Los primeros análisis lingüísticos sobre nombres comerciales de que disponemos datan de la segunda mitad del siglo XX. El primero de ellos es el de Leech (1966), reconocido lingüista cuya principal área de investigación son los corpus informatizados y al mismo tiempo, responsable de la recopilación del LOB Corpus y del British National Corpus (BNC). En la primera de sus numerosas publicaciones sobre la Lingüística de Corpus, este autor trató de describir los rasgos más significativos de la lengua inglesa en el género publicitario. Dos décadas más tarde empiezan a publicarse estudios cuyo principal objetivo es describir las características del nombre comercial (Schloss, 1981; Vanden Bergh, Adler y Oliver 1987); esta tendencia se mantiene hasta la actualidad (Angus y Oppenheim, 2004; Aranda, 2007 y 2008; Chan y Huang, 1997 y 2001; Herrero, 2007).
Algunas de las investigaciones centradas en el tipo de vocabulario característico del lenguaje publicitario tienen un carácter más específico (Herméren, 1999; Toolan, 1988). Friedman (1985a,b; 1986a) estudia el cambio en la saturación social de marcas registradas y destacó que la frecuencia de las marcas había aumentado en la producción literaria, en concreto en novelas, obras y letras de canciones entre 1946 y 1975. Por otro lado, Friedmann afirma que los nombres de productos comerciales aumentaron en las secciones de periódicos estadounidenses cuya relación con el mundo de los negocios era escasa o nula (ibídem, 1986b).
En las últimas décadas del siglo XX también destacan los estudios lingüísticos sobre el vocabulario específico, sobre los nombres de automóviles de (Aronoff, 1981; Piller, 1996) o sobre los nombres de medicamentos (Leblanc, 1992). Una década más tarde, Stvan (2006:224) publica un artículo donde destaca la frecuencia de la -x final en muchos nombres de medicamentos. Ese mismo año, Malouf, Davidson, y Sherman (2006:125) analizan los comentarios y los foros de discusión de los usuarios de páginas web de contenido médico, aunque no específicamente el vocabulario médico.
En la primera década del siglo XX, Piller (2003:170-171) denuncia la poca atención que había recibido el lenguaje publicitario como sitio de contacto de lenguas hasta ese momento. El marketing y la publicidad sufren cambios dramáticos estrechamente relacionados con los fenómenos de la globalización. De igual forma, el multilingüismo ha empezado a convertirse en un mayor fenómeno en el lenguaje publicitario y sin duda continua expandiéndose. En esta publicación de 2003, Piller habla del uso de préstamos lingüísticos en el lenguaje de la publicidad.
Hasta finales de los años 80, el vocabulario prestado y, con menor frecuencia, la morfología, habían acaparado de forma casi exclusiva toda la atención. A partir de entonces se produjo un cambio hacia los fenómenos del discurso, en concreto las identidades e ideologías de la publicidad multilingual. Haarmann (citado en Piller, ibídem, 172) fue pionero en centrar su estudio en las formas prestadas para comentar las funciones de la publicidad multilingual. En su innovador trabajo acerca del uso de un número de lenguas europeas en la publicidad japonesa, describe el uso de lenguas extranjeras en la publicidad con la finalidad de asociar al producto publicitado a un estereotipo etno-cultural sobre los hablantes de una lengua determinada. No importa si el grupo meta comprende el significado de una palabra extranjera o no porque serán capaces de identificar la forma como procedente de otra lengua. Transferirán al producto el estereotipo etno-cultural sobre el grupo más frecuentemente asociado con esa lengua. Por ejemplo, las cualidades asociadas al inglés son: apreciación internacional, fiabilidad, alta calidad, confianza, gusto refinado, y estilo de vida práctico, mientras que el francés se asocia con: alta elegancia, gusto refinado, atractivo, estilo de vida sofisticado, fascinación y encanto (Piller, ídem). El inglés tradicionalmente se ha usado para promocionar productos como bebidas alcohólicas, coches, televisores, reproductores de música y ropa deportiva. El francés, por otro lado, se ha utilizado para todo lo relacionado con la moda, los relojes, la comida o los perfumes. En esta primera etapa de investigación sobre las marcas, se observa una tendencia a definir de forma general cuáles son los requisitos lingüísticos de un nombre comercial. Así, García Uceda (1999) destaca que para que una marca tenga el éxito deseado debe reunir las siguientes características: facilidad de lectura y pronunciación, eufonía, aplicabilidad en todos los países donde se comercializa el producto, brevedad y una fácil memorización. Estos son los rasgos que definen el concepto de IPN visto con anterioridad y que hay que tener en cuenta al acuñar nombres comerciales.
Artículos recientes sobre los nombres de marca (Aranda, 2007; Jordá-Albiñana, 2010) ponen de manifiesto la necesidad de definir los nombres de marca como objeto lingüístico alegando que estos con frecuencia exceden del ámbito comercial y empresarial y se incorporan a la lengua común. Aranda (2007) considera que estamos expuestos a una enorme cantidad de nombres de marca cada día, en concreto unos 1.500, y que cada individuo puede conocer unas 5.000 marcas, el doble de las palabras que emplea en la lengua cotidiana.
A pesar de que con anterioridad autores como Friedman (1985a,b; 1986a) habían observado un aumento del uso de nombres de marcas en su estudios diacrónicos, Stvan (2006) no contabilizó una gran cantidad de dichas marcas en los Corpus Brown y FROWN (Freiberg-Brown). El acceso a la base de datos Trademark Electronic Search System (TESS) de la USPTO le proporcionó a Stvan una mayor cantidad de nombres de marcas acabados en
-ex, que era su principal objetivo. Es difícil detectar el incremento del uso de marcas
En este sentido, para nuestra investigación hemos considerado necesario conformar nuestro propio corpus, un corpus sincrónico, actual y que incluya aquellas unidades semánticas más frecuentes en la lengua inglesa relacionadas con el lenguaje publicitario.