5.2 Discussion
5.2.3 The way to develop TM practices in the CSO
En las propuestas de Keynes en las negociaciones de Bretton Woods una preocupación esencial es que hubiera simetría en el ajuste entre los países con superávit y los que tenían déficit en las Balanzas de Pagos. Su objetivo esencial era que los deficitarios no se vieran forzados a la deflación por la exigencia de los acreedores, sino que éstos, con sus políticas expansivas, facilitaran la recuperación de los deudores. De esta forma se tendería hacía posiciones más equilibradas entre las naciones.
La actualidad de esta cuestión salta a la vista. El principal conflicto en las relaciones de los Estados Unidos y China es la demanda del primero de una política expansiva del segundo que ayude a nivelar el déficit comercial, insostenible a largo plazo, que algunos analistas consideran la razón fundamental que ha impulsado la crisis financiera actual.
En efecto, el volumen ingente de ahorro de China se volcó sobre el sistema financiero de los Estados Unidos facilitando tipos de interés bajos y amplia disponibilidad de crédito; la consecuencia fue un relajamiento en la concesión del mismo con la consiguiente
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– Ke yne s y la cr is is fi na n ci er a ac tua lasunción de altos niveles de riesgo provocando la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera que sufrimos.
En la Eurozona, las naciones deficitarias –España en lugar destacado– requieren de Alemania –principal país con superávit– políticas expansivas que faciliten las exportaciones de los deudores para reducir al desequilibrio existente. Alemania, por una ironía de la historia, está colocando a los deudores –el caso más agudo es Grecia– ante la misma imposibilidad de ajuste que ella tuvo que afrontar en los últimos años de la década de 1920 y los primeros de la de 1930, debido a la rigidez de Estados Unidos y Francia que impidieron el mecanismo del patrón oro, esterilizando las entradas del metal (Eichengreen y Temin, 2010, p. 24). No estaban cumpliendo, por tanto, según Eichengreen (2008, p. 24, 27) “las reglas del juego”, expresión acuñada por Keynes (1925b) en The Economics Consequences of Mr. Churchill.
Las ideas de Keynes se apoyaban en la experiencia histórica y también en la conveniencia puntual de su propuesta para el Reino Unido, cuya posición financiera se había alterado con el esfuerzo bélico.
La experiencia histórica mostraba la dificultad de que los países con déficit redujeran el desequilibrio. Ni la deflación ni la depreciación producían una redistribución del consumo a través del ajuste de precios y salarios (Skidelsky, 2000, p. 4). Ese obstáculo fue esencial para la desaparición del patrón oro: el ajuste era forzado para deudor y voluntario para el acreedor. La financiación del desequilibrio podía implicar movimientos de capital volátiles en exceso; de ahí que fuera preciso el control de los movimientos de capital.
Eichengreen y Temin (2010) lo expresan con claridad:
“El punto es que el sistema de tipo de cambio es un sistema, en el cual los países en ambos lados de las relaciones del tipo de cambio tienen responsabilidad para contribuir a su estabilidad y a su operativa fluida. Las acciones de ambos, países con superávit y con déficit tienen implicaciones sistémicas… no puede asignarse toda la responsabilidad de los ajustes a los países con déficit. Esta fue la lección que Keynes obtuvo de la experiencia de la Gran Depresión. Por eso propuso impuestos y sanciones a los países con superávit crónicos en su proyecto de “clearing union” que
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– Ke yne s y la cr is is fi na n ci er a ac tua ldesarrolló durante la segunda guerra mundial. Más de sesenta años después, parece que hemos olvidado este punto” (p. 25).
El planteamiento de Keynes en Bretton Woods, que no sería implementado, consideraba la creación de una institución: la
International Clearing Union (ICU) en la cual los bancos centrales de los países operarían mediante cuentas en el ICU que habrían de ser denominadas en bancor: “Estas cuentas, generarían intereses de manera que el ajuste necesario en países deudores lo sería también para los acreedores. Keynes y otros economistas del Tesoro del Reino Unido consideraban necesarios los controles de capital para frenar las huidas especulativas; en el acuerdo final los controles fueron aprobados y aunque los Estados Unidos no los establecieron, fueron adoptados por el Reino Unido y otros países europeos al finalizar la segunda guerra mundial (D’Arista, 2009, p. 639).
Los objetivos de Keynes en su proyecto inicial no se limitaban a recobrar el nivel de comercio internacional y a un mecanismo ordenado de los pagos. Su intención era facilitar el crecimiento económico de los países favoreciendo el flujo de inversiones internacionales. A su juicio, esto precisaba distinguir entre los fondos a corto plazo (floating funds) de las auténticas inversiones que promovieran el crecimiento económico global. De ahí la necesidad de controlar los movimientos especulativos de capital de los países con déficit hacía los de superávit, de los que favorecieran el equilibrio operando en sentido contrario (Piffaretti, 2009, p. 6). El problema del ajuste entre países deudores y acreedores, que con tanta virulencia se manifiesta ahora, no es, pues, nuevo. El papel de los Estados Unidos como país con déficits sistemáticos, y con la moneda de reserva fundamental, ha durado prácticamente desde la segunda guerra mundial. Lo que ha sucedido en la última década es que el desequilibrio entre países con déficits (básicamente Estados Unidos) y con superávits (principalmente China) ha llegado a tal nivel que amenaza la estabilidad financiera del mundo. De nuevo se echa en falta un mecanismo equilibrador que modere los excesos. No existe en la actualidad ningún mecanismo de este tipo. Como ha advertido King (2010, pp. 6-7) existe el peligro de que se impongan medidas unilaterales para corregirlo que desemboquen en proteccionismo generalizado. La crisis financiera, ligada a estos desequilibrios, ha puesto de relieve la urgencia de reconducirlos:
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– Ke yne s y la cr is is fi na n ci er a ac tua l“El mensaje económico de la crisis está claro: los países con bajo ahorro han de reducir los préstamos obtenidos del exterior y no pueden seguir ejerciendo el papel de consumidor de última instancia. Para mantener el nivel de actividad económica, los países con alto ahorro deben expandir su demanda nacional y permitir que se reduzca el superávit comercial. Esto es más fácil decirlo que hacerlo” (Ibídem, p. 8).