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EXPERIMENTAL PROCEDURE 4.1 Experimental Setup

4.5 Setup for minimum quantity lubrication

4.5.1 Working of MQL setup

Platón (427 – 347 a.c.). La “Idea” en Platón es el objeto de la intuición

intelectual: contra lo empírico, material, corpóreo, múltiple, móvil, mutable, la Idea representa la esencia inteligible, que se sustrae al cambio. Por Idea entendió Platón aquello que le conviene a muchos fenómenos externos en cuanto que es común. La Idea es el arquetipo de las cosas empíricas. El idealismo de Platón es un idealismo objetivo. Su sistema filosófico está orientado a la Idea del Bien.

La Idea constituye la especie universal y también el puro modelo, paradigma o arquetipo que en los múltiples casos individuales empíricos encuentra una verificación sólo aproximada: las cosas empíricas participan de las Ideas o se asemejan a ellas. La Idea es el fundamento del conocimiento de la realidad, pero además, Platón le asigna un estatuto ontológico propio. La Idea es en sí. Es una realidad trascendente, objetiva que existe independientemente de nuestras representaciones subjetivas. El problema gnoseológico es cómo conocer las Ideas. Conocemos las Ideas a través de la anámnesis o reminiscencia: el alma ve las Ideas en la región supraceleste, pero uniéndose al cuerpo, olvida este saber, del que la experiencia de las cosas empíricas le proporciona un mero indicio o estímulo a recordar. Pero sólo en virtud de la dialéctica puede el alma recuperar esa visión originaria. De todos modos, finalmente Platón se pregunta si existe una Idea de cada cosa empírica. En general tiende a limitar la doctrina primitiva, admitiendo tan sólo las Ideas de las verdades matemáticas y de los valores estético-morales (lo bello, lo bueno, lo justo, etc.); a las Ideas matemáticas, que desde el principio habían proporcionado una especie de modelo privilegiado del mundo ideal.

Aristóteles (384 – 322 a.c.). Sometió a crítica la teoría de las Ideas de

Platón sobre todo desde dos puntos de vista. Primero preguntó cómo puede lograrse un saber desde las Ideas, supuesto que el saber es algo más que un recuerdo y que éste no puede sustituirlo. En segundo lugar consideró digno de examen el por qué un mundo derivado de unas ideas que son inmutables y permanentes se presenta en toda experiencia sólo como algo que cambia, se transforma, se mueve, nace y muere. Su idealismo se advierte en su teoría de la materia/forma y del acto/potencia, así como en su doctrina del Acto Puro que le aproxima notablemente a su maestro Platón. Siempre es más importante y tiene la primacía la forma-acto. El espiritualismo de Aristóteles afirma la existencia de, por lo menos, una entidad espiritual, incorpórea y pensante, el Acto Puro; pero no niega la existencia de sustancias corpóreas materiales. Se trata, por lo tanto, de un espiritualismo asertivo. Dios es Acto Puro, pensamiento del propio pensamiento. Pensamiento que sólo se piensa a sí mismo. Este acto puro mueve sin ser movido e inmóvil, por puro amor no correspondido de las cosas hacia y por él. Mueve como objeto de amor. Mueve como modelo, como Idea, como pura Forma, Substancia y Acto. Lo más noble es el pensamiento, por eso Dios es

puro Pensamiento de sí mismo. Otro rasgo de idealismo en Aristóteles es la finitud del Universo: esférico, limitado, perfecto, inmutable e ingénito, que se mueve por el Acto Puro, que actúa como causa ejemplar.

La historia posterior del idealismo está ligada al neoplatonismo, que considera en general que las Ideas son los contenidos de la mente divina, del pensamiento del Uno. Esta interpretación será compartida por todo el pensamiento cristiano de la Edad Media sobre todo a partir del neoplatonismo cristiano de San Agustín. Las Ideas son interiorizadas en la mente de Dios. No obstante, las Ideas siguen conservando su característica de eternidad. Son además, paradigmas de la creación divina. Dios tiene en su mente la Idea de toda cosa antes de crearla.

San Anselmo (1033-1109). es el autor del célebre argumento ontológico,

que figura en el Proslogion. Se trata de una demostración a priori de la existencia de Dios, el argumento preferido de los idealistas. Este argumento idealista parte de la constatación de que todos los hombres conciben a Dios como “el ser del que nada puede pensarse mayor que él”. Al menos, pues, ese ser existe en la mente; pero es absurdo que sólo exista allí, ya que se puede pensar un ser hecho de tal manera que exista en la mente y en la realidad, que sería mayor que el precedente. Así pues, para evitar la contradicción es necesario decir que el ser del que no se puede pensar nada mayor que él existe tanto en el pensamiento como en la realidad. La validez de este argumento fue puesta en tela de juicio por un contemporáneo de Anselmo, el monje Gaunilón, quien en su Liber pro insipiente sostuvo que de la definición de Dios como ser del que nada se puede pensar mayor que él no puede deducirse su existencia, así como del concepto de una isla perfectísima no puede deducirse su existencia real. Anselmo respondió a esta crítica afirmando que sólo en el caso del ser perfectísimo es lícito afirmar que la existencia real es una perfección que le corresponde necesariamente: de otro modo, tal ser no sería el ser perfectísimo.

Santo Tomás de Aquino (1224-1274). El pensamiento de Santo Tomás

de Aquino es la cumbre del idealismo escolástico cristiano.

Las demostraciones de la existencia de Dios o cinco vías son a posteriori. La primera vía parte de la experiencia del movimiento. Hay cosas que se mueven. Todo lo que se mueve es movido por otro. Debe admitirse la existencia de un primer motor inmóvil puesto que la serie causal no es infinita y sería absurdo que lo fuera. Este primer motor es Dios.

La segunda vía se basa en la noción de causa eficiente. Nada puede ser causa eficiente de sí mismo. La causa de algo o bien será incausada o bien tendrá a su vez otra causa. Toda causa eficiente supone otra, la cual a su vez, supone otra, etc. No es posible una serie causal infinita. Tiene que haber una causa eficiente primera. Esta Primera causa eficiente es Dios.

La tercera vía afirma que hay cosas que son contingentes y que para que exista lo contingente, ha de existir lo necesario. No es posible que todo sea

contingente. Luego hay algo necesario. Si hay algo es porque existe lo necesario. Las causas de lo necesario no pueden ser infinitas. El ser necesario por sí, causa de todos los seres que le deben su necesidad no puede ser otro que Dios.

La cuarta vía pasa por los grados jerárquicos de perfección que se observan en los seres. Hay diversos grados de perfección. Pero el más y el menos siempre suponen un término de comparación que es lo absoluto. Hay un ser perfecto en sí que es causa de todos los demás seres y al que llamamos Dios.

La quinta vía se funda en el orden de las cosas. Todas las cosas tienen una teleología, un fin. Su movimiento está ordenado a conseguir algo. Esto indica que hay un orden del mundo. Este orden implica una inteligencia ordenadora de la finalidad de las cosas que llamamos Dios.

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