ANTAGONISTS
7. VISUAL ANALOGUE SCALE
Vimos, en base a la recapitulación que, más allá de las discusiones internas a la disciplina, ligadas a elementos propiamente artísticos como la representación, la expresión o la comunicación, más allá de las diferencias de
género entre el ballet, la danza moderna y la danza contemporánea, y más allá de las diferencias en los códigos técnicos entre la danse d´ecole, la técnica Graham, Laban, Jooss-Leeder, Humphrey, Cunningham o la danza post- modern, la preocupación central de coreógrafos, bailarines, historiadores, teóricos y críticos no es la construcción del cuerpo de la danza. La construcción funciona de hecho, está claro, pero no se la problematiza, lo que significa que el cuerpo se supone dado de manera más o menos natural, se lo considera más o menos un obstáculo a superar, pero de manera general se sostiene que está antes de la danza y está para la danza
Veremos a continuación las continuidades conceptuales, o mejor dicho, las consecuencias que tiene, respecto de la construcción del cuerpo como objeto, el hecho de que se sostenga una continuidad a nivel de los supuestos entre los diversos estilos.
No hay, en ningún caso, una idea según la cual el cuerpo sea el resultado de la danza, o esté después de la danza y por la danza; por el contrario, siempre está dado de antemano. Otro de los elementos compartidos es la perspectiva artística para el abordaje de la danza, según la cual lo importante para el análisis y lo distintivo de la danza es el hecho de que se constituye como un objeto de arte. Aquí el cuerpo aparece como condición, como algo necesario, como soporte material del movimiento, como materia maleable. Si bien se reconoce el entrenamiento como elemento constitutivo y subyacente en el objeto artístico, ese entrenamiento debe ser olvidado, y hay un registro del cuerpo en la performance que puede pensarse en términos de consumo (de hecho, la discusión sobre la necesidad o no de registro respecto de lo efímero del arte de la danza encierra esta cuestión), de cosa sacralizada imposible de ser usada y que es además privada, lo que implica pensar en un cuerpo uno y propio.
Por otro lado, todos los estilos identifican danza con movimiento, lo que, como vimos, reduce el cuerpo a una condición de medio; si bien en el ballet hay una primacía de las poses como punto cúlmine hacia el que se orienta y en el que cobra sentido el movimiento, sigue siendo el movimiento y su conclusión sobre lo que se presta atención. Otro punto en común es el recurso a la técnica y la tensión que este elemento introduce en la construcción e incluso en la concepción de la obra de arte y del significado del arte (sobre esto volveremos
en el capítulo siguiente). A lo que se suma el hecho de que, de manera general, tanto en las discusiones históricas como teóricas el asunto de la gimnasia y el uso del cuerpo queda velado y no problematizado. Por último, todos los géneros y todas las perspectivas suponen un cuerpo-ahí, más o menos natural, más o menos mecanizado y matematizado, más o menos orgánico, más o menos físico, más cerca o más lejos del alma –en todo caso, para nuestra perspectiva, esas diferencias son significativas sólo relativamente. Lo significativo, en todo caso, es la operación por la cual suponer un cuerpo como materialidad dada o como condición necesaria tiene por efecto su exclusión como asunto de la danza. Creemos que esto pasa por la especial articulación entre danza-arte-movimiento, ante la cual nosotros propondremos una articulación de la danza con el cuerpo y con lo gímnico12. Si bien es posible –e incluso necesario y conveniente– reconocer las diferencias que se dan entre las diversas formas de danza, aún en los diferentes momentos de la historia de la disciplina, no por eso debemos dejar de señalar que, en varias dimensiones de la práctica, compartían y aún comparten un conjunto de supuestos que definen qué es la danza, cómo se construye y ejecuta, y por tanto suponen un mismo objeto. Nuestro interés no es liberar a la danza de formas organizadas, racionales y articuladas a un orden simbólico de construcción, ejecución, circulación y composición; por el contrario, sostenemos que es imposible, en un sentido fuerte, liberar a la danza de toda forma y más aún de toda técnica. La concepción artística de la danza nos muestra que las discusiones en torno a la representación, la expresión o la comunicación son internas y lógicas a un conjunto de supuestos que tienen la función de identificar danza y movimiento, en una identificación que reduce el cuerpo a una simple condición de medio/instrumento. Aún más, siguiendo a Gigena (2004) podemos sostener también que hay una idea del movimiento humano como algo expresivo que se sostiene entre los diferentes géneros y estilos de danza. Y sobre esa concepción –que es un supuesto compartido y, con la excepción de Lepecki (2006), no discutido– es que se comprende la reducción del cuerpo a medio. La
12 Articulación en la que gímnico refiere sencillamente al ejercicio y no a “sistemas” de ejercicios, como es el caso de lo “gimnástico”, que de modo general subordinan el ejercicio y por ende el cuerpo al entrenamiento (antes de Platón) o a la salud (desde Platón). No intentamos subordinar el ejercicio y, por ende, el cuerpo, a la danza-arte, sino vincular el ejercicio con la esfera de la acción y, por ende, con el cuerpo.
comprensión de la danza en términos de una práctica corporal hace emerger el cuerpo como objeto y efecto de la misma; ni supuesto ni condición: resultado. Esto ocurre específicamente porque nuestra perspectiva problematiza el cuerpo humano a partir de elevarlo a elemento significante del orden simbólico en que se construye. El cuerpo, entonces, es una construcción simbólica dada en el registro de las prácticas sociales y culturales. Pero no por esto carece de materialidad; al contrario, su constitución como objeto evidencia los efectos de verdad que los discursos y las prácticas tienen en el cuerpo y por tanto la efectividad con la que el mismo opera en la realidad social y en la realidad de la danza.
Para nosotros, el cuerpo es un vehículo de subjetivación y por tanto una forma que puede tomar subjetividad. En este sentido nuestro trabajo sostiene la idea de que no hay una identidad entre sujeto y cuerpo, y que es justamente al ser diversos e irreductibles el uno al otro que pueden entrar en relación.13 Introducimos esta idea de subjetividad, que no había aparecido a lo largo del trabajo, ya que las discusiones respecto de la libertad o no que ofrece una forma de danza se dan en relación a la idea de sujeto libre y soberano, y las perspectivas que se centran en la perspectiva artística y dejan al cuerpo en el lugar de medio, supuesto o condición, también están pensando en la soberanía del arte como sujeto de la danza. Incluso quienes introducen la pregunta por el cuerpo (que son pocos y lo hacen en el marco de la perspectiva artística, ya que lo piensan como construcción poética de una obra) asumen una identidad entre sujeto y cuerpo que nos reenvía a la relación de propiedad que promueve la lógica del consumo. La idea de trabajar con los usos del cuerpo y no simplemente con “el cuerpo” implica a su vez algunas consideraciones más. Por un lado, no hay una esencia del cuerpo que nos permita hablar de él como un universal; por otro, no hay una naturaleza del cuerpo que nos informe sobre el destino último de su desarrollo; finalmente, el cuerpo como resultado de un conjunto de prácticas nunca puede ser un cuerpo propio: será siempre en algún sentido cuerpo del Otro (Lacan 2006) y, en ese punto, de lo común. El cuerpo
13 La identidad sujeto/cuerpo termina por reducir lo humano a lo animal, movimiento que tiene consecuencias políticas importantísimas –ver para esto la discusión actual sobre biopolítica.
se construye y esa construcción remite a un uso que en el caso de la danza es a la vez performático y discursivo.14
En el próximo capítulo mostraremos que las rupturas respecto de formas alternativas de entender el cuerpo de la danza no se encuentran entre los diferentes géneros o técnicas sino en la constitución de la práctica misma, en relación con las posibilidades de uso del cuerpo que la práctica habilita y con cómo se efectúan.
14 Quisiéramos sortear la discusión sobre el dualismo cartesiano, ya que establecer una distinción entre ser o tener un cuerpo no es significativa para la perspectiva de análisis que queremos presentar en este texto.