseveraciones las consideramos en extremistas, sin embargo, vemos viable mencionar su crítica pues nos ayuda a entender la problemática compleja del quehacer filosófico en el en el siglo XXI. Veáse La communauté philosophique, de Michel Onfray, editorial Galilé 2004, concretamente la segunda parte Elevemos la filosofía.

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el impulso directo de este tipo de proyectos como el de Onfray, haya sido una respuesta a la crisis que sufre la educación y la Universidad desde siglo XX y la aparición de movimientos sociales, políticos y educativos que consideran necesaria e imprescindible la alfabetización, la formación y el acercamiento de la cultura y la ciencia al pueblo, es decir, a las capas menos formadas y alejadas de los centros culturales como la sociedad rural, el proletariado y otros sectores marginados. Precisamente estos movimientos sociales fueron los que Simone Weil vivió en carne propia, hasta el punto de tener muchas esperanzas en las Universidades Populares, así señala en sus Cuadernos25: “Proyecto: Una Universidad Popular al estilo

socrático, en lo concerniente a los oficios.” [2001: 49], la visión que Weil tiene de la universidad es el un organismo con suficiencia que podría garantizar un nuevo porvenir formativo de los ciudadanos en el mundo, no ya como una institución que condese en ella un conocimiento exclusivamente teórico sino uno que esté orientado al saber hacer.

Este “saber hacer” weliano es de donde proviene indirectamente la crítica de Michel

Onfray a la filosofía institucionalizada y la educación que de ella emana, ya que solo provoca el alejamiento de la filosofía en la sociedad, por ello, el francés dice: “filósofos para filósofos”26, y en verdad no hay duda de ello, al menos esa es la figura que el mundo tiene

de nosotros, colocados en lugares muy definidos, cada filósofo en su claustro y allá afuera está el mundo que apenas pueden tocar esas Torres de Hércules que se erigen sobre su monumental y sapiencial erudición, pues desde la academia se mitiga la lejanía de la filosofía de los problemas prácticos, pero están absurdo pensar en esos términos cuando la filosofía en nuestros tiempos parece la mosca que se para por encima del matamoscas para no ser aplastada en la avalancha de la productividad. Por ello, Michel Onfray responsabiliza directamente a las instituciones de haber trasformado a la filosofía en un producto para el mercado y a los filósofos de cooperar para que esta actividad se siga manteniendo como filosófica. Al tanto que, consideró viable crear una Universidad Popular donde se impartir

25 Aunque aquí sólo señalamos de manera general la visión que Simone Weil tiene de la Universidad, más

adelante veremos cómo y porqué este señalamiento de la filósofa es de suma importancia para la sociedad del siglo XXI y el quehacer filosófico que en ella se desarrolla.

26 Decimos que proviene indirectamente pues este no se refiere en ningún momento al pensamiento de

nuestra autora, sin embargo, hay algunas relaciones, aunque no hay un mapa ya trazado entre sus pensamientos, pues ambos, tanto Michel Onfray como Simone Weil hacen una critica de la filosofía y sus