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CHAPTER IV. METHODOLOGY

4.4 S TATISTICAL ANALYSES

4.4.3 Within-person individual associations: difference-in-difference models

Somos José Batista y Mariana Germán, nos casamos ilumi - nados y catequizados por nuestra Madre Iglesia, deseosos de ha- cer siempre la voluntad de Dios y tener una familia cristiana que como Iglesia doméstica fuera un santuario de la vida. Al momen- to

de tener nuestra primera hija, lamentablemente hubo que hacer una cesárea, situación ésta que de hecho nos iba a limitar la liber- tad de tener nuestros hijos.

En el tercer embarazo confronté problemas ya que el médico insistió en esterilizarme para no tener más hijos, a lo que dijimos categóricamente que no. El Señor nos había llamado a participar en su amor, transmitiendo la vida siendo nosotros responsables de nuestra paternidad. No nos sentíamos con derecho a impedir que vinieran los hijos que al Señor le pareciera bien concedernos. Mi médico gracias a Dios respetó nuestra decisión. Pero el Señor nos tenía reservado un combate mucho mayor. Pocos días antes de nacer nuestra cuarta hija me vi obligada a cambiar de centro médico, por problemas del seguro de salud. Acudí a mi primera cita con el ginecobstetra que me correspondía y que me haría el parto. Todavía no he podido olvidar el horror que viví aquella mañana, este médico no entendía el hecho de una cuarta cesárea, comenzó a gritar y a dar manotazos sobre el escritorio, yo estaba muy asustada.

Cuando terminó de hablar y de decirme que no estaba de acuerdo con ese embarazo, protestó contra mí y contra mi antiguo médico, decía: que estaba loca, atrasada, trayendo hijos al mun- do a pasar trabajo, etc. Me preguntó: y ahora ¿qué piensa hacer?

Asustadísima le contesté: no me voy a ligar las trompas, no he sido yo quien las he puesto dentro de mí, el que creó mis trom- pas me las cerrará cuando quiera. Y me dijo: a usted la esterilizo yo, “en mi quirófano no se me muere nadie”. Inmediatamente me despedí de él diciéndole: a mí no me atiende usted, el Señor es el dueño de la vida. Salí muy triste llorando y pensando qué hacer, sólo faltaban pocos días para el parto, no tenía dónde ir. Pensaba que Dios nos iba a proveer una posada, ya que Él tampoco encontraba donde nacer. Este pensamiento me dio tranquilidad, seguí caminando y de pronto llegó a mi mente una clínica en la cual había trabajado un hermano de mi

parroquia. Me dirigí a esa clínica hablé con el director, éste me escuchó y al final me dijo que me acogía y me respetaba. Esto lo vi de Dios, me llegó una gran alegría lo bendije y le di gracias. En aquel centro nacieron mis últimos cuatro hijos.

Continué abierta a la vida, sufrimientos he tenido, como fue el hecho de que a mis 46 años salí embarazada, pero lamenta- blemente no progresó. Y he visto que como dice el salmo 84,7. “pasando por el valle del llanto Él lo cambia en bendición”. Hoy nuestros siete hijos están muy bien, unos están en la universidad y otros ya son profesionales. Apoyados en el Señor caminamos unidos seguros que quien en Él confía no será

defraudado. Ten- go 47 años, no uso ningún método anticonceptivo y tal parece que el Señor terminó la obra de la procreación que tenía dis- puesta que se realizara a través de mí. Por eso decimos como San Pablo: “hemos combatido el buen combate, he llegado a la meta, he mantenido la fe” 2 Tim. 4, 7. Nada por nuestra fuerza. Él lo ha hecho todo.

Dios todo lo hace superbien

Mi nombre es Edelmira Franjul de Peña, casada con Óscar Peña, pertenecemos a la Parroquia Jesús Maestro, tenemos cuatro hijos. La más pequeña nació el día 17 de octubre del 2005, luego de haberme recanalizado. Mi principal motivación para recana- lizarme fue el reconocer que todo lo que Dios ha permitido en mi vida ha sido para mi bien, darle el sí al Señor y decirle que se cumpla en mí su voluntad. Todo lo que el Señor ha hecho en mi matrimonio ha sido por su gran misericordia, la cual pienso no merezco. Ciertamente, el proceso para la cirugía fue un poco tenso. Es - taba un tanto asustada, pero en medio de esta situación sabía que el Señor estaba conmigo. Durante la cirugía yo cantaba salmos de alabanza y esto me calmaba y me daba confianza en que todo sal- dría bien. Así fue, gracias a Dios no hubo ninguna complicación.

Sólo había pasado un mes y medio y Dios en su gran mise - ricordia me permitió

concebir de nuevo, sí, estaba embarazada. Mi esposo saltó de júbilo, estaba feliz, al igual que todos en mi casa. Teníamos dos hembras y un varón. El embarazo transcu- rrió sin ninguna complicación. Al momento del parto fue nece- sario una cesárea. Dios lo

permitió para que yo comprendiera que realmente el regalo de un hijo es dar la vida. Fueron momen- tos difíciles pero de gran alegría. Nació una hermosa niña, Sara María, me llenaba de satisfacción verla completa y sana. Ha sido una bendición de Dios.

Me siento muy agradecida de Dios, por lo que hace con mi vida, mi matrimonio y mi familia. Creo que lo mejor para un cris- tiano es hacer la voluntad de Dios y no decirle nunca “no” pues Él te regala día a día las fuerzas necesarias para combatir la maldad que nos rodea.

Por todo esto, hoy soy una mujer feliz. Gracias al Señor, a su infinita bondad y

misericordia. Creo que el Señor me está llenan- do de más amor para mi esposo y mis hijos.

Deseamos agradecer en primer lugar a Su Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, por el apoyo brindado en la realización de este libro, el cual lo ha hecho como una muestra de su defensa y amor al matrimonio, a la familia y a la vida.

Gracias a los Reverendos P. Ramón Domínguez Balaguer y al P. Alonso Gómez catequista itinerante del Camino Neocatecumenal de la República Dominicana y Haití.

Cómo no reconocer el trabajo de nuestro hermano José Altagracia Hernández (Josecito), quien nos ayudo tanto con la revisión del texto en general.

A tantos matrimonios que han apoyado y siguen apoyando y contribuyendo a llevar adelante esta experiencia, quienes con su coraje han desafiado la razón

incluso hasta la ciencia y se han abierto a la vida.

Esperamos que esta publicación abra las puertas a otras tantas experiencias que también quisiéramos publicar en futuras ediciones.

CONCLUSIÓN

Fruto de esta experiencia somos espectadores de cómo Dios ha hecho surgir en Santo Domingo un ministerio de amor, respeto, de- fensa y reconstrucción de la vida, ayudando así a tantos matrimonios que experimentan la tristeza que les produce la mutilación en su ser del don más precioso que Dios nos ha confiado: la procreación.

En los últimos años hay una gran persecución contra la vida, y la cantidad de recursos de que dispone la cultura de la muerte suelen ser de fácil acceso, bajo costo, incluidos en las pólizas de los seguros de salud, incluso a veces premiados. Sin embargo, los

procedimien- tos que fomentan la vida son considerados no válidos, no efectivos, de difícil acceso, costosos, y nunca están incluidos en las pólizas de seguros de salud, siendo por lo general condenados al “imposible”.

En quince años se han recanalizado más de 300 mujeres y mu - chas de ellas han concebido de nuevo. Sabemos que han nacido un promedio de 60 niños. Estos

matrimonios y sus criaturas tienen los mismos riesgos y probabilidades de enfermar o tener algún padeci- miento igual que cualquier persona. La idea no es que todos tengan muchos hijos o que sean los mejores y más saludables, en definitiva, sabemos que lo importante es hacer y aceptar la voluntad de Dios.

Sin pretenderlo, ha surgido en Santo Domingo, ciudad Primada de América, la necesidad de que exista un Centro Médico en defensa de la vida, haciendo esta realidad de mejor acceso, más económica y con una mejor acogida. Hemos trabajado poniendo nuestros bienes materiales y recursos médicos al servicio de esta obra, viendo cómo son

generalmente los más pobres quienes acogen con amor el miste- rio de la vida.

Como espectadores que somos de esta obra del Espíritu Santo, vemos que es ahora la ocasión propicia para construir este Centro Médico, momento en que se encuentran la necesidad y la posibilidad. Necesidad, porque la demanda de matrimonios que en la actualidad están esperando por una oportunidad de abrirse a la vida es superior a nuestra capacidad actual para recibirlos y atenderlos. Posibilidad, porque Dios ha querido poner a nuestra disposición una edificación en la Zona Colonial de Santo Domingo que reúne las condiciones necesarias para poder albergar este ilusionante proyecto.

La edificación, ubicada en el Nº 312 de la Calle Santomé, proviene de la época colonial y en sus inicios albergó la leprosería San Láza- ro. Dispone de tres construcciones

Pablo II, la Clí- nica para la Vida “María Madre” y el Centro de Orientación para el Matrimonio y la Familia.

Nos proponemos crear una Clínica donde no sólo se atiendan ca - sos de recanalización de Trompas de Falopio; todo servicio en pro del don de la vida forma parte de nuestro objetivo: reversión de vasecto- mía, embarazo de alto riesgo que no sean aceptados en otros centros de salud, brindar consejería sobre todos los aspectos que involucran al matrimonio, tales como el amor, la sexualidad, la procreación, mo- nitorear la salud reproductiva o ginecológica, mejorar las posibili- dades de lograr embarazarse, regular la fertilidad de forma natural (parejas de alto riesgo), manejar la menopausia naturalmente, ense- ñar a respetar la vida, concienciar sobre los efectos secundarios de los

anticonceptivos y de los problemas consecuentes del mal llamado “sexo seguro”, sobre todo en los adolescentes. Su principal propósito es el de ofrecer todos los servicios en defensa de la vida, don de Dios, resaltando siempre “El Milagro de la Vida”.

Este proyecto arquidiocesano cuenta con el respaldo de S.E.R. Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, quien ha asumido este proyecto como suyo. Ha sido él mismo quien ha querido que dicho centro funcione unido al Pontificio Instituto Juan Pablo II, con lo cual recibe todo el apoyo de sus profesionales.

La Clínica para la Vida “María Madre” cuenta con un buen gru - po de matrimonios y médicos coordinados por Wilfredo y Ninos- ka Kranwinkel. Cuenta con los Doctores: José Martínez Calderón (Ginecobstetra-apertura a la vida), Milagros del Orbe (Ginecobs- tetra-apertura a la vida), Oliver Ramírez (Ginecobstetra-profesor Bioética Pontificio Instituto Juan Pablo II), Felicia Díaz (Siquiatra), Roberto Rodríguez (Sexólogo, 12 años impartiendo Cursillos Pre- matrimoniales), Brunilda Pichardo (Anestesióloga), Gladis Lizardo (Cardióloga) y Jenny Kranwinkel.

El Centro de Orientación para el Matrimonio y la Familia está encabezado por la Dra. Jenny Kranwinkel, Instructora del Método Billings (certificada en Australia) y su esposo Humberto Paredes, asignados por el Cardenal López Rodríguez para este propósito, y asistidos por todo el personal de la Clínica para la Vida. El Centro de Orientación cuenta, además, con un grupo de laicos, varios matri- monios con experiencia pastoral, que son: los señores José y Mariana Batista (catequistas y usuarios del BOM en su vida fértil), Sres. Jordi y Nerea Jorquera (familia misionera y secretarios del Instituto Juan Pablo II), Sres. Jorge y Yosune Vicent (familia misionera-Master en Bioética, Pontificio Instituto Juan Pablo II) y el Reverendo Padre Dr. Ramón Domínguez (Director Instituto Juan Pablo II).

Para lograr este objetivo necesitamos, por un lado, construir el edificio, que se encuentra en un estado deplorable y, por otro lado, conseguir los equipamientos para habilitar quirófano, habitaciones, despachos, sala de reuniones, cocina-cafetería, baños, oficina para el Centro de Orientación y todo lo necesario para una institución digna.

Este libro de La alegría de abrirse a la vida se terminó de preparar para