3. Design and Implementation
3.4. Implementation Details
3.4.3. Walking Through the Code
La anexión del sur de Italia y la Magna Grecia por Roma, así como el estre- chamiento de los contactos entre ésta y el Oriente helenístico desde princi- pios del siglo IIa.C. tuvieron un gran impacto en la cultura y mentalidad de la
sociedad romana. La mayor complejidad de ésta, los crecientes desequilibrios surgidos y desarrollados en su seno, constituían un caldo de cultivo para la expansión de cultos de carácter mistérico y extático, como era el de Dionisio o Baco, muy difundido en las sociedades helenísticas. La recepción de la multifacética cultura helenística se constituyó además en la década de los no- venta y ochenta en un pretexto para la confrontación tradicional en el seno de la elite política romana, bien reflejada en la enemistad entre Escipión el Afri- cano y Catón el Censor.
[Q]. Marcio h(ijo) de L(ucio), S. Postumio h(ijo) de L(ucio), los cónsules, pidieron la opi- nión del Senado en la nonas de octubre en el templo de Belona. Para tomar nota estuvieron presentes M. Claudio h(ijo) de M(arco), L. Valerio h(ijo) de P(ublio), Q. Minucio h(ijo) de C(ayo).
En relación con los bacanalistas que estuvieran coaligados, decidieron que se debía dar el siguiente edicto: que ninguno de ellos quiera tener una Bacanal; si hubiera quienes afirmen que es necesario tener una Bacanal, que vayan al pr(etor) urbano en Roma, y que sobre estos asuntos decrete nuestro Senado, una vez haya escuchado sus palabras, y con tal de que no haya menos de cien senadores cuando se trate este asunto. Que no quiera ser bacanalista hombre alguno, ni ciudadano romano, ni del nombre latino, ni de los aliados, a menos que se presenten al pr(etor) urbano y éste lo ordene, de acuerdo con la sentencia del
Senado, con tal de que estén presentes no menos de cien senadores. Fue su decisión. Que ningún hombre sea sacerdote; y que ningún hombre ni ninguna mujer sea maestre; y que ninguno de ellos quiera tener dinero en común; y que ninguno quiera hacer a ningún hom- bre ni a ninguna mujer ni magistrado ni promagistrado; y que a partir de ahora ni se jura- menten ni se obliguen con votos entre sí ni se prometan ni se comprometan; y también que ninguno quiera anudar entre sí una relación clientelar. Que nadie quiera celebrar ritos sa- grados en secreto; y que nadie quiera celebrar ritos sagrados ni de forma pública ni privada ni fuera de la ciudad, a no ser que se presente al p(retor) urbano y éste lo ordene de acuerdo con la sentencia del Senado, con tal de que hayan estado presentes no menos de cien sena- dores cuando el asunto se haya tratado. Fue su decisión.
Que nadie quiera celebrar ritos sagrados con más de cinco personas, hombres y muje- res, en total; y que no quieran estar presentes allí más de dos varones, más de tres mujeres, a no ser que tal como se ha descrito más arriba con referencia al pr(etor) urbano y a la sen- tencia del Senado.
Que publiquéis esto en una asamblea en no menos de tres nundinas, y que seáis cono- cedores de la sentencia del Senado —su sentencia fue así: si hubiera quienes obraran con- tra lo que se ha escrito más arriba, su decisión fue que se les aplique pena capital—; y que inscribáis esto en una lámina de bronce, el Senado opinó que era así justo; y que ordenéis fijarla donde se pueda fácilmente reconocer; y que hagáis que sean destruidas las Bacana- les, si existen algunas, con excepción de lo sagrado que pueda haber, en los diez días desde que se os hayan entregado los documentos. En el territorio Teurano.
(Senadoconsulto De bacchanalibus)
El famoso senadoconsulto De bacchanalibus —en realidad una copia epigrá- fica en bronce destinada al ager Teuranus (seguramente el actual pueblo de Tiriolo) que había pertenecido al territorio de Terina (Santa Eufemia) sobre el Tirreno, una antigua colonia de Crotona que, por haberse aliado con Aníbal en la Segunda Guerra Púnica, fue destruida por los romanos— constituye uno de los testimonios largos más arcaicos preservados de la lengua latina. El epi- sodio político y social que dio lugar a esta drástica decisión del Senado lo conocemos también por Tito Livio (XXXIX, 14-18), que sin duda hace un re- sumen del texto del senadoconsulto que sin duda debió de ver. El senadocon- sulto se fecha perfectamente por los dos cónsules citados: el 7 de octubre del año 186 a.C. Fue asumido por el Senado reunido en el templo de Belona, lugar de frecuentes reuniones del Senado que, consagrado en el año 296 a.C., se en- contraba junto al posterior circo Flaminio fuera del primitivo recinto de la ciu- dad. Los redactores del mismo fueron destacados miembros del Senado: Mar- co Claudio Marcelo había sido cónsul en el año 196 a.C. y censor en el 189 a.C.; Lucio Valerio Flaco, cónsul en el año 195 a.C. habría de ser elegido cen- sor junto a Marco Porcio Catón en el 184 a.C.; y Quinto Minucio Rufo, cónsul en el año 197 a.C. Cabe destacar que los dos primeros, juntos con Catón, eran prominentes políticos enfrentados a Escipión el Africano.
cultural de la sociedad romanoitálica en las primeras décadas del siglo IIa.C.,
más concretamente en el de la llegada de cultos religiosos de amplia acepta- ción en la sociedad helenística, su difusión entre los grupos populares roma- noitálicos y la ambivalente posición ante dicho fenómeno de los grupos diri- gentes de Roma, hasta el punto de constituirse en un objeto más de la tradicional lucha política entre facciones y líderes de la nobilitas, entonces en un momento de recrudecimiento ante las mayores posibilidades de gloria y
dignitas que ofrecía la expansión ultramarina de la República.
Los últimos años del siglo IIIa.C. habían visto la llegada de los primeros
cultos orientales de carácter mistérico a Roma. Pero el principal de ellos, el de Cibeles, había sido entronizado de forma oficial por el propio Senado y bajo unas formas de integración político-ideológicas muy consistentes. Por el contrario, la llegada y difusión de nuevos cultos de este tipo en los primeros decenios del siglo IIa.C. se realizarían de forma espontánea y difusa, sin nin-
gún control estatal. Desde principios de la centuria se difundió el culto de Dionisio-Baco a partir del sur de Italia, donde el viejo fondo helénico pudo facilitar su rápida difusión, y Etruria por toda Italia. Sus adeptos, por lo gene- ral gente humilde, celebraban reuniones nocturnas secretas llamadas Bacana- les, participando en ellas, tanto personas libres como esclavos, de una vida comunitaria muy activa, en especial en los momentos de éxtasis producidos por la danza, el vino y la música rituales.
Según el relato de Livio en el año 186 a.C. estalló el escándalo en Roma. Bajo la acusación de la práctica de reuniones secretas, que se consideraban auténticas conjuraciones contra la República, y del carácter monstruoso e in- moral de sus ritos, se emitió el senadoconsulto del que es copia la inscripción del campo Teurano que comentamos aquí. En él se procedía a una reglamen- tación muy estricta y vigilada del culto a Dionisio-Baco. El senadoconsulto fue seguido de sangrientas inquisiciones en toda Italia, obligando el Estado a cumplirlo incluso a las comunidades itálicas federadas.
En las concretas circunstancias político-ideológicas del 186 a.C. el sen- tido del culto a Dionisio-Baco debía de ser doble para los grupos dirigentes de Roma. En el Oriente helenístico éste suponía uno de los principales pun- tales del poder monárquico de tipo carismático desde los tiempos de Alejan- dro Magno, que ya se había identificado explícitamente con el dios. De este modo es posible que en el asunto de las Bacanales los enemigos del grupo de Escipión el Africano hubieran también querido inculpar a uno de los miembros prominentes del mismo, Emilio Lépido, que fue cónsul en el año 187 a.C. A este respecto se debe recordar que ambos motivos —temor a la formación de grupos compactos redentoristas entre la población humilde, y el surgimiento de jefes carismáticos— pudieron hallarse también en la raíz de la represión desatada por el Senado contra el pitagorismo, que contaba con importantes adeptos entre los intelectuales, en el año 181 a.C., cuando aquél mandó quemar unos supuestos libros pitagóricos recién encontrados en la que se decía tumba del rey Numa Pompilio en el Janículo. Se trataba de
libros de carácter oracular y susceptibles, por lo tanto, de utilización po- lítica.
Otro testimonio, aunque posterior, de la difusión de estos cultos en el sur de Italia son los frescos de la famosa villa dei Misteri, situada en el camino de Pompeya a Herculano. Los frescos son obra de un artista campano de fina- les del siglo IIa.C., o principios del siguiente. Estas pinturas, con escenas de
iniciación, son un testimonio muy claro del favor que gozó el dionisismo en ciertos medios de la alta sociedad romanoitálica de la época, junto a otros tes- timonios semejantes en la llamada casa «Homérica» de Pompeya y en la villa Farnesina, en Roma. Destino social de tales frescos que se corresponde muy bien con su extremado carácter ambiguo: mistérico y religioso por un lado, pero también galante y erótico-voluptuoso; pues los aposentos decorados con tales pinturas servían al tiempo para festines y para ceremonias de tipo or- giástico muy marcado.
Bibliografía
Texto
De bacchanalibus: A. Degrassi (ed.), Inscriptiones Latinae Liberae Rei Publicae II,
Florencia, pp. 14-17; trad. de L. García Moreno.
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