Aunque esta idea pertenece, de hecho, a la formulación de Perry/Lord, la desarrollaremos parcialmente aquí para guardar la coherencia con las propuestas de los tres autores que estamos siguiendo (Ong, Kelber y Watkins). Un epíteto formulaico es un epíteto, es decir, una caracterización que se mantiene invariable sea cual sea el contexto. El gran ejemplo de esta situación en la BhG es el uso de los vocativos, cuya aparición tiene muy poco que ver con el hecho de que en aquel momento sea necesario llamar la atención sobre una cierta característica del personaje nombrado y que por lo tanto en este sentido son pues, absolutamente formulaicos. Señalaremos algunas de las funciones más evidentes del vocativo en la BhG.
1 – En un contexto de oralidad, el vocativo tiene la función de identificar a quién se dirige el discurso si el oyente ha perdido la referencia. Si en un verso un oyente familiarizado ya con la historia oye “Kaunteya” sabe que aquellas palabras se dirigen a Arjuna. Si oye “Keśava”, sabe que se están dirigiendo a Kṛṣṇa. Aunque para un lector esta función es negligible, para un oyente no es una función menor.
2 – Los epítetos fijos (independientes de la situación) también tienen (como hemos explicado en la sección dedicada a
Parry y Lord) la función de cubrir una necesidad métrica. La inmensa mayoría de vocativos de la BhG aparecen en las
cadencias de los pāda 2 y 4, es decir, en las zonas métricas
obligatorias. No cabe ninguna duda, pues, que una parte muy importante de su función es resolver la única parte del verso en la que realmente el poeta no puede jugar con la laxitud métrica. No solamente se trata de una mera función de relleno (que en la BhG -y en general en el sánscrito- se realiza con una verdadera miríada de partículas que no tienen ninguna función gramatical), sino de relleno ya adecuado a la
métrica. El hecho de que ninguno de los triṣṭhubh que
aparecen fuera del canto XI (donde tienen una función expresiva) utilice ni un solo vocativo, nos confirma que el
śloka, verso más sencillo, utilizado para acomodar la mayor parte del flujo verbal, necesita estos “comodines métricos” para ir avanzando con tranquilidad.
3 – A pesar de estas observaciones más bien utilitarias que hemos hecho sobre el vocativo, tengamos en cuenta también “...la fonction éminente du nom propre, révélateur, en deçà de toute apparence personelle, des énergies cosmiques sont son porteur est le lieu”. (Zumthor, 1983:137). En este sentido, la aparición del vocativo iría “recargando” la energía del personaje y el hecho de la fórmula fija
independiente del contexto, perdería rigidez porque, al fin y al cabo, no deja de ser su apelativo.
6.1.5 Paranomasia
El uso de palabras con sonidos semejantes pero con
significados diferentes es un recurso habitual en la BhG. Es una muestra de virtuosismo verbal y obliga al oyente a hacer un esfuerzo extra de atención, que se ve recompensado por su apreciación del efecto estético y del ingenio del poeta:
II.19d nāyaṃ hanti na hanyate
VIII.6d sadā tad-bhāva-bhāvitaḥ
IX.15 jñāna-yajñena cāpy anye
6.1.6 Tautología
La repetición del mismo pensamiento expresado de
distintas maneras es consecuencia del hecho que, en un contexto oral, no se puede “volver a las páginas anteriores” y, por lo tanto, los conceptos deben repetirse. En la BhG este rasgo es evidentísimo, tanto en ocasiones particulares como en la obra en general, de la que Angelika Malinar escribe que: “BhG 1-11 can be regarded as a comprehensive and complete text. Chapters 12 to 18 comment and expand on issues and doctrines in the previous chapters and are probably later additions”. (2007:187). La misma estructura de la obra ya es,
pues, tautológica, aunque desde el punto de vista de la oralidad esto no tiene por qué verse como una adición sin sentido. Simplemente, se trata de insistir en un discurso que, en un contexto oral no de puede “rebobinar”.
Más allá de esta gran prueba de la presencia de la tautología a nivel estructural en la BhG, daremos un ejemplo concreto especialmente llamativo. En II.47, el tercer pāda
dice exactamente lo mismo que lo expresado conjuntamente en los pāda 1 y 2. La misma idea, sin ninguna calificación adicional se expresa en II.49d. La idea se repite, pero calificada en el II.51 y en el V.12ab se repite con esta misma calificación. Ligeramente matizada, pero en el fondo la misma idea aparece en el VI.1 y el IX.28. En el XII.11 se insiste en la misma idea casi con las mismas palabras y se vuelve a insistir en el XVIII.2c, XVIII6.b y XVIII.9c. La tautología está pues diseminada a lo largo de la obra, Vale aquí la siguiente observación de Zumthor:
La forme, à son tour, va mimer la parole, styliser l'élan sans le briser d'où les bonds, les faux
départs, les répétitions, les
illogismes. (1983:127).
No estamos ante un tratado donde cada sección agota su tema y en el que no es lícito romper la claridad formal: nos hallamos ante un canto, un poema -y además oral- que responde
a unas necesidades muy distintas, que se apoya en la tautología para conseguir sus objetivos y que por lo tanto, no puede considerarse ni mucho menos “defectuoso” por poseer estas características.
6.1.7 Contrastes.
La idea del contraste facilita la atención en un
contexto oral, evita la monotonía y juega con la expectativas del oyente.
En el verso (IX.12ab), fijando una de las palabras
de un compuesto se van generando diferentes conceptos con la clara intención de generar un contraste que genere atención del oyente:
mogha-āśā mogha-karmāṇo mogha-jñānā vicetasaḥ
En el dístico 16 del canto IX, el contraste se
obtiene modificando la posición del inicio de la palabra aham
(“yo”), que aparece 2 veces en cada pāda (nótese el
equilibrio) pero en el siguiente orden de posiciones (sobre las 8 sílabas de cada pāda: 1-5-2-4 / 2-4-1-5. Imposible no observar la simetría que, además, puede considerarse que forma una composición en anillo.
ahaṃ kratur ahaṃ yajñaḥ svadhāham aham auṣadham