CHAPTER 5: DATA DESCRIPTION
5.3 The main study
5.3.2 Variables in the subsequent analysis
Una característica común de las crisis financieras recientes es que el gran incremento de las entradas de capital acabó en lo contrario, con unas salidas igualmente cuantiosas y rápidas cuando las condiciones que propiciaban las entradas se invirtieron o cuando esas corrientes volvieron insostenibles la política económica y las condiciones internas. Por lo general, casi todos los episodios de salida de capital y de crisis de la deuda en los países
M. Ahmed y L. Summers, "Informe sobre la crisis de la deuda en su décimo aniversario", Finanzas y Desarrollo, 3
Vol. 29, Nº 3, septiembre de 1992.
en desarrollo han ido acompañados de unos tipos de interés internacionales en aumento. Una vez más, la apreciación de las monedas o unos mayores déficit externos o ambas cosas a la vez figuran entre los rasgos más importantes asociados a esas crisis. La política económica interna que parece viable en condiciones de rápido crecimiento y grandes entradas de capital resulta no serlo cuando los fondos huyen.
Las grandes entradas de capital conducen de ordinario a una ampliación excesiva de los préstamos bancarios que resultan arriesgados cuando los flujos cambian de signo, provocando una inestabilidad o un colapso del sistema bancario. Existe ahora una tendencia a relacionar esa inestabilidad con una regulación interna inapropiada del sector financiero o una supervisión laxa de la aplicación de las normas, y a subrayar la importancia de que la liberalización vaya oportunamente acompañada de un sistema efectivo de reglamentación cautelar. Esta es una respuesta positiva pero tardía. Por ejemplo, entre las diez lecciones que sacó el Banco Mundial de la crisis latinoamericana de la deuda en su décimo aniversario, figuraba entre las primeras la importancia del acceso a los mercados internacionales de capital, pero, en cambio, no se mencionaba el acompañamiento de disposiciones cautelares . Por otra parte, tal como3
se examina en el capítulo siguiente hay un límite a lo que esas disposiciones cautelares pueden lograr. Si bien es cierto que en las crisis de Chile, México y el Asia oriental los sistemas bancarios acababan de registrar una liberalización y desregulación, y que reguladores y supervisores son notoriamente lentos a la hora de ajustarse a los cambios en la estructura y actividad de los mercados financieros, no se conoce caso alguno de ningún país desarrollado o en desarrollo donde un gran incremento de la liquidez en el sector bancario no haya conducido a una ampliación excesiva de los préstamos, un declive de la calidad de los activos y un mayor laxismo en la evaluación de los riesgos.
El hecho de que los bancos presten demasiado durante el período anterior a una crisis se ve en general muy facilitado por su capacidad para endeudarse en el extranjero a tipos muy inferiores a los que cobran por sus préstamos dentro del país. Si bien esto les permite obtener mayores márgenes, a menudo les hace tomar menos precauciones al evaluar los riesgos crediticios. En casi todas las crisis el incremento del crédito bancario fue un resultado de que los bancos se desplazaran por vez primera a algún tipo de actividad, y los préstamos bancarios sirvieron primordialmente para financiar un rápido incremento de los precios de los activos, produciéndose las llamadas burbujas especulativas. Los precios de los bienes raíces y de los valores aumentaron muy rápidamente en el caso chileno, así como en la génesis de la crisis mexicana y en la mayoría de los países del Asia sudoriental. En casi todos esos casos, los bancos habían expandido recientemente sus préstamos con la garantía de bienes inmuebles residenciales y comerciales y sus inversiones en sociedades financieras e inmobiliarias. Por ser nuevos en esas actividades quienes se ocupaban de los préstamos en los bancos tenían por lo general poca experiencia en la valoración de las garantías y tendían a aceptar precios de mercado que podían ser muy superiores a cualquier estimación fidedigna de los valores de liquidación.
Salvo en la crisis del SME, en todas ellas el cambio de signo de las corrientes de capital fue acompañado de una crisis de los sistemas bancarios. Ello se debió no sólo a los préstamos excesivos ya descritos en el párrafo anterior, sino también a la existencia de desajustes monetarios sustanciales en los balances como consecuencia del endeudamiento en moneda exterior para beneficiarse de los diferenciales en los tipos interés. Los préstamos en dólares predominaron en la expansión del crédito en Chile; la crisis latinoamericana de la deuda afectó casi totalmente a los préstamos bancarios sindicados en dólares de los Estados Unidos; y la crisis asiática también se caracterizó por los grandes riesgos en divisas tanto de bancos como de empresas. Sólo en la crisis del SME faltó tal factor. En su caso, los inversores estaban especulando con plusvalías de los activos en el extranjero, por causa de los cambios en los tipos de interés, pero aun así la necesidad de cubrir el riesgo monetario fue lo que acabó desencadenando la crisis.
Los créditos en moneda extranjera presentan dos riesgos en lo que atañe a la estabilidad. Uno es el riesgo de los tipos de interés, ya que el endeudamiento en divisas suele hacerse a plazo corto y responde rápidamente a los altibajos de las tasas de interés internacionales, haciendo así que los diferenciales sean volátiles. El segundo es el riesgo cambiario. Modificaciones grandes en los tipos de cambio pueden producir rápidas alteraciones del valor interno de la deuda exterior, sin entrañar mudanza alguna sustancial del valor de los activos, pues para los bancos o empresas sin ventas en el extranjero no habrá repercusiones inmediatas en dicho valor. Un tipo de cambio más bajo suscita así un incremento de las obligaciones pendientes respecto de los activos, provocando minusvalías instantáneas y una merma del capital social. Una variación suficientemente grande del tipo de cambio puede hacer que los deudores en divisas no sólo tengan falta de liquidez sino también que se vuelvan insolventes. Como una salida rápida de capital conducirá de ordinario a una crisis monetaria y a una depreciación, esas salidas irán acompañadas de un incremento automático de la fragilidad financiera de los bancos y de la vulnerabilidad de las empresas. Los esfuerzos por reducir las pérdidas reembolsando la deuda o cubriéndose respecto del riesgo restante ejercen aún más presión sobre la moneda. Así, en aquellos casos en que la moneda extranjera prestada por los bancos y el endeudamiento en divisas de las empresas sean sustanciales, las salidas de capital ocasionarán casi siempre muchas suspensiones de pagos bancarios y quiebras empresariales.