A partir de los datos analizados, emerge que una acción por parte del Estado que tenga como principal objetivo el au- mento de la productividad, los salarios y una mejora en la distribución primaria de los ingresos debe centrarse en los agentes micro y pequeños, por cuanto son los que ocupan la gran mayoría de la fuerza laboral nacional. Además, las pymes son caracterizadas por el bajo nivel de calificación de trabaja- dores. A todo esto debemos agregar que gran parte de ellas carecen de fuentes de financiamiento, aunque una forma de hacerlo es a través del crédito de sus acreedores.
Las instituciones financieras son reacias a arrogar créditos a las pymes dado que este tipo de empresas son consideradas de alto riesgo, y a falta de algún tipo de patrimonio que pue- da servir como garantía ante un posible incumplimiento. En este sentido, el rol que actualmente cumple la Corfo como
1Encla 2008, resultados Sexta Encuesta Laboral, Dirección del Trabajo,
banca de segundo piso (o sea, institución garante ante una eventual imposibilidad de pago por parte de las pymes), uni- do a la posesión de un budget bastante reducido considerando el enorme número de organizaciones que se encuentran en estas condiciones, es insuficiente para el salto que el país ne- cesita si desea mejorar la productividad de sus empresas. El Estado debería potenciar la banca de primer piso, una banca de desarrollo que tuviera capacidad de acción directa.
Si miramos un poco más atrás en el tiempo, veremos que las empresas actualmente más productivas en el país, ya sea en el sector público o privado, fueron en su momento creadas por la Corfo. Además, durante el periodo desarrollista el rol del Estado a través de diferentes agencias fue fundamental. Por otro lado, la mejora del sistema educativo se presenta como un punto fundamental no solo para aumentar el nivel productivo de la fuerza laboral, sino que de esta forma una parte más consistente de la fuerza de trabajo lograría captar beneficios derivados de dicha situación.
En esta dirección sería también importante considerar que el aumento de la mano de obra calificada tiende a reducir la diferencia salarial entre las distintas categorías de trabajado- res; un mayor número de personas con alto niveles educativos genera una presión a la baja de sus salarios como resultado del crecimiento más rápido de la oferta de mano de obra califica- da en comparación a su demanda.
Reducir esta marcada heterogeneidad productiva por par- te del Estado significa: a) financiar una política pública indus- trial para obtener una igualdad de resultados entre los traba- jadores y sus familias; b) aumentar y mejorar el gasto social para garantizar una igualdad de oportunidades.
5. PaCto FIsCal y equIdad soCIal
Como ya sabemos, a través de la política fiscal el Estado ob- tiene los recursos necesarios para financiar el gasto público. O sea, no solo recauda los recursos para financiar el gasto so- cial (salud, educación, asistencia, pensiones, etc.), sino tam- bién aquellos para la inversión productiva. Por este motivo, entender su estructura, sus limitaciones y potencialidades es fundamental a la hora de pensar en un crecimiento más ecuo.
Una de las principales características del sistema tributario chileno es su fuerte regresividad; esta condición le impide cumplir con uno de los objetivos básicos de un sistema tribu- tario, y termina empeorando la distribución de los recursos en vez de mejorarla. Según Sabaini (2010), el coeficiente de Gini en Chile antes y después de impuestos es de 0,4753 y 0,4802, respectivamente. Además, el Estado chileno recauda poco y lo hace muy mal.
Por un lado, esto implica que el potencial de recaudación es muy grande y, por lo tanto, es posible elevar los impuestos para así disponer de mayores recursos que permitan actuar en las dos direcciones que consideramos fundamentales con miras a un nuevo modelo de desarrollo en Chile: 1) mayores recursos para financiar el gasto social, y principalmente para mejorar el nivel educativo de los futuros trabajadores con to- dos los efectos positivos que esto podría generar en términos de productividad, salarios y distribución primaria de los in- gresos; 2) disponer de mayores recursos para poder desarro- llar un plan de inversión productiva de vasta escala, el cual permitiría también la absorción de la mano de obra calificada. Se recauda mal por el hecho de que la tributación indirecta tiende a predominar sobre la directa. Si consideramos por
ejemplo, el periodo que va desde el 1999 hasta el 2006, la recaudación indirecta alcanzó una cifra equivalente al 64% de la recaudación de impuestos por parte del gobierno general, contra un 36% de impuestos directos. En los últimos años, con el aumento del precio del cobre, esta proporción ha cam- biado al pasar a un 55,6% y 44,4%, respectivamente.
El principal problema de un sistema tributario centrado en los impuestos indirectos es que estos tienden a afectar en mayor medida a los más pobres, debido a que corresponden a impuestos que son pagados en el mismo porcentaje por toda la población. 45 36,3 40,0 26,8 19,7 9,6 11,8 11,5 15,2 11,3 12,5 6,6 6,9 4,6 1,4 15,5 16,3 40 35 35 25 20 15 10 5 0 2&'( 8( ((88 &KLOH &DUJDVHJXULGDGVRFLDO &DUJDWULEXWDULDLQGLUHFWD &DUJDWULEXWDULDGLUHFWD Fuente: Martner, R., 2008, p. 74. gráfico 6
Carga tributaria: comparación internacional (2006)
Por otro lado, los impuestos directos o impuestos a la ren- ta son aquellos que tienen el mayor efecto progresivo. En este grupo podemos distinguir los impuestos directos para las so- ciedades (personas jurídicas) y los personales (personas físi- cas). En cuanto al primer tipo, la recaudación como porcen-
taje del PIB no difiere de la obtenida a partir de las sociedades tributantes en los países del OCDE, EU o EE. UU.
El mayor problema deriva de la bajísima recaudación de impuestos directos provenientes de las rentas personales. Para Sabaini (2010), en Chile los impuestos a la renta a so- ciedades corresponden al 86,6% del total de los impuestos a la renta, mientras que la recaudación de impuestos en el caso de las personas físicas es del 13,4% para el 2006. Además de esto, se estima que la evasión fiscal alcanza una cifra cercana al 47,4%.
Si comparamos la recaudación de impuestos en Chile con la de los países desarrollados, se puede evidenciar el bajo ni- vel obtenido por concepto de impuestos directos, que en el caso de Chile llegan solo a un 6,9% del PIB, mientras que en los países del OCDE corresponden a un 15,2%; en la UE
equivalen un 16,3%, y en EE. UU. son el 15,5% del PIB. En Chile la recaudación de este tipo de impuestos como porcen- taje del PIB no llega ni siquiera a la mitad de la de los países desarrollados.
Si consideramos los impuestos a la seguridad social, vemos que Chile tiene un nivel muy inferior al de los otros países como resultado de la fuerte presencia del sector privado, he- cho que, por lo demás, reproduce las diferencias en la estruc- tura social ya existentes.
Las repercusiones del gasto público en el crecimiento va- rían según su composición, por lo tanto, es importante tener un enfoque integral y estratégico que considere los efectos tanto en materia de bienestar como en materia de conver- gencia productiva para determinar apropiadamente el nivel y estructura de gasto deseable en función de las metas de igual- dad y productividad propuestas. La capacidad del sistema tri- butario de corregir la distribución desigual depende del vo-
lumen de recursos recaudados y la estructura de tasas según niveles de ingreso, pero también de evitar la evasión del pago de impuestos a la renta y disminuir las exenciones existentes. Cepal, 2010, p. 224.
Si pretendemos mejorar la equidad social y, por lo tanto, la distribución de los recursos, nuestra política fiscal no de- biera centrarse únicamente, así como lo ha hecho hasta aho- ra, en una mejor redistribución de los recursos a través del gasto público, guiándose netamente por criterios de eficien- cia. También debería dar mayor importancia al rol que juega la composición de la estructura fiscal en la reducción de las desigualdades. De esta forma es posible actuar por dos vías para alcanzar nuestro objetivo: por un lado, redistribuyendo mejor los recursos recaudados; por el otro, reduciendo las desigualdades en los ingresos primarios a través de impuestos más progresivos. 40 Br Ar Bo Ni Hn Gt Ve Mx Pa Rd Uy Pe Es Py Ec Co Cr Chile América Latina 35 30 25 20 15 10 In
gresos tributarios (porcentaje PIB)
PIB por habitantes (US$2000)
1000 2000 3000 4000 5000 6000 7000 8000 5 0 Ci Fuente: Martner, R., 2008, p. 75. gráfico 7
En el gráfico 7 se puede observar que la recaudación por concepto de tributos fiscales en Chile se encuentra casi al mis- mo nivel de la gran mayoría de los otros países latinoameri- canos; sin embargo, este posee un PIB per cápita bastante más elevado que el resto. Por otro lado, vemos países como Brasil o Bolivia, los cuales teniendo un PIB per cápita bastante más reducido que el Chile, tienen una mayor presión tributaria. Una mayor presión fiscal es posible, pero para esto es nece- sario un pacto social entre las diferentes partes que justifique su progresivo aumento a través de una mayor transparencia y la creación de una institucionalidad que permita evaluar los programas implementados y una mayor participación de la sociedad civil con miras a un objetivo común.
6. ConClusIones
En realidad, más allá del proclamado éxito del modelo eco- nómico chileno, la estructura económica del país no difiere mucho de la existente a inicios del siglo pasado. La caracterís- tica principal de esta economía tanto hoy como en el pasado radica en la existencia de un reducido número de sectores económicos altamente productivos, concentrados principal- mente en la extracción y elaboración de recursos naturales, con una muy reducida incorporación de valor agregado.
Por otro lado, la mayor parte de los sectores económi- cos se caracterizan por una baja productividad. El nivel de productividad de estos sectores a partir de los años noventa hasta hoy se ha mantenido bajo o registra una tendencia a de- teriorarse aun más, los aumentos han sido muy leves. En este contexto, la economía chilena muestra una tendencia hacia la primarización, lo cual es preocupante dado que una cosa es
saber aprovechar las bonanzas de los precios de los commodities y otra muy distinta es basar la propia economía en este tipo de estructura.
Esta es la base de las enormes desigualdades económico- sociales presentes en el país. La fuerte diferencia de producti- vidad ya sea intersectorial o intrasectorial, a lo que debemos agregar el hecho de que los sectores más productivos concen- tran un porcentaje bajísimo de la fuerza laboral ocupada en el país, mientras que los sectores con una baja productividad ocupan a la gran mayoría de la población, es la razón por la cual se genera una de las peores distribuciones primarias de los recursos del mundo (Gini 0,522).
Sin duda, el factor productividad tiene un peso relevante en los salarios que reciben los trabajadores de estos sectores y estas empresas; sin embargo, al parecer los mayores niveles salariales que se obtienen en las empresas de mayores dimen- siones parecieran derivar de la mayor presencia sindical que estas tienen. De todos modos, la variable educación se perfila como aquella que influye mayormente en los salarios de los trabajadores, más allá de las dimensiones de la empresa en la cual de trabaja. Por ello, es necesario crecer más, pero este crecimiento debe estar apoyado en políticas públicas a largo plazo que miren al mejoramiento de las capacidades produc- tivas de las micro, pequeñas y medianas empresas. De la mis- ma forma, cuando existe un incremento en la productividad, el Estado debe crear las instituciones encargadas de traducir- los en los salarios de los trabajadores.
Para crecer es necesario invertir, por eso es preciso un mayor rol del Estado dado que el sector privado no está dis- puesto a asumir riesgos ligados a las empresas de menores di- mensiones. Además, la reducción de la capacidad ociosa está directamente relacionada con la inversión.
Un punto central en esta nueva visión le corresponde a la política fiscal, que hasta ahora ha estado fuertemente domina- da por una estructura regresiva basada en los impuestos indi- rectos. Es necesario revertir la relación entre recaudación de impuestos directos e indirectos, aumentando la progresividad de los impuestos directos de las personas físicas. De esta for- ma se podría trabajar el problema de las desigualdades por dos vías. Por un lado, mediante el aumento de la presión fiscal y, por lo tanto, de los recursos necesarios para financiar la in- versión productiva y el gasto social, hechos que contribuyen a mejorar la productividad en aquellos sectores y agentes con menor productividad. Por el otro, siempre que se reduzcan directamente las desigualdades de los ingresos a través de una mayor progresividad de los impuestos a la renta.
Realizar estos cambios es una tarea urgente que el Estado debería considerar no solo para reducir la distancia cada vez mayor que separa la economía chilena de las economías de los países desarrollados, que ante todo son economías innovado- ras, sino, también, para mejorar las condiciones de vida de su población y así reducir la fuerte presión social que desde hace años ha venido aumentando, con el riesgo de producir un quiebre institucional radical, como el ocurrido en décadas pasadas.
referencias
Azofeifa, A. (1994). Metodología para el cálculo de los indicadores de produc-
tividad del factor trabajo en Costa Rica para el periodo 1976-1992. Banco Central de Costa Rica, División Económica, Departamento de Inves- tigaciones Económicas.
CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe). (2010).
La hora de la igualdad: brechas por cerrar, caminos por abrir. Santiago de Chile: Publicación de las Naciones Unidas.
CEPALSTAT, base de datos de la Comisión Económica para América La- tina, http://www.eclac.cl/estadisticas/bases/.
Encla 2008. (2009). Resultados de la sexta encuesta laboral.
Fajnzylber, F. (1981). Reflexiones sobre la industrialización exportadora del sudeste asiático. Revista Cepal, 15.
Fajnzylber, F. (1991). Inserción internacional e innovación institucional.
Revista Cepal, 44.
Fajnzylber, F. (1992). Educación y transformación productiva con equi- dad. Revista Cepal, 42.
Ferraro, C., Stumpo. (2010). Políticas de apoyo a las pymes en América Latina:
entre avances innovadores y desafíos institucionales, CEPAL, n. 107. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, Publicación de las Naciones Unidas.
Gómez Sabaini, J. (2010). Evasión tributaria y equidad en América Latina. Conferencia: Políticas Públicas e Impacto Distributivo, Comisión Económica para América Latina, 17-18 agosto.
INEGI. (2003). El ABC de los indicadores de productividad. México: Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.
Infante, R. (2008). El sector de empresas pequeñas y medianas: leccio- nes de la experiencia de la Unión Europea y políticas de homogenei- zación productiva con generación de empleo. Serie Políticas Sociales, n. 143. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, Publicación de las Naciones Unidas.
Martner, R. (2008). Las finanzas públicas y el pacto fiscal en América Lati-
na, serie seminarios y conferencias, no. 54. Santiago de Chile: Comisión Económica para América Latina, Publicación de las Naciones Unidas.
MIDEPLAN, División Social, CASEN, www.mideplan.cl/casen.
OCDE. (2010). Estudio Económico de Chile.
OIT. (2010). Base de datos sobre estadísticas del trabajo, Departamento de Estadística, www.laborsta.ilo.org.
Prebisch, R. (1962). El desarrollo económico de la América Latina y algunos de sus principales problemas. Boletín Económico de América La-
tina, 71, (1).
Sunkel, O. (1989). Institucionalismo y estructuralismo. Revista Cepal, 38. Sunkel, O. (1992). La consolidación de la democracia y del desarrollo en