PROGRESIVA DE LA CONDICIÓN JOVEN
-Yo ahora estoy aprendiendo a comer… fruta… Porque yo, en mi casa se come fruta después de comer. El postre fruta. Bueno, mis hermanas comen yogures, y… pero mis padres fruta y… Y yo venía aquí, y los danone, los yogures, los flanes, los… Y ahora, sí, compro más fruta, compro más verdura, ensaladas, que yo, yo cuando vine aquí en primer año, yo no me hacía una ensalada en mi casa. Jamás me comía yo una ensalada, y ahora me compro el pepino, la zanahoria, de tó, le echo a la ensalada y me como… (Granada, jóvenes universitarios).
La salida de casa para estudiar supone confrontarse con tareas de gestión doméstica. Los individuos se enfrentan así a la organización de un hogar disponiendo de diferentes grados de preparación. Cuando la preparación es escasa (en competencias culinarias, organización doméstica, gestión del tiempo, etc.), el primer momento de salida del hogar se convierte en una prolongación de los hábitos de la clase de 116 Los procesos de transformación radical del orden alimentario doméstico se encuentran presentes en ciertos jóvenes
que acaban desarrollando una carrera de anorexia o de bulimia. Véase Moreno Pestaña (2005).
117- Las verduras algunas también me gustan y la comida basura también me gusta mucho. -[Risas].
- Ésa es que nos gusta a todos. -Se está forrando el de MC’Donalds. - La pizza (Torredelcampo, chicas).
edad pero sin control familiar. Ese primer momento, será corregido por procesos de revalorización del modelo doméstico familiar y de progresiva estigmatización de los alimentos característicos de la clase de edad118.
Esta sensación de pérdida de calidad de vida tras la salida del domicilio familiar, se añade a otros hándicaps objetivos que soportan los estudiantes de clases populares. La pérdida de redes relacionales es superior a la de los estudiantes de clases superiores –unidos al mundo universitario por la tradición familiar-, y la economía material y afectiva de la vida cotidiana se empobrece –de la que la comida y la organización doméstica son una dimensión fundamental-119:
C: Aunque te vayas al pueblo de al lado para estudiar ¿sabes?, que es que estás independiente y es que no puedes depender ya de tu madre. Ya te vayas a, a otro país como te vayas al pueblo de al lado.
A: Te das cuenta que las cosas no se ponen solas, que los cristales no se limpian solos... C: Ya ves tú, que los platos no se friegan solos...
A: Te das cuenta de muchas cosas, no sólo cocinar, evidentemente, incluso hasta... nosotros no comemos igual cuando...
C: Hasta en el carácter cuando llegas a tu casa, porque tienes a tu madre allí todos los días, y a tu hermana todo el día allí, un día, y otro, y otro. Y luego vas una vez al mes a tu casa y dices: “¡Ah, qué alegría!”
D: Los echas de menos.
C: ¡Quién iba a decir que yo estoy tan contenta de venir a mi casa, y de ver a mi hermana, y de ver a mi familia! Y el contacto ya es diferente también, la relación también es diferente, cuando sales de tu casa. Yo creo que cambia todo. Bueno, algunas cosas no, pero casi todo. Casi todo.
A: Salir de tu casa, puede tener la misma edad que tú una persona que no ha salido de su casa y no ve las cosas de... [la misma manera] (Granada, jóvenes universitarios).
Dados los mayores hándicaps económicos de los estudiantes de clases populares, la aclimatación del entorno doméstico supone una inversión en tiempo y en trabajo. Esta inversión en tiempo y en trabajo entra en contradicción relativa con la vida ascética exigida por la dedicación a los estudios. La situación de los estudiantes de clases 118 -Se puede diferenciar entre el primer año y el año siguiente. El primer año comprábamos pizza, hamburguesa… -Tontería.
-Y ahora ya, yo cuando voy al supermercado me, me gasto el, todo el presupuesto en la, en la, frutería (Granada, jóvenes universitarios).
119 Esto impone –de manera general- una mayor prudencia en la elección de los estudios que contribuye notablemente a la relegación educativa de los estudiantes de origen popular y a sus posibilidades de promoción social ascendente. Véase Grignon y Gruel (1999: 129).
populares se enfrenta así a una doble coacción: los recursos escasos obligan a intentar reaclimatar la vida doméstica; la inversión en los estudios empuja a un ascetismo que se aviene mal con la inversión en tiempo y esfuerzo necesaria para el aprendizaje y la elaboración de las tareas domésticas. Las carreras más relajadas permiten soluciones de compromiso que no están disponibles en las de mayor exigencia académica. Es el caso de B, que resiente de una manera especialmente fuerte esta situación. Estudiante de Arquitectura, B hace valer la exigencia de sus estudios frente a sus compañeros de discusión, estudiantes de Historia del Arte. La vida contemplativa que A achaca a los estudiantes no describe a quienes encuentran su tiempo sometido por las exigencias de estudio:
B: No, pero es que estaban diciendo... tú, que si teníamos mucho tiempo libre los estudiantes, que para nosotros el domingo por la tarde es, es como el martes por la tarde... Yo creo que eso depende mucho de, de la persona, y de lo que es... A: No, yo te estoy diciendo a nivel general, no te estoy hablando de todo el mundo...
B: Ya, ya... ya, ya, espera, espera, déjame que, que te lo comente, porque es que yo lo veo... desde mi perspectiva, desde mi carrera, desde lo que yo estoy haciendo, ¿no? Y yo comprendo una carrera como es la vuestra en la cual, pues a lo mejor si tú te tiras... octubre entero que no vas, no ves un libro, sino simplemente vas a clase, te lo puedes tirar perfectamente, no tienes ningún problema, incluso noviembre, y empezar a meterle caña en diciembre, te sacas un curso. Pero, por ejemplo, una carrera como la que yo estoy haciendo, y encima si tú estás haciendo trabajillos aparte, suelto o de becario o de lo que sea, y encima estás estudiando, estás estudiando una carrera técnica, en la cual te están exigiendo desde el primer momento que vayas a tus correcciones y que tengas que tener un trabajo continuo, que tengan que ver tu progresión, no ver tu resultado cuando tengas un examen, sino todo lo que llevas a lo largo de un cuatrimestre o durante un año. Y encima tienes otras responsabilidades… Muchas veces lo que pasa con la alimentación es que lo dejas un poco al lado, como tú dices, lo del padre de familia, que a lo mejor no, no hay, un… no piensa en esas tonterías, ¿no? Pero que no es algo genérico del, del estudiante, el estudiante... Yo lo veo como una persona que tiene que ser un currante, para que después cuando tú termines tu carrera pueda ser algo en la vida tienes que ser un currante, no vale con que, con que seas un vago y después te, te pegues el atracón, porque te puede servir para la carrera pero después cuando termines no te va a servir absolutamente para nada. Y en ese aspecto que tú estabas diciendo que si tenemos mucho tiempo libre… a mí un domingo por la tarde es igual que un martes por la tarde, ¿por qué?, porque estoy currando igual.
como mucha persona, tiene casos excepcionales, yo me estoy refiriendo…
B: Yo no creo que sea tan excepcional, ¿eh? Una persona, yo creo que un, un estudiante que valga y que quiera ganarse su vida con su profesión, tiene que hacerla, es que tiene… es una persona currante que, que dedica su tiempo en, en lo que tiene, ¿no?
E: Pero porque tú que estudias arquitectura. Pero yo sé de muchos estudiantes que tienen mucho tiempo libre. Yo no lo tengo… (Granada, jóvenes universitarios). Esta exclusión de los jóvenes procedentes de clases populares de la vida estudiantil –por oposición a la “vida estudiosa”-, representada por la utilización de los estudios como una simple prolongación de la vida joven y cuyo máximo exponente se encuentra en los estudiantes burgueses que estudian carreras sencillas (Grignon, Gruel, 1999: 171-172) supone también la puesta en suspenso de alguno de los roles adquiridos en el grupo de origen. Esta situación la resienten especialmente las mujeres, impelidas a actualizar los saberes transmitidos por las madres y la mayor capacidad de organización doméstica que se les supone y, a la vez, a invertir su tiempo en unos estudios que suponen un sacrificio por parte de las familias y cuya compensación exige una escolaridad brillante. La discusión entre D y C resulta aleccionadora al respecto. D presenta como un valor propio su condición de mujer tradicional exponiendo cómo compra su madre. C reacciona considerando que tales cargas supondrían una coacción demasiado grande para una estudiante. Con todo, C no cuestiona el modelo que expone D y la división sexual del trabajo que supone. Por tanto, su legitimidad permanece presente:
D: Yo es que en el Mercadona y eso no suelo comprar mucho. Lo que es carne y eso siempre en la... o en la carnicería, o... No sé, yo soy más tradicional. Como siempre viví en un pueblo, mi madre lo ha hecho así, incluso en mi pueblo hay Mercadona y Día y cosas de esas, mi madre sigue yendo a la carnicería de la amiga que ha ido toa la vida, y a la frutería, a la pescadería de siempre.
A: Es que es más personal para tu madre.
D: Claro, mi madre se... Lleva veinte años yendo a la misma pescadería. A la carnicería a la misma, y siempre...Y la frutería lo mismo. Ella coge su coche, va parriba, pabajo y... Que no lo hace todo en el Mercadona pues sí, compra lo habitual. El gasto de una casa, pero no comida y eso no. Entonces más o menos, yo, sigo la con lo mismo. Yo creo que el día que, cuando yo a lo mejor me case o forme una familia o algo, pos voy a seguir siempre con la misma rutina. Porque como yo he visto así de chica.
C: ¡Joder!, pero eso depende...
D: [Sube la voz] Y lo mismo las cosas naturales. Mi madre por, por ejemplo, el pollo a lo mejor en vez de comprarlo en la carnicería, pos allí hay un vecino que
cría los pollos, que los ves corriendo, por el campo, y va y en vez de comprar en la carnicería pos va y dice: mira pues, que me matas un pollo, y va y lo compra y lo ves, como dice el chico este, matando el pollo, y, vamos, eso ya que no se ve, en ningún lado.
C: Pero bueno, luego vienes aquí y te cambian las costumbres también porque mi madre lo que dice él, mi madre compra la comida para el día. Mi madre...
D: [Superpuesta] Eso sí, mi madre sí, también.
C: Si a las dos tiene que tener el plato puesto en la mesa porque mi padre viene de trabajar y tiene que porque se va, pues mi madre se levanta temprano, recoge como toas las madres. Porque yo no lo hago, yo no lo hago, yo no lo hago, yo no compro la comida diaria, yo sé, supongo que será por comodidad, yo no salgo toas la mañana a la calle a comprarme la comida del día. Yo voy el lunes, y compro, y a lo mejor compro hasta el jueves, porque no voy a comprar para una semana, y el viernes o jueves cuando se me acabe, pos voy y compro otra vez (Granada, jóvenes universitarios).
Como puede verse, comienza una recuperación de los esquemas prácticos de la clase de origen que entra en contradicción con la clase de edad. Esta recuperación de los esquemas de la cultura de clase se sitúa en el límite en que podría obstaculizar el trabajo en los estudios –una inversión de tiempo en el hogar que obstaculice los estudios supondría una asunción práctica del fracaso en los mismos-.
Los alimentos comienzan a connotarse según el grado de trabajo que exigen. Los alimentos juveniles son alimentos envasados y preparados para comer, mientras que los alimentos adultos son aquellos que exigen elaboración. Esta transformación de las prácticas alimentarias afecta menos a las comidas periféricas –como los postres- que por definición se prestan a excepciones y en la que los alimentos unidos a la clase de edad –yogures, lácteos...- resultan más legítimos.
Otra revalorización de la comida familiar, se produce alrededor de su supuesta utilidad para adelgazar. En este punto, la comida doméstica se conceptualiza como comida elaborada –opuesta a comida rápida- y comida variada –opuesta a la comida monocorde que caracteriza a la clase de edad-. Debido a que esos dos preceptos (elaboración de los alimentos y comer de todo) aparecen en los discursos acerca del adelgazamiento, la comida familiar resulta investida de valor120. No es tanto el
consumo cotidiano de la familia lo que se revaloriza –sería una inconsecuencia, pues los gustos de las clases populares no están, en líneas generales, organizados con el objetivo de contener la corpulencia- sino el trabajo y la dedicación que contiene la comida doméstica y que se considera como una condición de posibilidad de la dieta.
La comida sana es, además, aquella que se puede comprar diariamente. El esquema práctico que funciona aquí es conocido: un alimento es menos sano cuanto se encuentra más lejano en el tiempo –y geográficamente- de su proceso de producción. Los alimentos de los supermercados son menos sanos que los alimentos de establecimientos de toda la vida. La relación de confianza transfiere –aquí como en otras prácticas alimentarias- al alimento un valor nutricional específico. El modelo de referencia es el del pequeño establecimiento del pueblo, cercano al proceso de elaboración del producto y en el que el vínculo afectivo garantiza la calidad de la transacción. El vínculo con el domicilio familiar permite importar a la convivencia universitaria las prácticas de calidad del lugar de origen:
-Es verdad, es que los propios productos, digamos más naturales que compras en un supermercado, no es lo mismo que cuando vas por ejemplo a la frutería de tu pueblo y lo compras allí. Allí son mucho más naturales.
-Yo me traigo mucho de mi pueblo.
-En los supermercados parece todo sintético (Granada, jóvenes universitarios). De este modo, una oposición mítica entre los supermercados y las pequeñas tiendas empieza a funcionar en el discurso. Los supermercados, situados del lado de la masificación y la escasa calidad, evocan el momento de la compra sin plan –en la que todo se mezcla con todo en una promiscuidad antinatural121- de la comodidad
sin conciencia y de la falta de voluntad, es decir, de la sociedad de consumo en sus versiones más estereotipadas y degradantes:
-Si haces un planning de lo que hay al lado de tu casa, si te fijas, vas a ver: la frutería, la pescadería. Yo tengo de todo, yo tengo de todo, frutería, de todo... Yo tengo un supermercado aquí, otro al lado, la frutería enfrente, un congelado al lado, la carnicería más para arriba, la farmacia, es que, en la misma calle, lo tengo todo.
-Es que, te acostumbras, intentas hacerlo un poco más... [organizado].
120 -Pero yo eso no, una tontería porque la dieta mediterránea no te engorda, no te engorda, es una dieta muy sana, y no te engorda.
-¿Quién come una dieta mediterránea? Muy poca gente, que viva con su madre, y su madre la haga (Granada, jóvenes universitarios).
121 -Sí, mi hermano trabaja en un supermercado y cuando yo me vine lo primero que me dijo: “Si tienes que comprar una carne no la compres en un supermercado, y si tienes que comprá una verdura no la compres en el supermercado... Porque tú te vas a una carnicería que está [la carne] del momento, y en el supermercado, pues a lo mejor la tienen allí tres días y que...”
-¿Es que es lógico, no? Yo creo que sí. Tú vas a comprarte, yo que sé, algo... una cámara de, de fotos, pues vas a ir a una tienda de fotos, ¿no? Si quieres comprar fruta ve a una frutería...
-Claro.
Te va a salí más barato, más...
-Pero es más cómodo con el carrito, llegar al supermercado... -Y tienes todo de una vez.
-Pero es la comodidad.
-Pero la comodidad, mira, ¿tú reciclas basura? Yo reciclo basura, no hay cosa más coñazo, necesitas cuatro recipientes tía. Para la tapa de abrir, o sea, cara orgánica, cara cartón para papel, y luego para vidrio. Tengo la basura distribuida por la casa. ¿Sabes lo que te digo? Los vidrios la puerta, el cartón de aquí al lado de la cocina, y los otros dos cubos abajo. Que todo es coñazo, porque si no, no reciclas, pero yo que sé, a mí me da rollo, es decir, si tiras todo el vidrio donde va todo, el plástico donde va todo, es súper contaminante, ¿te da como rollo, no? Yo que sé. Pues lo mismo comprar es como habituarte, es decir, ¿vas a ir a un supermercado a dárselo todo al supermercado? Cuando ahí abajo hay un viejito, que te valen los dos kilos de patatas en el supermercado, dos euros, y ahí abajo te está vendiendo el kilo cero con sesenta los dos kilos... Es mucho más barato, el tío te lo trae de la tierra, que lo estás viendo (Granada, jóvenes universitarios). Comprar requiere, por tanto, una activación de competencias. En ellas, se observa si el individuo ha completado o no su proceso de maduración en relación con los alimentos. Para atestiguar esa maduración, una cierta recuperación del origen popular (recuérdese la descripción que hace D de su madre) sirve como emblema discursivo.
Este proceso de “maduración” –definido por la adquisición de posiciones de agentes activos en la preparación y adquisición de los alimentos- no elimina la percepción de las diferencias entre las diferentes generaciones respecto a la alimentación. Los cuerpos y las mentalidades han sido producidos de manera diferente. Idealizarlos supone olvidar que los contextos prácticos ante los que tienen que responder los jóvenes no son los mismos que los de sus progenitores. El modelo somático representado por las clases populares es notablemente disfuncional en el mundo de hoy:
-Es que también, claro, antes los alimentos también eran más sanos, pero su mentalidad para comer los alimentos era diferente. Ahora nuestra mentalidad para comer los alimentos primero, decides si engorda... Sí tienen mucha importancia para nosotros, una dieta pesada, que nos hará subir de peso, para lo que sea, independientemente de lo que sea. Porque hasta para mi trabajo [el joven que habla es camarero], si tu peso es mayor, puede no beneficiarte, simplemente, claro
(Granada, jóvenes universitarios).
Por tanto, los jóvenes pueden compartir gustos con sus padres, pero no sistemas de valores respecto a los modelos corporales:
-Estamos acostumbrados [en] nuestro estómago a una manera, pero nuestra mentalidad es de otra. Nuestros padres, digamos que tienen el estómago
acostumbrado de una manera, pero su mentalidad yo creo que [no ha cambiado]” (Granada, jóvenes universitarios).
La movilidad social ascendente exige pues enfrentarse a mercados diferentes a los que se enfrentaban los padres122. El cambio en el sistema de ocios acompaña a
la transformación de los prototipos corporales. Ser dominante (que es, como señalaba Marx, estar dominado por la dominación) en el mundo de la cultura y en los prototipos corporales legítimos exige una inversión de tiempo que aleja progresivamente de las prácticas alimentarias domésticas –por mucho que las mismas sigan evaluándose como