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CHAPTER FOUR: FINDINGS

N 86 52 66 Total Wellness 80.44 (7.55) 81.57 (7.64) 80.71 (7.05)

En el capítuloIIInos centraremos exclusivamente en la figura de Huys-

mans. En primer lugar, analizaremos su evolución desde el naturalismo hasta su deserción del grupo de Médan. Como hemos comentado ya, nues- tro autor jamás abandonaría la técnica naturalista, basada en la documen- tación tanto erudita como extraída de la observación; él prefirió adoptar un tipo de naturalismo que llamaría ‘espiritualista’, y que le serviría mejor en el objetivo principal que perseguía en la literatura.

39 S. Freud, La novela familiar, en Obras Completas, traducción de Luis López-Balles- teros y de Torres, edición de Jacobo Numhauser Tognola, Biblioteca Nueva, Madrid, 1972,

tomoIV, pp. 1361-1363.

40 M. Robert, Roman des origines et origines du roman, Grasset, París, 1972. 41 P. Lejeune, ob. cit., pp. 19-25.

Basándonos en el concepto de «novela familiar del neurótico» for- jado por Freud,39así como en el desarrollo que de él hace Marthe Robert

en su estudio sobre los orígenes de la novela,40 podemos proponer una

hipótesis que pretende explicar el alejamiento de Huysmans de la esté- tica naturalista propiamente dicha. Nuestro autor experimenta la terrible necesidad de hablar de sí mismo, por lo que cambia, entre 1879 —fecha de publicación de Les Sœurs Vatard— y 1881 —En ménage— el tipo de personajes por los que se interesa. Su apuesta por la eliminación de la in- triga y el desenlace novelescos esconde, en realidad, uno de los mayores proyectos de autorreferencia que se hayan producido en la historia de la literatura.

Todo parece indicar que es del mismo Huysmans, travestido bajo dis- tintos nombres, de quien se habla en la serie de novelas iniciada con En mé-

nage. André Jayant, Folantin, des Esseintes y, sobre todo, Durtal, no son

sino diferentes avatares de lo que me he atrevido a llamar el «heterónimo fic- cional huysmansiano».

Esta denominación viene, en parte, favorecida por la tipología que Phi- lippe Lejeune hace del género autobiográfico,41en base a la cual se puede

considerar la obra de Huysmans como una «novela autobiográfica imper- sonal» —y que nosotros preferiríamos denominar «autobiografía ficcional» o, incluso, «bioficción».

Los motivos que mueven a Huysmans para escribir tanto y tan deta- lladamente sobre sí mismo son de la misma índole que los descritos por Freud en su ensayo sobre la novela familiar. Se trata, como en el caso de los neuróticos analizados por el médico vienés, de la reconstrucción de la pro- pia vida según unos nuevos parámetros que el paciente —el escritor— con- sidera más amables con el concepto que él se hace de lo que debería haber sido su existencia. De ahí la enorme importancia que tiene la niñez en la re- construcción, mediante un relato, de sus antecedentes familiares.

42 G. Mendel, La rebelión contra el Padre. Una introducción al Sociosicoanálisis, Penín- sula, Barcelona, 1971.

Como uno de los paradigmas del «niño expósito» cuyas características comenta Marthe Robert, Huysmans tenderá a borrar la senda que le lleva a sus orígenes, como hijo pretendido de una generación espontánea —al igual que el self-made-man de la era industrial.

Tras el análisis de las referencias a las imagos jungianas del padre y de la madre, proponemos la sexualidad como elemento privilegiado de análi- sis de la obra de Huysmans. Esta se despliega en un sinfín de referencias —unas más claras que otras—, tanto de orden fetichista como de orden castrador. Todo revela que la sexualidad huysmansiana adolece de un com- ponente sadomasoquista debido a la jamás completada liquidación del Edipo. Sus alusiones tanto veladas como abiertamente explícitas de su mi- soginia no hacen sino abrirnos la vía del estudio de las imagos de la madre «mala» —en denominación de Gérard Mendel—;42por otra parte, la gran

profusión de imágenes acuáticas asociadas a los personajes femeninos o que han sufrido feminización indica un complejo de castración depositado en la madre y proyectado en los personajes femeninos.

En otro orden de cosas, el eterno afán de aislamiento del heterónimo ficcional revelaría una nostalgia del hogar materno, en el que la presencia silenciosa de la madre ocupada en los quehaceres de la vida doméstica es un excelente elemento generador de melancolía.

La entrada en lo sobrenatural, por otro lado, sería fruto de la nostalgia de una autoridad indiscutible y peligrosa —recuerdo de la amenaza de castración inherente a todo triángulo edípico. El deseo cada vez mayor de abrazar la re- ligión católica, donde conviven un padre inflexible pero misericordioso con una madre fuente de amor y medición, es el resultado de la necesidad cre- ciente de Huysmans —o de Durtal— de reconciliarse consigo mismo y con sus orígenes Acabará así con el sufrimiento continuo que provocaba en su psi- que la práctica de la heterosexualidad, pues creía con esa obligación de la cul- tura patriarcal traicionar tanto el ideal de la madre como del padre.

La vida y la obra de Huysmans terminan en un convento en el que las barreras de género son abolidas; los frailes, y con ellos Huysmans-Durtal, han podido sublimar su libido en el ora et labora monacal, al tiempo que

43 S. Freud, Tótem y tabú, Alianza, Madrid, 2000.

44 En «An interview with Manuel Puig», en P. Bacarisse (ed.), Carnal Knowledge. Es-

says on the flesh, sex and sexuality in Hispanic letters and film, Tres Ríos, Pittsburgh, 1986.

rinden culto a unas superprestigiadas imágenes del padre y de la madre. La paz tan ansiada ha sido, por fin, alcanzada, y el individuo se hunde en los efectos de la agresiva represión cultural.

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