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Vertigo: Persistence & Recurrence 117

Part II – Contexts / Effects 113

Chapter 5.   Taking the Long View: Vertical & Horizontal Forces 115

1. Vertigo: Persistence & Recurrence 117

Monsefú (Callanca, Monsefú) y Reque. 2008 -2009.

Desde hace muchos años en todas las regiones del mundo se conoce que los envases usados conteniendo residuos de plaguicidas, constituyen un problema grave de contaminación por ser considerados “RESIDUOS PELIGROSOS” para la salud y el ambiente (Ley 27314).

En los agroecosistemas de Monsefú (Callanca, Monsefú) y Reque se cultivan hortalizas que abastecen los mercados de la región de Lambayeque; estos cultivos, continuamente se ven afectados por plagas y enfermedades que en los últimos años están ocasionando mayores pérdidas económicas, obligando a los agricultores a utilizar plaguicidas cada vez más tóxicos cuyos envases y residuos no habían sido cuantificados. En estos agroecosistemas se han colectado un total de 413 envases usados de plaguicidas que equivalen a 4,54 envases/ha. El mayor número promedio de envases colectados por hectárea correspondieron al distrito de Reque (6,56 envases/Ha); sin embargo, el análisis estadístico para las tres áreas evaluadas o mostró diferencia estadística significativa.

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El promedio de 4,54 envases/ha obtenidos en Monsefú, Callanca y Reque, supera a los datos registrados por Cámara Argentina de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE, 1996) la que menciona que en ese año registraron para Argentina una descarga ambiental de 0,44 envases/ha, información registrada por Allevato (2002). Estos resultados evidencian que en Callanca, Monsefú y Reque la acumulación de envases por hectárea superior a los registrados en otros países, lo cual está constituyendo un factor importante del deterioro del ambiente y una amenaza creciente a la salud humana y la de los ecosistemas de estas áreas. Esta problemática se acentúa más, ya que al evaluar el contenido neto de los envases de plaguicidas, los envases de 1000 g y 1000 ml de capacidad fueron los predominantes.

Los plásticos son derivados del petróleo y tienen un poder calorífico muy alto (se degrada a 286°C), se estima que la degradación seria en un tiempo mayor a 500 años (VIVA, 2009). La “degradación” de los plásticos sintéticos simplemente genera partículas de plástico más pequeñas que, a pesar de ya no ser evidentes, se acumulan en los ecosistemas produciendo la muerte de especies (Espín, 2007).

Fue relevante por lo tanto, determinar en estos agroecosistemas el tipo y material de los envases de plaguicidas por ser considerados productos riesgosos para la salud y el ambiente. De los 413 envases hallados durante la evaluación el 88,14% fue de plástico, material frecuente en los envases de plaguicidas, siendo el Polietileno de Alta Densidad (PEAD) el más utilizado –

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Al respecto, Crop life, informa que en 1998, en el Perú se comercializaron 700 toneladas de envases, 600 de los cuales fueron plásticos lavables y que el tipo de plástico más usado para envases rígidos de plaguicidas fue el PEAD. Existe la tendencia de las empresas a utilizar el mayor número de envases de plástico ya que sometidos al triple lavado podrían eliminarse y reciclarse (Allevato, 2002). Según FUNDACIÓN PARA LA INVESTIGACIÓN Y DESARROLLO AMBIENTAL (FIDA, 2005), el tipo de plástico de mayor producción es el PEAD, por poseer mejores propiedades fisicoquímicas y ser considerado uno de los plásticos mas reciclables (que supone el 75% del total reciclado), esta característica permitirá disminuir la contaminación rehusando así el plástico disponible.

Es urgente por lo tanto, iniciar un programa de manejo y disposición final de los envases usados de plaguicidas. El manejo de los envases de agroquímicos es responsabilidad directa de quienes lo fabrican, comercializan y de quienes lo usan en el campo (Ley 28217). En nuestra región y en todo el Perú, el manejo de envases usados de plaguicidas es un tema que preocupa; sin embargo, poco se ha avanzado, los esfuerzos han sido dispersos a diferencia de Ecuador y Bolivia en los cuales ya existen programas pilotos con apoyo financiero del gremio de los agroquímicos (Allevato, 2002). Loayza, 2006; reporta que en la gestión de envases vacíos de plaguicidas se debe incluir, el lavado del envase, la construcción de centros de acopio, el reciclado y reutilización de materiales de plástico y la utilización como combustible. En el Perú. PROTEC-Perú, (2006) reportó que la ONG Campo Limpio inició la construcción de su primer centro de acopio

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en el valle de Ica por ser una zona productora de cultivos de exportación. En las áreas de Callanca, Monsefú y Reque se carece de un sistema de recojo de envases como ocurre en otros países de América latina y no está registrado ningún centro de acopio. La gestión integrada de las principales casas distribuidoras de las empresas de agroquímicos en conjunto con los agroexportadores y autoridades competentes, deben iniciar en estos distritos la implementación de un sistema de recojo de envases y la construcción de un centro de acopio que permitirá posteriormente destinar los envases al reciclaje.

De forma similar a Concepción (37%) y Chupaca (50%) reportados por Montoro (2009), en Callanca Monsefú y Reque la mayor parte de envases fueron encontrados en los canales de riego (53,8%) y campo de cultivos (33,4%), existiendo una diferencia significativa con relación a los otros lugares de colección. Así mismo, al encuestar a los agricultores, el 40,9%, manifestaron arrojar los envases de plaguicidas a los canales de riego después de ser utilizados; y el 37% los arroja en cualquier parte del campo. Es evidente que los envases que fueron arrojados a los canales de riego se trasladen a largas distancias favorecidos por el caudal del agua; esto, fue observado en Arequipa, donde los envases usados en la Campiña Arequipeña fueron transportados por el Río Vitor unos 40 kilómetros río abajo (Malarín, 2004), situación que se estaría produciendo en la cuenca del río Reque, ya que los agroecosistemas de Monsefú (Callanca, Monsefú) y Reque donde se realizó el estudio se encuentran ubicados al margen derecho e izquierdo del río Reque respectivamente (Lambayeque Online,

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2008), por lo cual los envases estarían siendo transportados por el caudal del río a distancias cercanas al litoral marino (Figuera, 2009), constituyendo un peligro irremediable para los ecosistemas marinos de nuestra región. Los mismos agricultores manifestaron incinerar los envases junto con desechos del campo, práctica común en la zona, y que se realiza inmediatamente después del uso o luego de un tiempo cuando el agricultor considera que el volumen acumulado de envases lo requiere. Razón por la cual solo se registró un 0,5% de envases para incinerar. En muy pocos casos los agricultores son conscientes de que la incineración, produce emanaciones de gases tóxicos para la persona y el ambiente. Malarín (2004), reportó que los envases de plaguicidas al ser quemados liberan dioxinas que son capaces de causar cáncer y que han sido clasificados por las Organización Mundial de la Salud (OMS) como cancerígeno humano de acuerdo al informe del año 2000 realizado por la agencia de protección ambiental de E.U. (EPA) . En Concepción (30%) y Chupaca (45%) también se realizan la práctica del quemado de envases a campo abierto (Montoro et. al, 2009).

En las áreas de Callanca, Monsefú y Reque fue necesario también determinar si los envases hallados fueron sometidos al triple lavado. Al realizarse el análisis estadístico se encontró que significativamente, solo el 21,1% recibieron triple lavado Estos resultados coinciden con las encuestas realizadas a los agricultores, donde solo el 19,1% respondieron realizar el triple lavado. El 80,9% restante solo enjuaga el envase con agua limpia o agua del mismo tanque de la mezcla. La práctica del enjuague no tiene ninguna correlación con las formas de eliminación de los envases, solo lo

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realizan por razones de economía. Monsefú, fue el área en el que se registró el mayor porcentaje de envases con triple lavado (64,4%,) esto podría ser la razón por la cual en Monsefú se registró el menor residuo de plaguicidas en gramos y mililitros (0,04 g/envase de 1 kg y 1,16 ml/envase de 1 litro).

Allevato, 2002, refiere que la ley nacional 27314 de residuos peligrosos considera que los envases usados de agroquímicos por ser “peligrosos” deben ser tratados en forma independiente de cualquier política ambiental ya que aún sometidos al triple lavado son susceptibles de provocar a largo plazo contaminación por cloro, fluor, zinc, estaño, entre otros; sin embargo, en 1996 la FAO ha recomendado la práctica del triple lavado para que los envases de plaguicidas puedan eliminarse y reciclarse. El triple lavado elimina el máximo del los residuos peligrosos.

Según datos de EPA, 2002, el triple lavado elimina el 99,999% de restos de producto del envase. La poca difusión sobre el triple lavado a los agricultores de las áreas de Callanca, Monsefú y Reque, es la razón principal de lo limitado de su práctica. Los pocos agricultores que sí realizan el triple lavado manifestaron que se informaron por afiches, etiquetas de los envases o comentarios de vecinos. La mayoría de los encuestados (89,7%) respondieron no haber recibido capacitación. Esto demuestra claramente la necesidad urgente de iniciar campañas de capacitación por parte de todos los sectores involucrados.

Las principales distribuidoras en Monsefú, Callanca y Reque tales como Bayer S.A., BASF Peruana S.A., Silvestre S.A., Farmagro S.A. entre

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otras, probablemente no están cumpliendo un rol muy activo dentro de la cadena de capacitación al agricultor, su participación es más comercial; pocos dan información sobre el manejo seguro o correcto de los plaguicidas; sin embargo, en la Ley general del Ambiente Ley 28611,publicada en 15 de octubre del 2005 en su artículo 83 indica que las empresas deben adoptar medidas seguras para el efectivo control de materiales y sustancias peligrosas intrínsecas para su actividades, debiendo prevenir, controlar o mitigar los impactos negativos que aquellas generan.

.La mayoría de envases de plaguicidas hallados en Callanca, Monsefú y Reque pertenecen a las categorías Extremadamente Tóxicos (Ia) y Altamente Tóxicos (Ib); porcentaje que es de muy alto riesgo para la salud y el ambiente; en los últimos años la adopción de nuevas tecnologías debido al incremento de áreas agrícolas, ha implicado el mayor uso de plaguicidas. Se están utilizando con mayor frecuencia una serie de plaguicidas químicos de distinto grado de peligrosidad por su toxicidad y con gran persistencia en el ambiente, creando mayores desequilibrios en los ecosistemas (Loayza, 2006). Igualmente, La Organización Mundial de la Salud (OMS, 1998), ha recomendado una clasificación según la peligrosidad de los plaguicidas, que se refiere a la capacidad de producir daño agudo a la salud cuando se da una o múltiples exposiciones en un tiempo relativamente corto. Esta clasificación se basa en la dosis letal media (DL50) aguda, por vía oral o dérmica de las ratas

Al evaluar los envases hallados, el mayor porcentaje correspondió a los insecticidas (41,65%), siguiendo en orden de importancia los abonos foliares

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y fungicidas con un 12,59% y 12,35% respectivamente. Los envases de insecticidas más frecuentes fueron el Metamidofos (24%), Clorpirifos (19%), Endosulfan (13,4%) y Metomil (10,1%); siendo estadísticamente superiores a los otros insecticidas hallados. El Metomil (Lannate) a pesar de ser un insecticida extremadamente toxico (Ia) (Plaguicidas Ia y Ib en el Perú, 2005), es utilizado con mucha frecuencia en el cultivo de Lycopersicum esculentum “tomate” (Hasta 20 aplicaciones por campaña), este insecticida, no debe ser utilizado en hortalizas, ya que las hortalizas son de periodo vegetativo corto y están expuestas a altas concentraciones de productos altamente tóxicos. Estudios realizados por Cabrera (998) reportó que el 92,30% del cultivo de Lycopersicum esculentum “tomate”, en Moche se encontraron contaminados port organofosforados. Similar situación puede estar ocurriendo en los agroecosistemas de Callanca, Monsefú y Reque.

Según Resolución Jefatural N°028-99-AG-SENASA (05.03.99) existe restricción de las formulaciones comerciales de metamidofos en concentraciones de hasta 600g/L, estudios realizados han demostrado que la CL50 (concentración letal media) de 25-100 mg/L en 96 horas producen la muerte de especies como la Oncorynchus sp. “trucha” (INTERNATIONAL PROGRAMME ON CHEMICAL SAFETY, IPCS, 1993). Según Montoro et. al., 2000, en una investigación realizada en San Vicente de Cañete detectaron residuos de plaguicidas como el Clorpirifos y Malathion que producen la contaminación de fuentes de agua. El valor más alto detectado fue de 2,30 ug/L, el cual supera los estándares permitidos internacionalmente.

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Esta realidad puede estar ocurriendo en estos agroecosistemas representando un riesgo para los pobladores de Callanca, Monsefú y Reque, debido a que los pobladores de las zonas aledañas a los campos de cultivos y cercanos a fuentes de agua subterráneas, utilizan el agua para uso doméstico. Situación que se agrava más ya que en estos agroecosistemas la mayoría de envases colectados (58,8%) fueron encontrados en los canales de regadío cerca a vertientes donde realizan el preparado de sus productos representando un verdadero riesgo de contaminación. Asimismo los plaguicidas pueden depositarse en los suelos reduciendo la diversidad de las especies. Pimentel (1993), explica que es difícil atribuirle un valor monetario al daño que ocasionan los plaguicidas sobre los organismos y los ecosistemas en general.