6.8 The Security Model
6.8.2 A Protocol for Accessing Storage Directly
PERFECTO
A diferencia de su maestro, que era hijo de un cantero, Platón provenía de la vieja aristocracia, que iba per- diendo su poder a medida que la pólis ateniense iba alcanzando un mayor grado de democracia. Cuando Esparta derrotó finalmente a Atenas al concluir las largas Guerras del Peloponeso, un pequeño grupo de aristócratas, entre ellos dos familiares de Platón y Calicles, protagonizó un golpe de estado contra la democracia ateniense que fracasó. Paradójicamente, cuando se puso fin al golpe de estado, Sócrates fue uno de los capturados en la purga de aristócratas debido a que muchos de ellos, como Calicles, habían formado parte de su círculo de discípulos. Sócrates fue condenado a muerte por decisión propia, por preferirla a exiliarse de la ciudad que amaba. Es obvio que Platón quedó realmente decepcionado de la política tal y como él la conocía. Los aristócratas, familiares, amigos y discípulos suyos implicados estaban dispuestos a sacrificar el bien común en aras de su ambición personal. Una democracia podía temer y matar a un ciudadano crítico pero leal por cuestionar la idea convencional de virtud e intentar conocer la virtud en sí misma.
Sócrates, el primer filósofo moral, había intentado encontrar simplemente el Bien general. Su discípulo Platón perfeccionó y amplió los planteamientos mora- les de Sócrates, completando la aporía de este último con su propia filosofía. Platón dedicó su filosofía sobre todo a la búsqueda de la justicia, tanto en el estado como en la persona. El término griego para justicia, dikaiosýne, tenía un significado concreto y relativa- mente limitado: obtener de la vida exactamente lo
que cada cual merece, ni más ni menos, reflejando así el objetivo griego de homónoia. Los «comedores de pescado» y la junta militar aristocrática eran los culpables del vicio contrario a la justicia, la pleone- xía, el afán de acaparar más de lo que en justicia le corresponde a cada cual. Platón intentó cambiar la percepción convencional griega que sus discípulos tenían de la justicia, y que entendieran que se debe hacer el bien por sí mismo, no como una forma de conseguir fama y gloria. Esta nueva concepción que tenía Platón de la virtud pasaría posteriormente a formar parte de la doctrina cristiana.
LA COGNICIÓN: ¿QUÉ ES EL CONOCIMIENTO? Sócrates había intentado encontrar una definición general de la Virtud. Platón se dio cuenta de que la búsqueda de Sócrates era sólo el comienzo de una larga tarea, la de encontrar definiciones para todo tipo de términos generales. Igual que se puede definir el valor aparte de las acciones valerosas particulares, o la belleza al margen de las cosas o personas bellas, también se puede definir gato con independencia de cualquier gato concreto, o pez con independencia de cualquier pez concreto.
Esta referencia a gatos y peces puede hacer que la tarea emprendida por Platón parezca trivial, pero no lo es. De acuerdo con los griegos, lo que diferencia al ser humano de los animales es su capacidad de tener un conocimiento abstracto, mientras que los animales sólo responden al concreto aquí y ahora. La ciencia, incluida la psicología, persigue un conocimien- to general de las cosas en cualquier momento y lugar del universo. Los psicólogos realizan experimentos con pequeños grupos de personas, pero elaboran teorías sobre la naturaleza humana. En un experi- mento de psicología social, por ejemplo, el objetivo cree erróneamente que se trata de agua pura. Las
acciones perniciosas nunca se eligen como tales, sólo cuando se desconoce su naturaleza maligna.
Sócrates explica el mal comportamiento a partir de la tesis del élenchos, de acuerdo con la cual las personas conocen intuitivamente la virtud, pe- ro las falsas creencias adquiridas a lo largo de la vida nublan este conocimiento y les llevan a hacer el mal. Cuando una persona sabe realmente qué es la virtud, pasa de inmediato a actuar de forma correcta. Así, Calicles, que abandonó su diálogo con Sócrates, participó en un golpe de estado organizado por los aristócratas porque seguía dominado por la falsa creencia de que la justicia es el gobierno de los fuertes. Desde el punto de vista de Sócrates, Calicles no era malo, sólo estaba mal orientado. Si no hubiera abandonado su contacto con Sócrates,
habría aprendido que la justicia no era la ley de los fuertes y no hubiera intentado derrocar la demo- cracia. Para Sócrates el conocimiento del bien, no la buena voluntad o el deseo de alcanzar la virtud, es lo único que se necesitaba para actuar bien. Algunos filósofos éticos griegos y romanos poste- riores, entre ellos el propio Platón y los primeros cristianos, consideraron que la solución intelectual de Sócrates no era plausible, porque resulta evidente que algunas personas disfrutan haciendo el mal y que incluso las personas virtuosas, en algunas ocasiones, hacen el mal conscientemente porque su voluntad es demasiado débil para resistirse a la tentación. Esta búsqueda del origen del mal en el comportamiento humano se convirtió en uno de los temas importantes de estudio de la psicología de la motivación.
ca pítulo 2: EL LEGADO DE LA GRECIA ANTIGU A 49 no es averiguar por qué Bob Smith o Susan Jones
no prestaron su ayuda a una persona en dificultades, sino averiguar por qué es tan frecuente que ocurra algo así en situaciones similares. Platón fue el primer pensador que se preocupó por averiguar cómo es posible el conocimiento y cómo se puede justificar. En filosofía, creó la rama de la epistemología, el estudio del conocimiento, que evolucionó hasta dar origen a la psicología cognitiva.
La ciencia moderna, heredera de la tradición epis- temológica empirista inaugurada por Empédocles, justifica su conocimiento recurriendo a observaciones que lo confirman. Sin embargo, la ciencia, gracias a experiencias pasadas, ya ha aprendido a no fiarse de las generalizaciones y así, Platón fue el primero en señalar que lo que parece verdad acorde con los datos disponibles hoy, puede quedar anulado por los de mañana. Platón pensaba que la verdad por la que Sócrates había muerto no podía ser tan efímera, tan horrible. La Verdad tenía que ser permanente y conocida con certeza.
La lucha contra el escepticismo. Para los parti- darios y seguidores de Platón, la Verdad, y por consi- guiente nuestro conocimiento de la misma, presenta dos características primordiales. En primer lugar, una creencia es Verdadera –es Conocimiento– si, y sólo si, es absolutamente verdadera en todo lugar y en todo momento. Sócrates quería saber qué es la justicia o la belleza, distinguiendo ambos conceptos de las acciones justas o las cosas bellas concretas. Así, el conocimiento de la justicia y la belleza en sí mismas sería verdadero para cualquier acción justa o cualquier cosa bella del pasado, del presente y del futuro. En segundo lugar, para Platón, al igual que para Sócrates, el conocimiento debía poder justifi- carse racionalmente. Un juez que siempre juzga con acierto o un sabio de criterio impecable, a los ojos de Platón, no conocen realmente la verdad a menos que puedan explicar sus juicios y criterios con argu- mentos válidos, convincentes para los demás de que están en lo cierto.
Al contrario que los escépticos posteriores, que también eran discípulos de Sócrates, Platón nunca cuestionó la fe de su maestro en que existía una Verdad para sustituir a la aporía, y aceptó los argu- mentos de los filósofos anteriores que afirmaban que el camino hacia el conocimiento no se encontraba en la percepción sensorial. Platón heredó de Heráclito la creencia de que la fýsis era el fuego y la conclusión de que el mundo se encontraba, por tanto, en un permanente estado de cambio, de devenir. Como la verdad que buscaba Platón residía en el reino del Ser, una Verdad eterna e inmutable, el conocimiento de la misma no podía derivar de los sentidos físicos, que son los receptores de un mundo material y cambiante. De los sofistas heredó Platón la creencia de que la
concepción que tienen las personas y las culturas del mundo es relativa a cada una de ellas. Por ello, la observación está contaminada por las diferencias individuales y por el tipo de prejuicios culturales que Sócrates había cuestionado. Así, para Platón, incluso si la teoría cognitiva de la copia era una explicación adecuada de la percepción humana, no podía ser una teoría correcta para encontrar la Verdad eterna.
Las matemáticas y la teoría de las Ideas. Hasta aquí Platón no había ido más allá de la aporía so- crática. Estaba convencido de que existía la Verdad trascendental y de que la percepción no era el camino hacia el conocimiento. Más tarde, cerca de la mitad de su vida, Platón estudió geometría con los pitagóricos y esa experiencia le transformó por completo, como les ocurriría a Thomas Hobbes y a Clark Hull siglos después. Platón descubrió en las matemáticas no sólo un camino hacia la Verdad, sino también algo de la propia esencia de la Verdad. Se alineó con Parménides afirmando que el camino a la Verdad era el camino de la lógica y la razón hacia el interior, no el camino de la Apariencia hacia el exterior, pero fue más lejos al explicar qué es la Verdad (la Realidad). En el diálogo Fedón, Platón lleva a Sócrates a concluir: «Entonces, ¿cuándo alcanza el alma la verdad? Pues siempre que intenta examinar algo juntamente con el cuerpo, está claro que es engañada por él [...] ¿Y no es mediante el razonamiento cuando se le muestra claramente alguna realidad, si es que se muestra alguna vez?» (65b-c).
La mayoría hemos estudiado geometría en el co- legio o la universidad. Conocemos, por ejemplo, que el teorema de Pitágoras afirma que, en un triángulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos. Para Platón, la primera revelación que le aportó la geometría fue la noción de prueba. El teorema de Pitágoras se puede probar y por tanto, es Verdadero, es una muestra de conocimiento genuino, respaldado por argumentos lógicos y no por la observación o la me- dida. La exigencia socrática de que el conocimiento debe justificarse racionalmente se cumplía en la geometría porque cualquiera que siga los pasos de la demostración no tiene más remedio que admitir el teorema. La geometría es un argumento a favor de la afirmación racionalista de que la lógica es el camino de la Verdad.
Platón, además, afirmó que la razón era el ca- mino hacia la Realidad y también el territorio del Ser. El teorema de Pitágoras es verdad no sólo para un triángulo que alguien dibuje para demostrarlo, ni para todos los triángulos dibujados por cuantos hayan hecho o harán la demostración, sino para todo triángulo rectángulo. Sin embargo, dado que el teorema de Pitágoras no es verdadero sólo para los triángulos trazados por los matemáticos, ni es una
HIST
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mera generalización estadística realizada sobre una muestra de triángulos, sino que es una auténtica prueba universal, ¿para qué objeto es verdadero el teorema? Platón afirmaba que era verdadero para lo que denominaba la Idea o Forma del triángulo rectán- gulo, un triángulo rectángulo perfecto, eternamente existente y de ningún tamaño concreto.
Este concepto de Idea ayudó a reconciliar el Ser y el Devenir, y supuso una respuesta a las preguntas de Sócrates acerca de la Virtud que iba más allá de la filosofía ética. Las Ideas pertenecen al reino del Ser, ya que subsisten eternamente, mientras que sus copias, materiales pero efímeras, pertenecen al reino del Devenir. De un modo similar, en el terreno ético de Sócrates, todo acto de valentía se asemeja a la Idea del Valor, todo objeto bello se asemeja a la Idea de la Belleza y todo acto justo se asemeja a la Idea de la Justicia. El Valor, la Belleza y la Justicia, al ser todas ellas buenas, se asemejan a la Idea del Bien. Así, el conocimiento genuino, que Sócrates había buscado en el terreno moral, era el conocimiento de las Ideas de las cosas, no de las cosas o de los acontecimientos físicos.
Es importante detenerse en un aspecto del pensa- miento de Platón que nos resulta extraño. Tendemos a pensar que considerar bella una escultura o a una persona es una cuestión de juicio estético subjetivo, que está influida en gran medida por los cánones sociales de belleza. Los cánones de las personas de otras culturas pueden ser distintos y, al igual que los sofistas, los aceptamos como una simple diferencia de gusto individual o grupal.
Platón aceptaba que las concepciones de belleza y fealdad pueden ser distintas en cada sociedad pero, al igual que Sócrates y a diferencia de los sofistas, no llegaba a la conclusión de que los juicios sobre la belleza son una cuestión de gustos locales. Para Platón, una persona o una escultura eran bellas si se asemejaban a la Idea de Belleza y eran más feas cuanto más se alejaban de esa Idea. De igual modo, un acto era bueno si participaba de la Idea del Bien. La belleza y la virtud no eran juicios subjetivos de diferentes personas o culturas, sino auténticas propie- dades que los objetos realmente poseían, igual que el tamaño o el peso. En caso de que dos personas o culturas discrepasen acerca de si una persona era bella o un acto virtuoso, al menos una de ellas estaba equivocada por desconocer la Idea de la Belleza o del Bien. El objetivo que perseguía Sócrates era ave- riguar qué era la Virtud y enseñárselo a los demás, independientemente de la opinión social, para que pudieran actuar de acuerdo con el conocimiento de la misma. Platón elaboró el realismo metafísico de Sócrates y propuso que las Ideas existen realmente como objetos no físicos. De hecho, para Platón, las Ideas eran más reales que sus copias observables,
porque eran eternas y existían al margen del reino físico del Devenir.
Imaginar las Ideas. Como Platón pudo comprobar, describir las Ideas es difícil, si no imposible, porque debido a su propia naturaleza, no se pueden mostrar. Por ello, Platón ofreció metáforas de las Ideas como, por ejemplo, descripciones del «fruto de la bondad» en vez de la Bondad misma (La República, 506e). Tres de estos símiles, el sol, la línea y la caverna, apare- cen en La República. Un cuarto símil, que presenta el camino psicológico hacia las Ideas, la escala del amor, aparece en El Banquete, escrito probablemente justo antes de La República.
El símil del sol: la iluminación del Bien. En el símil del sol, Platón cuenta cómo la Idea del Bien es al mundo inteligible de las Ideas lo que el sol es al mundo físico de los objetos, que son copias de las Ideas. Platón no pensaba, como hacemos actualmente, que la visión estuviera producida por la entrada de luz en el ojo, ya que esta concepción aún tardaría siglos en llegar (Lindberg, 1992). Entonces se pensaba que el ojo tenía la capacidad de ver porque emitía unos rayos que chocaban con los objetos físicos. Se sabía que la luz era necesaria para que la visión se produjera, porque por la noche es muy difícil ver. La luz del sol era el «tercer ente» necesario, además del ojo y el objeto, para que se produjera la visión. En el mundo inteligible, la razón tiene la capacidad de comprender las Ideas, igual que en el mundo físico, el ojo tiene la capacidad de ver. Pero también es necesario un «tercer ente» que ilumine las Ideas para que la razón pueda conocerlas. Los sentidos en sí mismos carecen de la capacidad de percibir el mundo con exactitud, necesitan la ayuda de una iluminación divina. De acuerdo con Platón, «el tercer ente -la fuente de iluminación divina- es la Idea del Bien, análoga a la luz del sol sobre la tierra».
La metáfora de la línea: la jerarquía de la opinión y el conocimiento. Al símil del Sol le sigue la Metáfora de la Línea, apropiadamente geométrica. Imaginemos una línea (Figura 2–1) dividida en cuatro segmentos desiguales cuya longitud relativa es equivalente a su grado de verdad. En primer lugar, la línea se divide en dos grandes secciones. La sección inferior, de menor longitud, corresponde al mundo de las Apariencias y opiniones –creencias no demostrables– basadas en la percepción. La sección superior de mayor longitud corresponde al mundo de las Ideas y del conocimiento demostrable sobre las mismas. La sección del mundo de las Apariencias se divide a su vez en dos segmentos: el más corto corresponde al mundo de la Imaginación y el otro al de las Creencias.
La captación de imágenes es la forma más im- perfecta de conocimiento. La imaginación es el nivel más bajo de cognición, ya que trata con simples imágenes de objetos concretos, como si fueran re-
ca pítulo 2: EL LEGADO DE LA GRECIA ANTIGU A 51 flejos en el agua. Platón relegaba el arte figurativo a
este reino, pues cuando vemos el retrato de alguien sólo vemos una imagen, una copia imperfecta de algo. Platón desterró por completo de su República utópica al arte figurativo, y esta hostilidad hacia las imágenes fue recogida posteriormente por algunas religiones. En el año 2002, pudimos observar con horror cómo los talibanes de Afganistán destruían grandes estatuas de Buda alegando que eran una representación física de la forma humana. Es mejor observar el objeto en sí mismo que su imagen, lo cual Platón denominaba Creencia. Con la siguiente sección de la línea, el Pensamiento, pasamos de la simple opinión al conocimiento verdadero, que empieza con el conocimiento matemático. Las demostracio- nes constituyen el salvoconducto de verdad de las proposiciones matemáticas. Además, los objetos del conocimiento matemático no son algo perceptible, sino que son Ideas en sí mismas.
Sin embargo, si bien las matemáticas son un modelo de conocimiento, Platón las consideraba un modelo imperfecto e incompleto. Imperfecto porque las demostraciones matemáticas se basan en ideas que se presumen ciertas pero que no se pueden probar, lo cual hace imposible alcanzar el ideal socrático de cono- cimiento justificado. Por ejemplo, las demostraciones geométricas, que eran el campo de las matemáticas más desarrollado en tiempos de Platón, dependen de la aceptación de axiomas intuitivamente verosímiles pero que no están demostrados como, por ejemplo, el axioma que afirma que las líneas paralelas nunca se cruzan. Platón intuyó entonces algo que ha resultado ser cierto: si se cambian los axiomas, se obtienen diferentes sistemas geométricos. Por tanto, para ser verdadera en la concepción platónica de Verdad, la geometría necesitaba el apoyo metafísico que aportó en las Ideas. Por otra parte, las matemáticas son un
modo de conocimiento incompleto porque no todo el conocimiento es matemático. De mayor importancia