demos atribuir a lo biológico, exclusivamente, la causa de las enfermedades. Si bien es cierto que históricamente el ser humano y las problemáticas que vive se han concebido de diversas formas, transitando por los modelos, desde el biológico hasta ahora el modelo psicosocial, es verdad que durante mucho tiempo, nuestras concepciones sobre la salud y la enfermedad estuvieron in- fl uenciados en mayor medida por perspectivas que recuperaban una visión biologicista. Sin embargo, partimos de una perspectiva que incorpora otros elementos, sobre todo, psicológicos y sociales, en la construcción de estas situa- ciones. Como menciona Ovejero: «Hoy en día nadie duda que la enfermedad y la salud humanas no son meras cuestiones biológicas, orgánicas, químicas, bioquímicas y fi siológicas, si no que son algo más; son cuestiones psicológicas y sociales también y desde luego psicosociales» (Ovejero, 1987, pág. 11).
Es decir, que la salud y la enfermedad no se reducen a aspectos de tipo biológico y físico, sino que incluyen otros elementos necesarios para su com- prensión y que pueden situarse en las relaciones humanas y en las formas de interacción social, en los discursos sociales y en los signifi cados que en ellos se reproducen.
Así también, es importante considerar ciertas refl exiones sobre la salud y la enfermedad como nociones que son portadoras de signifi cados que son compartidos y producidos socialmente y que permiten hablar de que ambas son construcciones sociales. Como señala Gergen (2001), la experiencia del dolor y la enfermedad pueden depender también de los signifi cados que asig- namos a ellos. La defi nición de la salud y enfermedad en su contexto social y de signifi cación es también importante para indagar desde otra perspectiva los efectos que pueden tener sobre las personas, que van desde las implicaciones orgánicas que las defi nen, como los efectos sociales que genera el padecer una enfermedad y su diagnóstico en las relaciones interpersonales. Las enfermeda- des y sus causas pueden poseer un origen psicosocial, y esto implica situar en un mismo nivel las cuestiones orgánicas y biológicas como las cuestiones psi- cológicas y sociales (como el estilo de vida por ejemplo) en el estudio de la salud y la enfermedad. En la salud infl uyen además las prácticas sociales que pueden desarrollarse para generar estilos de vida saludables y a través de ellas también se construye la salud.
La salud siempre ha sido un tema en el cuál confl uyen diversos intereses, el principal a nuestro parecer, la búsqueda y mejora de las condiciones de la salud, pero no por esto se habrá de negar que las políticas en torno a ésta se en infl uidas por las condiciones socioeconómicas que se presentan en cada país. Los asuntos de la salud siempre han estado relacionados con las condiciones políticas, económicas y sociales de determinados grupos populares, aunque en épocas anteriores estas relaciones no eran objeto de investigaciones sistemáti- cas (Ovejero, 1987).
Por citar un ejemplo, a fi nes del siglo XVII y comienzos del siglo XVIII se
habían conjugado los elementos necesarios para que se desarrollara en con- cepto de medicina social, que tenía como objeto de estudio la relación entre la salud y las condiciones de vida determinadas por la posición social, factores nocivos por grupos debido a su situación social y elementos que impiden me- jorar el bienestar general (Rosen, 1985, citado en Ovejero, 1987, pág. 17). En otro ejemplo, las pestes, movilizaron en épocas anteriores de tal forma a la sociedad que, no solamente llamaba la atención a la medicina y generaba una necesidad de ser atendida en términos de salud, sino que también posibilitaba una organización social basada en la clasifi cación, a través de relaciones de poder, que delimitaba y distinguia a los enfermos de los no enfermos y que máximizaba las condiciones de salud en una sociedad (Foucault, 1975/2001). «No se trata tampoco de una suerte de gran rito de purifi cación, como en el caso de la lepra; en el de la peste estamos ante un intento de maximizar la sa- lud, la vida, la longevidad y la fuerza de los individuos. Y, en el fondo, de producir una población sana...» (Foucault, 1975/2001, pág. 54).
Foucault (1975/2001) señala que cuando la soceidad se planteó la clasifi - cación, la demlimitación de lo sano y lo enfermo, se llevó a efecto una vigilan- cia constante, una revisión constante de cada individuo, para saber desde en- tonces quien se ajustaba a la regla, a la norma de la salud que comenzaba a defi nirse. Esto mostraba cómo la salud, no estaba abstraída del orden social, sino al contrario, jugaba un papel importante, en doble sentido por lo menos, en su construcción. Por ello, ya planteaba Rosen que áreas de la salud, como la Medicina Social por ejemplo, debían delimitar su campo de acción en tres aspectos sociológicos signifi cativos: a) La salud en relación con la comunidad, b) La salud como valor social, c) La salud y la política social» (Rosen, 1985 en Ovejero, pág.18)
La necesidad de plantear un enfoque psicosocial, que incluya los elemen- tos que la sociedad aporte de diversas formas para la construcción de la salud y de la enfermedad es un imperativo para la Psicología Social de la Salud. El conocimiento que puede generarse en este campo, no es solamente muy im- portante para la disciplina, sino también que es muy importante para la socie- dad. En esos conocimientos están las posiciones que asumirán tanto la ciencia como la población sobre la salud, sobre la enfermedad, sobre la atención, so- bre el apoyo social, sobre las políticas que deben llevarse a cabo en este cam- po. Es por ello que se tiene que reconocer el papel social e histórico de la salud y la enfermedad para poder dar aproximaciones integrales de ambos concep- tos.
También, porque es difícil tener defi niciones claras y precisas sobre ambos términos, ya que remiten a situaciones complejas que se experimentan de for- ma diversa en los distintos grupos sociales y en las distintas condiciones so- cioeconómicas en las que construyen la realidad. Es difícil la generalización y cualquier aproximación debe reconocerse limitada y restringida en función de los elementos y situaciones antes señaladas. En todo caso, es importante con- siderar los riesgos y difi cultades que posibilitan ciertas condiciones y estilos de
vida de determinados grupos y las políticas con las que se intenta abordar a la salud, así como tomar en cuenta también la experiencia de cada persona, como individuo, y su experiencia como parte de un grupo o una clase social. Inelu- diblemente está también presente la información que circula socialmente a través de los medios de información y de las relaciones de control y poder que plantea el área de la salud, a través de las cuales se construyen formas de rela- ción y subjetividad en las personas y que inciden de forma importante en sus estilos de vida y sus percepciones sobre la salud y la enfermedad. Lo que nos interesa, es poder establecer relaciones entre diversas problemáticas en salud y nuestras percepciones y signifi cados, así como las prácticas que generamos en torno a ella.
5. PSICOLOGÍA SOCIAL, ALIMENTACIÓN, OBESIDAD Y SALUD