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Una de las principales preocupaciones de la sociedad científica mundial relacionadas

con el cambio climático es la probable alteración de los agroecosistemas, incluyendo

la alteración de la productividad agrícola (Bhatti et al., 2006; IPCC, 2007b; Newton et

al., 2007).

El mecanismo básico de la respuesta fisiológica de los cultivos al cambio climático

comienza a entenderse. Lo que parece quedar claro es que la respuesta general de

las plantas, con mecanismos fotosintéticos C3 y C4, a las concentraciones crecientes

de CO2 en la atmósfera es diferente. Se sabe que, aun cuando pueda producirse un

fenómeno de aclimatación fotosintética, un incremento en la concentración de CO2

en el aire mejorará al menos las tasas fotosintéticas iniciales de las plantas C3, lo

que redundará probablemente en un mayor rendimiento. Por otro lado, la alta

eficiencia fotosintética de las plantas C4 bajo las concentraciones actuales de CO2

probablemente redundará en un efecto pequeño o nulo en el rendimiento (Newton et

al., 2007).

Figura 2.

Esquema metodológico general para la estimación de cambios en los

rendimientos de maíz y trigo de temporal bajo escenario de cambio

climático global.

Nota: Variables climáticas: T -Temperatura media; Rn: Radiación neta; Rg -Radiación global; Rb -Radiación de

onda larga; Pr -Precipitación; IHT -Indice hidrotérmico local; Constantes: " -Calor latente de vaporización del

agua; # -albedo; Propiedades del suelo: MO, P, K, pH -Propiedades biológica y químicas de los suelos; F -

Indice integral de fertilidad del suelos; Características del cultivo: IC -Indice de cosecha; IAF -Indice de área

foliar; F

m

-fotosíntesis máxima; n -duración del ciclo del cultivo; C3, C4, CAM -Rutas fotosintéticas; Modelos

climáticos: -GFDL-R30 y CCC; Cambios en la productividad: -!Y

ij

; cambio porcentual en el rendimiento en el

sitio de referencia i y con el escenario climático j;

Los volúmenes de producción de maíz (Zea mays L.) ubican a México en el cuarto

lugar mundial, después de Estados Unidos, China y Brasil. El maíz ocupa el tercer

lugar a nivel mundial en importancia como alimento, solo el trigo y el arroz son más

importantes. El maíz ocupa, en México, la mayor superficie cultivada anualmente: 7 a

8.5 millones de hectáreas cultivadas mayoritariamente en temporal y, a pesar de ser

un país maicero, México importa anualmente de 3 a 7 millones de toneladas de las

20 o 26 millones de toneladas que consume (periodo 1995-2003). Los rendimientos

de maíz son relativamente bajos respecto a los potenciales: los mayores

rendimientos en temporal son de 5 t ha

-1

en Jalisco y 2 t ha

-1

el promedio nacional.

Lo anterior muestra las diferencias climáticas y edáficas de las zonas maiceras de

México. De hecho, el maíz es un cultivo más sensible al estrés hídrico que otras

gramíneas como trigo y sorgo (Muñoz y Hernández, 2004). Lo anterior le da al

cultivo del maíz de temporal una justificación amplia, en términos de importancia

sociocultural, alimenticia y por su superficie cultivada bajo condiciones de temporal,

para su selección como cultivo de referencia en este trabajo.

Por otro lado, el trigo es el cultivo con mayor superficie destinada a la producción

mundial, y el volumen de su cosecha es mayor que el de cualquier otro alimento.

Este cereal es muy importante para la dieta alimentaria del pueblo mexicano. Con él

se elaboran varios productos de consumo masivo, como el pan, tortillas, pastas,

galletas y pasteles. No obstante su importancia en la alimentación, la superficie

media anual cosechada de trigo

de temporal (periodo 1989 a 1998), en el ciclo de

primavera-verano, representó únicamente el 24.4% (687 509 ha) del área agrícola

total de trigo). El rendimiento medio en este período fue de 1.7 t ha

–1

en temporal. La

producción total mexicana de trigo durante los últimos diez años (1991-2000) fue de

35.7 millones de toneladas, concentrándose en los estados de Sonora, Guanajuato,

Baja California, Sinaloa, Michoacán y Jalisco. La Región Noroeste aporta en

promedio el 55% de la producción nacional del cereal y el Bajío el 28%, lo que

conjuntamente representa más de las tres cuartas partes del total nacional. (SIAP,

2002).

No obstante lo anterior, las perspectivas del trigo de temporal son amplias para

lograr incrementos importantes en la producción nacional (la autosuficiencia

alimentaria). Se puede cultivar trigo en más de un millón de hectáreas en 16 estados

de la república mexicana donde las condiciones de temperatura y precipitación son

más adecuadas que para los cultivos maíz y frijol, que actualmente se siembran. La

inversión bajo temporal es menor que bajo riego y las tierras son más baratas y el

agua no cuesta. La brecha tecnológica por recorrer en trigo de temporal es tal que

podrían obtenerse rendimientos promedios de 3 t ha

-1

en las zonas de cultivo actual

y en las zonas potenciales a nivel nacional de 2.5 t ha

-1

(Villaseñor y Espitia, 2000;

Considerando el déficit actual de trigo de 1.35 millones de hectáreas, estas podrían

suplirse con la siembra de temporal de unas 600 mil hectáreas bajo condiciones de

temporal. Para el año 2020 México demandará 6.5 millones de toneladas de los

cuales 3 millones podrían obtenerse en 1.2 millones de hectáreas de siembra bajo

temporal, situación que resulta factible (Villaseñor y Espitia, 2000).

El trigo de temporal que es importante en México es aquel que se siembra en el ciclo

primavera verano y que en muchas zonas coincide con la época de lluvia. Los trigos

de primavera no requieren de un periodo de frío para inducir su floración y hay desde

los sensibles hasta los indiferentes al fotoperiodo. Las variedades insensibles son las

que prácticamente se desarrollan bien en casi cualquier ambiente y época del año en

México (Villaseñor y Espitia, 2000).

Ante la necesidad y oportunidad señaladas están los pronósticos de los cambios

climáticos y sus probables impactos regionales en la productividad agrícola,

generalmente negativos, para los cereales más importantes en la dieta mexicana; los

cuales requieren una consideración atenta por lo que representan para la seguridad

alimentaria nacional (IPCC, 2001b; Magrin et al. 2007; IPCC, 2007c).

Finalmente, los criterios principales utilizados en la elección del maíz y trigo como

cultivos de referencia son los siguientes:

- La inquietud científica relacionada con la respuesta fisiológica diferenciada al

cambio climático global por su diferente mecanismo fotosintético;

- la importancia de estos cultivos en la alimentación humana en nuestro país;

- Por tratarse de cultivos asociados a sistemas de producción campesinos

altamente vulnerables al cambio climático y con baja capacidad adaptativa;

- la situación de ser cultivos ampliamente estudiados a nivel mundial, y de

amplia distribución en la geografía nacional, lo cual permite analizar su

comportamiento en un amplio espectro de condiciones ambientales.

La selección del maíz se explica también por la razón de que existen estimaciones

de su vulnerabilidad al cambio climático en México prácticamente sin consideración

del efecto de alteración del suelo (Gay, 2003). Entonces, aparece la posibilidad de

comparar los resultados de esta investigación con los datos publicados y de esta

manera validar los resultados de este análisis.

Se reconoce que los cultivos de maíz y trigo de temporal tienen un área de

distribución amplia en el país; por lo que los llamados sitios de referencia se

seleccionaron para representar áreas de adaptación y producción de los cultivos en

condiciones climáticas contrastantes. Las condiciones de temporal elegidas están

relacionadas con las áreas más vulnerables al cambio climático por ser las que

mayores dificultades presentan para la adaptación (por su mayor marginalidad). A

veces los sitios seleccionados de referencia casi coinciden con los sitios

considerados en investigaciones previas sobre impacto de cambio climático en el

rendimiento de maíz (pero no se tienen pronósticos para el trigo).