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WORKING PAPERS
siente por otro individuo” (p. 90). El rasgo esencial de la vinculación afectiva es la tendencia de dos personas a permanecer en mutua proximidad. Esta tendencia es la causa del establecimiento de vínculos afectivos o apegos, al principio entre el niño y el progenitor, y más tarde entre adultos (que es donde se sitúa nuestra investigación). En la dinámica relacional presente en las vinculaciones de apego de individuos adultos, es importante destacar que “para la mayoría de los adultos de edad media, las relaciones son la llave más importante del bienestar (Markus et al., 2004), y pueden ser una fuente importante de salud y satisfacción (Lachman, 2004)” (citado en Papalia et al., 2012, p. 523). El estudio realizado por Carmona et al. (2009) define algunos conceptos en relación con la transición del nido vacío, y los estilos vinculares y de apego. Primero hay que considerar el contexto cultural en el cual se elabora el nido vacío. También es importante el tipo de unión matrimonial y la realidad socioeconómica. En el caso particular del apego, se “evidencian características propias de las conductas de apego, como la base segura, la búsqueda de proximidad, el refugio seguro y la ansiedad ante la separación, frente a la relación de las madres con sus hijos cuando estos abandonan el hogar” (p. 14).
Bowlby (1979, citado por Carmona et al., 2009) fundamentó su estudio en la Etología (estudio del comportamiento de los animales en sus medios naturales), buscando demostrar la maduración de los cambios continuos que se pueden transformar por los aprendizajes individuales. Este autor (1993, citado en Carmona et al., 2009) define la conducta de apego como:
“cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con respecto a otro individuo diferenciado, y preferido. En tanto la figura de apego permanezca accesible y responda, la conducta puede consistir en una mera verificación visual o auditiva del lugar en que se halla y en el intercambio ocasional de miradas y saludos” (p. 3).
Bowlby (1979) define la existencia de cuatro conductas inmersas en los vínculos de apego: búsqueda de proximidad, ansiedad por separación,
refugio seguro, y base segura (citado en Carmona et al., 2009, p. 3). Sobre la teoría de apego, afirma que:
“Muchas de las emociones humanas más intensas y significativas tienen sus raíces en el fenómeno del apego y están ligadas a sucesos vinculares importantes para el apego, como la separación del niño respecto del cuidador o la reunión con este. Bowlby creía que la mayoría de las emociones son activadas o suscitadas por experiencias interpersonales concretas con figuras afectivamente relevantes” (Sassenfeld, 2012, p. 1).
En sus estudios de niños y madres, Ainsworth (1963, citado en Carmona et al., 2009) encontró diferencias en la calidad de la relación y su influencia sobre la formación del apego, bajo situaciones de alto estrés.
“El apego es descrito por Ainsworth como un lazo afectivo que se forma entre el individuo y la figura materna, a partir de las diferencias que encontró en el comportamiento de los individuos frente a la situación planteada en el experimento” (Carmona et al., 2009, p. 4).
Ainsworth, Blehar, Waters & Wall (1978) realizaron un experimento reseñado en la literatura como la situación del extraño, procedimiento que implicaba una serie de eventos que involucraban a la madre del niño y a un extraño, y en el que hay dos momentos importantes: la madre deja al niño solo con el extraño, y después de un tiempo regresa. Los observadores pusieron especial interés en reconocer la conducta del niño ante el regreso de la madre, registrando varios patrones de comportamiento, según señala Carver et al. (2014):
- Apego seguro: se observa una respuesta de angustia normal del niño cuando la madre parte, y de felicidad y entusiasmo cuando la madre regresa. Agrega Ainsworth en su observación que, desde la perspectiva de la madre hacia el hijo, hay una respuesta rápida al llanto del bebé, junto con correspondencia a sus sonrisas. Por lo tanto, alude a un comportamiento sincronizado madre-hijo. Se puede afirmar que existe seguridad en el apego, agrado con la cercanía y con la interdependencia. Existe confianza y
búsqueda de apoyo. En consecuencia, la persona con apego seguro es capaz de establecer relaciones interpersonales satisfactorias; en momentos de dificultad y frente a reacciones de enojo tienen la capacidad de control sobre sus emociones, y buscan las posibles soluciones a la situación. Se presenta poca ansiedad y no hay presencia de evitación.
- Apego inseguro ambivalente: se observa en el niño una respuesta de inquietud, mostrando un estado alterado cuando la madre lo deja. Al regreso de la madre, el niño responde con intentos de acercamiento, mezclados con rechazo y enojo. El niño busca el contacto con la madre, pero se resiste con enojo ante el esfuerzo de la madre de consolarlo. El actuar de las madres con este tipo de apego hacia los hijos es más bien cambiante: en algunas situaciones responden, y en otras no.
Las emociones más frecuentes de estos individuos en un contexto extraño son la angustia exacerbada ante las separaciones del cuidador, y la dificultad para lograr la serenidad cuando este regresa. La ansiedad es una emoción característica de este estilo de apego. También se busca la cercanía, presentando gran preocupación al pensar que puede ser rechazado. Por ello, tiene dificultades para establecer relaciones (Fonagy, 2004, citado en Carmona et al., 2009).
- Apego inseguro evitativo: el patrón observado acá es de evasión. En este caso, el niño permanece calmado cuando la madre lo deja, y la ignora a su regreso. Supone, según los investigadores, que el niño espera ser abandonado, y de esa manera expresa su represalia por ello. En el caso de las madres frente a patrón evitativo del niño, se observa una conducta de distancia hacia su hijo, con cierto grado de indisponibilidad emocional. En ocasiones manifestaban un rechazo total.
Las emociones que aparecen en los individuos en un contexto extraño son la ausencia de angustia y de enojo ante las separaciones del cuidador, y la indiferencia cuando este vuelve. Prevalecen el distanciamiento y la
evitación. Existe ausencia de seguridad en este estilo de apego. Los individuos se sienten impulsados a no buscar ayuda de los demás y prefieren el distanciamiento emocional. Son fácilmente susceptibles al enojo, pero buscan encubrirlo negando el sentimiento a través de un comportamiento positivo. Sin embargo, hay certeza con respecto a cambios en el sistema nervioso, como la aceleración del ritmo cardiaco, entre otros (Botella, 2005, citado por Carmona et al., 2009).