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1. “No honráis a los dioses, nos decís, y no ofrecéis sacrificios por los emperadores.” Es lógico que nosotros no sacrifiquemos por la salud de otros, por la misma razón que no lo hacemos por la nuestra, y que no adoremos a los dioses ni una sola vez. Por eso se nos persigue como a culpables de sacrilegio57 y de lesa majestad. He ahí el

punto capital de nuestra causa, o más bien, esa es toda nuestra causa; y ciertamente merecería ser conocida si no nos juzgase la prevención o la injusticia, pues la una no se ocupa de la verdad y la otra la rechaza.

Antonino Pío y su esposa son elevados al cielo sobre las alas de un genio; la mujer sentada personifica a Roma

y el joven el Campo de Marte. (Relieve de la Columna Antonia, año 161 d.C.

Museo Vaticano.)

“Dejamos de honrar a vuestros dioses desde el momento que reconocemos no ser tales.”

57 Con la palabra sacrilegium parece traducir la voz griega azeótes,

pues a los cristianos se les acusaba de ateos por cuanto no adoraban a los dioses imperiales.

“No honráis a los dioses, nos decís, y no ofrecéis sacrificios por los emperadores.” Es lógico que nosotros no sacrifiquemos por la salud de otros.

75 2. Dejamos de honrar a vuestros dioses desde el mo-

mento que reconocemos no ser tales. Y así, lo que debéis exigir es que probemos cómo no son dioses y, por tanto, que no se han de reverenciar, porque sólo se les debiera adorar si fuesen dioses. Entonces habían de ser castigados los cristianos si constara que son dioses aquellos a los que no veneran por entender que no lo son.

3. Pero decís: “Para nosotros son dioses”. Apelamos, sí, apelamos de vosotros mismos a vuestra conciencia; ella nos juzgue, ella nos condene si es capaz de negar que todos estos dioses vuestros fueron hombres.

4. Mas si ella también lo niega será confundida ya por los documentos de la antigüedad, de donde le viene el conocer a los dioses, dando de ello testimonio hasta hoy, ya por las ciudades en que los dioses nacieron, ya por los países en donde dejaron huella de algunas hazañas y aun en los que se demuestra están sepultados.58

5. ¿Queréis que vaya pasando revista a cada uno de vuestros dioses, tantos y tan diversos, dioses nuevos, vie- jos, bárbaros, griegos, romanos, adoptivos, propios, co- munes, varones, hembras, rústicos, urbanos, marinos, militares?

6. Inútil fuera enumerar aun sus nombres. Pero lo re- sumiré en compendio, y esto no para dároslo a conocer, sino para que lo recordéis, pues sin duda lo habéis olvi- dado. Entre vosotros no hay otro dios anterior a Saturno. A él remonta el origen (census) de todo cuanto hay de mejor y más conocido de la divinidad. Por tanto, lo que fuere establecido acerca del autor de vuestros dioses se aplicará igualmente a su descendencia.

7. Saturno, si me refiero a lo dicho en los documentos escritos, no es mencionado ni por Diodoro el Griego, ni por Thalo, ni por Casio Severo, ni por Cornelio Nepote, ni por autor alguno de cuantos han tratado de antigüeda- des religiosas, como dios, sino como un simple hombre. Si acudo a las pruebas de los hechos históricos deducidos, en parte alguna hallo datos más seguros que en la misma Italia, en donde Saturno, tras numerosas expediciones y

58 Que los dioses imperiales fueron hombres idealizados por los

poetas y por el pueblo lo decía ya Evemero de Mesina trescientos años antes de Jesucristo. Es el inventor del evemerismo o interpretación de los mitos.

Los dioses son hombres divinizados

Apelamos de vosotros mismos a vuestra conciencia; ella nos juzgue, ella nos condene si es capaz de negar que todos estos dioses vuestros fueron hombres.

76 Apología contra los gentiles en defensa de los cristianos

una estancia en Ática, se estableció y fue recibido por Jano,59 o como prefieren los salios, por Jane.

8. El monte que él había habitado se llamaba monte Saturnio y la ciudad cuyo emplazamiento él señaló se llama Saturnia hasta la fecha; finalmente, toda Italia, tras del nombre Enetria,60 llevaba el de Saturnia. De él provie-

nen las tablillas de escribir y la moneda sellada con ima- gen, razón por la cual preside al erario público.

9. Mas si Saturno es un hombre, ciertamente viene de hombre, y si de hombre, ciertamente no del cielo, sino de la tierra. Mas siendo sus padres desconocidos, fácilmente pudo decirse hijo de los que todos también podemos pa- recer que somos hijos. Porque, ¿quién no llamaría al cielo y a la tierra padre y madre en muestra de veneración y de honor o bien por conformarse con la humana costum- bre que nos mueve a decir de los desconocidos y de los que de improviso aparecen que han caído del cielo?61

10. Ahora bien, como Saturno apareció de repente, empezó por todas partes a llamársele celeste, pues el vulgo llama también hijos de la tierra a los de origen descono- cido. Y no diré que entonces las gentes llevasen una vida tan ruda que la aparición de cualquier hombre descono- cido les impresionase por su aspecto como si fuera una aparición divina, cuando hoy mismo, aunque civilizados, consagran como dioses a quienes, pocos días antes, con público luto habían confesado muertos.

11. Y baste ya de Saturno, aunque sea poco lo dicho. Ahora demostraremos también cómo Júpiter es hombre y cómo procede de hombre; y luego, que todo el enjambre de dioses de su familia salidos es tan mortal como seme- jantes a su simiente.

59 Jano era el primer dios patrio de los romanos, por lo cual le

invocaban siempre el primero. Era la puerta ianua; el paso cubierto, ianus; el primer mes del año iauarius, enero. Era Jano bifrons, pues tenía dos caras, una miraba al oriente y otra al occidente.

60 Los enetrios habitaban al sur de Italia, en la Lucania.

61 Alude a lo que sucedía en las representaciones trágicas, que repen-

tinamente se aparecían los dioses pendientes de tramoyas. Y no diré que

entonces las gentes llevasen una vida tan ruda que la aparición de cualquier hombre desconocido les impresionase por su aspecto como si fuera una aparición divina, cuando hoy mismo, aunque civilizados, consagran como dioses a quienes, pocos días antes, con público luto habían confesado muertos.

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