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The location and management of the NCETM and the RMCs

Chapter 4: Action on current and future mathematics pathways

Comprendiendo que lo psicosocial es un “Campo problema” atravesado por distintas dimensiones de la realidad como lo psíquico, lo económico, lo político y lo social entre otras, tendríamos que las instituciones son colectivos con sujetos atravesados por dicha dimensiones y al mismo tiempo, sujetos que las construyen y las modifican32. En tal sentido, cualquier trabajo investigativo debería dar cuenta de tales procesos, identificándolos y poniéndolos en palabras, elucidándolos y haciéndolos evidentes. Es por ello que el presente capítulo tiene su relevancia, porque dará cuenta de aspectos comunes e impensados en el devenir diario de los participantes directos e indirectos de esta institución, pero vistos bajo un lente distinto, vistos desde esta perspectiva psicosocial.

De las múltiples dimensiones que atraviesan a los agresores sexuales, una de ellas es la legal, avalada por leyes colombianas en las cuales están tipificados unos delitos, leyes que al mismo tiempo le dan autoridad a los centros carcelarios y por ende a sus funcionarios para que intervengan sobre dichos infractores de la ley, es así como desde cada centro carcelario hay unos procedimientos33 que hacen parte de los objetivos institucionales34, de la mano con la Misión y Visión del mismo.35

32 Pensar las cuestiones a indagar como campo de problemas atravesado por múltiples inscripciones es

un criterio de indagación que supone des-disciplinar y des-disciplinar implica un complejo proceso elucidatorio en el cual se desnaturaliza sus territorios sin invalidar los conocimientos previos, se deconstruye sus lógicas y genealogiza sus conceptos. (Fernández Ana María, 2007).

33 Son los lineamientos legales instituidos que orientan el qué, cómo y cuándo hacer enmarcados en las

políticas institucionales dentro del Modelo Estándar de Control Interno M.E.C.I. y Sistema de Seguimiento y Control de Calidad S.G.C.C.

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Objetivos: Humanizar la Atención a la población de Internos, asistir su tratamiento, mejorar su bienestar, orientados a la reinserción social.- Garantizar la seguridad de los Establecimientos de Reclusión de reclusión al tenor de la norma, fortaleciendo su tecnología, logística y aplicando los reglamentos institucionales.- Ofrecer a la población reclusa condiciones dignas de habitabilidad en el marco de los derechos humanos. - Fortalecer y modernizar la organización para la adecuada administración de la pena. - Promover el cambio de actitud del talento humano a través de la capacitación y la actualización

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Misión: Administrar el Sistema Penitenciario y Carcelario, garantizando el cumplimiento de la pena privativa de la libertad, la detención precautelativa, la seguridad, la atención social y el tratamiento penitenciario de la población

También está atravesada por lo histórico social en cuanto desde tiempos remotos el hombre tiene la necesidad de aislar a sus enemigos en algún lado, las primeras cárceles fueron cuevas, tumbas, cavernas y lugares inhóspitos donde se enviaban desterrados a los enemigos del estado36; es así que las personas que vivían en sociedad tenían que renunciar entre otras cosas a la satisfacción de muchas de sus necesidades para poder mantenerse en grupo37, cuando alguien no cumplía tal mandato se exiliaba, se asesinaba o se recluía en las cárceles, actualmente la forma de castigo para los que incumplen los acuerdos sociales específicamente en Colombia, es la cárcel, (aunque en otros países existe todavía la pena de muerte y en otros el exilio también). Lo anterior implica que las personas que están en centros carcelarios no es por gusto, sino en contra de su voluntad, por lo tanto algunos de ellos quieren y logran fugarse, en ese sentido no se puede desconocer las medidas tendientes a evitar tal fin.

De igual manera está atravesada por una dimensión moral en la cual lo que no encaja socialmente es mejor desaparecerlo de la vista de todo el mundo y recluirlo en alguna parte, sin embargo ese mismo fenómeno continúa sucediendo con las personas que han cometido el delito de agresión sexual, que inclusive dentro de dichos establecimientos es continuamente repudiado por su delito, lo que conlleva entre otras

reclusa, en el marco de los Derechos Humanos. Visión: Es la construcción de una nueva cultura penitenciaria, con una organización moderna, humanizada, altamente efectiva y comprometida con el estado y sus instituciones; mediante la gerencia de los recursos, orientada a la solución de la problemática penitenciaria en el campo de la seguridad y la resocialización.

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En el año 640 DC en Roma y Grecia se construyeron las primera cárceles como tal. La palabra cárcel tiene su o ige e el vo a lo lati o Coe e do ue sig ifi a est i gi , oa ta . Ot os di e ue tie e su o ige e la pala a he ea Ca a , ue sig ifica meter en una cosa. (Jesús Cureces Rios)

37 A este espe to F eud e sus li os El po ve i de u a ilusió 9 7 Malesta e la ultu a

(1930), menciona que toda civilización ha de basarse sobre la coerción y la renuncia a los instintos, es decir que para que se pueda dar un desarrollo cultural se debe coartar el fin del deseo sexual.

cosas38 a ser rechazado e invisibilizado, condición que se da desde ambos lados, tanto por los mismos agresores como por las personas que los rodean.

Está atravesada por el poder, en tanto hay unas personas “Cuidadas” y otras que “Cuidan” y dentro de cada grupo hay varias categorías, dentro de los que “Cuidan” existe una estructura de jerarquización bien definida con rangos militares; Dentro del grupo de los “Cuidados” sucede igual puesto que dependiendo del tipo de delito se van aglomerando para protegerse entre ellos mismos, es así como existe el grupo de los guerrilleros, de los paras, de los de ley 30, y de los delitos menores entre otros, quienes constantemente se jactan entre ellos de su delito y luchan por el control interno del lugar de convivencia; existe otro grupo que todos conocen pero que poco se nombra, que no lucha por un lugar y que no se vanagloria de delito, me refiero al grupo de los agresores sexuales.

Ciertamente está atravesado por la dimensión económica en cuanto primero que todo no es rentable para el gobierno nacional destinar X cantidad de dinero anual a un colectivo “Rechazado por la Sociedad” pero que además no le produce ganancia alguna, es decir, mirándolo desde un punto de vista netamente económico, invertir en el cuidado de delincuentes es como echar dinero en un saco roto. En ese sentido los programas tendientes al tratamiento y por ende la resocialización de los condenados es costosa, además se le deben sumar los gastos mensuales de: agua, energía, alimentación, salud, ropa, elementos de aseo, y por supuesto los salarios de los funcionarios del INPEC (Administrativos y Cuerpo de Custodia y Vigilancia). Esto es de vital relevancia como parte de la política del Gobierno Nacional sobre “Austeridad” y la privatización de las empresas que están a cargo del estado, con el fin de poder invertir ese rubro en la política de seguridad social.

38 Otro de los aspectos que conlleva ser agresor sexual (más antes que ahora), es la agresión por parte de

los otros internos que han cometido otros delitos, pues entre ellos se unían y les hacían cualquier cantidad de cosas a los internos que sabían llegaban por ser agresores sexuales, cosas que iban desde golpizas, pasando por violarlos hasta llegar a la muerte.

La religión es otra dimensión importantísima, especialmente para los agresores sexuales, específicamente la católica, ésta marca las instituciones carcelarias de una forma particular manteniendo aún su hegemonía, puesto que la mayoría de los establecimientos cuenta con un sacerdote adscrito que oficia misas de cuando en cuando; así mismo, están avalados por una pastoral principal con su propia capilla en la ciudad de Bogotá; sin embargo, también hay espacios para las otras religiones que generalmente es abierto los días viernes. Cada centro carcelario se caracteriza por tener dentro de sus filas miembros de todas las religiones. En esta tensión que se genera producto del advenimiento de nuevas religiones, todas las que llegan solicitan el derecho de igualdad comparándose con la iglesia católica.

Lo político atraviesa fuertemente a los infractores de la ley, especialmente a los agresores sexuales, recientemente se vio una reforma en la ley que incrementó las penas a este tipo de delincuentes con mayor severidad en las violaciones a menores de edad. En tal sentido, fue que se presentó en un momento dado hace unos años una propuesta de colocar afiches en lugares públicos con los rostros de los agresores sexuales que no tuvo la acogida del colectivo para su implementación permanente. Es este poder político el que nos dice que hacer, el que nos institucionaliza, por cuanto lo que ellos dicen se plasma en leyes de obligatorio cumplimiento, como en un momento dado dijeron que la solución para disminuir los índices de agresión sexual era aumentar las penas, así se hizo y actualmente es un hecho tal como lo evidencia la ley 1236 de 2008 que aumentó la cuantía en los delitos sexuales. De igual manera el poder político con el caso de los afiches nos da una muestra de lo instituido sobre lo instituyente, porque estaba instituido que no se debía hablar de los agresores sexuales a voz populi, y cuando apareció una idea instituyente de darle cabida social a ver materializado un poco más el tema, lo que se determinó fue que se debía seguir manteniendo “oculto”, como desapareciéndolo, entonces cabe preguntarnos ¿Por qué si se muestra en afiches y en noticieros a otros de delincuentes que han cometido distintos delitos como secuestros, masacres, genocidios, etc.?

Todas estas dimensiones aparte del campo “PSI” están ahí presentes dentro de los centros de reclusión marcando a los agresores sexuales, que en algún momento van a

recuperar su libertad; así como han estado siempre presentes en cada uno de los individuos a lo largo de su existencia y que de alguna manera aportaron para que el día de hoy se encontraran detenidos por el delito de agresión sexual.

Ampliando un poco sobre la dimensión legal en las cárceles, se observa que el INPEC tiene los siguientes lineamientos: “Aplicación De Tratamiento Penitenciario, PT51-018-06 VO3”, el cual consta de 80 páginas respecto de lo que se “Tiene” que hacer para paulatinamente lograr la re-inserción social; dentro de dicho procedimiento se trabaja en conjunto entre las áreas de Trabajo Social, Psicología, Educación, Terapia Ocupacional, Jurídica Y El Cuerpo De Custodia Y Vigilancia; con el fin de lograr una evaluación integral. El anterior lineamiento está acorde con su Misión y Visión donde dice entre otras cosas que toda la población reclusa tiene derecho a ser atendido en salud, educación, capitación y ocupación laboral, atención psicosocial, jurídica y asistencia espiritual, así como que también existe la premisa que “A un centro carcelario entra el hombre y no el delito”, es decir toda la población reclusa (sin importar el tipo de delito) debería tener entre otros aspectos, atención psicológica personalizada para lograr la reinserción social.

En tal sentido existen dentro de los centros carcelarios programas especiales para los drogadictos, hay atención especial en lugares aparte para los alienados mentalmente a los cuales no se les ha otorgado libertad, existen lugares privilegiados para los desmovilizados y los que se acogieron a justicia y paz. Hay espacios para las distintas clases de religiones, hay programas de educación especialmente para los analfabetas, y un sinnúmero de programas para todo tipo de población, sin embargo es bien particular y digno de analizar que no existen programas para los agresores sexuales, y cuando se pregunta por ellos es un tema que se trata a baja voz, es más, están mezclados con la delincuencia común.

Después de haber terminado el proceso y al momento de hacer una revisión de lo encontrado surgieron las siguientes interrogantes respecto del campo institucional ¿Qué hace que las investigaciones de agresión sexual no abunden como otros temas?, ¿Cuál es el papel que juegan los centros carcelarios? ¿Cuál es la posición del personal de custodia, así como la de los profesionales de la salud mental en dichos centros? ¿Cómo

son vistos y tratados los agresores sexuales tanto dentro de un centro Carcelario como fuera de él? Y lo más importante ¿Cómo y qué hacer para lograr un acercamiento a esta población?, ¿Por qué no existe una atención psicológica privada sino por el contrario, existe una donde puede escuchar cualquier persona que cruce por la habitación? ¿Es sólo con los agresores sexuales o con todos los infractores de la ley? ¿Qué late latente dentro de la institución respecto del tratamiento con agresores sexuales?

Un aspecto que llamó la atención fue que en la actualidad no existen programas para este tipo de población en particular, lo cual no es una falla al azar, sino por el contrario es un detalle digno de analizar, porque esa ausencia tiene un sentido que necesita ser develado a partir de los múltiples significados que pudiera tener. Tal como se vio al comienzo de este escrito los actores de los demás delitos son tenidos en cuenta, entonces podemos atrevernos a afirmar que esta “Ausencia” de programas e intervenciones es únicamente con los agresores sexuales. Después de tener claro esto pasamos a la siguiente pregunta ¿Por qué? Puede ser en parte porque ellos mismos (los agresores sexuales) como mecanismo de defensa prefieren no ser reconocidos para que nos los puedan agredir, para ellos es mejor decir que cometieron cualquier otro delito que decir o reconocer que son agresores sexuales; pero ¿y las personas que los rodean, los funcionarios del penal? (tanto el equipo de salud como el equipo de seguridad) ¿cómo afrontan esta situación? Pareciera ser que no es el rechazo directo ni la discriminación directa a través de agresiones físicas, pero si la hay de forma indirecta , es decir, no es que ellos por conocer su condición tomen represalias en su contra, pero lo que si hacen es ignorarlos, hacer de cuenta que no están ahí, quizás en más fácil hacer esto que tener que trabajar con ellos pensando siempre en lo que hicieron, se podría decir que es una especie de negación, se niega la existencia de ese sentimiento desagradable de repulsa al violador negándole un lugar, desapareciéndolo, evitándolo. En congruencia con lo anterior se puede afirmar también que el actuar de los participes encargados de esta institución es hecho desde una lógica de la “Ética del Uno”, donde el “Otro” no es tenido en cuenta como persona, sólo importa el punto de vista de los que “Saben” cómo se hacen las cosas, sobre los que no saben, es decir, el poder sobre el otro. Esta ética del uno es más evidente contra los agresores sexuales donde dichos personajes son más que anulados, son olvidados, son rechazados e ignorados, están pero no están.

El siguiente punto a analizar es la privacidad de las sesiones, surgía la duda sobre si se podría ser flexible en ese sentido, sobre todo trabajando con agresores sexuales, me pregunté si era indispensable hacerlo así o si se podría trabajar como trabajan las demás colegas, es decir en espacio abierto donde todos escuchan si quieren las conversaciones de los demás. Al respecto se presentó que fue necesario atender un paciente en dos ocasiones en un corredor donde no había ningún tipo de privacidad, el resultado fue sesiones habladas a voz baja, con el temor real de ser escuchado por otros. Lo anterior indicó que tratar con pacientes agresores sexuales debería ser en un sitio privado, donde él se sienta seguro y no juzgado, garantía esta que no es ofrecida por las sesiones en sitios con más personas.

La religión (sin importar cual sea) es un aspecto interesante a observar por cuanto parece ser el único lugar donde los agresores sexuales tienen un espacio donde son aceptados, donde no los discriminan, donde el delito no importa siempre y cuando muestre un verdadero arrepentimiento además de cumplir con otros requisitos que ellos mismos les imponen. Es un espacio donde según ellos manifiestan “Encuentran paz” y el “Perdón” que necesitan sobre el delito que cometieron. Distinto de los otros espacios donde según ellos cuando expresan el delito por el que están, les hacen el feo y les cierran las puertas, haciéndolos sentir mal o peor aún agrediéndolos tanto física como psíquicamente. Lo anterior hace pensar que dentro de la institución hay cosas indecibles, impensables, irrepresentables, tal como lo expresa Berenstein (2004), “Hay ciertas percepciones que pueden despertar emociones intolerables y no encuentran traducciones en palabras. Quedan en su estado original ligadas a lo concreto, al vacío, a la pérdida de límites y a la repetición” y continúa diciendo “lo impensable está

referido al exceso de desestructura, a la interrupción, horror, catástrofe o vacio”

(Puget, retomado por Berenstein, 2004, Pág.98). Y es precisamente en este caso que eso indecible va tomando forma y actualizándose en todo lo relacionado con los “Agresiones Sexuales”. Porque pareciera que de alguna manera en un nivel inconsciente colectivo (Jung Carl-1928), re-actualizara con primitivas experiencias catastróficas como el “incesto”, como una especie de imaginario social colectivo que al mismo tiempo es repudiado; y tal vez por ese imaginario que cuando se escucha que tal persona es un violador, se evocan múltiples sentimientos acompañados de atrocidades que aparecen

en periódicos, en documentales, en películas o hasta en la vida real. Ese repudio colectivo, ese horror sin verbalizar y por supuesto sin pensar, insiste latente mediante un magma de multiplicidades (Ana María Fernández, 2007) esperando por un sentido. Lo anterior daría en parte la respuesta a una pregunta hecha con antelación, pero también recuerda la siguiente ¿Este vacío es con todos los presos o sólo con los que están condenados por el delito de agresión sexual?, tal como se mostró existen muchos programas que intentar darle un espacio de ayuda a los condenados por otros delitos, pero este no es el caso de las personas condenas por agresión sexual. Otra posible respuesta que se encontró a una de las preguntas es la referente al lugar de consulta de las psicólogas, el cual era en espacio abierto, en este sentido se podría decir que ellas comparten cierta repulsa social a trabajar con los agresores sexuales en un medio privado (o en colectivo), ello no quiere decir que no hay que tener en cuenta que son hombres que en su mayoría son más fuertes que ellas y además de eso, hombres que en general han transgredido la norma y no les costaría mucho volver a hacerlo con ellas, es decir, hay un componente de seguridad personal muy válido en tal decisión.

Con lo visto en las páginas anteriores surge la propuesta de más investigaciones en este sentido, es decir, si se encontró que hay un rechazo latente dentro de los centros carcelarios (como fuera de él) contra los agresores sexuales, se hace necesario una propuesta de intervención que atienda tal población, lo que se hace necesario es una intervención con mirada psicoanalítica que por su marco teórico apuntala hacia un intento de comprensión de lo sucedido; porque actualmente lo que se hace con los agresores sexuales es castigarlos metiéndolos en centros carcelarios y abandonarlos para siempre; da la impresión que con excluirlos de la sociedad, con invisibilizarlos y con ignorarlos, se tuviera contento al colectivo, pareciera que la respuesta es la que se ve