1.2 Background of the Ping-tan Context
1.2.4 Various Types of Narration
• Siluetas • El Mundo al revés • Si para mí, No para Mí • ¿Los hombres son de marte y las mujeres son de venus? • La historia de Ana • El ritual de las etiquetas • Cine Debate “La vida en rosa”
Construcción Social de Género
3.
Introducción
En nuestras sociedades, la construcción so- cial del género es un problema para el desa- rrollo equitativo, porque las diferencias bio- lógicas entre hombres y mujeres se usan para justificar la superioridad masculina y la infe- rioridad femenina como algo “natural”, esta- bleciéndose entonces, jerarquías en la pareja, la familia, el trabajo, la comunidad, la políti- ca, la religión, etcétera, que van dando mas poder a los hombres sobre las mujeres. Este poder desigual entre los sexos nos explica las desigualdades en las oportunidades de desa- rrollo: educación, ingreso, salud, trabajo, par- ticipación, patrimonio, en general, para hacer valer los derechos de cada quien.
Las diferencias en las formas de ser hombre o mujer, por sí mismas, no provocan desigual- dad, pero en el momento en que un grupo so- cial o una cultura le asigna un valor a estas dife- rencias - los géneros – la situación cambia y se producen las desigualdades en el desarrollo.
Desagraciadamente, tenemos que reco- nocer que en nuestra sociedad, las mujeres, solo por el hecho de serlo, tienen que enfren- tar numerosas condiciones de desventaja para lograr su propio desarrollo y para cola- borar en el desarrollo de la comunidad. Ejem- plos muy generalizados de esta desigualdad son: se piensa que las mujeres son menos capaces de producir; se les limita la oportu- nidad de estudiar; se le paga menos a una mujer que a un hombre aunque hayan hecho
52López Deloya, María Estela. Construcción participativa de agendas comunitarias para la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Serie Metodología para impulsar la partici- pación ciudadana en procesos de equidad de género. Cuaderno metodológico 1. p.31.
53Idem, p.32
54Violencia familiar: una cuestión de género. Documento de apo- yo para participantes. Secretaría de Desarrollo Social. Dirección General de equidad y Desarrollo Social. Serie Violencia Familiar. 1999. p.8 – 11.
el mismo trabajo; las mujeres trabajan todo el día y todos los días en las labores de la casa pero eso no se llama “trabajo”, no se reconoce como una actividad productiva, no se paga; además “ayudan” al esposo en el trabajo de campo pero no son reconocidas como “pro- ductoras” por el gobierno o por la comuni- dad; muy rara vez ocupan un cargo de repre- sentación en su comunidad porque se piensa que no saben dirigir; muchas veces son trata- das con violencia por sus padres, hermanos, tíos, maridos e hijos y esto se ve como natu- ral, hasta se llega a decir: “sin no te pega, no te quiere”.
3.1 ¿Cómo se construye socialmente el género?
Desde antes del nacimiento, los padres se ge- neran una serie de expectativas a cerca del fu- turo bebé, y una vez que nace, dependiendo si es niña o niño, se da un trato diferenciado por parte de quienes lo rodean, el padre, la madre, la familia en general, la escuela y la sociedad. Se inculcan valores y creencias, que desde pe- queñas/os delimitarán los atributos y las as- piraciones sociales que –según el sexo- deben tener. Lo masculino y lo femenino va más allá
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de lo que a simple vista diferencia al niño de la niña (el pene y testículos para ellos, vagina y vulva para ellas).
Dentro de la educación que se da a las y los menores no se contemplan sus capaci- dades reales; su formación y desarrollo es a partir de la diferencia sexual; por ejem- plo, se promueve la destreza física en los varones asumiendo que deben ser hábiles y fuertes, mientras que en las niñas se fo- menta la dulzura y la pasividad.
Está comprobado que lo anterior esti- mula de manera diferente las habilidades y destrezas de niñas y niños, condicionan- do su inserción en la sociedad, limitando sus oportunidades de crecimiento y des- empeño en todas las áreas de su desarrollo, a partir de actividades y actitudes impues- tas, enmarcadas en tradiciones ancestrales rígidas y deterministas.
3.2 El género en lo cotidiano La forma en que se relacionan los seres humanos entre sí y su entorno, está de- finida, en buena medida, por las nor- mas de tipo jurídico, social, religioso, etc. Estas reglas y convencionalismos cons- tituyen las bases de una cultura dada en momentos históricos determinados. Si se define a la cultura como la transmisión de las normas y valores de una sociedad, su perpetuación se logra a través del pro- ceso de socialización que adquieren los hombres y las mujeres en el aprendizaje dado por las instituciones sociales entre las que destacan: la familia, la escuela, la iglesia, y los medios de comunicación.
• La Familia
En la familia se aprende y enseña a vivir en sociedad. Es allí donde se transmiten las re- glas para mujeres y hombres, las creencias y las ideas que permiten distinguir lo bueno de lo malo, lo bonito de lo feo, lo deseable de lo indeseable, lo prohibido y lo permisivo; la familia es la primera institución en donde aprendemos nuestros valores. En esta medi- da sus valores son los que menos cuestiona- mos y son también los que más trabajo cues- ta cambiar. (Introyectos)
• La Escuela
El aprendizaje que se adquiere en la familia se sigue reforzando en otro ámbito de sociali- zación como la escuela. Por ejemplo, las imá- genes de los libros de texto muestran a muje- res y hombres realizando actividades que se han considerado propias de su sexo (amas de casa, madres, enfermeras, secretarias, obre- ros, carpinteros, ingenieros, abogados, ejecu- tivos, etc.). Además de las relaciones de poder y jerarquía entre alumno/a – maestro/a.
• La Iglesia
Las normas religiosas son aquéllas que tie- nen como fuente textos básicos, en donde, de acuerdo con cada credo, se plasma la vo- luntad de un dios. Así pueden ser definidas a partir de un origen ajeno a las sociedades, de carácter divino, superior al ser humano o a sus instituciones. Existen sociedades donde la Iglesia y el Estado se unen, dando sustento jurídico a las normas religiosas y sancionán- dolas mediante los instrumentos del Estado. En algunos casos, como en el fundamentalis- mo musulmán, la interpretación que le dan los hombres a los principios religiosos sobre
las conductas apropiadas para las mujeres y hombres e incluso llegan a la violación de los derechos humanos elementales.
• Los Medios Masivos de Comunicación
Son las diversas formas industrializadas de producir información, orientación y en- tretenimiento para una sociedad: la televi- sión, la prensa, la radio, el cine y el video, penetran en toda la población urbana y gran parte de la población rural, inten- tando imponer, por medio de sus mensa- jes, formas universales de comportamien- to y consumo, aspiraciones personales y sociales, trayectoria de vida y visiones del mundo socialmente aceptadas.
De las instituciones sociales encargadas de producir y reproducir los valores y cos- tumbres, los medios de comunicación son los de mayor crecimiento en la actualidad desplazando, de acuerdo con diferentes es- tudios, a la escuela como fuente principal de aprendizaje.
En todas las sociedades encontramos que los grupos sociales están organizados de tal manera que existen tareas y respon- sabilidades asignadas para hombres y para mujeres. De acuerdo a sus creencias, actitu- des, aptitudes y habilidades, organizan sus actividades para poder cumplir su función. De igual forma existen espacios y atribu- ciones basadas en creencias. El problema es que los espacios considerados masculi- nos tienen mayor valoración que los con- siderados femeninos; esto está muy liga- do a las características físicas de cada sexo, es decir, las capacidades físicas y las funcio-
55Proyecto Proequidad, Herramientas para construir equi- dad entre mujeres y hombres, Imprepak, Santafé de Bogotá, Colombia, enero de 1995, pp. 16-18.
nes biológicas de las personas están asocia- das con sus posibilidades de desarrollo per- sonal y social.
El proceso de la construcción de iden- tidad de género toma forma en un conjun- to de roles, estereotipos, discursos y repre- sentaciones sociales que reglamentan y condicionan las conductas sociales. En su conceptualización más ortodoxa, aunque vigente en muchas latitudes del mundo, se explica que la identidad de género tiene como origen la división sexual del trabajo, en donde la mujer por su función biológica reproductiva, al mismo tiempo que preva- lece el interés fundamental de la conserva- ción de la especia humana, se le ubica en el ámbito privado o doméstico, lo cual le im- pide participar plena y significativamen- te en la política y lo social. En tanto que, al hombre le fue permitido desarrollarse en el ámbito público para cumplir con su rol de proveedor de la familia.
La construcción y organización social, a partir de la deferencia sexual, inciden en la desigualdad existente entre hombres y mu- jeres al otorgar una distribución de funcio- nes diferenciada y con un valor igualmente distinto en espacios establecidos.
Para las mujeres implica un doble es- fuerzo demostrar que sea valorada su capa- cidad intelectual, ya que a través de décadas y por razones culturales, se le ha asignado
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un sólo espacio... el hogar, es decir el ám- bito privado de la vida social. De la misma forma, a los hombres al asignarles como único papel fundamental el trabajo, y por lo tanto, ser proveedor de su hogar, se les ubicó en el ámbito público de la vida social, dándole una baja valoración en su capaci- dad afectiva.
Una vez que se asignan dichos espacios tanto a hombres como a mujeres; el paso del ámbito privado al ámbito público y vi- ceversa resulta para ambos inequitativo, li- mitado y difícil. A pesar de que las mujeres cada vez más se insertan al ámbito públi- co, es decir, al mercado de trabajo, aunque no haya sido por la libre elección y desarro- llo personal de ellas sino por una real ne- cesidad económica familiar, los hombres no han incidido en el ámbito privado en la misma intensidad que las mujeres; lo que implica para las mujeres las dobles o triples jornadas de trabajo.
3.3 Ámbitos de interacción
La organización social de género también define ámbitos de interacción específicos para las mujeres y los hombres. De manera general, los grupos sociales organizan sus actividades y funciones con base en estos ámbitos, en ellos observamos desigualda- des en la atribución de tareas y responsabi- lidades basada en falsas creencias acerca de las actitudes, aptitudes y habilidades de las mujeres y de los hombres.
Los ámbitos de interacción se descri- ben de la siguiente manera:
• Reproductivo. Comprende todas las in- teracciones para desarrollar actividades que permitan la sobrevivencia de la espe- cie y la recuperación del potencial de traba- jo de las y los integrantes del hogar. Incluye actividades como la crianza y la alimenta- ción, el cuidado de la salud, el apoyo afecti- vo, el descanso y la organización del hogar.
• Productivo. Son todas las interacciones que se realizan con el propósito de transfor- mar la naturaleza y producir bienes y servi- cios para el consumo y el intercambio. En general son todas las actividades que se de- nominan trabajo y que a cambio reciben un salario y que se considera como el principal ingreso familiar.
• Comunitario. Son las interacciones di- rigidas a mantener las condiciones básicas de funcionamiento y bienestar social. Son las actividades colectivas que procuran la obtención de servicios y el fortalecimiento de las organizaciones sociales, así como las actividades de negociación entre los gru- pos de la comunidad y el Estado.
• Político. Son todas las interacciones que se realizan para adquirir y manejar poder, así también, la forma de organización para tomar decisiones que impactan a la sociedad en general o a grupos específicos de ésta. In- cluye todas las actividades ejecutadas en los niveles directivos o de representación de las diferentes organizaciones: partidos políti- cos, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil, organizaciones de base y organizaciones gremiales, además de las que se realizan en
todas las instancias de decisión de la admi- nistración pública.
• Cultural.- Comprende todas las interac- ciones que el grupo realiza para producir, mantener y controlar los ideales de vida, los valores, las creencias y las normas del grupo social. Reúne las actividades de so- cialización, de articulación, de generación de opinión pública, y de orientación y de manejo ideológico, a través de múltiples medios tales como la educación formal, los medios masivos de comunicación y las ex- presiones de cultura popular, tales como ritos y fiestas.
Aunque las actividades asignadas a mu- jeres y hombres varían de un grupo a otro, se puede afirmar que existen tendencias ge- nerales de asignación de actividades. Como se puede observar los ámbitos reproducti- vo y comunitario, son prácticamente asig- nado a las mujeres, en tanto que el político y el productivo a los hombres.
El que mujeres y hombres se conduzcan de acuerdo a los ámbitos de acción asignados, genera una lógica de género entendida como la racionalización que lleva a la falsa creencia de una situación natural. Por ejemplo, se cree que las mujeres son por naturaleza buenas madres y que quien represente una organiza- ción social debería ser hombre, cuando en la realidad mujeres y hombres tienen la capaci- dad de interactuar y participar en cualquiera de los ámbitos.
Al seguir en esta lógica de género, los proyectos dirigidos a la comunidad, en su
mayoría, no consideran de manera inte- gral los ámbitos donde interactúan hom- bres y mujeres. La consecuencia es que los recursos y beneficios no lleguen de mane- ra equitativa y por lo tanto, no promueven procesos participativos en donde ambos actúen en igualdad de condiciones.
Planes y programas sociales no han favo- recido la equidad entre mujeres y hombres, por el contrario, han perpetuado los roles existentes y las desigualdades y asimetrías en nuestra sociedad, ya que no consideran los ámbitos de interacción para analizar la forma en cómo se organizan hombres y mujeres y cómo realizan sus actividades.
Al utilizar el análisis que propone el en- foque de género, encontramos valioso y necesario para el desarrollo, una visión que incluye a mujeres y hombres.
Las actividades culturalmente asig- nadas a mujeres y hombres varían de un grupo a otro -al grado que las actividades consideradas como femeninas en unos gru- pos son consideradas como masculinas en otros- sin embargo, se puede afirmar que existen tendencias generales de asignación de actividades. Visualizar y reconocer estas tendencias permite analizar, comprender y proponer cambios en la relación entre gé- nero y ámbitos de interacción.
A pesar de los cambios que se han dado hacia la equidad, todavía encontramos problemas en la relación género–ámbitos de interacción:
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• Se sigue dando una fuerte división entre los roles de las mujeres y los de los hombres.
• Valoración desigual para los diferentes ámbitos de interacción.
• Todavía las actividades desempeñadas por hombres son mejor valoradas y re- compensadas que las desempeñadas por mujeres.
De manera particular, hay dos ámbitos difíciles de transformar:
• El ámbito reproductivo, considerado hoy en día como responsabilidad exclu- siva de las mujeres es poco valorada y no tiene remuneración.
• El ámbito político, donde se efectúa el ordenamiento general de la sociedad, y hoy por hoy, casi en su totalidad sigue siendo del dominio masculino.
Sin embargo, hay que reconocer que una vez superada la preocupación por la super- vivencia de la especie humana, ambos roles se han flexibilizado en el sentido de que un mayor número de mujeres han ingresado al ámbito público; es decir, al ámbito laboral, por una necesidad básicamente económica, sin que ello implique que el hombre haya in- gresado al ámbito privado o doméstico en la misma intensidad. Lo anterior, pone nueva- mente a las mujeres en una posición de in- equidad quienes en su haber suman muchas veces dos jornadas de trabajo, el doméstico y el asalariado.
Es importante mencionar que estas jor- nadas no implican necesariamente mayor ingreso económico para las mujeres, ya que las labores domésticas no son consideradas una labor remunerable, además de que en la mayoría de los casos las mujeres ingresan al mercado laboral informal o con bajos sa- larios, para aportar al deteriorado ingreso familiar que en otros tiempos se consideró aporte exclusivo de los hombres.
BIBLIOGRAfÍA
• López Deloya, María Estela. Construcción participativa de agendas comunitarias
para la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.
Serie Metodología para impulsar la participación ciudadana en procesos de equidad de género.
Cuaderno metodológico 1.
• Proyecto Proequidad, Herramientas para construir equidad entre mujeres y hombres, Imprepak, Santa Fé de Bogotá, Colombia, Enero de 1995.
• Centro de Formación en Género y Desarrollo.
Una Propuesta para un Proceso de Cambio. Otro Modo de Ser y Hacer.
Sistematización Conceptual y Metodológica de Formación en Género y Desarrollo.