and constant thermoneutral conditions.
6.4.8 Warming Procedures
El embarazo adolescente es aquel que se produce en una mujer adolescente, de los 10 y 19 años (OMS, 2000), entre la adolescencia inicial o pubertad - comienzo de la edad fértil - y el final de la adolescencia (Issler, 2001).
La TABLA 01 muestra la Edad de Menarquía en Adolescentes, en donde se evidencia que el 78 por ciento tuvieron su menarquía entre los 10 a 11 años y el 22 por ciento entre los 12 a 13 años. Resultados similares fueron obtenidos en la investigación realizada por Méndez y col. (2006) en México donde revela que la edad de menarquía de la población de estudio se encuentra alrededor de 12,06 ± 0,44 años.
Hernández y col. (2007) en Chile realizaron un estudio sobre la edad de menarquía y su relación con el nivel socioeconómico e índice de masa corporal, en el que se reporta que la edad promedio del grupo total fue de 12,6±0,07 años. Resultados que concuerdan con lo hallado en el presente estudio.
En niñas sanas, las primeras manifestaciones del desarrollo sexual pueden presentarse desde los 8, 10 o 12 años de edad y van acompañadas de cambios de orden físico (Zacharias, 2006). La menarquía, suceso final de la pubertad, es el indicador de maduración sexual (Biro, 2001).
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El inicio de la maduración sexual en los individuos es un parámetro utilizado para conocer la calidad de vida de una población. En mujeres, el indicador más utilizado es la edad de la menarquía. Los hallazgos obtenidos en la presente investigación revelan que la mayoría de las adolescentes tuvieron su menarquía a edad precoz, por lo que es urgente que los profesionales de la salud lo consideren de gran importancia para que se implementen estrategias oportunas para el retraso de la reproducción a edades tempranas.
La Edad de Inicio de Relaciones Sexuales en Adolescentes (TABLA 02) evidencia que el 30 por ciento inició su vida sexual entre los 10 a 13 años, el 56 por ciento entre los14 a 16 años y el 14 por ciento entre los 17 a 19 años. Resultados similares fueron obtenidos en la investigación realizada por Sánchez (2004) en Cañete, Perú, donde revela que la edad promedio de las mujeres de su primera relación coital fue entre 12 a 15 años.
Díaz (2003) en México, reportó que más de la mitad de las adolescentes embarazadas (55 por ciento) refieren que ya habían tenido relaciones sexuales anteriormente, las cuales se iniciaron entre los 15 y 19 años. Resultados que difieren de lo hallado en el presente estudio.
La sexualidad humana se define como una expresión de necesidad a través del cuerpo, elemento básico de la feminidad de la autoimagen y de la autoconciencia del desarrollo personal; los sentimientos y las emociones que
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acompañan la pubertad y la sexualidad de la adolescente, son diversos y marcados por mitos o consecuencias que evocan desde su etapa infantil, muchas veces reforzadas por la desinformación que obtienen al intentar obtener detalles que le expliquen su sentir, de allí que muchas de sus interrogantes queden en el aire, generando angustias que de no ser bien orientadas, pueden dificultar el desarrollo de una sexualidad sana, que es visible a través de sus conocimientos, aptitudes, conductas entre otros. (Aulla, 2005).
A esta edad las actividades sexuales son predominantemente auto eróticas y de intercambio de juegossexuales, aunque algunos ya comienzan a realizar el acto sexual coital. Una preocupación habitual del adolescente temprano es cuándo iniciar su vida sexual activa. (Celio, 2005).
Durante la adolescencia la actividad sexual, va desde los besos casuales hasta el coito, satisface una gran cantidad de necesidades importantes de las cuales la menos urgente es el placer físico. Más importante es la habilidad de la interacción sexual para mejorar la comunicación, para ejemplificar la búsqueda de nuevas experiencias para proporcionar madurez, para estar a tono con los amigos y para lograr acabar con presiones sociales (Celio, 2005).
Prácticamente toda la problemática de la salud reproductiva adolescente se vincula a la tendencia de los jóvenes a practicar conductas sexuales
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riesgosas (Pantelides y col. 2006), entre las cuales se observan: inicio cada vez más precoz de la vida sexual; poco reconocimiento de los riesgos; las relaciones sexuales son imprevistas y ocurren en lugares y situaciones inapropiadas; experimentan continuos cambios de pareja (promiscuidad); tienen poco conocimiento de la sexualidad; no se plantean el control del embarazo; demuestran escasa orientación y uso de anticonceptivos; y poseen insuficiente información sobre las enfermedades de transmisión sexual (ETS) y su prevención.
Los hallazgos obtenidos en la presente investigación revelan que la edad de inicio de las relaciones sexuales se da en mayor porcentaje entre los 14 a 16 años, edad de transición de la vida infantil a la adulta, en la que su tarea principal es la consolidación de la propia identidad; esto es, el descubrir quién es para sí misma y quién es en relación a la familia y la sociedad. En esta etapa la amistad llega a ser de vital importancia ya que la adolescente busca el aliento de afines, con quienes pueda compartir las experiencias vividas en el procesode búsqueda de identidad. Los amigos se dan entre si el apoyo emocional que los adolescentes necesitan, que ya no pueden aceptar a sus padres. Los grupos de amigos y el enamoramiento son un intento para definir la identidad, ya que el adolescente, al intimar con otra persona y compartir pensamientos y sentimientos, da a conocer su propia identidad, ve su reflejo en otra persona y tiene mayor capacidad para
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clarificar su yo. La manera adolescente de sentir y expresar la propia sexualidad dependerá de la personalidad, de las experiencias infantiles, de las actitudes familiares y de la sociedad en la que vive. Algunos reprimen totalmente sus emociones; otros manifiestan sus sentimientos sólo a través de las fantasías; otros buscan el contacto con el otro sexo, por lo que es de vital importancia planificar acciones en base a dichas actitudes tomadas por la adolescente, para que en el hogar se fortalezca el vínculo afectivo entre los padres y la adolescente, considerando que la precocidad en el inicio de relaciones sexuales puede acarrear grandes consecuencias, y una de ellas es el embarazo no deseado en la adolescente.
El Uso de Métodos Anticonceptivos en las Adolescentes del Porvenir
(TABLA 3), evidencia que el 36 por ciento de ellas SI usó algún método
anticonceptivo y el 64 por ciento NO lo usó. Resultados similares fueron obtenidos por Della (2005) en Argentina, donde revela que del grupo de adolescentes con hijo que recibieron información sobre MAC el 73 por ciento manifiesta no haber utilizado método anticonceptivo y del grupo de adolescentes gestantes el 88 por ciento manifiesta no haber utilizado ningún método respectivamente.
Vela (2009) en Trujillo, Perú, investigó el conocimiento y actitudes sobre métodos anticonceptivos en adolescentes, donde reporta que la mayoría (70
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por ciento) de las adolescentes no usan métodos anticonceptivos. Resultados que concuerdan con lo hallado en el presente estudio.
La anticoncepción es la forma de evitar el embarazo mediante el uso de métodos o productos que interfieren en los mecanismos que lo hacen posible. Conviene recordar que si se mantienen relaciones sexuales con cierta regularidad y no se usa ningún método anticonceptivo, la probabilidad de embarazo es altísima: en torno al 80 por ciento en un año. (Schwarcz, 2002).
La mayoría de las adolescentes considera que no tiene que cuidarse cuando tiene una pareja estable. Esta falta de conocimiento sobre la sexualidad de los adolescentes puede ocasionar muchos problemas, como embarazos por accidente, contagio de enfermedades venéreas, conducta sexual anormal, etc. (Martínez, 2009).
Por lo antes mencionado, el embarazo de las adolescentes es producto de una escasa e insuficiente información sobre educación sexual, por lo tanto es muy importante que la adolescente conozca todo lo relacionado al sexo y los roles de la sexualidad, incluyendo los métodos anticonceptivos, para planificar a qué edad desea tener el primer embarazo y a lo largo de su vida reproductiva cuántos hijos desea procrear, de tal manera que se evite un embarazo precoz, no deseado y sobretodo traer al mundo a un ser que no se merece sufrir la inestabilidad e inmadurez de su madre.
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La TABLA 04 muestra la recurrencia de un nuevo embarazo en adolescentes, en el que se evidencia que el 86 por ciento de las adolescentes tienen un segundo embarazo recurrente y el 14 por ciento un tercer embarazo recurrente. La investigación realizada por Celi y col. (2007) en Ecuador, revela que el 69 por ciento de las adolescentes era su primer embarazo, sin embargo el 24 por ciento ya habían tenido una gestación previa.
Un estudio realizado por Acuña y col. (2006) en el Instituto Nacional Materno Perinatal (INMP) Lima - Perú, en adolescentes refieren que un 8 a 12 por ciento tienen un embarazo reincidente.
El inicio temprano de la maternidad aumenta la probabilidad de tener más hijos que las mujeres que comienzan a procrear más tarde. Esto influye en el tamaño de las familias y en el total de la población mundial. (Beltrán, 2006). Los hallazgos obtenidos en la presente investigación revelan que la mayoría tenían una segunda gestación, sin embargo sin dejar de lado la cifra significativa de adolescentes que cursaban su tercera gestación. Esta situación es alarmante ya que dichas madres adolescentes tienen más probabilidades de abandonar los estudios secundarios, lo que menoscaba sus posibilidades de participar plenamente en la sociedad, tener ingresos, cuidarse a sí mismas y cuidar a sus hijos, estos factores la convierten en una consecuencia de la pobreza y puede acentuarla. Además se convierte en un
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factor de transmisión de la pobreza de una generación a otra, sumando obstáculos para la movilidad social de esa generación y de la siguiente, profundizando la pobreza.
La TABLA 05 sobre comportamiento sexual y la recurrencia de un nuevo embarazo en adolescentes revela que el 78 por ciento de las adolescentes multigestas tuvieron su menarquía entre los 10 a 11 años y el 22 por ciento entre los 12 a 13 años. El 56 por ciento iniciaron sus relaciones sexuales entre los 14 a 16 años, el 30 por ciento entre los 10 a 13 años y el 14 por ciento entre los 17 a 19 años. El 72 por ciento no usan métodos anticonceptivos y el 28 por ciento si usan.
Los resultados similares fueron obtenidos por Acuña y col. (2006) en el Instituto Nacional Materno Perinatal (INMP) Lima - Perú, en adolescentes con reincidencia de embarazo, donde detectó que el 71.1 por ciento no usaban métodos anticonceptivos. Así mismo Diego y col. (2008) en el mismo Instituto realizaron un estudio sobre los factores familiares y reproductivos asociados al embarazo reincidente en adolescentes, en donde se encontró que de éstas, el 57 por ciento nunca había usado métodos anticonceptivos, el 55 por ciento tuvo menarquia precoz y el 60 por ciento inició sus relaciones sexuales entre los 14 -16 años y el 40 por ciento entre 10 – 13 años. Resultados que concuerdan con lo hallado en el presente estudio.
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En los últimos años la tasa de fecundidad ha disminuido en todas las mujeres incluso en las adolescentes de los países de América Latina y El Caribe. Sin embargo algunos estudios mencionan que los embarazos reincidentes en la población adolescente no se han reducido, sino que es más común ver adolescentes de 19 años con un segundo, tercer y cuarto embarazo. Esta situación implica una sobrecarga mayor para ella desde el punto de vista biológico, económico, social y emocional (UNFPA, 2005).
La situación de la madre adolescente, pese a ser considerado un problema de salud pública y de Derechos Humanos por todas las consecuencias negativas que trae para la adolescente, su hijo y la sociedad, no ha sido abordado en forma práctica ni integral (OMS, 2006).
El uso de métodos anticonceptivos está más asociado a la relación positiva entre las adolescentes y sus madres que a sus propias actitudes hacia el método. Una relación positiva implica entre otras cosas una buena comunicación. (Santín, 2003)
Los hogares donde se conversan estos temas están relacionados con las consecuencias negativas del sexo prematrimonial y del retraso de las relaciones sexuales por razones morales. (Usher, 2008). Sin embargo para Thompson (2009) la influencia de los padres con respecto al uso de métodos anticonceptivos no es tan significativa como la influencia que ejerce la pareja.
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Buitrón (2005) menciona que la maternidad adolescente está vinculada a la falta de afecto y comunicación de los jóvenes con sus padres y si se produce es por esfuerzos de la madre adolescente quien tiene una influencia muy fuerte en posponer el acto sexual, usar anticonceptivo y aun al parecer de embarazarse nuevamente.
Se ha observado que las jóvenes que maduran físicamente más temprano tienden a iniciar experiencias sexuales también más tempranas. En el modelo de inicio de relaciones sexuales, la exposición del riesgo comienza a la edad de la primera menstruación y en el modelo del primer embarazo la exposición empieza a la edad de inicio de las relaciones sexuales (OPS, 2005).
En cuanto más joven es una adolescente al momento de iniciar su actividad sexual, menor es la probabilidad de que utilice anticonceptivos en su primera experiencia (Abmant y col, 2008) y mayor la probabilidad de que espere para buscar ayuda sobre anticonceptivos, lo mismo que mayor la probabilidad que quede embarazada (Tanfer, 2005).
La repetición del embarazo en la adolescencia incluye características reproductivas que también están asociadas al primer embarazo, como son la menarquía precoz y el inicio temprano de relaciones sexuales. (Lammers, 2006)
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Para Cherril (2008) la mayoría de los embarazos precoces no se debe al desconocimiento por parte de los adolescentes, ni a la falta de acceso a los servicios o métodos; sino a la forma en que se suministra la información y se presta el servicio. Y para Diego (2006) la adolescente se expone un año o más al coito sin protección, antes de solicitar anticoncepción.
La maternidad debería ser siempre un acto deseado y planeado, lamentablemente no es así, prueba de ello es el alto número de embarazos no deseados. En el presente estudio se pretende profundizar más en la realidad de la adolescente multigesta principalmente para determinar la influencia del comportamiento sexual para que se embaracen nuevamente. Los hallazgos obtenidos revelan que existe gran influencia de la edad de inicio de relaciones sexuales y del uso de métodos anticonceptivos, por lo que es urgente que los profesionales de la salud tomen estrategias efectivas para tratar dichos factores, de tal manera que se reduzca grandemente la recurrencia del embarazo en las aún adolescentes, brindando oportunidades económicas, laborales, educativas y la oferta de planificación familiar y sobretodo un servicio multidisciplinario en el que se incluya la participación de la familia de la adolescente y de su pareja, con la finalidad de forjar adolescentes con buena calidad de vida, que logren tener hijos sanos y que sean agentes multiplicadores de estilos de vida adecuados.