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4 MODELLING METHODOLOGY

4.3 Variograms and spatial continuity

En la investigación sobre el FE, la relación de variables ejecutivas con el rendimiento académico ha sido de gran interés, particularmente el estudio del FE como uno de los factores que intervienen en el desempeño académico de los niños y niñas. En el contexto escolar el FE está relacionado tanto con variables académicas, como sociales y emocionales. En este sentido el FE se configura y manifiesta tanto en actividades académicas como en las interacciones sociales en el ámbito escolar. Al respecto, Diamond (2010) sostiene que, en las escuelas, además de abordarse el desarrollo cognitivo, debe darse importancia y una atención adecuada al desarrollo emocional, físico y social de los niños y niñas; puesto que constituyen las dimensiones integrales del ser humano.

El rendimiento académico entendido como un indicador del proceso de escolarización y una medida de la capacidad de respuesta del estudiante, mas no de su capacidad de aprendizaje, se define como una medida con la cual se estima el nivel de conocimientos respecto a un currículo escolar determinado (Gotzens, Cladellas, Clariana, & Badia, 2015). En el rendimiento académico de los niños y

en el logro de los buenos resultados que se espera de los niños, influyen múltiples factores.

Estudios recientes se han enfocado en variables como la realización de actividades extraescolares(Cladellas, Clariana, Badia, & Gotzens, 2013), indicando que la realización de algún tipo de actividad (ya sea recreativa o cognitiva, o una combinación de ambas), incide positivamente y significativamente en los resultados obtenidos en diversas materias del rendimiento académico, y que más de 10 horas y media de actividades extraescolares a la semana, puede afectar negativamente el rendimiento. Así como en la indisciplina instruccional y convencional en las escuelas (Gotzens et al., 2015); y los horarios laborales de los padres indicando que cuando al menos uno de los dos progenitores tiene un horario laboral estándar, los niños obtienen las mejores notas, sobre todo en aquellas asignaturas en que se requiere un mayor esfuerzo cognitivo. Este resultado se ve acentuado cuando es la madre quien sigue un horario laboral estándar y no el padre (Cladellas, Castelló, Clariana, & Badia, 2017).

Se han propuesto principalmente cuatro tipos de factores: las variables relativas al estudiante como los recursos cognitivos, estilos de aprendizaje, temperamento, conocimiento previo (Blair y Razza, 2007; Gallager y White, 2010); variables asociadas a los maestros como la personalidad, las estrategias pedagógicas empleadas (Tuckman, 2003; Lassen, Steele y Sailor, 2006); variables relativas al entorno familiar como el nivel educativo de los padres y finalmente las relativas al propio entorno escolar como los recursos y la infraestructura (Algozzine & Algozzine, 2009).

La importancia que puede tener el FE para el aprovechamiento escolar, analizado mediante el estudio de la relación entre el rendimiento académico y el funcionamiento ejecutivo en población infantil, se ha abordado principalmente desde dos perspectivas. Una de ellas se fundamenta en evaluar el impacto que tienen los programas de intervención en FE sobre el rendimiento académico; la otra se basa en explorar la relación entre el FE y el rendimiento académico en

niños y niñas con diagnóstico clínico (por ejemplo, TDHA o déficit en FE) y en menor medida, en niños y niñas sin diagnósticos clínicos (Stelzer et al., 2011).

Los estudios desde estas perspectivas concuerdan respecto a la correlación positiva entre el FE y el rendimiento académico. En una revisión reciente, los autores exponen que gran parte de la literatura científica vincula procesos del FE con el área de matemáticas, principalmente con la habilidad de cálculo aritmético (Baggetta & Alexander, 2016). Sin embargo, no existe consenso en cuanto a las relaciones específicas entre los diversos procesos del FE y las diferentes áreas del rendimiento académico (Best et al., 2009; Jacob & Parkinson, 2015; Stelzer et al., 2011). En cuanto al tipo de asociación, se ha planteado que no hay suficiente evidencia de la relación causal entre FE y habilidades académicas ni en la etapa pre-escolar (Willoughby, Kupersmidt, & Voegler, 2013), ni en la etapa escolar (Jacob & Parkinson, 2015).

Jacob y Parkinson (2015) emplearon técnicas de meta-análisis en su revisión, concluyendo que existe una asociación incondicional moderada entre el funcionamiento ejecutivo y el rendimiento académico, independientemente de factores como el tipo de instrumento de medida usado en los estudios, la edad de los participantes o el concepto de funcionamiento ejecutivo. Hallaron evidencia limitada de que la asociación sea más fuerte con el rendimiento en matemáticas que en lectura, al observar los resultados de medidas globales de ejecución no encontraron diferencias en estas asociaciones.

Al explorar las asociaciones por componente ejecutivo de forma separada, la relación del rendimiento académico era alta en matemáticas con inhibición y control atencional, pero no con memoria de trabajo ni con flexibilidad. Los autores también concluyeron que estos hallazgos, sin embargo, no constituyen evidencia de que relación entre el FE y el rendimiento académico sea causal, afirman que la intervención en FE puede tener efectos positivos, pero que no hay evidencia tampoco de que el efecto positivo de la intervención en FE, cause un mejor rendimiento académico.

En la línea de investigación que estudia la relación entre el FE y el rendimiento académico en población infantil escolarizada y sin diagnóstico clínico, uno de los primeros estudios (en España) que se encuentra en la literatura científica es de Villamisar y Muñoz (2000), los autores exploraron la relación entre el nivel de rendimiento académico general y los resultados en diferentes tipos de medidas del FE de los estudiantes. Algunas de las medidas del FE que emplearon, fueron los resultados obtenidos en cuestionarios de dificultades en funcionamiento ejecutivo. Reportaron la correlación significativa entre el rendimiento académico bajo de los estudiantes y las dificultades en inhibición y memoria de trabajo.

Estudios posteriores que emplearon cuestionarios para evaluar el funcionamiento ejecutivo, analizaron la correlación entre los cuestionarios para maestros y el rendimiento académico de los estudiantes. Estas investigaciones se enfocaron principalmente en el rendimiento académico en las áreas de matemáticas y lenguaje, hallando correlación significativa entre estas áreas con la metacognición (Bryce et al., 2015; Waber et al., 2006).

Desde el nivel pre-escolar han reportado correlación positiva del FE con los resultados en tests de habilidades pre-académicas, orientados a evaluar específicamente matemáticas y lenguaje (Becker, Miao, Duncan & McClelland, 2014; Clark, Sheffield, Wiebe & Espy, 2013; Fuhs, Nesbitt & Farran, 2014). En la edad escolar también ha sido reportada la correlación entre el FE global y medidas del rendimiento académico en matemáticas y lenguaje (Best, Miller, & Naglieri, 2011; Roebers, Cimeli, Röthlisberger, & Neuenschwander, 2012) y en ciencias naturales (St Clair & Gathercole, 2006).

Los procesos ejecutivos como la autorregulación, la conciencia de sí mismo, el comportamiento dirigido por metas, el auto-monitoreo y la flexibilidad para resolver situaciones son fundamentales para el aprendizaje. Tal como fueron identificados por un programa desarrollado por “The Educational Services Department of the Rush Neuro-Behavioral Center” (Bozeday, Gidaspow, Minton & Smith, 2010), diseñado para mejorar el FE en niños y desarrollado a través del

currículo. Su implementación mostró resultados positivos en escuelas públicas (Otero, Barker & Naglieri, 2014).

Es importante resaltar que en la literatura científica se observa gran variabilidad en los resultados de los estudios, la cual ha sido explicada en gran medida por factores como la variabilidad en las definiciones del FE y en los instrumentos de evaluación. Esta es una de las razones por las que no se pueden extraer conclusiones generales ni definitivas sobre las correlaciones entre procesos ejecutivos específicos y las diversas áreas del rendimiento académico (Baggetta & Alexander, 2016; Best et al., 2009; Jacob & Parkinson, 2015; Stelzer et al., 2011). Sin embargo, de lo expuesto anteriormente, puede inferirse que el funcionamiento ejecutivo y la metacognición están vinculados con los procesos de enseñanza-aprendizaje en el contexto escolar. En este sentido, entendiendo el rendimiento académico como un indicador, menores dificultades en FE se relacionan con mejores indicadores del proceso de enseñanza y aprendizaje escolar.

La influencia del FE como un factor en el rendimiento académico y en las dificultades de aprendizaje, ha sido extensamente investigado. Sin embargo, es necesario estudiar también las dinámicas y las interrelaciones de los factores que intervienen en el desarrollo del FE en todos los diversos contextos, entre ellos el escolar; y particularmente, identificar los factores que pueden favorecer el desarrollo del FE desde la infancia (Best, Miller & Jones, 2009; Diamond & Lee, 2011; Guare, 2014; Pino, Basilio & Whitebread, 2014; Otero, Barker & Naglieri, 2014).