El pecador es justificado y reconciliado por el sacrificio expiatorio de Cristo por todos (Rom. 5:610). La provisión que Dios hizo para la justificación y la re conciliación de la humanidad consigo mismo por la muerte de Cristo necesita ser llevada a la experiencia del creyente. No es suficiente tener un conocimiento teórico de la justificación. Necesitamos experimentar lo que ello significa.
Hechos 2:36 al 38 y Hechos 3:19 señalan el arrepentimiento como el comienzo de la experiencia de salvación del pecador. ¿De qué modo la naturaleza del arrepentimiento, como un sentido de remordimiento, nos ayuda a conectar la experiencia de la justificación con la muerte de Cristo?
Piensa en esto: “Nada puede conmover las profundidades del alma al punto que puede lograrlo la comprensión del amor perdonador de Cristo. Cuando los pecadores contemplan este amor divino insondable, el cual se exhibió en la cruz, reciben la más poderosa motivación para el arrepentimiento que existe. Esta es la bondad de Dios que nos guía al arrepentimiento (Rom. 2:4)”.–Creen-
cias de los Adventistas del Séptimo Día, p. 139.
Lee Romanos 3:23 al 25 y Efesios 2:8. ¿Qué lugar tiene la fe en la expe- riencia de la justificación?
La Biblia dice que la fe viene por el oír; y el oír, por la Palabra de Dios (Rom. 10:17). Contemplar el amor de Cristo motiva a la persona a arrepentirse. El es tudio y la contemplación de la Palabra de Dios es de gran importancia en la experiencia de la justificación.
La bondad de Dios nos guía al arrepentimiento y la justificación. Así, si yo me arrepiento del pecado y experimento la justificación, Dios es el que recibe el crédito. La salvación es realmente un don gratuito de Dios porque, en realidad, somos salvos por gracia por medio de la fe (Efe. 2:8).
¿Cuáles son algunas formas prácticas en las que puedes inundar tu corazón y tu mente con la bondad de Dios, al pensar en lo que él ha hecho por ti y en aquello de lo que te ha librado?
// Lección 4 Jueves 25 de octubre
LA EXPERIENCIA DE LA SALVACIÓN: Parte 2
La experiencia de la justificación pone, dentro de la vida del creyente, reali dades espirituales que inician cambios en la vida de la persona. En la justifica ción, el pecador es perdonado (Luc. 7:47; Efe. 1:7; Rom. 4:7), es liberado de las acusaciones de pecado y reconocido como justo (Rom. 5:16, 18; 8:1), y recibe el don de una vida nueva (Efe. 2:15; 2 Cor. 5:17).
En esta experiencia nueva, no importan nuestro pasado ni nuestros pe cados, no importa cuántas faltas y errores hayamos cometido, podemos ser perdonados y limpiados por Dios.
Piensa en lo que esto significa. La muerte de Cristo cubre todo pecado, no importa cuánto te condene tu corazón (1 Juan 3:20); cuando te entregas a Cristo, por fe, y aceptas su vida perfecta en lugar de tus propios “trapos de inmundicia” (Isa. 64:6), entonces ya está cubierto por la justicia de Cristo. Su vida perfecta te es acreditada como si fuera tuya. ¡Eso es un regalo al pecador!
La pregunta es: ¿Cómo puede pasar algo así a una persona, y que esa per sona no cambie radicalmente? Ese cambio, a menudo llamado “nuevo naci miento”, es una parte esencial de la experiencia de la salvación.
Lee los textos mencionados en los párrafos previos, y resume sus enseñanzas acerca de la justificación y la forma en la que la experimen- tamos en nuestra propia vida.
La experiencia del perdón concluye con la ira de Dios, y despeja cualquier barrera para recibir la reconciliación y el compañerismo con Dios. Una vida nueva se abre al pecador, quien puede vivir en compañerismo con Cristo bajo la dirección y la guía del Espíritu Santo.
El arrepentimiento es el requisito previo para recibir el perdón y la justifica ción, y viene acompañado de la confesión y el bautismo (Hech. 2:38; 1 Juan 1:9). Esto ayuda a explicar el hecho de que, aunque el perdón está disponible para todos, no todos serán perdonados.
¿Cómo es tu vida al tener esta promesa: que tu aceptación ante Dios está basada en lo que Jesús hizo para ti, y no en lo que hagas o en la observancia de la Ley?
Lección 4 // Viernes 26 de octubre
PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:
Lee “Dios con nosotros”, El Deseado detodas las gentes, pp. 1118; y “Salvación”, por Iván T. Blazen, Tratado de teología adventista, Raoul Dederen, ed., pp. 308356.
“El plan de nuestra redención no fue una reflexión ulterior, formulada des pués de la caída de Adán. Fue una revelación ‘del misterio que por tiempos eternos fue guardado en silencio’ (Rom. 16:25, VM). Fue una manifestación de los principios que desde edades eternas habían sido el fundamento del trono de Dios [...]. Dios no ordenó que el pecado existiese, sino que previó su existencia, e hizo provisión para hacer frente a la terrible emergencia. Tan grande fue su amor por el mundo que se comprometió a dar a su Hijo unigénito ‘para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna’ (Juan 3:16)” (MGD 23).
PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. Piensa en cuán malo ha de ser el pecado, que requirió la muerte del Creador mismo para resolverlo. ¿Qué revela la cruz acerca de la total imposibi lidad de que la humanidad se salve a sí misma? ¿Qué creemos que podríamos añadir a lo que ya ha sido hecho por nosotros?
2. Algunos creen en lo que se llama la “expiación subjetiva”, la idea de que nada acerca de la cruz cambió nuestra situación frente a Dios. Más bien, todo lo que hizo la cruz, dicen ellos, fue cambiar nuestra actitud hacia Dios, y nada más. ¿Qué hay de deficiente en tal teología? ¿Qué dice acerca del problema del pecado, si todo lo que se necesitara fuera un “ajuste de actitud” de nuestra parte, para resolverlo?
3. ¿Cuán posible es tener un buen conocimiento acerca de la salvación y, no obstante, no tener la experiencia de ella? ¿Qué entiendes del comentario de Elena de White, de que “la consagración a Dios debe ser un asunto vivo y práctico; no una teoría de la cual debe hablarse sino un principio entretejido con toda nuestra experiencia” (NEV 245). ¿Cómo, en forma diaria y práctica, podemos vivir esta experiencia de la salvación?
4. Medita en el lugar de la salvación en el contexto de la gran controversia. ¿Por qué Satanás quiere mantener a tantas personas como le sea posible sin la salvación en Jesús? ¿Cuáles son los medios que él usa contra nosotros, y cómo podemos defendernos de ellos?