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La incorporación de las jóvenes a la vida universitaria es una dura prueba a la madurez adquirida en esa importante etapa de su socialización. Es el momento de refrendar la personalidad construida hasta ese momento, o la posibilidad de redefinir sus formas de pensar así como su conducta. Se trata de un momento en el cual hombres y mujeres han de demostrar a su sociedad que tienen el aplomo para triunfar en ese prestigiado espacio social al que no todos los miembros de la sociedad tienen acceso.

De acuerdo con De Garay (2004) cuando afirma que la experiencia universitaria exalta la complejidad de los retos que enfrentan los jóvenes, se trata de individuos que han alcanzado su mayoría de edad y están obligados a demostrar que han superado su condición de adolescentes. Se tienen derechos, pero sobre todo, se tienen obligaciones que se han de cumplir en toda su cabalidad. Desde luego se trata de una situación donde se hace más evidente la desigualdad social ya que los estudiantes llegan con habilidades y experiencias de vida que los pueden colocar en condiciones de desventaja en el ambiente universitario.

En ese momento se encuentra el resultado de todas las prácticas generadas en las etapas tempranas de las jóvenes, las cuales marcan y definen el futuro como mujeres. Si se pensara en las intenciones de los padres se puede llegar a considerar que a ellos sólo interesa el que sus hijas cumplan todos los requisitos que implica cursar una carrera profesional. Alcanzar el éxito anhelado tanto por los estudiantes como por las familias de las cuales provienen. En ese ámbito se refleja cómo las propias expectativas y necesidades de una familia se convierten mecánicamente en uno de los elementos que someten a presión la persona de los jóvenes universitarios. Lo cual significa al incorporarse a una licenciatura en concreto, no se espera de ellos duda alguna, la libertad de experimentar en tal o cual disciplina, sino adquiere relevancia la puntualidad de alcanzar el éxito, que en primer instancia se ha de traducir, solo y sí, se terminan esa etapa de estudios superiores.

El desconocimiento de la carrera enfrenta a los jóvenes universitarios con dilemas que presionan su desempeño. En este sentido Nayely indica que:

Entrar a estadística al principio creo que sí era muy difícil, no entendía mucho, pero pues ni modo, yo tenía que aguantar. Alguien me había dicho que era muy difícil, que ¿cómo iba yo podía salir adelante? Bueno…también porqué en general es difícil. Al principio iba yo baja y creí que no iba a poder. Al principio como te digo me fui a extraordinario y a título y eso… me pasó una o dos veces, bueno cero que fueron dos… Reprobaba y bueno al final lo pasaba pero sí me costaba muchísimo al principio, más bien bastante… creo en general que la carrera es difícil y no por el hecho de que yo sea mujer, sino por las materias que llevaba. (Nayely, 23 años, Estadística)

Este testimonio revela cómo los estudiantes que dudan sobre la pertinencia de su elección deben de reformularse las estrategias para adaptarse a la carrera a la que están inscritos. Y definitivamente, los criterios burocráticos en todas las universidades públicas, son inflexibles para los jóvenes que son víctimas no solo de esa incapacidad institucional para resolver el dilema que enfrentan esos jóvenes, sino del mismo tiempo que se suman a las presiones que la vida universitaria les impone a esos jóvenes/adultos.

Un aspecto importante a observar, es que los modos culturales de trato a la mujer, aún en estos niveles superiores continúan mostrando que la mujer ocupa un lugar secundario, pero no sólo en el ttrato con los hombres, sino en la jerarquía con respecto a las demás mujeres. Pues como parte del desarrollo disciplinar y las prácticas que son necesarias en la estructuración de conocimientos, las prácticas del servicio social proponen una experiencia positiva para ellas, más sin embargo es necesario conocer un testimonio de Bonisú, quien reconoce que:

tiene que ver tu iniciativa, que tú llegues y si no te presentas te ignoran totalmente, te tienes que presentar, yo soy Bonisú, soy estudiante de la facultad, y en lo que yo le pueda ayudar, así todo, como su chachita, tienes que tener mucha iniciativa, ¿qué hago? sino, no te hacen caso, una que otra si, son un poco groseras pero a mí no me ha ido tan mal. (Bonisú, 22 años, Enfermería)

Las experiencias vividas por alumnas como Bonisú, son determinantes en la construcción de su identidad profesional y personal, ya que a pesar de darse cuenta del trato que reciben lo aceptan de manera más o menos natural. En este mismo diálogo sostenido con esta estudiante, manifiesta también que:

tengo compañeras que salen llorando, algunas enfermeras o los médicos son groseros hacen que todo te salga mal, porque de hecho si hay algunas que son muy groseras, ellas hacen que todo te salga mal. Una se salió del área de cirugía porque la enfermera la hizo llorar, le

dijo: tú no sirves para nada y la chava se salió llorando. Hay algunas enfermeras que son como crueles. Y los doctores… pues aunque nosotros tenemos la visión de que somos un equipo, ellos todavía tienen su mentalidad muy cerrada, hay unos que son muy amables porque a pesar de que son médicos, hay cosas que no pueden hacer, tal vez más sencillas por así decirlo y nosotros los apoyamos, pero son como que más… de hecho ellos no están ni en el servicio, sólo pasan al turno y nosotros somos las que estamos todo el día con los pacientes, o sea que no hay mucha interacción, pero la poca que hay no es a veces muy agradable. (Bonisú, 22 años, Enfermería)

Este ejemplo es muestra de que los cambios culturales van generándose muy lentamente y que a pesar de encontrar a una mujer de una trayectoria escolar exitosa, de haber superado obstáculos culturales para acceder a la universidad, continúa en gran parte viviendo las formas tradicionales de pensamiento.

4.7. ¿Violencia de género en instituciones de educación superior?

La violencia en contra de las mujeres está acendrada en el propio espíritu de la sociedad democrático-liberal, a pesar que, contradictoriamente, enarbola la bandera de la Ilustración: Libertad, igualdad, justicia y solidaridad. De hecho la organización estructural de la sociedad contemporánea definida a partir de la separación entre los espacios sociales, público y privado, la asignación cultural de cada uno de ellos a las partes biológicas de una sociedad que proyectaba el deber ser colectivo a partir de relaciones heterosexuales, concedía el espacio público a los hombres y el privado a las mujeres. Unos dedicados al trabajo remunerado, las mujeres al trabajo doméstico, por lo tanto, no remunerado.

En general, la consolidación de la figura del ciudadano se fue impulsando como objetivo fundamental del Estado de Derecho, sin embargo, ese carácter jurídico y sociocultural se le concedía a la figura masculina, no a la mujer que al quedar confinada al espacio privado comprobó que su cuerpo constituía el objeto fundamental de la violencia social. Una violencia patriarcal que anteponía al cuerpo masculino como referente del poder y al cuerpo femenino como el objeto que se somete ante éste.

En el sentido de reconocer al espacio universitario como un espacio social donde, como en cualquier otro, se ejercen cuando menos todos los tipos de violencia simbólica, interesa destacar aquella con la relacionada estrictamente con los géneros, y por tanto, aquellas derivadas de la posición de poder de una de las partes y el sometimiento de la otra. Normalmente, es el caso de universitarias quienes están expuestas a un ambiente donde son presas de las frustraciones sexuales de los varones que las rodean.

En esa lógica corre el siguiente testimonio:

Mi novio al que quiero mucho se pone muy celoso porque paso mucho tiempo con el profesor con quien hago el servicio social. Me han llegado muchos chismes donde sugieren que yo tengo algo que ver con mi profesor, al grado que al platicarlo con él dice que es por envidia… o el hecho de hablar por hablar… que si yo me siento bien trabajando con él que sigamos adelante con el trabajo o que si quiero distanciarme un poco, que haga como yo lo crea conveniente. Lo peor de todo es que mi novio se pone bien loco porque ahorita paso más tiempo con mi maestro que con él. Siempre me reclama: ¡cómo es posible que con el maestro pases más tiempo que conmigo! A mí se me hace que son otras razones que ustedes tienen. Entonces también va enfocado a ello, es que,… tal vez no puedan entender que haya una amistad entre una … muchacha y un señor ya grande… (Maricruz, 21 años, Lengua y Literatura Hispánicas)

Como se puede observar la violencia en contra de la conducta de esta alumna proviene hasta de sus mismas compañeras, quienes a través de chismes agreden la integridad moral de esta joven universitaria. El pretexto de esa intromisión es, en todo caso, la sospecha de una relación cuando menos sexual entre ella y su profesor, al grado que el novio, presa de celotipia, aprovecha los rumores para expresar sus frustraciones.

Esta imagen no solo comprueba formas de ejercicio de una violencia simbólica que se entromete en la vida privada de las personas, sino que recurren al morbo que les permite generar rumores respecto de la integridad moral de algún miembro de la comunidad universitaria.

Retomando esta problemática se muestra el siguiente testimonio:

Hay maestros que son parejos con todos seas hombre o seas mujer, te respetan mientras tú los respetes y todo. Pero hay otros que, por ejemplo, a mi me toco uno que si venias con escote se te acercaba y te veía, ¡bien rabo verde!, porque ya está bien grande, pero así… como que te coqueteaba. Pero si tú le coqueteabas ya tenias el 10. Y muchas de las alumnas así como que trataban de llamar su atención ¡hay maestro que esto y que lo otro!, porque sabían que así conseguías tu calificación. Otros maestros te agreden imponiéndote su

superioridad, así como que ¡tú no sabes! como que te ignoraban… (Bonisú, 22 años, Enfermería)

Aquí se observa una práctica que corresponde con mucho a sociedades tradicionales donde los varones tienen la necesidad de expresar su pobre concepto de masculinidad, este tipo de varones cree que son más hombres presentándose como “Donjuanes” a los que no les importa la imagen institucional del espacio social en el que se desenvuelven. Así que al manifestar “su masculinidad” agreden la persona de las que son objeto de un deseo que les exige ser público, de una conducta que espera ser calificada por los demás no a partir de su calidad profesional o ética personal, sino de una presunta “hombría”. Esa necesidad de reconocimiento de algunos varones (profesores, funcionarios, trabajadores, estudiantes) es los que los conduce a adoptar actitudes lesivas a la integridad emocional de otras personal, normalmente mujeres, sobre todo si son trabajadoras o estudiantes. Situación que parece reproducirse con la dispensa de las instituciones de educación superior.

Desde luego no se trata de una situación generalizado lo que no hace de ello un suceso menos vergonzoso que si lo fuera. De hecho, así como existen compañeras trabajadoras o alumnas que no saben cómo responder ante tal situación, existen muchas jóvenes conscientes del espacio en el que se encuentran y conscientes, sobre todo, del derecho que las asiste no solo por ser mujeres, sino por ser simplemente miembros de la comunidad universitaria. Como se observa en el siguiente testimonio: Bueno yo no, aunque hay rumores de que a una compañera el maestro le dijo que fuera a su cubículo y no sé qué pasó. Pero creo que no debemos caer en eso. Sí a mí me hubiera pasado, no sé que hubiera hecho, sólo sé que eso no se vale. Yo creo que no debemos permitir si es que eso pasa ¿no? Al menos conmigo las veces que les he reclamado, no me han dicho nada o insinuado nada.

Lucía de 21 años, refiriéndose a los maestros, explica: Hay uno, jajaja, pero hay un dicho que dice “el hombre llega hasta donde la mujer quiere”. Y ya todos saben quién es… pero muchas niñas lo aprovechan para salir bien en esa materia. Y no es tanto que les diga, es la forma como las trata, se les acerca mucho se les queda viendo mucho, pero también le digo, hay muchas niñas que aprovechan eso para salir bien en la materia.

En estos testimonios se percibe cómo el peso de la sexualidad tiene que ver con la conducta de algunos varones, sin importar la posición que tienen dentro de las jerarquías universitarias. A diferencia de lo que pensaba Weber respecto al carácter racional de las instituciones, se reconocen acciones de algunos miembros de la comunidad universitaria donde es obvio que no priva la razón, que afloran los instintos animales, contrarios a todo parámetro de razón, en detrimento de la integridad de la comunidad femenina de las instituciones de educación superior.

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