7.5 Conclusion of the Implementation in an Information System
8.2.3 Working with Profiles
La captura de Guzmán fue catastrófica para el PCP-SL. El mito de la invulnerabilidad del PCP- SL quedó liquidado y la imagen de éxito que se había cultivado resultó mellada aun más gravemente por las circunstancias en las que se produjo la captura. No se debe perder de vista que la DINCOTE había intervenido ya dos viviendas donde Guzmán había vivido durante algún tiempo y había encontrado múltiples evidencias de su estadía. Nadie imaginaba, además, que el temible «presidente Gonzalo» viviera sin un fuerte resguardo armado. En el operativo que culminó con su captura, la DINCOTE se sorprendió de no encontrar ninguna resistencia.81
La caída de quien los senderistas denominaban «presidente Gonzalo» agudizó los conflictos políticos internos del PCP-SL y desencadenó enfrentamientos públicos entre los representantes más conocidos del senderismo en Europa, conflictos vigentes en el momento en que se escribe el presente texto.
Capturado Guzmán, fue presentado a la prensa mundial el 24 de septiembre encerrado en una jaula y vestido con un traje a rayas. Desde allí, lanzó un mensaje a la militancia senderista a la que llamó a proseguir la guerra revolucionaria de acuerdo con lo previsto:
[…] seguiremos aplicando el IV Plan de Desarrollo Estratégico de la Guerra Popular para Conquistar el Poder, seguiremos desarrollando el VI Plan Militar para Construir la Conquista del Poder.
Corresponde formar el Frente Popular de Liberación, corresponde formar y desarrollar a partir del Ejército Guerrillero Popular, un Ejército Popular de Liberación ¡eso es lo que corresponde! ¡y eso haremos nosotros!
Es relevante considerar que en el momento de la captura de Guzmán, habían pasado poco más de cuatro años desde la adopción del «pensamiento Gonzalo» como ortodoxia doctrinaria del PCP-SL. Esa circunstancia hizo más fuertes las consecuencias del arresto del líder senderista, pues para el PCP-SL era indispensable remitirse a una ortodoxia que permitiera distinguir la «línea correcta», proletaria, de la «línea incorrecta», burguesa, y así «separar el grano de la
81 Según las declaraciones de Guzmán en la base naval del Callao, sí existía tal fuerza de seguridad. La falla radicó en que era necesario llamarla por telefóno para que actuara, lo que no pudieron hacer al ser tomados por sorpresa.
paja». Desde el I Congreso de 1988-1989 esa ortodoxia era, oficialmente, el «pensamiento Gonzalo». Así, la captura de Guzmán privó al PCP-SL del guía ideológico que consideraban infalible y lo dejó condenado a remitirse, como fuente de ortodoxia, a un «pensamiento» cuyo creador estaba en cautiverio y aislado. Pero el golpe definitivo vino con la decisión de Guzmán de solicitar al gobierno del presidente Fujimori, apenas un año después de su captura, abrir negociaciones de paz.
La nueva dirección del PCP-SL en actividad no cambió sus métodos de acción, pero sus acciones terroristas perdieron efectividad. Para lograr los resultados de antes requería practicar una violencia y un autoritarismo más intensos. Ello profundizó el aislamiento del PCP-SL y lo obligó a confinarse en las zonas más alejadas de los centros de poder. Adicionalmente, al prodigarse en acciones terroristas favoreció la unificación de la población que, en lugar de sentirse paralizada, se movilizó en contra del terrorismo. Asimismo, se impulsó la deserción de los militantes menos firmes. Todos estos resultados se produjeron durante los años siguientes. Adicionalmente, como se ha señalado ya, la llamada ley de arrepentimiento golpeó el aparato partidario senderista y favoreció la deserción de muchos militantes.
El cambio de estrategia de Guzmán, quien renunciaba a continuar la guerra en las nuevas condiciones dadas y llamaba a luchar por la firma de un acuerdo de paz, tomó por sorpresa a la dirección partidaria. Apenas dos meses antes de que su viraje se hiciera público, los miembros del Comité Central del PCP-SL en libertad habían emitido un pronunciamiento en que reafirmaban su «sujeción plena, consciente, voluntaria e incondicional a su justa, correcta y magistral dirección y empuña firmemente su llamamiento hecho en su glorioso, histórico y trascendental Discurso del 24-IX-92» (PCP-SL 1993b). Se reafirmaban, asimismo, «en el III Pleno del CC dirigido personalmente por el Presidente Gonzalo cuya victoriosa aplicación muestra su carácter de glorioso, histórico y trascendental; de segundo Hito en importancia, después del Congreso» (PCP-SL 1993b).
Las decisiones de la dirección senderista en libertad de proseguir impulsando la expansión de la guerra popular eran simplemente el cumplimiento de las instrucciones impartidas por el «presidente Gonzalo» desde «la jaula». De allí que decidieran:
Desarrollar la segunda campaña de Construir la Conquista del Poder bajo la consigna «En Defensa de la Jefatura, contra la dictadura genocida!» que se sustenta en la plasmación exitosa de la I Campaña, éxito por el cual saludamos al pueblo peruano, a los combatientes del Ejército Popular de Liberación y a toda la militancia que armados con el poderoso pensamiento Gonzalo la han aplicado contra viento y marea. (PCP-SL 1993b)
La dirección senderista en libertad no tenía cómo saber que esta posición, hecha pública ante el mundo, no expresaba lo que pensaba realmente el «presidente Gonzalo». Cuando Guzmán lanzó la arenga a sus bases desde «la jaula» llamándolas a continuar desarrollando la guerra popular ya había cambiado completamente esa posición por una nueva línea que negaba todo lo que había sostenido anteriormente, tal como se desprende de testimonio de Elena Iparraguirre:
La presentación pública en DINCOTE apuntó a mantener la acción, la moral debía ser elevada y conjurarse la dispersión. En la Isla San Lorenzo, ya en custodia de la Marina de Guerra del Perú y separados [con Elena Iparraguirre], desde su celda el 20 de octubre de 1992 el Presidente Gonzalo llamó a las autoridades a conversar para llegar a una solución. (PCP-SL 2003)
Según el documento citado, a sólo un mes de su detención Guzmán pidió al gobierno negociar la terminación de la guerra y sostener conversaciones para la firma de un «acuerdo de paz». Los militantes de su organización, ignorantes de lo que se proponía hacer su máximo dirigente, caracterizaron su llamado a continuar con la guerra como «un grandioso triunfo político, militar y moral del Partido y la Revolución, asestando un contundente golpe al imperialismo yanqui y a la dictadura genocida-vendepatria de Fujimori» (PCP-SL 1993b). Durante los años siguientes, mientras Guzmán desarrollaba conversaciones con el gobierno para tratar de concretar el acuerdo a través de Vladimiro Montesinos, nombrado «interlocutor
académico» para tales efectos, la retórica de la dirección senderista en libertad hablaría de gloriosos triunfos de la guerra popular y del indetenible ascenso de la revolución peruana, en el mismo momento en que la organización creada por Abimael Guzmán entraba en su fase de declinación total.
2.1.5.1. Los días del desconcierto
El inverosímil viraje de Abimael Guzmán puso a prueba la fe de sus militantes por la forma como su líder desdecía desde el cautiverio todo lo que había sostenido hasta entonces. En el documento «Comenzamos a derrumbar los muros y a desplegar la aurora», del 28 de marzo de 1980, Guzmán había escrito: «Aquellos a quienes dijimos ponerse de pie, levantarse en armas, sembrando en su voluntad, responden: estamos prestos, guíennos, organícennos, ¡actuemos!, y cada vez requerirán más. O nosotros cumplimos lo que prometimos o seremos hazmerreír, fementidos, traidores. Y eso no somos nosotros» (énfasis añadido). En la ya citada «Entrevista del siglo», de julio de 1988, Guzmán rechazaba cualquier posibilidad de negociación en las circunstancias existentes en el Perú:
[…] en las reuniones diplomáticas sólo se firma en la mesa lo que está refrendado en el campo de batalla, porque nadie entrega lo que no ha perdido obviamente, eso se entiende. Bien, uno se preguntaría ¿ha llegado ese momento en el Perú? No ha llegado ese momento, entonces ¿qué razón tiene plantear el diálogo?, el diálogo apunta simplemente a frenar, a socavar la guerra popular, a eso apunta, a nada más, insisto [...] ésa es nuestra condición: la rendición cabal, completa y absoluta [del estado] ¿están dispuestos a eso? Lo que están tramando es nuestra destrucción, así que el diálogo es una demagogia barata.(Enfasis añadido) (Guzmán 1988) Los aparatos de propaganda senderista intentaron minimizar la magnitud del golpe recibido proclamando «¡El pensamiento Gonzalo está libre!». En apariencia, se trataba simplemente de poner en práctica las órdenes que dio Guzmán desde la jaula. A ese mandato se aferraron los organismos senderistas hasta que apareció Guzmán en la televisión solicitando al Gobierno iniciar conversaciones para poner término a la guerra. En octubre de 1993, el impacto de este hecho fue enorme y sembró la confusión entre los militantes senderistas.
El desbaratamiento de la dirección nacional y el consiguiente desplome del PCP-SL fue posible por gruesos errores de la organización terrorista. El primero, ya señalado, fue la proclamación del «equilibrio estratégico» – lo que implicaba una paridad de fuerzas con el Estado – cuando la realidad era muy distinta. El segundo elemento fue el crecimiento de la organización, con el consiguiente incremento del riesgo de que hubiera infiltrados, lo que efectivamente sucedió. En tercer lugar, cabe mencionar la decisión de enviar al terreno militar a los aparatos partidarios y de apoyo, lo cual hizo factible las detenciones de algunos dirigentes y la incautación de documentos con información valiosa para los órganos de seguridad del Estado desde mediados de 1990. De hecho, la captura de la grabación de video sobre la clausura del I Congreso del PCP-SL no sólo permitió identificar a los miembros del Comité Central que hasta entonces eran desconocidos, sino que también aportó imágenes actualizadas de los dirigentes cuya identidad era conocida, incluyendo a Abimael Guzmán. Por último, la ya mencionada escena del baile del máximo jefe fue muy útil, también, para las campañas psicosociales desarrolladas por el Gobierno como parte de la estrategia contrasubversiva.
Pero se debe destacar que la captura de Abimael Guzmán no solamente fue resultado de los errores del PCP-SL. Coincidió con un cambio significativo en la estrategia contrasubversiva desarrollada por la DINCOTE y, particularmente, con el exitoso trabajo de inteligencia operativa del GEIN, que en lugar de concentrarse en mostrar pequeños logros mediante la exhibición de detenidos ante las cámaras de televisión, optó por hacer un seguimiento paciente de los senderistas identificados con la intención de llegar al corazón de la dirección. En este trabajo del GEIN tuvieron un papel destacado los comandantes Marco Miyashiro y Benedicto Jiménez. El general Antonio Ketín Vidal facilitó el trabajo del equipo alentándolo y dándole los medios para desarrollar sus actividades con los resultados conocidos. Los hechos del 12 de septiembre de 1992 fueron la culminación de esta reorientación de la lucha contrasubversiva (no
obstante, según Abimael Guzmán, su captura no fue tanto un resultado del trabajo policial de inteligencia cuanto de una delación del director de la academia César Vallejo —es decir, Luis Arana Franco, Manuel—, de cuyos recursos económicos, como se ha señalado ya, dependía el sostenimiento de la dirección partidaria).
2.1.5.2. «Pensamiento Gonzalo» sin «presidente Gonzalo»
La caída de Abimael Guzmán dejó al PCP-SL privado del gran dirimente en las polémicas político-ideológicas. «Es a través de una persistente, firme y sagaz lucha de dos líneas, defendiendo la línea proletaria y derrotando líneas contrarias, como se ha forjado el “pensamiento Gonzalo”», afirma un texto partidario anteriormente citado. La convicción de estar armado de un pensamiento invencible garantizaba al PCP-SL la absoluta unidad de mando y constituía un poderoso seguro contra eventuales escisiones: las únicas opciones para los disidentes eran la autocrítica extrema o la desaparición. La opinión de Óscar Ramírez Durand, Feliciano, al respecto es muy dura: «Guzmán […] impuso dentro de Sendero una dictadura totalitaria y el llamado “pensamiento único de Gonzalo”, que no admitía ninguna crítica, so pena de sufrir, quien lo hiciera, sanciones muy severas e incluso la muerte si uno se apartaba de la organización. Así, sólo él podía ser el “teórico” (dar la línea) y los demás tenían que “aplicarla”» (Ramírez Durand 2003).
Guzmán sobrestimaba su capacidad de convencimiento. El viraje que exigía a sus militantes al plantear la tesis del acuerdo de paz era demasiado grande para ser aceptada unánimemente. Es muy probable que esta falta de objetividad para juzgar la situación haya sido inducida en él por el culto a su propia persona que previamente había promovido con éxito en la organización, culto que terminó por hacerle creer que su palabra tenía un poder casi demiúrgico.
Aunque al caer Guzmán cayó casi simultáneamente una porción considerable de la dirección política del PCP-SL, el aparato militar de la organización quedó hasta cierto punto indemne. Con anterioridad, la DINCOTE había conseguido la desarticulación de El Diario, la Asociación de Abogados Democráticos y Socorro Popular, «órganos generados por el Partido». La desintegración de este último fue un golpe decisivo para Guzmán, quien, como se ha visto ya, daba a este aparato mayor importancia que al Comité Metropolitano de Lima en sus manejos políticos en la capital.
En mayo de 1992 fueron muertos en el centro penal de Canto Grande, como ya se ha señalado, Yovanka Pardavé, Tito Valle Travesaño y Deodato Juárez Cruzatt. Guzmán comentaría después al general Antonio Ketín Vidal que en esa acción habían matado a sus «mejores hijos», refiriéndose a los dos últimos. Con Guzmán fue capturada Elena Iparraguirre, Miriam, integrante del Comité Permanente junto con el propio Guzmán y Óscar Ramírez Durand, Feliciano. Fue detenida también Laura Zambrano. Ramírez Durand afirma que su incoporación en el Comité Permanente, como sustituto de la fallecida Augusta La Torre, esposa de Guzmán, fue puramente formal puesto que, estando él en el campo, no podía asistir a las reuniones para tomar decisiones. Así, el Comité Permanente, máxima instancia de dirección del PCP-SL, era conducido únicamente por Abimael Guzmán y su compañera, Miriam.
Poco después de la captura de Guzmán, cayó Martha Huatay, la encargada de reorganizar la dirección senderista. También fueron capturados los responsables del Comité Zonal Sur (Arequipa) y del Comité Regional Norte.
Durante los meses que siguieron, el PCP-SL trató de demostrar que el golpe no había sido muy importante desplegando sangrientas ofensivas en el interior del país, pero no pudo realizar la anunciada gran ofensiva con motivo del V Centenario del Encuentro de Dos Mundos. La captura de Abimael Guzmán y de una parte significativa de la dirección senderista fue acompañada de la confiscación de varias computadoras y abundante material partidario. Así, el PCP-SL tuvo que reorganizarse urgentemente para evitar daños mayores. Óscar Ramírez Durand reorganizó su dirección con los cuadros que permanecían en libertad. Pero en los años siguientes el PCP-SL siguió recibiendo duros golpes y sus acciones disminuyeron notoriamente
a pesar de que todavía quedan dos reductos senderistas, uno en el Alto Huallaga y otro en el valle del río Ene. Feliciano fue capturado en 1999 y Artemio, jefe en el Huallaga, se plegó a la tesis del acuerdo de paz. El equilibrio estratégico había sido sólo una ilusión: «ya la línea política de Guzmán —afirma Feliciano— había llevado al PCP-SL a un callejón sin salida. Eso es lo que ni él ni sus ayayeros quieren reconocer, que su propia política sectaria y ultraizquierdista llevaron a la captura de sus dirigentes y al fracaso de su proyecto» (Ramírez Durand 2003).
2.1.5.3. Guzmán, Montesinos y el «acuerdo de paz»
Las cartas que Abimael Guzmán dirigió al presidente Fujimori para negociar un acuerdo de paz fueron manejadas de acuerdo con lasa conveniencias circunstanciales del Gobierno, que las aprovechó para asegurar su triunfo en el referéndum sobre la constitución elaborada después del golpe de Estado de abril de 1992. La primera carta, que Fujimori hizo pública en su alocución en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York el 1 de octubre de 1993, tuvo un fuerte impacto y pareció garantizar una aplastante victoria electoral. Pero la publicación de una segunda carta, el 8 de octubre, resultó contraproducente. En ella, Abimael Guzmán elogiaba abiertamente al régimen que lo había capturado, lo cual, lejos de estimular el apoyo al gobierno, generó dudas sobre si había razones ocultas tras este operativo. Hasta el diario Expreso, el más firme defensor del régimen, manifestó su malestar por la forma como se estaban manejando las negociaciones:
Guzmán accedió a poner en su carta algo que no es esencial al propósito declarado de la misma. No se necesita ser muy suspicaz para percatarse de que, colgado del objetivo principal, hay otro: consolidar la campaña por el «Sí». Guzmán termina legitimando, desde un esquema marxista
—
lo que es casi ridículo
—
, el golpe del 5 de abril. Evidentemente, Fujimori no necesita de la aprobación de Guzmán a esa decisión. Tampoco es necesaria la aprobación de Guzmán a la acción del Servicio de Inteligencia. Porque el pudor aconseja, también, reconocer que la autodefensa comunera y la resistencia de la población—
que al cabo decidieron la guerra—
ya se hallaban en marcha cuando Fujimori llegó al poder. (Expreso 1993)Abimael Guzmán debió expresar su reconocimiento no sólo al presidente Fujimori sino también a Vladimiro Montesinos para convertirse en un interlocutor reconocido. En un texto manuscrito redactado el 7 de febrero de 1993, en la Base Naval del Callao, Guzmán calificaba a Montesinos como «persona de versátiles inquietudes convergentes, mente aguda e inquisitiva urgida de resultados y buen manejo instrumental de su múltiple formación profesional como militar, abogado y sociólogo; que esto y su especial talento en cuestiones del poder aporten a la comprensión de la guerra popular, gesta indeleble de la historia peruana» (PCP-SL 2003). La carta de reconocimiento más importante fue firmada por él, Elena Iparraguirre, Laura Zambrano, Osmán Morote, Eduardo Cox, Martha Huatay, Víctor Zavala y otros el 3 de noviembre de 1993. Allí escribieron:
Por eso, doctor Montesinos, expresamos a Usted nuestro reconocimiento, a su amplitud de comprensión y sagaz capacidad, a su tesonero esfuerzo y dedicación, desde nuestra colina, a la causa de la consecución de la paz en cuyos avances le corresponde una decisiva actuación El Presidente Gonzalo como Jefatura, la camarada Miriam como dirigente, ambos integrantes de la Dirección Central del Partido Comunista del Perú, y los siguientes firmantes como militantes le decimos que garantizamos que el Partido siempre habrá de tener presente el papel fundamental que Usted ha cumplido y continúa desempeñando en la histórica, como compleja y difícil brega por la obtención de un Acuerdo de Paz y su cabal y completa aplicación en beneficio del pueblo, la nación y la sociedad peruanas. (PCP-SL 2003)82
Esta carta fue uno de los resultados de un operativo negociado entre Guzmán y el gobierno por el cual el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) hizo trasladar dirigentes senderistas del penal de Yanamayo a las instalaciones del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) (del 15 de
82 Esta carta, del 13 de septiembre de 1993, reitera el reconocimiento firmado por Guzmán y Elena Iparraguirre a Montesinos, a nombre del PCP-SL. Según Guzmán e Iparraguirre, este testimonio fue grabado y filmado por el SIN.
septiembre de 1993 hasta el 8 de enero de 1994) para que Guzmán los convenciera de la conveniencia de asumir la nueva línea que él proponía. Tuvo éxito en su cometido y, el 28 de octubre, el gobierno dio a conocer una carta suscrita por Osmán Morote, Martha Huatay, Rosa Angélica Salas y María Pantoja. En ella, respaldaban la iniciativa asumida por el «presidente