3 MATERIAL & METHODS 31
3.2 IN VITRO STUDIES 32
La movilidad por trabajo intrametropolitana (commuters) en la Ciudad de México ha registrado reducciones marginales. Entre 2000 y 2010 la población que trabajaba en un municipio diferente al de residencia pasó de 42.6 a 41.8 por ciento del total de la población ocupada, aunque en términos absolutos se incrementó de 2.7 a 3.3 millones; ambas situaciones podrían estar asociadas a la predominancia de los grupos poblacionales en edades productivas y a la predominancia del empleo en pequeños negocios cercanos al lugar de residencia, lo que a su vez, reflejaría la fragilidad del mercado laboral local, es decir que, la creación de capacidades locales, el empleo de calidad y no solo su localización espacial es otro elemento de la sostenibilidad.
En años recientes, existen indicios de la aparición de subcentros de empleo al interior de la Ciudad de México. Estos en su mayoría se han localizado a lo largo de ejes viales metropolitanos, consolidando grandes corredores a partir del centro histórico, por lo que deberán implementarse estrategias de impulso y fortalecimiento a la desconcentración de actividades económicas para acercar el empleo y articular a zonas habitacionales actualmente desconectadas. La concentración del empleo en la ciudad central es evidente, puesto que de las diez unidades a las que llegan más commuters, nueve pertenecen al Distrito Federal, información que muestra la elevada concentración del empleo en las demarcaciones más centrales de la zona metropolitana. La centralización de los empleos no solo se acrecentó entre 2000 y 2010, sino que muy probablemente aumentará a futuro. Con esto se constatan los argumentos de varios autores (Rodríguez, 2008b;42
Sobrino, 2007)43 respecto a la mayor concentración de los puestos de trabajo que de la población.
4.6.1.1. Para atender la desvinculación entre lugar de trabajo y lugar de residencia se requiere mayor compatibilidad entre la expansión urbana y el control de uso del suelo mediante normatividad más rigurosa. Estos instrumentos deben complementar sinergias entre municipios y entidades federativas, que se traduzca en un fortalecimiento del papel del Estado y de la toma de decisiones de política pública que redunde en una visión integral entre mercados de empleo y de vivienda.
42 Rodríguez Vignoli, J., “Movilidad cotidiana, desigualdad social y segregación residencial en cuatro metrópolis de América Latina”, en Eure, Vol. XXXIV, 103, Pontificia Universidad Católica de Chile, diciembre, 2008b, pp. 49-71.
43
Sobrino, J. “Patrones de dispersión intrametropolitana en México”, en Estudios demográficos y urbanos, COLMEX, 66, septiembre-diciembre, 2007, pp. 583-617.
A escalas espaciales más amplias existe evidencia de intensas relaciones cotidianas interurbanas. Un ejemplo de la intensidad del intercambio de población trabajadora (también denominados commuters) ocurre entre la Zona Metropolitana del Valle de México y las zonas metropolitanas más cercanas, en este caso Cuernavaca, Pachuca, Puebla- Tlaxcala, Querétaro y Toluca. El intercambio más intenso se da con Toluca, de donde llegan 23 mil personas a trabajar al Valle de México y de ésta se trasladan 30 mil a Toluca con el mismo propósito; los flujos con el resto son mucho menores. Cuanto mayor es el tamaño de las ciudad, mayor la escala de las áreas ocupadas por población en situación de pobreza y más graves los problemas de acceso a las oportunidades urbanas.
La accesibilidad a la ciudad se reduce y los viajes al empleo, la educación, la salud o por víveres se alargan en términos de distancia, tiempo, costo, energía y riesgo (Sabatini et al., 2001). Por ejemplo, los niveles promedio de ingreso en las diferentes zonas de las ciudades mexicanas tienen una correlación negativa con la distancia a los centros de empleo (i.e. a mayor distancia a los centros de empleo, menor ingreso y viceversa), y una correlación positiva con el acceso a servicios públicos y la seguridad ante catástrofes naturales (a menor ingreso, menor accesibilidad a servicios públicos y menor seguridad ante catástrofes naturales y viceversa) (Banco Mundial, 2004).
El acceso al empleo de los pobres está en función, en gran medida, de la localización geográfica de los empleos en relación al lugar de residencia de la población pobre en edad de trabajar. El problema es que la localización espacial de los empleos en el territorio normalmente no se corresponde con la localización residencial de la población pobre en la ciudad. La segregación social se transforma en segregación espacial y viceversa, y se refuerzan mutuamente.
Los empleos siguen a las ventajas de localización y los asentamientos pobres ofrecen pocas ventajas de esta naturaleza (O´Sullivan, 2006). Esto es más evidente en las periferias de las grandes ciudades (Suárez y Delgado, 2007). Sin duda, la ubicación geográfica importa en relación con las causas y consecuencias de la pobreza (Banco Mundial, 2004). Por ejemplo, la concentración espacial de familias de bajos ingresos genera diversas externalidades negativas: estigma social, menor aplicación de los derechos de propiedad, distribución inequitativa de los recursos públicos, aislamiento, inaccesibilidad a las oportunidades urbanas, subdotación de servicios públicos, entre otros, que generan un “efecto barrio” con implicaciones perjudiciales y acumulativas en las políticas de planeamiento urbano y vivienda (Banco Mundial, 2004).
4.6.1.2. En el mediano y largo plazo, las ciudades mexicanas deberán apostar por la compactación, la densidad y la conectividad entre los distintos usos de suelo. La finalidad: reducir los tiempos de traslado, fomentar la complementariedad entre medios de
transporte, rescatar de la localización periférica a los sectores sociales en desventaja, incidir en los niveles de salud y bienestar de la población, volver más eficientes el uso de recursos, infraestructura y energía en las distintas zonas de la ciudad.