pects of corrections and the administration and provision of drug treatment to offenders.
A COMPREHENSIVE CORRECTIONAL DRUG TREATMENT STRATEGY
POR MÓNICA LÓPEZ MARTÍN
Miembro del Grupo de Género de CEAR7
Entre la opinión pública de los países industrializados existe una percepción dis- torsionada de la realidad migratoria, ya que se considera que dichos territorios están soportando una “gran presión” poblacional acogiendo altos porcentajes de personas migrantes que acuden en busca de un futuro mejor, una situación que, a su juicio, puede provocar el retroceso de los derechos sociales y beneficios del sistema de bienestar. Sin embargo, la realidad desmonta este mito ya que las esta- dísticas existentes a nivel mundial estiman que más del 80% de los emigrantes internacionales son acogidos por África, Oriente Medio y Asia. Así, por ejemplo, con relación a las migraciones internacionales de las personas procedentes del continente africano, la OIM señala que aproximadamente el 91% de los movi- mientos migratorios tienen como destino el mismo continente; el 42% en el oeste, el 28% en el este, el 12% en el norte y el 9% en el centro y sur del continente. Actualmente, países como Nigeria o Sudáfrica tienen cuotas de inmigración simi- lares a las de países occidentales.
El número de personas que llegan a España procedentes del África subsaha- riana todavía es muy pequeño en relación con el volumen de migrantes de origen latinoamericano o magrebí. Según datos del INE, en 2005 de los 682.711 extranje- ros que llegaron a nuestro país, 101.295 procedían del continente africano, lo que supone el 14,84% del total, frente al 29,02% de inmigración de origen americano o el 36,2% de ciudadanos procedentes de Europa.
Dentro del movimiento internacional migratorio en África, debemos destacar que aproximadamente el 60% de las personas que cambian de países son trabajadores
que se desplazan a territorios con mayor dinamismo económico. Es el caso de Sudáfrica, Costa de Marfil, Kenia, Gambia y Nigeria existiendo además un 40% de desplazamientos forzosos, esto es, refugiados procedentes de países del Cuerno de África, Sudán, Ruanda, Uganda, Burundi, Sierra Leona y República Democrática del Congo, entre otros.
Es necesario mencionar las diferencias que existen entre la migración de África Oriental y Occidental que parten de la trayectoria histórica de las sociedades de cada área. De una parte, África oriental tiene una tradición milenaria de migra- ciones internas y externas alrededor del océano Índico, lo que les ha llevado a adoptar una gran apertura a otras realidades y a construir múltiples referentes. Esto ha llevado a que no vean a Europa como el único referente al pensar el pro- yecto migratorio, sino que existen otras estrategias que hacen que esta población se plantee el fenómeno migratorio hacia Asia (Indonesia, India) o la Península Arábiga (Arabia Saudí, Kuwait). Asimismo, el secuestro de población para la trata de seres humanos no alcanzó las proporciones de África occidental.
En África occidental, la agresión colonial europea, las consecuencias de la descolonización y el fuerte impacto del tráfico de personas desde siglos atrás, ha generado una particular y diferenciada relación con Europa. Esta visión hace que las sociedades de África occidental coloquen a Europa como el único o el primer referente frente al que abordar una migración intercontinental y perdure en la memoria colectiva la deuda histórica que los diferentes países europeos tienen con sus sociedades de origen.
Para poder entender el fenómeno migratorio actual y, en concreto, la femi- nización de las migraciones, es necesario analizar cómo las últimas crisis econó- micas de sus países han influido en el estatus de la mujer africana como elemen- to del sistema familiar tradicional. Posteriormente, abordaremos la migración económica de las mujeres como estrategia de supervivencia, así como la situación de aquellas mujeres que solicitan asilo en nuestro país huyendo de la violencia en sus países.
Desde los años noventa, las condiciones de vida en África se han endurecido considerablemente a consecuencia de la caída en el mercado internacional del precio de algunos productos clave para la economía de los países africanos (cacao, algodón, cacahuete), la explosión demográfica, la aplicación de los planes de ajus- te estructural impuestos en esa década por el Fondo Monetario Internacional (FMI), los conflictos bélicos y las catástrofes climáticas, entre otros factores. Esta situación de empobrecimiento ha originado que cada vez más africanos y sobre todo africanas estén dispuestos a dejar a sus familias y sus países, aun a riesgo de perder su propia vida, para conquistar un futuro mejor para ellos y los suyos.
El África subsahariana cuenta con una población de 780 millones de habitan- tes, de los que las mujeres representan el 52% y perciben el 28% de los ingresos. Las africanas, a su vez, representan el 11% del total de la población mundial feme- nina. El 9% de los parlamentarios de la región son mujeres, así como el 20% de los funcionarios, aunque, en general, se ocupan de las actividades con más baja remu- neración. En países como Ruanda, las mujeres han conseguido ser el 45% de los representantes parlamentarios. Más de la mitad de las africanas, el 60%, tienen de tres a siete hijos y un gran número de ellas son cabeza de familia.
Las mujeres africanas, al igual que las del resto del mundo, han estado histó- ricamente sometidas al poder del hombre. Es una historia de represión y oculta- miento de la mujer de la que África no escapa. También en este continente la mayo- ría de las sociedades son patriarcales. En África occidental, la mujer se define en el marco de la familia tradicional por su relación con la tutela de un varón: es la hija de, la esposa de, la madre de o la viuda de. Además, en los países islámicos el matrimonio suele ser de tipo poligámico. En general, toda la construcción de los valores y creencias sociales está cimentada sobre la situación de desigualdad entre los roles femeninos y masculinos, en la supremacía masculina. Esta situación ha provocado que las propias mujeres tengan interiorizado un importante sentimien- to de inferioridad.
Desde una perspectiva histórica, la llegada de los europeos a África, primero con la trata de esclavos y posteriormente con el colonialismo, el neocolonialismo y la globalización han desencadenado una serie de cambios sociales que han causa- do una pérdida de estatus social y económico de las mujeres. La mayoría de estu- dios ponen de manifiesto que las sociedades africana previas a estos procesos tenían un espacio público mucho mayor para las mujeres.
Los cinco siglos de saqueo colonial de África incrementaron la subordinación de la mujer. Al militarizar las sociedades, el individuo más válido es el varón joven con una capacidad de fuerza física más elevada que la de la mujer o el anciano.
Asimismo, la colonización y la llegada del capitalismo actuaron de nuevo en detrimento de la mujer, erosionando los derechos que ostentaba en la sociedad tradicional, privándola del control de los recursos productivos básicos y destru- yendo algunos de los vínculos sociales de apoyo y ayuda mutua que tenía dentro de su grupo familiar y social en general. Entre las transformaciones más espectacula- res producidas por la colonización, hay señalar aquellas que se produjeron en la estructura agraria, base de la economía tradicional y dominio por excelencia de la mujer: la agricultura, destinada a cubrir las necesidades de la comunidad mediante la producción de alimentos para el consumo directo y el trueque, se comercializó, orientándose hacia el mercado externo. Ello significó que los cultivos