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Action Plan

Outcome 17: Workforce Theme: Responsive Workforce

En el camino transitado en los apartados anteriores, se han reunido una serie de piezas que pueden componer una ruta formativa, que para el caso, permita hacer consonante moral pensada y moral actuada. A continuación se presentarán los hilos conductores, desde los cuales se

vinculan las nociones de sentimientos morales, moral pensada-actuada, formación, experiencia y empatía, en términos de su papel en la construcción de rutas formativas al interior de la escuela.

Para empezar, como lo señala Buxarrais (2009)

Relacionar la educación en valores con la educación emocional supone enfatizar la idea de que la educación consiste en ofrecer respuestas desde la institución escolar a todas las dimensiones de la persona: cognitivas, conductuales y afectivas -el pensar, el hacer y el sentir-. Respuestas que parece no se han dado en sistemas educativos anteriores. (p.263)

A partir de esta reflexión, la autora nos reafirma lo ya dicho anteriormente: el divorcio entre el proyecto ilustrado de la escuela moderna que privilegia la razón, y la noción de formación como término abarcador de lo humano, más allá de lo académico. Volviendo a Burraxais, ella nos señala lo siguiente:

La pedagogía, en tanto que cuerpo de conocimientos sobre la educación, no ha prestado la debida atención al mundo de los sentimientos. Si bien es cierto que a lo largo de su historia las referencias a la importancia de la educación de los sentimientos están presentes, no lo es menos que la construcción de

conocimiento en torno a tal educación (…) A pesar de las declaraciones de intenciones sobre la relevancia del tema, todavía queda mucho por hacer para incorporarlo de forma sistemática y oportuna en el discurso pedagógico, y mucho por saber para poder abordar la educación de forma integral. ” (Buxarrais, 2009, p.266)

Dicho abandono, es precisamente, el que como se puede ver, está en la base de la separación en la formación moral: la división entre moral pensada (mundo de la razón) y moral actuada (mundo de la voluntad), y entre ellas, como parte del juego, los sentimientos morales (el mundo de las emociones y de los sentimientos). Por lo anterior, la construcción de rutas formativas entre el pensar y el actuar moral, hacen parte tanto de una reivindicación de lo humano –o del sujeto-, una reivindicación del proyecto formador de la escuela y, por último, una reivindicación del sentido de la educación, dirigida al servicio de la constitución de una ciudadanía deliberativa, y no de masas conformadas según los criterios de la producción económica.

Arias & Vargas (2005) señalan con respecto al papel de la formación moral en la escuela que

Precisamente, esta relación genética de la sensibilidad moral con las diversas formas de argumentación en ética y en moral puede dar el sentido a una renovada ética para ciudadanos. Esta debe ocuparse, en auténtico sentido fenomenológico, de la formación de la persona moral a partir de las vivencias en las que se dan los fenómenos morales en la convivencia y de la manera como son asumidos

comunicativamente los sentimientos morales, en los que se dan dichos fenómenos. Este es de hecho, el lugar de una "Educación para la ciudadanía". (p.50)

Desde esta fenomenología para las autoras, que comprende como categorías fundamentales al sujeto moral y como parte fundamental de este,

Los sentimientos morales, tienen una vocación eminentemente comunicativa, personal y colectiva, los cuales deben ser justificados intersubjetiva y públicamente. Los sentimientos morales son la base psicológica de las experiencias morales, de las cuales se pasa, mediante la comunicación, a las leyes en las que se expresan los principios de acción, haciendo el tránsito de sentimientos a principios morales. (Arias & Vargas, 2009, p.51)

Esta ruta, que conjuga formación moral y educación ciudadana, es atravesada por la educación emocional, por cuanto

La capacidad para comprender al otro antes de aceptarlo o no, y nuestra especial disposición genuinamente humana para captar su tono anímico son dimensiones de la persona que sólo pueden desarrollarse de forma completa mediante la educación de los sentimientos. (…) Todas estas circunstancias nos obligan a plantear una educación en valores que no solamente no olvide la educación emocional, sino que la tenga en cuenta de forma explícita. Una educación de los

sentimientos y de la dimensión social de la persona que contribuya a mejorar la convivencia entre las personas y, como consecuencia, la sociedad. (Buxarrais, 2009, pp.267- 268)

A partir de lo anterior, la ruta formativa pretendida a través del presente estudio, más que la reflexión de las situaciones cotidianas de convivencia en la escuela, presenta como

características, el abordaje de la vida de los jóvenes participantes, esto en el sentido de

recuperación de sus experiencias mediante la construcción de narraciones sobre sí mismos y, en particular sobre momentos morales significativos de su vida. Estos momentos se han leído a

partir de la ubicación de los mismos, dentro de las cinco situaciones o tipos de encuentros morales definidos por Hoffman, en los cuales se desencadenan los sentimientos empáticos o sentimientos morales. La empatía, como concepto psicológico, entra a delimitar aquí el peso de las acciones morales, esto por cuanto como lo señala este autor, a mayores niveles de empatía, es decir, de suscitación de sentimientos empáticos (morales), mayor ocurrencia de realización de acciones de ayuda, de conducta prosocial.

Esta relación, es también establecida por Buxarrais (2009) quien reconoce el papel de la empatía en la formación moral desde la perspectiva de Hoffman, pero además encontramos allí la relación entre educación emocional, desde la perspectiva de Colby y Damon (1994) bajo el valor de la compasión.

En el nivel de la reflexión pedagógica, esta ruta, desde la discusión acerca de la formación, plantea finalmente así algunos elementos-clave:

• La formación moral supone un distanciamiento de la educación moral, entendida esta como la habitual reflexión en el nivel del juicio moral, de los valores y de la ética, que ha sido común en la escuela, y que se ocupa de las justificaciones morales, y que además, se basa en el planteamiento de dilemas morales abstractos (Kohlberg) o dilemas morales reales (Gilligan)

• La formación moral puede mejor encaminarse hacia la revisión de la experiencia personal, entendiendo esta como el redescubrimiento de los sentidos de la misma en la conformación de la historia, de la identidad, del sí mismo. Por ello la necesidad de

encontrar caminos para narrarse, en otras palabras, para hacerse sujetos de su propia historia (Rosseau).

• La formación moral puede entenderse en este sentido, como la generación de vivencias que se constituyen en sí mismas en experiencia para las personas (Dewey), experiencias desarrolladas desde los ámbitos escolares, pero que a diferencia de las que constriñen al sujeto, le proponen en cambio, esta visión acerca de la finalidad de su propia formación, de lo que desean ser.

• La formación moral pasa por la recuperación de los sentimientos morales, sentimientos empáticos que, en momentos cruciales de la vida, movilizaron, detuvieron,

desconcertaron, o nos hicieron consonantes. Reflexionarse desde esta influencia, avizorar los cambios producidos en la subjetividad propia, en el peso entre lo que se pensó, lo que se sintió y lo que se hizo, generan una actualización del acontecimiento en el hoy.

Buxarrais (2009) sintetiza finalmente estas relaciones de la siguiente manera:

Obviamente los sentimientos nos ayudan en la construcción de nuestra propia biografía, a establecer un vínculo (Taylor, 2002) (…) Es la totalidad del cuerpo la que se involucra en la incorporación de una experiencia y en la comunicación de la experiencia (García Carrasco, 2003, 83). Sentimientos, acción y razón se integran mutuamente y nos sirven para construir dicha matriz. (…) Resulta

imposible identificar separadamente cuál de estas dimensiones se pone en marcha cuando la persona se encuentra en una situación de interacción social, y es sujeto de educación y objeto de la misma.

Cuando educamos estamos incidiendo en cada una de estas dimensiones, en mayor o menor medida, con el objetivo de contribuir a la optimización integral de la persona. (pp.269-270)

3. HORIZONTE METODOLÓGICO

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