La respuesta a por qué los peores se pusieron a la cabeza en Argentina, no difiere mucho, de la dada por Hayek para el caso alemán. ¡La vigencia de un sistema
totalitario! Comparto, en este sentido, la opinión de Rodolfo Luque, quien señalaba
que la Argentina, desde mediados de la década del cuarenta, era ya una “aparente” república representativa federal, pero en la realidad un régimen corporativo fascista, un fascismo argentino, con todas las características de un sindicalismo militarizado.
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Sesenta años después, se puede agregar algo más: El espectáculo diario de bandas organizadas de piqueteros y grupos de violentos recuerdan peligrosamente, los trágicos “pogroms” nazis.
El fascismo argentino tuvo su origen y basamento en tres decretos presidenciales. Mediante los mismos: el 17 de diciembre de 1929, Hipólito Yrigoyen cierra la Caja de Conversión; el 8 y 10 de octubre de 1331; el gobierno provisional presidido por el General Uriburu instituye el control de cambios y, el 19 de enero de 1932, la misma dictadura Militar decreta el Impuesto de Emergencia a los Réditos.
El mismo Dr. Rodolfo Luque, quien fuera redactor en jefe de “La Prensa”, sitúa el comienzo de nuestro drama institucional, en el acuerdo de ministros del gobierno de facto al crear, en 1931, la “Comisión de Control de Cambios”.
Las fisuras al régimen de libertad económica —recalcaba Luque— se fueron
expandiendo con la vigencia del decreto firmado por el presidente Agustín P. Justo y
su Ministro de Hacienda Dr. Federico Pinedo, del 28 de noviembre de 1933. Por esta resolución, el control sobre los cambios deja de ser un simple instrumento coyuntural y comienza a abaratar los pagos al exterior a cargo del Tesoro, mediante el
establecimiento de un tipo de cambio más bajo para las compras que efectuaba el gobierno. Se estableció, además, el régimen de diferencias de cambio en beneficio del
Tesoro Nacional el que, a su vez, subsidiaba la producción agropecuaria.
Hoy, para no ser menos, se castigan las exportaciones agropecuarias con abultadas y discriminatorias retenciones y, al mismo tiempo, nuestros gobiernos reclaman por el daño que nos causan los subsidios en favor de los granjeros de la Unión Económica Europea y de los Estados Unidos de América.
Como hecho ya consumado, el sistema de control de cambios se presentó al Congreso a principios del año 1935, incluido dentro de los proyectos de creación del Banco Central de la República Argentina.
Instaurado el dirigismo mediante la regimentación del comercio exterior, no había marcha atrás. Cada vez más se abrían las oportunidades para que los perversos accedieran a (as altas funciones públicas. La gente decente prefiere no tener nada
que ver con esa clase de política. El control sobre los cambios nació —
144 divisas internacionales.
• El Banco Central, con la incorporación a sus funciones del sistema de control del
comercio exterior, encontró en su camino al totalitarismo, a dos poderosos aliados: Primero: el Régimen de Coparticipación Federal Impositiva, que incentivó el
movimiento migratorio del interior hacia el Gran Buenos Aires a partir de 1935, por el
empobrecimiento progresivo que se produjo en las provincias;
Segundo: el naciente peronismo, surgido después del golpe de Estado del 4 de junio
de 1943. Esta fue la cuna del Movimiento Nacional Justicialista, que selló la suerte de las divisas que se acumularon por las exportaciones en los años que duró la Segunda Guerra Mundial.
Estas divisas, que se calcularon en 1.800 millones de dólares, (equivalentes a casi 40 mil millones de dólares de hoy) se emplearon en consolidar el sistema totalitario e instituir la “pobreza generalizada”: ¡Gobierno rico y pueblo pobre! No se liberaron las importaciones ni se restableció la normalidad del comercio exterior. No se repusieron los bienes de capital y siguieron postergados los consumos a que tenía pleno derecho la ciudadanía al final de! conflicto bélico.
La vocación aislacionista, como política oficial argentina, que se expresó en la reciente Cumbre de Mar del Plata, no es obra original del actual presidente argentino, sus socios y subordinados. Consta en la exposición de motivos del Mensaje, del 17 de enero de 1935, que acompañó a los proyectos de creación del Banco Central: Se trataba de “adecuarse a un mundo que continuará presentando un cuadro de
economías cerradas con monedas autónomas”. “La institución especial, ubicada por arriba del mercado” iba a “trazar políticas propias, cuidando sus propios
intereses”.
El delirio autárquico, intelectual y económico tenía denominaciones muy claras en esa época. Era propio de nazis o fascistas, en boga en Alemania, Italia y España, en la década del 30.
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En 1946 Perón encontró preparado el armazón para apoderarse de los depósitos bancarios, las divisas y la existencia de oro en barras que le molestaban en sus paseos por los pasillos del Banco Central. Con estos elementos emprendió la loca aventura de las nacionalizaciones, la destrucción de los servicios públicos y el comienzo del desenfrenado proceso inflacionario.
Las estructuras creadas por la primera Carta Orgánica del Banco Central, para la vigilancia, tutela y control de la conducción de los bancos comerciales, permitieron
setenta años más tarde a Domingo Cavallo y a sus sucesores, tanto la confiscación de los depósitos, como el “corralito” y “corralón” incluidos.
Con el predominio del Movimiento Nacional Justicialista y los partidos que imitaron su doctrina en el resto del siglo XX y comienzos del XXI, Argentina quedó detenida en el clima legislativo e ideológico propio del período de la Gran Depresión.
CAPÍTULO 2
INFLACIÓN, CONTROL DE PRECIOS y Crimen Organizado La Argentina de Principios de los 2000
Milton Friedmann definió al Estado como la más perfecta organización criminal.
La presente inflación está encuadrada dentro de los perfiles que describe
Friedmann. Es el resultado de una acción criminal deliberada, con uso del lenguaje del hampa, y con nombre y apellido de los autores.
Cuando Machinea, hoy miembro de la burocracia dorada internacional, asumió como ministro de economía de De la Rúa en 1999, y aplicó de entrada el “impuestazo”, lo justificó con un “necesito plata”. ¿Qué hubiera dicho un ladrón? Exactamente lo mismo.
Cavallo no salió de la convertibilidad, tampoco devaluó, no defaulteó, ni pesificó. Creó nada más que el clima. Nadie se llamó a engaños. Sin el aval y apoyo de “Chacho" Álvarez, Alfonsin, Ruckauf, Duhalde, nunca Cavallo hubiera accedido al Ministerio de Economía de la Alianza. De esta única forma pudo poner al país al riesgo máximo. Hablar de la canasta de monedas, y convertir en local a gran parte de la deuda externa fueron medidas suficientes para provocar las conocidas corridas bancarias.
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sustentable la convertibilidad, como había proyectado López Murphy. Procedió al mejor estilo de los asaltantes quienes, pistola en mano, “hacen caja”. “Hacer caja” fue el fundamento textual del impuesto al cheque, la bancarización compulsiva y el “corralito”.
¿Con la experiencia de 70 años de inflación en la Argentina podía haber habido un político, en su sano juicio, que ignorara que ¡a salida de la convertibilidad conduciría irremediablemente a la inflación?
Sin embargo, el vice de De la Rúa, Carlos “Chacho” Alvarez se lamentaba que la convertibilidad “le ataba las manos”.
Duhalde perdió las elecciones porque quería salir del modelo. De la Rúa y su Alianza triunfaron porque “en mi gobierno”, “un dólar es un peso”. Con esa fórmula resultó invencible. Así como Alfonsín, en su momento, ganó sólo con recitar el Preám- bulo de la Constitución de 1853. Con eso fue invencible.
No hay nada más parecido que la conjura entre Duhalde, Alfonsín, Ruckauf, Moyano, Intendentes del conurbano, De Mendiguren—presidente de la Unión
Industrial—, para terminar con De la Rúa y su gobierno, a una asociación delictiva para el saqueo colectivo, en gran escala.
La salida de la convertibilidad, el default, la devaluación, la pesificación asimétrica, fueron acciones delincuenciales deliberadas.
Cuando Cristina de Kirchner califica de “padrino” a Duhalde, no niega que ella y su esposo, pertenecen a la misma organización. Al contrario, están contribuyendo con su denodado esfuerzo, al despojo de las dos terceras partes de lo que cobraban en tiempos de la convertibilidad, asalariados y jubilados.
Dólar alto, equivale a “5,5 millones de personas que pasan hambre y 15,6 millones que son pobres.
Padrino y Ahijado emplearon al mismo encargado de caja, llamado Ministro de Economía: “el Dr. Lavagna”.
El “corralito”, el “corralón”, la salida de la convertibilidad, tuvieron efectos terroríficos similares, a los ataques a las “torres gemelas de Nueva York”, las bombas en Atocha y Londres.
Aun está pendiente el cálculo de muertos, en especial, entre personas de edad avanzada al verse despojadas de los ahorros de toda la vida.
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Tampoco se sabe el número de víctimas por el auge de la delincuencia común que no tardó mucho en imitar a los políticos. No es extraño que exijan el mismo grado de impunidad que se les otorga a los políticos saqueadores.
Inflación es hoy un eufemismo que encubre la trágica y salvaje lucha entre los distintos sectores sociales.
Personal para-médico en guerra con los enfermos internados en los hospitales, sin distinguir a niños, adultos y ancianos.
Empleados y obreros ferroviarios de subterráneos, o personal aeronáutico que dejan impunemente varados a decenas de miles de pasajeros a mitad de camino o en
estaciones o aeropuertos, sin prestar el debido servicio.
Propietarios e inquilinos volvieron a las hostilidades, después más de una década de paz.
La intervención del Estado en materia de “acuerdo de precios” más' se parece, hoy, a un “ajuste de cuentas” entre miembros del hampa, que a las clásicas discusiones sobre “control de precios”.
Lavagna como ministro usó el lenguaje carcelario, atribuyendo a los empresarios “doble discurso”, y les recordó, a modo de “pase de facturas”, “la alianza estratégica en pos de un tipo de cambio que favoreciera la producción nacional”, a los que se quejan, hoy, de los controles de precios.
CAPITULO 3