2.4 The American Copyright Experience
2.4.2 An Act for the Encouragement of Learning, 1790 (and Act of 1831)
Una mezcla de razas. Sociedad multirracial, como denomina Ianni (1987), al señalar que estudios realizados en Brasil no han podido desconocer el papel de los procesos económicos dominantes. Por eso, las investigaciones sobre relaciones raciales involucran movilización social, en general, y particularmente el proceso de proletarización. Situación ésta, provocada por un modelo económico que siempre trabajó en la perspectiva de tener una oferta de mano de obra superior a las necesidades, garantizando a través de políticas públicas orientadas para las inmigraciones y por la orientación en la oferta de productos primarios para el mercado internacional. En el proceso de industrialización brasileiro la discriminación y la exclusión son una constante.
Ribeiro (1995: 447) alerta que “los intereses y las aspiraciones de su pueblo jamás fueron tomados en cuenta, porque sólo se tenía atención y celo en atender los requisitos de prosperidad de la hacienda exportadora. Lo que se estimulaba era el reclutamiento de más indios traídos de los montes o la importación de más negros traídos de África, para aumentar la fuerza de trabajo, que era fuente de producción de los lucros de la metrópoli. Nunca existió aquí un concepto de pueblo, englobando todos los trabajadores y atribuyéndoles derechos. Ni siquiera el derecho elemental de trabajar para nutrirse, vestirse y vivir”.
No obstante, ésta no es una situación particular brasileira, es latinoamericana, como puede observarse en los planteamientos de Mariátegui (2004) cuando se refiere a la situación peruana. “La educación nacional, por lo tanto, no tiene un espíritu nacional: tiene, preferentemente un espíritu colonial y colonizador. Cuando en sus programas el Estado menciona los indios, no se refiere a ellos como peruanos iguales a los otros. Los considera como a una raza inferior” (Mariátegui, 2004: 74). Incluso, cuando Bonfil Batalla (2001), trabajando las distintas cosmovisiones existentes en México, reconoce en la civilización mesoamericana un proyecto civilizatorio que llama “México profundo”,
en contraposición a un proyecto civilizatorio occidental que llama el “México imaginario”. Así, destaca que “los diversos proyectos nacionales conforme a los cuales se pretendió organizar a la sociedad mexicana en los distintos períodos de su historia independiente, han sido en todos los casos, proyectos encuadrados exclusivamente en el marco de la civilización occidental, en los que en realidad el México profundo no tiene cabida y es contemplado únicamente como símbolo de atraso y obstáculo a vencer” (Bonfil Batalla, 2001: 11).
Así se suceden los distintos procesos en Latinoamérica, de una confrontación de civilizaciones, prevaleció y prevalece la de orientación occidental. Ante una élite que imita y copia, se contraponen culturas populares e intelectuales que buscan la construcción de sus identidades, dentro de un proceso nuevo e, incluso, se puede decir original. Por eso es importante destacar la posición de García Márquez, al recibir el Nobel de Literatura y cerrar su discurso, afirmando “la interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos, sólo contribuye a tornarnos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios” (Argumedo, 2006: 66)74.
Continúan las resistencias y el mestizaje, aún negadas resisten y, en la interpretación de Ribeiro (1995) y Bonfil Batalla (2001), sobre todo, se constituyen en esperanza. Darcy Ribeiro (1995: 453) afirma “nosotros, brasileiros, en ese cuadro, somos un pueblo en vías de ser, impedidos de serlo. Un pueblo mestizo en la carne y en el espíritu, ya que aquí el mestizaje jamás fue crimen o pecado. En él fuimos hechos y aun continuamos haciéndonos en él. Esa masa de nativos oriundos del mestizaje vivió por siglos sin conciencia de sí, hundida en un mundo de los nadie. Así fue hasta definirse como una nueva identidad étnico-nacional, la de brasileiros. Un pueblo, hasta hoy, en vías de ser, en la dura búsqueda de su destino”. Para incrementar de manera optimista y esperanzadora “somos pueblos nuevos aún en la lucha para hacernos a nosotros
74 Ser libre, significa en este caso, tener conciencia de su proceso de conocimiento milenar transmitido de
generación en generación. La agroecología, al reconocer el valor de este tipo de conocimientos, tiene como fundamento su recuperación, valorización y puesta en diálogo con los conocimientos “técnico- científicos”, en la perspectiva de construcción de nuevos saberes. Un desafío para cualquier escuela que trabaje con campesinado y agroecología.
mismos, como un género humano nuevo que nunca existió antes. Tarea muy difícil y penosa, pero también mucho más bella y desafiante” (Ribeiro, 1995: 454).
Sin embargo, seguimos aún lejos de hacernos como pueblo. Principalmente, sin la solución de los problemas estructurales que han impedido el ascenso de la mayoría a los servicios y calidad de vida decente. Existen esperanzas75, eso sí, de un involucramiento global en la búsqueda por cuidar de la calidad de vida en la tierra, generando una conciencia ecológica, aunque aún incipiente. Perspectiva ecológica desde la cual se potencia el respeto y la convivencia entre diversos sistemas vivos, de los cuales el hombre forma parte. Hay ejemplos importantes también de los movimientos populares.
Buarque de Holanda (1978: 41) afirma “no fue el rigor de una civilización agrícola lo que los portugueses instauraron en Brasil, fue sin dudas, una civilización de raíces rurales”. Porque, predomina el espíritu aventurero, en detrimento al trabajo duro que construye lentamente. La opción es por la riqueza inmediata y el retorno a la madre patria. Así, aun con raíces rurales, porque prevalece el extractivismo y el saqueo de los recursos naturales, la civilización aquí implantada no fue agrícola.
Se pobló un territorio semidesierto, se organizó en él una vida humana que “diverge tanto de aquella que había aquí, de los indígenas y sus naciones, como también, no obstante en menor escala, de la de los portugueses que emprendieron la ocupación del territorio. Se creó en el plano de las realizaciones humanas algo de nuevo. Este ‘algo de nuevo’ no es una expresión abstracta; se concretiza en todos los elementos que constituyen un organismo social completo y distinto” (Prado Junior, 2006: 10).
Siendo “algo de nuevo”, se exige comprender, entender y tener una escuela que refleje esta búsqueda de conocimiento de este “nuevo ser” y no simplemente una escuela que
75 Argumedo (2006), confronta las ideas rectoras de las principales figuras del mundo central y de sus
contemporáneos latinoamericanos. En ésta misma dirección contribuye Schwarcz (1993) cuando en un estudio acerca de cuestiones de etnia, concluye “más interesante es reflexionar sobre la originalidad del pensamiento racial brasileiro que, en su esfuerzo de adaptación, actualizó lo que combinaba y descartó lo que de cierta forma era problemático para la construcción de un argumento racial en el país”.
reproduzca conocimiento de otras regiones, otras culturas y de otros pueblos que ya tienen identidades establecidas. En su reflexión, Ribeiro (1986: 133) distingue dos situaciones, “la de los pueblos trasplantados y la de los pueblos nuevos”. Para los primeros, ellos proseguían en las nuevas tierras el género de vida que tenían en Europa. Los segundos, se constituyen por el mestizaje de negros con indios y unos pocos blancos desharrapados. Prosigue, explicitando las diferencias de estos dos pueblos: “crece, aunque al revés de lo que sucedía en las colonias de poblamiento de los pueblos trasplantados, donde, de ordinario, la población producía lo que consumía, vendiendo el excedente, y se abría al inmigrante la posibilidad de ser un granjero libre, en las áreas de avasallamiento y esclavitud de los pueblos nuevos. La fuerza de trabajo enganchada para producir lo que no consumía era menos un pueblo con derechos de que una mera mano de obra esclava, tratada como bestias. De hecho, los nativos y los negros siempre fueron tratados como una fuente de energía que se desgastaba, quemándola en la producción, como después se pasó a quemar carbón” (Ribeiro, 1986: 133).
En la misma dirección, Oliveira (2001: 321) destaca las llamadas “colonias de poblamiento” y las “colonias de producción”. Se destaca que las colonias dichas de producción, presentan resultados económicos superiores a las de poblamiento, en el corto plazo. Mientras que las primeras, a través del trabajo esclavo, responden con productos para el mercado europeo, la segunda es un fracaso, desde el punto de vista comercial. En el futuro, este éxito será un problema e inversamente, el fracaso inicial comercial se mostrará un éxito en cuanto constitución de una sociedad que potencializa los recursos naturales de las nuevas tierras, con base en un acceso más fácil a la tierra que dará lugar a pequeñas propiedades, aliadas a la reafirmación de una nueva identidad, fundamentada en la transposición de culturas, valores y comportamientos, y, principalmente, por la necesidad de sobrevivencia de las familias inmigrantes en las nuevas tierras.
Con el avance en la colonización y, posteriormente, con el advenimiento de la República, se intensifica el flujo de inmigrantes para las nuevas tierras, sea huyendo de
las guerras, sea buscando nuevas oportunidades o por “intolerancia política y religiosa”, como destaca Furtado (1980: 20). Quien examine las estadísticas de inmigración, notará que “entraron a Brasil no sólo italianos o alemanes, sino también austriacos, belgas, franceses, japoneses, rusos, suecos, sirios, libaneses, húngaros, yugoslavos, lituanos, rumanos, checos, poloneses, entre otros. Una infinidad de grupos, de lenguas, de valores que, de cierto modo, abren el horizonte cultural del país y permiten que la sociedad brasileira pase a incorporar elementos de varios orígenes, lo que puede ser positivo en términos de proceso sociocultural” (Ianni, 1987: 152), dando origen a lo que el mismo Ianni (1987) denomina como una sociedad multirracial.
5.3 Diversidad y resistencias campesinas ante un modelo que no los