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B Additional Descriptive Statistics

D.2 Variance decompositions

122 Benevolo, 7: “El urbanismo moderno no nace al mismo tiempo que los procesos técnicos y económicos que hacen surgir la ciudad industrial y la transforman, sino que se forma en un periodo posterior, cuando los efectos cuantitativos de las transformaciones en curso se han hecho evidentes y cuando dichos efectos entran en conflicto entre sí, haciendo inevitable una intervención reparadora”.

123 Benevolo, 22: “El carácter de los fenómenos es nuevo en todos los sentidos –la multitud de habitantes, el número de nuevas casas, la capacidad de las nuevas instalaciones industriales y comerciales, los kilómetros de nuevos caminos y canales, la cantidad de vehículos que circulan por las calles de las ciudades-, y la velocidad de las transformaciones carece de precedentes: ciudades que nacen y duplican sus proporciones en una generación, iniciativas de especulación que se concretan de repente en forma de establecimientos, caminos, canales, minas abiertas en pocos años en el paisaje agreste y virgen, altos hornos y chimeneas erguidos hacia el cielo, junto a las torres de las catedrales”.

f.036 Colectivos para obreros en la zona norte: Plan- ta tipo y Planos de ubicación en Antofagasta. Caja de seguro Obrero Obligatorio.

f.037 Problemas urbanos críticos en 1935. f. Obreros del salitre en huelga, Iquique 1907 f. Estación Central en 1920 (1897-1900)

f.037

f.

enriquecimiento fácil124 y también muchos errores sin mala intención,

caminos equivocados. La lentitud propia de un proceso de transición que iba ajustando los medios a los requerimientos, con avances y retrocesos, y la rapidez del impacto, hizo inevitable el modo gradual, sin interrupción, con que las manifestaciones de nuevos requerimientos caracterizados por lo cuantitativo se fueron presentando; provocando efectos cualitativos de todo orden, siendo el más significativo, por su carácter humano y so- cial, la carencia de viviendas. La idea de organizar bajo un nuevo orden la relación entre el campo y la ciudad, resume los efectos que sobre el territorio y los asentamientos impuso la economía capitalista vinculada a la producción industrial125. En la cotidianidad de la experiencia del

ciudadano corriente esto representó un cambio de las condiciones de su percepción: un nuevo paisaje rural y urbano, un ritmo de vida de acele- ración creciente, olores y ruidos desconocidos; la velocidad de los nuevos medios de transporte, movilidad laboral, cambios en la distribución del territorio, y la proliferación de edificios con nuevos destinos que, en conjunto, indujeron progresivamente un modo nuevo de enfrentar la realidad renovando las costumbres y los usos. El mercado como expre- sión del régimen económico imperante y las variadas manifestaciones de la innovación tecnológica (materiales, medios de transporte, producción industrial e industrialización de actividades tradicionales como la agri- cultura), establecieron el marco dentro del cual se gestó el fenómeno de la transformación urbana. Con este nombre se identificaron todas las acciones orientadas a paliar en el ámbito de la ciudad los efectos produ- cidos por ese marco económico, industrial y tecnológico. A esas acciones correspondieron, entre otras, las iniciativas de “ensanche”, “ciudad jardín”, “ciudad lineal”, “ciudad industrial”, soluciones “higienistas”, “reformistas” o “utópicas”, como asimismo las normas legales que fueron fijando el ordenamiento que se quiso alcanzar.

124 Benevolo, 39: “La construcción de las nuevas casas o la adaptación de las existentes estaba en manos de especul adores privados –los jerry builders-, y debido al juego de la competencia, la calidad de los aloja- mientos, lo mismo que los salarios o la prolongación de los horarios de trabajo en las fábricas, eran en casi todas partes los peores que las familias obreras estuviesen dispuestas a soportar”.

Romero, 194 y 195: “La escasez de vivienda, originada en el fuerte movimiento migratorio, dio lugar a un notable fenómeno de especulación. Muchos se lanzaron al alquiler de cuarterías, de ranchos, de conventillos o aun de terrenos pelados, donde cada uno levantaría, como pudiera, un rancho que debería abandonar al dejar el terreno. La especulación con la vivienda popular constituía un negocio habitual, aunque lateral, de la elite santiaguina. El carácter de este negocio se sintetiza en una frase común entre los contemporáneos: conventillo es sinónimo de usura”.

125 Garcés, 1988, p.15: “El desierto de Atacama (depresión intermedia), agrícolamente poco apto al asenta- miento, se habita apresuradamente hacia 1870, a partir de la explotación industrial de un recurso natural abundante –salitre- cuya explotación y exportación permite una nueva organización del territorio: ofici- nas salitreras, ferrocarriles, puertos”.

...    

La Sociedad Central de Arquitectos fue una impulsora de los planes de reforma urbana desde las primeras décadas del siglo XX. En 1921 organizó conferencias dictadas en la Universidad de Chile con el propó- sito de promover la transformación de Santiago. Se trataba de explicar a un público escogido las razones que justificaban la urgencia de imple- mentar cambios en el ordenamiento en la ciudad126. Las conferencias

procuraron captar la adhesión de autoridades con poder de decisión en el ámbito urbano. Una gestión de esta índole era desconocida en el país. Ismael Valdés Valdés, ingeniero y senador de la República, venía desde hace algunos años impulsando la idea de realizar cambios en la ciudad. Es por ello que en diciembre de 1921 intervino en las reuniones de la Universidad de Chile. Relevante resulta comprobar a través de sus pa- labras el estado en que se encontraba la comprensión de los problemas urbanos que se debía resolver. Hace ver que en el pasado las ciudades se trazaban en la mayoría de los casos al azar y en aquellos que no era así, como en las ciudades de fundación con trazado reticular, su lento desarrollo hizo innecesario toda previsión de su crecimiento y no tuvo importancia fijar normas que regularan su expansión. En cambio, la ciu- dad contemporánea se presenta como un organismo vivo que crece y se desarrolla; como un centro económico y comercial de enorme gravitación en la vida de toda la población. Al cambiar los medios de locomoción los trazados de las ciudades quedaron obsoletos. La primera solución que se pensó fue ensanchar las calles, pero Valdés advierte en su conferencia que es una operación lenta y costosa y por eso debe ser desechada. En cambio, se necesita distribuir los centros que provocan atracción y con- centración del tráfico: el comercio, los servicios públicos, fábricas, etc., y aplicar modelos que han dado resultado en países europeos: rodear los centros congestionados por un boulevard circular, ovalado o poligonal; y crear grandes avenidas, generalmente diagonales. Está conciente que estas soluciones vienen a reparar una situación no prevista. La ciudad tra- dicional no era previsora, la ciudad moderna exige el plan. Santiago debe ser transformado y estos modelos se ofrecen como apropiados para los problemas que hay que resolver. Entre esas posibilidades, Ismael Valdés propone para Santiago el uso de la diagonal, es la línea más corta entre dos puntos; el ángulo con que corta las manzanas crea un interés estético

126 RA: 1922, mayo N°1, p2; El 15 de diciembre de 1921 se realizó una sesión solemne en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, a la que asistieron entre otras autoridades: Octavio Maira, Secretario General de la Universidad; Guillermo Illanes, Director General de Obras Públicas; Teodoro Schmidt, Inspector General de Ferrocarriles; y Hermógenes del Canto, Inspector General de Arquitectura. En la ocasión dic- taron conferencia el ingeniero y senador Ismael Valdés Valdés, el Presidente de la Sociedad Central de Arquitectos Alberto Schade P., y el Intendente Alberto Mackenna S.

que rompe la monotonía de la cuadrícula fundacional; y la operación resulta más económica127.

Alberto Schade, intervino como presidente de la Sociedad Central de Arquitectos. Sus ideas se resumen en dos puntos: la ciudad necesita un plan y un reglamento. El plan prevé el crecimiento y el reglamento lo regula. “El gigantesco desarrollo de la ciencia a mediados y a fines del siglo XIX, abrió las puertas a una más rápida evolución en todo orden de cosas, las costumbres y las condiciones de vida evolucionaron también, la cultura se hizo más general y, al presente, el hombre busca y exige mayores comodidades y medios más rápidos para la mejor utilización de sus actividades...128”. Coincide con Valdés en identificar el crecimiento

de las ciudades y “las exigencias de la vida moderna” como causas de los problemas que se enfrentan. Por esto la evolución, crecimiento y expan- sión de la ciudad se debe hacer conforme a un plan. Aquí la idea de la ciencia como conocimiento que permite prever el comportamiento de los fenómenos está en la base de la confianza depositada en los planes. Estos son la expresión de los principios de la urbanística que se reconoce como la ciencia de lo urbano. La ciudad necesita economía de tráfico, higiene y estética. En este punto Schade enuncia diez objetivos que buscan al- canzar los planos reguladores: ampliar la red de vialidad urbana, destacar los principales edificios públicos existentes, crear nuevas avenidas que acorten distancias, crear avenidas diagonales, evitar la monotonía de la línea recta ininterrumpida, crear espacios libres, parques y jardines, regla- mentar las alturas de edificios de acuerdo al ancho de las calles, y según la zona en que se encuentren ubicados, reglamentar la construcción, am- pliación de la red de alcantarillado, agua potable, alumbrado y tranvías eléctricos, y definir clases de pavimentos para calles.

Por otra parte, en marzo de 1920, en Montevideo, se había realizado el Primer Congreso Panamericano de Arquitectos, cuyo tema central fue “Transformación, ensanche y embellecimiento de la ciudad de tipo predominante de América”. Teniendo en cuenta ese precedente, no es extraño que al año siguiente se organizaran estas conferencias en cumplimiento directo de las recomendaciones del Congreso. Schade se refiere al “compromiso moral” adquirido con los países de América: “la imprevisión y falta de estudio de las condiciones de higiene, de estética y de economía del tráfico que se observa en la generalidad de las ciuda- des americanas, (...) ha ocasionado un estado de cosas en estremo (sic) defectuoso, y cuya corrección será tanto más difícil cuanto mayor sea el

127 Se expropian los terrenos interiores de las manzanas a un costo menor que el de los terrenos del borde de la calle. Luego se construye la avenida que cruza en diagonal la manzana y se vende los sitios que enfrentan la nueva avenida a un costo mayor que al que se compraron los sitios expropiados. Ismael Valdés señala que la operación hasta podría dejar ganancias.

tiempo que se pase sin abordar el estudio y la resolución de los múltiples problemas que tienen relación con el progreso urbano”129. Es significativo

que llame al plano regulador “el medio positivo y racional para subsanar los defectos producidos por la imprevisión y los errores del pasado”, y prepara las ciudades “para la vida moderna”. Se ve en ello una relación directa entre la racionalidad del plan regulador, como recurso científico para lograr el control de la realidad, y el crecimiento y la expansión urba- na. Aquí el plan actúa como ley científica que hace previsible el compor- tamiento de la ciudad. El Congreso fue muy claro en fijar las prioridades: las ciudades deben seguir “los principios de urbanización moderna”; hay que constituir un organismo central que favorezca el intercambio de ideas, proyectos y observaciones entre la ciudades de América (se hablará de una “Liga Panamericana de las Ciudades”); adopción de planos reguladores para todo centro urbano; las escuelas de arquitectura deben incluir en sus planes de estudio un curso especial de urbanismo, y Schade lo hizo presente en su conferencia. El intendente de Santiago Alberto Mackenna, en la misma reunión, no hizo sino ratificar lo expues- to por Valdés y Schade, enfatizando, en un tono más general y político, la necesidad de cambio130. La prensa, citada en la propia revista, se hace

eco del interés de la Sociedad Central de Arquitectos por transformar Santiago, haciendo hincapié que se trata de “cambiar la mentalidad” 131.

Al momento de realizarse estas conferencias Valdés ya tenía desarrollado un plano de transformación de Santiago que contemplaba dos avenidas diagonales: una partía en la Alameda de las Delicias, principal avenida de la ciudad, a la altura de la iglesia del Carmen y llegaba hasta la estación de Ñuñoa, en el sector sur oriente de la ciudad, actualmente demolida, y la otra, comenzaba al frente de la estación Mapocho, ubicada a orillas del río del mismo nombre, hacia la Plaza Brasil, situada al poniente de la Plaza de Armas, donde terminaba. Asimismo, promovía la apertura de

129 RA: 1922, mayo N°1, p17.

130 RA: 1922, mayo N°1, p21 y 22; De la Editorial de El Mercurio: “Para alcanzar este propósito, es menester pulverizar muchas viejas ideas arraigadas en nuestros hábitos a fin de cambiarlas por otras más en armonía con el ambiente de progreso que domina en el mundo”; “La campaña de modernización de Santiago, es necesario hacerla, primero en la mente de la población, que en el propio terreno material”.

131 RA: 1922, mayo N°1, p22; “Los arquitectos de la Sociedad Central vienen empeñados en una interesante propaganda a favor de la transformación de Santiago, para lo cual buscan de ilustrar al público en el senti- do, por medio de conferencias, exposición de las obras realizadas en otras partes, etc.

El principal valor que hay que reconocer en esta campaña es que ella está dirigida,-e inteligentemente dirigida,- a modificar la mentalidad ambiente respecto del problema de modernización de la capital, el cual se ha dejado de acometer resueltamente hasta ahora a causa, ante todo de la ignorancia del público respecto de lo que ella significa, de los medios que se emplean en este linaje de empresas, de la proyección que ellas tienen en la vida de una población una vez ejecutada”.

una avenida entre Gálvez y Nataniel que enfrentaría al futuro Palacio de Gobierno extendiéndose hacia el sur hasta avenida Matta132.

El Segundo Congreso Panamericano de Arquitectos realizado en Santiago133 en septiembre de 1923, tuvo en primer lugar, como tema ofi-

cial, entre otros, la “necesidad de crear la obligación, para que por ley en un plazo prudencial todas las ciudades tengan estudiados y aprobados sus planos de transformación, ensanche y embellecimiento”134. En la oportu-

nidad, la comisión nombrada135 para presentar al gobierno un proyecto de

transformación de Santiago “tendiente a la modernización de la ciudad y a un ensanche futuro” propuso el resultado de sus estudios en forma de proyecto de ley136. En él se abandonó la idea del ensanche como principio

rector de la transformación, (solución que se había contemplado en todas las propuestas anteriores) por la lentitud de su aplicación, el mayor costo y por dejar por muchos años calles con entrantes y salientes en su línea de edificación, cuestión que afea la ciudad y son focos de desaseo e insegu- ridad. En cambio considera la apertura de nuevas avenidas y el ensanche excepcional de algunas calles; y suprime la creación de barrios nuevos por vía de especulación. La dirección y supervigilancia del plan queda a cargo de una Junta de Transformación y la ejecución en manos de la Oficina del Plano, dependiente del Presidente de la República, quien tendrá la responsabilidad de revisar la marcha del proceso cada quince años.

La transformación de Santiago no fue un tema fácil de abordar. En 1925 hubo reclamos en contra de la ley de transformación vigente, y para representar las deficiencias de la norma se nombró una comisión integrada por tres arquitectos de la Asociación: Manuel Cifuentes, Alberto Schade y Ricardo Larraín Bravo, quienes junto a miembros de la Municipalidad, prepararon un proyecto que se sometió a la resolución de la Junta de Vecinos, presidida por Donoso Urmeneta137, y del Gobierno.

Según la Memoria presentada por el presidente de la Asociación de

132 Vicuña Subercaseaux, Santiago; “Nueva Avenida” de La Nación; RA: 1923(c), s/mes N°4, año I, p34-36. 133 RA: 1923, (c) septiembre N°1; Revista de la Asociación de Arquitectos de Chile. Homenaje al 2° Congre-

so Panamericano de Arquitectura. Anno MCMXXIII, N°1. 134 RA: 1923, (c) septiembre N°1, p8.

135 Id., p10; Por decreto de 30 de octubre de 1915. 136 Idídem.

137 González Cortés, Ricardo; “Desde Oriente”; EA: 1926, agosto N°8, año II, s/p; Refiriéndose al proyecto dice: “se elaboró un buen proyecto –que en algunas de sus partes tuvo que resultar acomodaticio para transigir con espíritus rebeldes e imposibles de convencer, apegados a sus rancias teorías- y ahí habrá de quedar, seguramente, esperando el advenimiento de algún barón Haussmann, que, haciendo acto de audacia, se atreva a ponerlo en marcha, sacándolo entre las garras de la inacción y del miedo de tanta gente pacata, que de todo se asusta, cuando no reprueba o ataca por sistema inveterado”.

Arquitectos, Ricardo González Cortés138, se trataba de patrocinar un

proyecto “encaminado a elevar a la ciudad al concepto de una ciudad moderna”. El proyecto eliminaba la línea de edificación vigente por ser un factor de continuas contradicciones y consideraba los emplazamien- tos de avenidas diagonales. El mismo González Cortés, que en la época realizó varios viajes por Europa y Oriente, enviaba artículos en los que daba cuenta del estado de avance de la arquitectura de los países que visitaba, animando a la aplicación de los modelos que conocía en sus viajes y haciendo reflexiones sobre los problemas que se debían enfrentar en Chile. A propósito de la transformación de Santiago, desde España escribía en mayo de 1925, comentando las experiencias de la “ciudad jardín” y la “ciudad lineal”139, que un aspecto claro de estas experiencias

era el uso de parques y jardines como recurso tanto artístico como hi- giénico que aminora los efectos negativos de las nuevas ciudades con sus edificios en altura y la estrechez de sus calles. En Santiago, el Parque Cousiño, el cerro Huelén (actualmente Parque O´Higgins y cerro Santa Lucía, respectivamente) y la Quinta Normal son lugares disponibles para aplicar estas iniciativas. Compara la experiencia de la Caja de Empleados Públicos y la Caja de Ahorros de Santiago en el conjunto de viviendas de Avenida Miguel Claro, con la ciudad jardín de Foyer Remois en Reims (Francia), y compara los baños públicos de los casos europeos con lo rea- lizado en la Población Huemul. Sin embargo, González Cortés se queja de los ciudadanos que no han sabido elegir a sus representantes en el gobierno local, predominando finalmente los criterios políticos por sobre los de interés común140. Hubo proyectos concretos en los que participó 138 EA: 1925, enero N°1, año II, s/p; Memoria leída en cumplimiento de los Estatutos, en sesión del 23 de

diciembre.

139 González Cortés, Ricardo; “Desde España. Espíritu nuevo. Parques y jardines. Reflexiones”; EA: 1926(sic), agosto N°8, año II, s/p; “Los urbanistas y arquitectos impregnados en el espíritu moderno que va despejando el camino a la civilización; (...), van realizando, felizmente, el más sagrado anhelo profesio- nal que aspira en su finalidad a la urbe sana, alegre y hermosa. (...). Se debaten arduos problemas (...); (y) los organismos científicos (...) y los técnicos (...) se unen para discutir el problema de la urbe; de la ciudad comprimida y estrecha; de la villa que se desarrolla en la Cité Jardín, o de la nueva tendencia defendida por muy buenas razones y por arquitectos prestigiosos de Europa, de la Ciudad Lineal”. El mismo González Cortés, en “Las grandes obras de Previsión Social en Europa y América”; EA: 1925, octubre N°10, año II, s/p; se refiere a la ciudad jardín de Ebenezer Howard, modelo de participación de arquitectos, médicos higienistas, agrónomos e ingenieros, donde la base esencial es el régimen cooperativo, haciendo notar que

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