CHAPTER 4 Results and DiscussionResults and Discussion
4.3.8 World Language Immersion Programs
4.4.3.2 World Language Program Delivery
«(…) la venida de Cristo ocurrirá antes de la conversión del mundo, que él reinará con el propósito de convertirlo, que la iglesia está ahora en prueba (…)»[196]
El Reino que se inaugura con la Segunda Venida de Cristo es lo que hace auténticamente convertir al mundo no antes, sino a partir de:
«Sin embargo, el testimonio al mundo no implica la conversión del mundo (…). Ese testimonio ya se ha dado (…). El Testimonio al mundo es un objeto secundario.»[197]
Por lo que evidencia nuestro mundo, Dios realmente ni siquiera ha intentado la conversión del mundo, y por lo tanto su Palabra no ha sido enviada con tal misión.[198]
Hay una diferencia clara para Russell entre la salvación de unos escogidos: la simiente o pequeño rebaño, y la salvación del mundo:
«Hallamos en las Escrituras la enseñanza de otro escalón en el plan divino: una restitución para el mundo, la que se llevará a cabo por medio de la Iglesia elegida cuando esté completa y glorificada. El “pequeño rebaño” los vencedores de esta Edad Evangélica, tan sólo componen el cuerpo de “la simiente” en la que, o por medio de la cual, serán benditas todas las familias de la tierra (…)»
«(…) Cuando la compañía de los llamados (…) esté completa, entonces el plan de Dios para salvar al mundo apenas estará comenzando.»[199]
El significado de que Cristo ha muerto por todos no tiene para Russell el sentido evangélico que de forma natural posee dicha palabra. Ese «todos» no puede referirse a la actualidad presente, por cuanto no todos, según Russell, han tenido la oportunidad de conocer el plan de Dios. El conocimiento es la palabra clave para la salvación, no la expiación de Cristo.
«Pero tan cierto como Cristo murió por todos, todos alcanzarán las oportunidades y las bendiciones compradas con su preciosa sangre. Así es que en el Milenio, debemos esperar bendiciones sobre todos, tanto para los que descansan en sus tumbas, como para los que no han ido a ella (…)»
«Vemos, pues, que la salvación general que vendrá a todo ser humano consiste en proporcionar a cada cual luz de la verdadera fuente, y la oportunidad de escoger la vida.»
«Comoquiera que la gran mayoría de la raza se encuentra en la tumba, será necesario traerlos de ella para testificarles las buenasnuevas de un Salvador. Vemos también que la salvación especial, la cual ahora en esperanza gozan los creyentes (Rm. 8:24) y cuya realidad será revelada en la Edad Milenaria a todos los que creyeren en aquel día, es una completa liberación fuera de la esclavitud del pecado y de la corrupción de la muerte para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.»[200]
Russell supone que en la actualidad no hay suficientes oportunidades a la salvación, de ahí la necesidad del Milenio:
«¿En rescate por todos? ¿Entonces por qué no todos los incluidos en el número reciben el beneficio de la muerte de Cristo? ¿Por qué no han venido todos al conocimiento de la verdad para que pudieran creer? (…)
que lo confirme (…)»
«(…) todos serán “vivificados” en Cristo, pero cada cual “en su propio orden”, la Iglesia Evangélica, la Esposa o Cuerpo de Cristo, primero; luego, durante la Edad Milenaria, todos las que a Él vengan en el transcurso de esos mil años (…)»[201]
Jesucristo sólo podía redimir a una persona. A la única, según este pensar, que realmente pecó: Adán.
«En el plan adoptado por Dios sólo un Redentor se requiere, puesto que sólo uno pecó, y sólo sobre uno recayó la condena (los demás participaron de ella). Pero si la primera prueba hubiera sido individual, querría decir que si la mitad de la raza pecara y cada cual fuera individualmente acreedor a la pena, por cada uno de ellos se requeriría el sacrificio de un redentor. Una vida cuyo derecho no se había perdido, tan sólo podría redimir otra vida perdida, pero nada más que ésa. De ninguna otra manera que conforme al plan escogido por Dios, el hombre perfecto, “el hombre Cristo Jesús” podría darse en “rescate (como precio correspondiente) por todos”. Su vida redime la de Adam, y también todo lo que perdimos en éste.»[202]
En realidad, todo está centrado para Russell en la eliminación de los efectos producidos por el pecado de Adán. No es posible la victoria en Cristo Jesús sobre el poder del pecado.
El rescate de Jesucristo, si bien le libera a éste de la primera condena y de sus resultados, supone simplemente en colocar de nuevo a los pecadores en otra prueba que, de superarla o no, determinará si es o no digno de la vida eterna:
«El rescate dado, a nadie disculpa del pecado, ni tiene por objeto el reputar a los pecadores como santos abriéndoles campo para que logren disfrutar de una dicha eterna. Su radio de acción se limita a libertar al pecador que lo desee, fuera de la primera condena y de sus resultados directos o indirectos, colocándolo nuevamente en prueba para alcanzar la vida eterna; en esta prueba, por medio de la obediencia o desobediencia personal se determinará si el individuo es digno o no de gozar perpetuamente de la vida.»[203]