2. MATERIALS AND METHODS
2.17. WEIGHT LOSS METHOD
lo biológico
La concurrencia de las preguntas sobre la subjetividad, la individuación, el sus- trato universal de los procesos psíqui- cos y las necesidades y formas de vida colectivas concebidas demográficamen- te ha puesto en relieve la relevancia del sustrato biológico en la compren- sión de lo social. Ha conducido a una consideración de los procesos de ges- tión política y de ordenamiento cultural a partir de la génesis y conformación política de los imperativos “vitales” y
el reclamo de control vital como condi- ción de gobernabilidad. Las resonancias de las filosofías vitalistas se conjugan con las perspectivas demográficas y las alegorías contemporáneas de lo so- cial concebido como desenlace de ope- raciones de control sobre la efusión de la vida. Es patente que no solamente el panorama de lo social se ha trans- formado radicalmente. La modernidad encara de manera imperativa el desbor- damiento los marcos del control demo- gráfico, que emerge como una faceta política determinante en el devenir de las culturas contemporáneas. Junto con ello, otras estrategias de control surgen como exigencia de gobernabilidad: las que apelan a la satisfacción, el bien- estar, el placer y las afecciones como objeto privilegiado de control y como sustrato fundamental de lo político. A la aparición en el primer plano de lo social las figuras diversas de la “vida” — como sustrato biológico, como anclaje del reconocimiento y del vínculo entre sujetos a partir de la identificación, la sexualidad y la afección, como destino
de las figuraciones, como expresión pa- tente de las vicisitudes del deseo, como destino del control social mediante la gestión del placer, como la realización del sentido mismo de la experiencia— reve- lan dinámicas diferenciales en los orde- namientos culturales y en los imperativos de lo político. La comprensión de la vida conjuga así las facetas de lo biológico, lo pulsional, las exigencias anímicas del intercambio y de la alianza, las formas de individualización por el reconocimien- to, y la aprehensión del sentido de sí, de la colectividad y del mundo. También los horizontes y los fundamentos de nuestra concepción de la naturaleza y las cien- cias y disciplinas que buscan explicar- lo, pero que no eluden el imperativo de comprenderlo. Articula las nociones de la naturaleza y la cultura, las entrelaza, las incorpora en las formas de vida y en las exigencias culturales de gobernabilidad. Conduce, por consiguiente, a replantear el diálogo entre las disciplinas biológicas, naturales y las ciencias históricas.
La conjugación de estos planos de comprensión histórica involucra una re-
lación de “interioridad” entre la expli- cación de lo natural y la comprensión histórica que desborda su nítida sepa- ración, tal y como la había formulado Dilthey. Es preciso hablar, para la com- prensión de este vuelco complejo en lo político de la modernidad, de una his- torización de lo biológico y de una bio- logización de lo histórico, reconocer la permeabilidad recíproca de sus fronte- ras. Con ello, la propia frontera entre explicación y comprensión revela zo- nas de indeterminación, linderos difu- sos que obligar a una reconsideración de las propuestas cognitivas de raíz neokantiana, y que perseveran en sus diversas exigencias epistemológicas in- cluso en el momento actual.
Si nuestra concepción de la naturale- za ha sufrido tan drásticas transfigura- ciones en esta etapa tardía de la mo- dernidad, las distintas y fragmentadas aproximaciones científicas revelan más nítidamente la exacerbación y, al mis- mo tiempo, lo insostenible de su cir- cunscripción regional. La ciencia no es la misma, los modelos científicos no son
los mismos, los criterios de validación de las distintas facetas de las teorías científicas, las regionalidades episte- mológicas de las distintas ciencias han cambiado y también se han producido migraciones conceptuales entre ellas. Un permanente desplazamiento con- ceptual ha dibujado aún más las cre- cientes y diversificadas fronteras entre territorios del conocimiento.
Pero quizá una de estas migraciones conceptuales ha tenido una repercu- sión decisiva en la comprensión de la cultura. Surgió de un diálogo complejo: las interrogaciones tecnológicas de la telefonía, reclamaron la modelización matemática y termodinámica de la in- formación; el modelo cibernético emer- gió como una figura metafórica de los organismos vivos, se incorporó al do- minio biológico y su exploración y de- sarrollo como forma de comprensión de todo lo vivo se trocó en un modelo para la comprensión primero del lenguaje, luego del conocimiento y finalmente de lo social. Los conceptos de informa- ción, control, retroalimentación, orga-
nización y recursividad, derivados de las investigaciones matemáticas y la cibernética asumieron un papel cru- cial en los modelos contemporáneos de ciencias biológicas, derivados de las formulaciones originales de Varela y Maturana. Para de ahí, surgir como vías para comprensión del modelo de organización de lo cognitivo y, poste- riormente, de la institucionalidad.
Como en todo proceso transdisciplina- rio la migración conceptual entre re- giones epistemológicas no sólo afecta al concepto derivado de la migración; replantea el sentido integral de las con- cepciones originarias y de sus metáfo- ras y modelos derivados. Involucra así un replanteamiento de la concepción integral de los procesos de información y control, iluminados retroactivamente por las perspectivas filosófica y antro- pológica acerca de los procesos simbó- licos y de interacción. Obliga también a las ciencias sociales a una remodelación radical de lo político y la noción de cul- tura misma. El panorama se ha tornado extraordinariamente desafiante.
9. La contemporaneidad y el peso