6. EFFECTS ON MONETARY POLICY
6.1 ZERO LOWER BOUND
Al igual que lo analizado en el regionalismo abierto, el gran problema de todos estos tipos de integración en nuestra región sudamericana, es el débil nivel de institucionalización y el hecho de que se está muy vinculado a una democracia interpresidencial. Dice Upéry (2011 – Entrevista), que hoy estamos frente a una ola de izquierda muy importante, pero esto enfatiza no será para la eternidad. Por otro lado, el hecho de que Colombia se sume a esta integración, muestra que no todo tiene porque ser ideológico, pero de todas formas, si con la fuerte presencia de la izquierda en Sudamérica no se logran importantes avances, todo parecería indicar que con un mapa político más heterogéneo, y con la carencia de instituciones fuertes, la integración será más complicada.
La institucionalidad interna de los países es muy complicada. La diplomacia en muchos países latinoamericanos, dice Upéry, cambia siempre, es decir es un compromiso del gobierno de turno, más que una cosa orgánica del país. La integración en América Latina, está controlada por los poderes ejecutivos, como por ejemplo remarca Di Filippo (2011 – Entrevista), son los
presidentes dice, los que mandan. “Ellos se sacan la foto, en el momento de promulgar y
decidir cosas. Sin embargo, después van al congreso y no ratifican. Hay que diferenciar entre gobierno de turno y estado…”.
Como expresa Di Filippo, América Latina, está marcada por democracias personalistas, versus las democracias parlamentarias que hay en Europa. Los Estados, tienen visiones más a largo plazo, por ejemplo atenerse a cláusula democrática, eso no depende del gobierno de turno. El gran problema, y la condena a fracaso de todo lo que se quiera hacer, está dado justamente por este inter presidencialismo que raya el populismo que muchas veces vemos en nuestra región. Sin institucionalidad fuerte, no se llega a nada, ya que solo se está frente a voluntarismos políticos, que según la época pueden encontrar más o menos consenso, dependiendo del mapa político en el cual estemos.
Para Morales (2007), es la poca eficiencia que tienen los aparatos gubernamentales de las naciones de la región para materializar, las decisiones de los entes supranacionales, lo que hace que los procesos de integración sean solo proyectos. Cita por ejemplo el caso de Venezuela, donde existe un Ministerio para la Integración y el Comercio Exterior, pero de Estado, lo cual dice, significa que tiene solo carácter asesor, careciendo de la necesaria pla- taforma estructural para alcanzar los fines expuestos, en lo que serían su misión y visión institucionales.
“…el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela no posee en su estructura organizacional ninguna unidad cuyo nombre haga explícito el sentido integracionista, sino una Dirección de Asuntos Económicos y una de Economía y Cooperación Internacionales, con multiplicidad de funciones, marcada rigidez y restricciones en la toma de decisiones, sin acceso a la base de datos legislativa y del propio proceso integracionista, con grandes
limitaciones presupuestarias, así como de uso y manejo tecnológico por parte de los funcionarios adscritos…”, Morales (2007). Para el autor, estas características de la realidad burocrática venezolana se repiten en otros ambientes y países latinoamericanos, los cuales dice, ya están reflexionando sobre la necesidad de reformar al Estado para orientarlo hacia la integración. Morales (2007), sigue reflexionando, que “…la existencia de marcos normativos rígidos e imprecisos, el desconocimiento por parte de funcionarios y líderes políticos de la integración, la ausencia de políticas eficaces de comunicación y difusión del proceso, así como la falta de una visión de largo plazo sobre el hecho integracionista, entre otros…”, dice son barreras demasiado grandes.
Según Tomas (2010), los procesos de integración, cuales decisiones soberanas de los Estados dice, deben centrarse en la cesión de soberanía a la hora de consolidar los mismos. Para el autor, de no sortear esta instancia, lo que desarrollan los Estados son instancias de cooperación. “…Por ello, la oportunidad del subcontinente a partir de la firma del Tratado de Brasilia, se sostendría en el tiempo, como modo de inserción internacional de la región, mediante la decisión consensuada, el diseño y la implementación de instituciones supranacionales, que trasciendan hombres y gobiernos y que signifiquen la cesión de soberanía…”.
Como dice Borda (2012), justamente muchos de los desafíos de la Unasur, yacen en el funcionamiento e institucionalidad de la organización. Su proceso de toma de decisiones dice, está determinado por el principio de unanimidad, por el respeto a la soberanía nacional, la no injerencia y la auto determinación, haciendo enfatiza la autora, el logro de consensos un objetivo difícil de lograr en medio de lo que ella denomina tanta diversidad ideológica y política en la región. La capacidad dice, de generar decisiones vinculantes que produzcan cambios radicales en el comportamiento de los estados miembros es débil. Para la autora, también otro factor que actúa en detrimento de la consolidación de la organización tiene que ver con su fuerte componente presidencialista, concordando con otros autores presentados. “Las transiciones presidenciales de esquemas más comprometidos con la región a políticas exteriores más diversificadas puede afectar negativamente el proceso de consolidación de la organización si, como ha sucedido hasta ahora, la Secretaría General de Unasur sigue
manteniéndose con escasas atribuciones y los estados insisten en delegarle cuotas muy limitadas de poder…”.