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Las primeras décadas del siglo XX pueden ser descriptas a partir de una serie de fenómenos históricos relacionados y que pueden ayudar a introducirnos en la comprensión de los jóvenes universitarios. La Ley Sáenz Peña, influencias de la guerra mundial y de la revolución rusa, el auge del radicalismo, el crecimiento inmigratorio y los movimientos socialistas y anarquistas, entre otros, son algunos de los procesos históricos a nivel nacional caracterizados por los historiadores. En ese contexto, agrupaciones de jóvenes universitarios van a realizar una serie de reclamos, protestas y manifiestos de reforma de las instituciones universitarias, constituyéndose como organizaciones y movimientos juveniles44, proceso conflictivo que desencadenará en la llamada Reforma Universitaria de 1918. Desde finales del siglo XIX las autoridades y la organización de las universidades eran objeto de cuestionamientos por parte de sectores de estudiantes, cuestionamientos referidos al modo de organizar los estudios y el modo de decidir problemas relativos al estudiantado y a la calidad de los cargos docentes (Halperin Donghi, 1962). Se desarrollan modos de organización en los jóvenes a través de los centros de estudiantes; en la Universidad de Buenos Aires (UBA), por ejemplo, se conforma el centro de estudiantes de Medicina en 1900, siendo que desde hacía varios años existía allí mismo una serie de conflictos entre los estudiantes y la Academia Nacional de Medicina45, que se sucede con una serie de huelgas estudiantiles en las primeras décadas del siglo XX.

44Siguiendo a Reguillo (2000) usamos el término ―movimientos‖ aplicados al campo de estudios

en juventudes en Latinoamérica. Dicha categoría operativa es usada para designar agrupaciones juveniles que irrumpen por alguna causa en el espacio público.

45 Para fines del XIX y principios del XX, las Academias (de Medicina y de Jurisprudencia) eran

organizaciones de profesionales con una alta incidencia en la regulación del ejercicio profesional, en la definición de políticas públicas (de salud, por ejemplo) y en el gobierno universitario. Unas décadas antes, cuando la Facultad de Medicina vuelve a integrarse a la Universidad de Buenos Aires, la Academia de Medicina es cuestionada por estudiantes y jóvenes profesionales, por la

1918 es el año en que se crea el Club Universitario de Buenos Aires, pero es también el momento en que se crea y organiza la Federación Universitaria Argentina (FUA)46. Dos organizaciones de estudiantes, por lo pronto con diferencias en el modo de constituirse, se crean casi simultáneamente. Por un lado, una federación de estudiantes, con espíritu democrático público en su organización –al menos así explicitada-; por el otro, un club, con la característica y lógica que por ahora denominaremos más restrictiva, con requisitos de asociación establecidos por los ya asociados.

Con Cano (1983), consideramos a la universidad argentina -hasta mediados del siglo XX- como una universidad de elites, que responde a una lógica de clase y de locación urbana. El espacio y la clase social deben ser leídos y analizados de conjunto para comprender la dinámica de este sector social y sus relaciones con otros sectores.

La universidad era un fenómeno eminentemente urbano y de sectores de clase que podían acceder a ella, aún durante la Reforma y después de ella. Según Losada, las culturas urbanas ilustradas

Desde finales del siglo XVIII, se distinguen esencialmente de otras culturas, tienen su propio dinamismo y un proceso de cambio particular… Son producidas

por ciertas elites intelectuales pertenecientes a los estratos medios que, dentro del espacio cultural particular que implicó esa específica institución social que era y es la ciudad latinoamericana… se encuentran en una situación problemática y

desarrollan un comportamiento cultural que es exclusivo de este sujeto social. (Losada, 1977 citado por Cano, 1983: 187).

manera de ejercer el gobierno universitario de modo arbitrario. Es éste el cuestionamiento que le hacían Ramos Mejía y jóvenes de su generación. Planteaban la enseñanza libre como estrategia de lucha frente a las elites profesionales que decidían las designaciones de profesores en las carreras y el tipo de formación que debían recibir los nuevos médicos. Es interesante ver aquí cómo la libertad en la enseñanza es la herramienta de lucha, y la expresión simbólica, de poder entre generaciones. Es un proceso coherente con la lucha llevada a cabo por los impulsores de la ley nº 1420 para la educación laica, contra la corporación eclesiástica (Di Tella, 1969), lucha que buscó desligar a la Iglesia de alguna de sus posiciones, pero que de ninguna manera buscó eliminarla. Antes bien, diversos e importantes colegios secundarios católicos se crean durante esos años en la ciudad de Buenos Aires (Gessaghi, 2011)

Estos cuestionamientos a las Academias como corporaciones profesionales arbitrarias continuarán en el proceso de la Reforma Universitaria (Buchbinder, 2005). Son disputas claramente generacionales, las juventudes que exigen renovación y apertura, los docentes vitalicios que sostienen sus cátedras y puestos en el gobierno universitario.

46 Un antecedente de la misma es la creación de la Federación Universitaria de Buenos Aires en

1908, años después de la organización de los Centros de Estudiantes en las Facultades de la Universidad de Buenos Aires.

Las clases dirigentes47, ya a finales del siglo XIX, se concentraban en la ciudad. Allí era donde sus hijos estudiaban, establecían relaciones amistosas y matrimoniales, ocupaban cargos públicos, elegían y eran electos para cargos ejecutivos, etc. Es en la ciudad donde se movilizaban y acrecentaban los capitales sociales, económicos y culturales de estos sectores. En las ciudades acontecían los encuentros y alianzas entre nuevas burguesías y viejas familias patricias, y donde, entre otros fenómenos, se instalaban modos de socialización europeos, uno de los cuales lo constituían los clubes. ―Clubes con salones para estar, salas de lectura‖ (Romero, 2004:287) donde se reunían para ―refugiarse en ―su círculo‖ y ―donde todos se conocían‖ (288). Son producciones de espacios, al interior de la ciudad, con requisitos de ingreso, lugares reservados para aquellos que cuentan con los avales necesarios para constituirse en socios48. Si antes existían espacios reservados a los que podían acceder naturalmente49 sujetos provenientes de algunos sectores sociales, con la creación de clubes las distancias son explicitadas, respaldadas legalmente y, en función de la posición social de jerarquía y estatus de estos grupos sociales, legitimadas socialmente. Es en esos grupos urbanos donde se gesta una mentalidad cosmopolita compartida ya por las nuevas burguesías y miembros del viejo patriciado (Romero, 2004).

47 Ser clase dirigente implicaba, sobre todo con la aparición del radicalismo haber accedido a los

niveles medio y superior del sistema educativo.

48 La fundación del Club Universitario de Buenos Aires en 1918 forma parte de un proceso de

creación de clubes y asociaciones: el Club Universitario de Rosario, por ejemplo, es creado en 1924, mientras el Universitario de La Plata ya existía para 1926 (organizado por un socio de CUBA y esponsoreado por el mismo Club y el CASI (Club Atlético San Isidro).

49 La creación de clubes o asociaciones con requisitos de ingreso también debe leerse como un

modo de ―cerrar‖ el paso –y producir la distinción social- cuando sectores ubicados en posiciones privilegiadas, y con conjunciones de capitales sociales, culturales y económicos, se sienten amenazados o con el riesgo de perder esas posiciones de reconocimiento cultural, frente al avance o ascenso de sujetos provenientes de posiciones sociales inferiores. Crear la frontera implica la necesidad de reconocer y mostrar quién ingresa y quién no. Es una estrategia que

muestra algo que antes no sucedía, tal vez porque las fronteras se ―asumían‖ o ya estaban dadas,

no siendo necesaria su explicitación. Se corre la frontera producida desde la universidad a una organización sui generis, el club.

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