En opinión de Glenn y De Groof, (2001, p. 1), Holanda tiene el sistema educativo más plural del mundo. Dentro de esta pluralidad, el sistema educativo está basado en dos principios fundamentales (Karsten, 1994 citado en Teelken, 1999, p. 284):
- Libertad de enseñanza, recogida en el artículo 23 de la Constitución de 1848, que comprende la libertad para crear escuelas, dirigirlas y darles un carácter propio religioso o filosófico.
- Apoyo estatal igual para todos los centros educativos, sean públicos o privados.
Existen dos sectores, el público y el privado. El sistema educativo holandés es único en muchos aspectos comparado con otros países europeos que tienen también un sector privado subvencionado. Es excepcional, por ejemplo, en que financia las escuelas públicas y las privadas al mismo nivel. La existencia de escuelas privadas subvencionadas es más la norma que la excepción. Además, en la mayoría de los otros países las escuelas privadas subvencionadas pertenecen mayoritariamente a una única confesión. Pero aquí hay una gran tradición de escuelas pertenecientes a distintas creencias religiosas. En Holanda existe, principalmente, un sector privado católico, uno protestante y uno aconfesional. Las escuelas católicas y las protestantes se distribuyen en número parecido en escuelas de primaria y con un peso ligeramente superior de las escuelas protestantes en secundaria. En educación elemental pueden encontrarse hasta 17 tipos de escuelas religiosas
(Postma, 1994 citado en Glenn y De Groof, 2001, p. 2) y muchos tipos distintos de escuelas neutrales: Montessori, Waldorf (Steiner), Peterson, Dalton, Freinet, etc. que a finales de los noventa abarcaban poco más del 5% del total (Louis y Van Velzen, 1990a, p. 67). En el nivel secundario hay seis variedades religiosas y algunas alternativas pedagógicas. Las escuelas primarias privadas de carácter laico comenzaron hace una década a ser significativas, debido a la tendencia al alza de los distintos estilos de enseñanza en los que se basan (OCDE, 1994, p. 68). Las escuelas o municipios tienen libertad para desarrollar su propio curriculum.
El Estado debe asegurar que la opción de la educación pública esté disponible en cualquier lugar del país. Esto supone que el Estado debe ser proveedor de educación no sólo en lugares donde no llegue la educación privada (Glenn y De Groof, 2001, p. 4).
El sistema actual fue diseñado para reducir tensiones entre las divisiones sociales holandesas que se desarrollaron en función de las líneas religiosas del siglo XIX. La elección de 1913 produjo un parlamento sin una clara mayoría, dividido entre el Partido Liberal y una alianza política de católicos y calvinistas, con un emergente Partido Socialista. La resolución fue un compromiso histórico que desembocó en la Constitución de 1917. Los Socialistas lograron el sufragio masculino universal, mientras que a los católicos y calvinistas se les aseguró el apoyo financiero completo para sus escuelas (James, 1984; Lijphart, 1975; Glenn, 1989 citados en Ambler, 1994, p. 468).
Con casi 40 años de existencia, el programa de financiación y elección de Holanda, ha permitido la expansión de la educación privada, fundamentalmente religiosa. Así, en 1880, el 75% de la matrícula de enseñanza primaria estaba en el sector público, mientras que en 1980, el
70% del alumnado asiste a centros privados, de los que el 95% son de carácter religioso. En 1990, el 69% de los alumnos se matricularon en escuelas primarias privadas y el 73% en escuelas secundarias privadas.
2.6.2.- Financiación.
Holanda fue uno de los primeros países en introducir escuelas financiadas por el gobierno. El artículo 23 de la enmienda a la Constitución aprobada en 1917, establece que todas las personas serán libres para proporcionar educación, y que las escuelas primarias privadas que cumplan unos requisitos regulados mediante ley del Parlamento serán financiadas en los mismos niveles que las escuelas públicas (Louis y Van Velzen, 1990a, p. 67). La implicación básica de este artículo constitucional es que cualquier grupo de padres que comparten un conjunto de valores, puede establecer una escuela sin restricciones financieras. El Estado debe financiar la creación o continuación de un centro educativo perteneciente a un sistema concreto de creencias o una religión si puede demostrarse como una necesidad local (OCDE, 1994, p. 67). Se exige un número mínimo de alumnos, pero este número puede reducirse si no existe otro centro de las mismas características (protestante, católico o laico) en el municipio. Las escuelas (públicas, católicas y protestantes) alcanzan tamaños reducidos, y se estima que esto eleva los costes educativos entre un 10 y un 20% (James, 1984 citado en San Segundo, 2001, p. 175). Era difícil sostener este sistema, así que el gobierno empezó a aumentar los números mínimos para que una escuela permanezca. En secundaria se han producido algunas fusiones de centros. Sin embargo, en primaria, se ha generado una mayor presión de las comunidades pequeñas que con el aumento de números mínimos vieron peligrar la única escuela de su entorno.
Originalmente esta financiación de los centros privados sólo se aplicaba a los de educación primaria, y en los siguientes cincuenta años se extendió a todos los niveles educativos. En 1972 las universidades católicas y protestantes accedieron a la financiación en los mismos términos que las estatales (Dronkers, 1993, p. 3).
Con pocas excepciones, todas las escuelas de Holanda están financiadas por el gobierno central, basándose en complejas fórmulas que tienen en cuenta el número de alumnos y otros factores. Cuando se alcanzó la financiación igual para todas las escuelas, se escucharon ciertas voces que afirmaban que el tratamiento igual no conducía a la igualdad de oportunidades. Para luchar contra la falta de equidad, desde los años setenta se ha desarrollado un sistema de financiación compensatoria. Las escuelas elementales reciben más financiación por los estudiantes de familias más desaventajadas. Además, las escuelas localizadas en áreas deprimidas o con alto índice de familias residentes con pocos recursos, reciben una subvención adicional para hacer frente a sus dificultades particulares. Así, por cada alumno perteneciente a una minoría étnica, la escuela recibe 1,9 veces la cantidad pagada por un estudiante medio; por los de familias de origen socioeconómico más bajo, reciben 1,25 veces esa cantidad (Ritzen, Van Dommelen, y De Vulder, 1997, p. 330). Hay tres categorías de financiación para las escuelas elementales: instalaciones, mantenimiento y personal. Las escuelas de secundaria se financian en cinco categorías. Las leyes proporcionan normas muy concretas sobre estas categorías y el reparto y cálculo de las asignaciones.
Su modelo de financiación ha hecho disminuir las escuelas de élite prestigiosas fuera del sector subvencionado por el Estado. Al estar prohibido recibir fondos extra, no se ha creado una jerarquía de escuelas en función de sus recursos. Los centros privados únicamente pueden
cobrar tasas para actividades extraescolares, pero no pueden excluir a los alumnos que no tienen capacidad para pagarlas. A pesar de esta prohibición legal, Ritzen, Van Dommelen, y De Vulder denunciaron que muchas escuelas llevaban a cabo esas prácticas (1997, p. 333).