Así como la opinión popular no debería poder dictar el significado de la teología, tampoco debería hacerlo con la dogmática. El uso convencional muchas veces la asocia con pronunciamientos de alto nivel y pesado contenido que tienen el efecto de silenciar por la fuerza a otros puntos de vista. ("¡Esa persona siempre habla con aire de autoridad dogmática!"). Muchas veces los teólogos se han ganado la
reputación de ocuparse en esos imperialismos "dogmáticos," aunque como una forma de arrogancia esto no está limitado a ellos. Sin embargo, el punto es este, que tal "dogmatismo" no tiene nada que ver con definir la dogmática.
¿Cómo, entonces, debemos entender la naturaleza, alcance y tarea de esta empresa conocida como teología dogmática, llamada también teología sistemática o constructiva? Por supuesto, la dogmática esta relacionada a su palabra raíz "dogma." Ambos conceptos, "dogma" y "dogmática," tienen un amplio espectro de significados; siendo la historia de la primera más antigua que de la segunda. El concepto "dogma" puede ser rastreado hasta el pensamiento griego clásico. Desde un punto de vista filosófico se refería a ideas teóricas firmemente fundamentadas. En asuntos legales tenía el valor de mandatos autoritativos, como por ejemplo el de un edicto real. El concepto "dogma" también halló formas de entrar al Nuevo Testamento. Allí su uso es mucho más amplio que el significado actual de la teología dogmática. Allí se refiere de diversas maneras a un decreto imperial (Lc. 2:1; Hch. 17:7) o una ordenanza divina (Ef. 2:15; Col. 2:14) o a las decisiones oficiales de una asamblea de iglesia (Hch. 16:4).
Durante los primeros siglos de la era cristiana las enseñanzas establecidas de las escuelas de filosofía griega se seguían llamando dogmas. A medida que el evangelio proseguía penetrando el mundo greco-romano, el dogma cristiano, proclamado ahora como la verdad de las Escrituras, se movía en una ruta de colisión con los dogmas aceptados del imperio. En la estela de los grandes concilios ecuménicos, cuando el cristianismo temprano se volvía cada vez más eclesiastizado conforme a lineamientos jerárquicos, los dogmas eran más y más definidos como declaraciones doctrinal es pronunciadas por asambleas de la iglesia. A grandes rasgos se los consideraba equivalentes a los credos y confesiones del cristianismo. En general este uso fue trasmitido a la era medieval. Sin embargo, a lo largo de los períodos antiguo y medieval, no hubo ninguna rama de la erudición cristiana que se adjudicara a sí misma el título de dogmática. Este desarrollo es de origen comparativamente reciente. Tuvo lugar en las postrimerías del Renacimiento y de la Reforma durante el siglo diecisiete. En los albores de la modernidad el estudio de los dogmas (dogmática) fue extendido para abarcar no solamente el estudio de los credos y de las confesiones (simbología), sino también a las "declaraciones" teológicas de los padres. Después, cuando la teología comenzó a gravitar cada vez más lejos de sus confines en la iglesia, penetrando la liderante atmósfera de la universidad moderna, la dogmática fue adquiriendo un carácter crecientemente científico y teórico. Dadas las metodologías intensamente racionalistas de la tradición escolástica en la ortodoxia protestante, la dogmática fue crecientemente considerada como corona de todas las disciplinas teológicas. Estudios bíblicos, historia de la iglesia, y los otros campos del estudio teológico habrían de suplir los bloques con que los dogmáticos podrían involucrarse en la "construcción de sistemas."
Ahora el tiempo es harto llegado para sosegar esas pretensiones triunfalistas. Porque la dogmática es llamada a un rol de coexistencia y coexistencia dentro de
la más extensa comunidad académica. Como todos los otros eruditos cristianos, los dogmáticos deben cumplir un rol de servicio, ministrando a las necesidades de la comunidad cristiana. Esa actitud podría recorrer un largo camino hacia el desmantelamiento de barreras problemáticas entre dogmáticos y otros teólogos, como también entre teólogos en general y filósofos y otros científicos. También podría promover mejores relaciones entre el púlpito y el banco, entre la adoración del domingo y el trabajo del lunes, y prestar asimismo su apoyo a las organizaciones cristianas en la sociedad. Este concepto societario de la dogmática también plantea algunos importantes interrogantes referidos a la educación teológica. Por ejemplo, ¿debería conducirse la dogmática dentro del contexto interdisciplinario del colegio/universidad o en el contexto más retirado del seminario? ¿O en ambos?
Aquí la dogmática es entendida como un estudio de la vida de fe de la comunidad cristiana formulada a manera de dogma (s), Por supuesto, la fe cristiana es más que dogma. Pero el dogma es una expresión de ella. Dogma es el lado cognitivo, reflexivo, de la fe en la forma que va adquiriendo dentro de un cuerpo de creencias y doctrinas básicas. Esto incluye los credos y las confesiones del cristianismo, otras declaraciones de fe, las doctrinas y tradiciones de la iglesia, junto a las escuelas de pensamiento teológico que han surgido y crecido alrededor de ellas. El presente proyecto en la dogmática reformada está dedicado a una reformulación, bíblicamente dirigida, de los principales dogmas del cristianismo occidental. Trata de honrar los valores probados por el tiempo, y al mismo tiempo reevaluar su relevancia por nuestros tiempos. Esto requiere un diálogo crítico, que sirva al crecimiento espiritual y desarrollo teológico. Esa dogmática, críticamente afirmativa, tiene que levantarse sobre sólidos fundamentos confesionales, mientras también sigue siendo permanentemente reformacional. La indiferencia dogmática es contrabando. Porque esa clase de actitud es incapaz de contribuir nada constructivo a la formulación de interrogante s teológicos contemporáneos. Regin Prenter lo dice así:
La formulación solamente puede ocurrir cuando el dogmático se ha ubicado a sí mismo dentro de su propio entendimiento tal como lo ha recibido de esa confesión .... En esa posición tiene que tratar, antes que nada, de reconocer con qué entendimiento del mensaje de los escritos bíblicos tiene el derecho de estar donde está. Después, mediante un estudio constante de los escritos bíblicos, tiene que estar dispuesto a corregir ese entendimiento en la medida en que el contenido del testimonio bíblico 10 impulse a hacerlo. El resultado será una disposición, por su parte, de escuchar las preguntas que otras formas de entender los escritos bíblicos puedan afectar su forma de entenderlos. La presuposición para estar nosotros capacitados a asumir otro punto de vista en la discusión ecuménica, es que bajo ninguna circunstancia seamos indiferentes a nuestro propio punto de vista. No hay nada que se interponga tanto en el camino de entender los
intereses de otros cuerpos confesionales como la indiferencia dogmática hacia el propio cuerpo confesional. (Creación y Redención, pg. 29)