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Los estados mentales, como estados de ánimo transitorios que se expresan verbalmente o gestualmente, dependen en términos de Freud de la distribución de la libido y de las formas de organización libidinal predominantes en el individuo; en términos de Klein, Bion y Meltzer dependen de la configuración del espacio interno, de los objetos que habitan en él, de las formas de relación que se establecen entre el sí mismo y los objetos internos o entre ellos. Los dramas internos que se producen en la interacción se expresan en formas de mirar el mundo, en maneras de asumir y expresar valores y en estilos de reaccionar emocionalmente (Muñoz, 1995, p.48). En lo que sigue, veremos algunos de los planteamientos de estos autores que podrían ayudarnos a entender el fenómeno del maltrato a la mujer.

Masoquismo y sadismo (Freud)

A continuación se mencionan varios elementos tomados de Freud (1924), que serán usados para explorar el funcionamiento mental de la mujer maltratada y el funcionamiento de la relación maltratante.

Freud (1924) aborda el problema del masoquismo, en el cual se busca profundizar en la presente investigación, ya que se supone que podría existir una relación entre el

masoquismo y la aceptación y la permanencia en el funcionamiento maltratante. Freud - afirma que la disminución de la tensión y del displacer, concebidos como incremento intolerable de estímulos constituyen un fin de la satisfacción del instinto. Considera también la existencia de una relación entre el principio del placer con los instintos de muerte y los instintos de vida eróticos o libidinosos. Específicamente el autor realiza una conexión entre el principio de Nirvana (que identifica con el principio del placer) con el instinto de muerte afirmando que el primero estaría actuando al servicio del segundo, ya que éste genera una disminución de la excitación, lo que conduciría al individuo a un estado inorgánico.

“De momento identificaremos este principio del nirvana con el principio del placer- displacer. Todo displacer habría, pues, de coincidir con una elevación; todo placer, con una disminución de la excitación existente en lo anímico y, por tanto, el principio del nirvana (y el principio del placer que suponemos idéntico) actuaría por completo al servicio de los instintos de muerte, cuyo fin es conducir la vida inestable a la estabilidad del estado inorgánico, y su función sería la de prevenir contra las exigencias de los instintos de vida de la libido de intentar perturbar tal recurso de la vida”. [Freud, 1924, p.1036].

En línea con lo anterior y de acuerdo con Valls (2008), se considera importante profundizar en el Principio de Inercia y el Principio de Constancia propuestos por Freud. Valls (2008) afirma que el Principio de Inercia es una ley de la física Newtoniana, la cual

afirma que “todo objeto que es estimulado tiende a volver al estado anterior al estimulo, en términos generales tiende a volver a cero (no necesariamente al cero absoluto sino también

al del momento previo al estímulo)” (Ibid, p.462). En un principio, Freud considero a las neuronas como partículas materiales atravesadas por estímulos, las cuales se rigen bajo el principio de inercia. En este sentido, y en línea con el principio, toda neurona tendería a descargarse de la cantidad de excitación que penetra en ella. El autor afirma que el Principio de Inercia posteriormente devino en Principio de Placer, el cual cuando se encuentra en su máxima expresión es denominado Principio de Nirvana. Valls (2008) afirma que el Principio de Nirvana es la tendencia de la pulsión de muerte. Busca volver al cero absoluto que caracteriza lo inorgánico, no la vida; es la no existencia.

De igual manera el Principio de Constancia proviene de la física clásica Newtoniana, utilizada por Freud para explicar el movimiento de la energía en las neuronas.

Este principio toma como base que “los organismos complejos necesitan disponer de un

cierto monto de energía constante para responder al „apremio de la vida‟. Necesitan almacenar energía” (Ibid, p.461). El autor afirma que para satisfacer las necesidades que se generan, el organismo debe realizar acciones específicas que requieren por lo general, mayor cantidad de energía que la que provee la necesidad. Valls (2008) menciona que esta constancia en la energía es la que da origen al yo y que el Principio de Constancia posteriormente deviene en Principio de Realidad en la teoría Freudiana. Valls (2008) afirma que el Principio de Constancia es complementario al Principio de Inercia en el sentido de

que “se necesita de cierta cantidad constante para poder acceder al principio de inercia y

descargar así la que proviene de la necesidad” (Ibid, p.462). La gráfica que se presenta a continuación ilustra la interacción de los tres principios mencionados anteriormente.

Por otra parte, Freud (1924) habla de tres tipos de masoquismo: el erógeno (como condicionante de la excitación sexual), el femenino (como una manifestación de la femineidad) y el moral (como una norma de la conducta vital).

El masoquismo erógeno toma como base el placer en el dolor. Freud menciona que en este masoquismo, la libido se encuentra con el instinto de muerte y hace lo posible porque éste no cumpla con su labor destructiva, orientándose hacia los objetos externos y una parte de ese instinto estaría a disposición de la función sexual. Sin embargo, otra parte de la libido no se dirige hacia el exterior, sino que se queda en el organismo como un residuo, un componente de la libido cuyo objeto es el propio individuo, resultando así en el masoquismo primitivo erógeno. Como se ve en el párrafo que sigue, la fusión entre el instinto de muerte y la libido, darían como resultado el masoquismo.

“Se le plantea, pues, la labor de hacer inofensivo este instinto destructor, y la lleva a cabo orientándose en su mayor parte, y con ayuda de un sistema orgánico especial, el sistema muscular, hacia fuera, contra los objetos del mundo exterior. Tomaría entonces el nombre de instinto de destrucción, instinto de aprehensión o voluntad de poderío. Una parte de este instinto queda puesta directamente al servicio de la función sexual, cometido en el que realizará una importantísima labor. Este es el sadismo propiamente dicho. Otra parte no colabora a esta transposición hacia lo exterior, pervive en el organismo y queda fijada allí libidinosamente con ayuda de la coexcitación sexual antes mencionada” [Ibid, p.1038]. Al hablar del masoquismo femenino, Freud explica el origen del nombre, afirmando que cuando la fantasía masoquista ha pasado por una elaboración, se descubre que el sujeto se transfiere a una situación femenina como ser castrado, soportar el coito o parir. En la explicación de este tipo de masoquismo, Freud pone como ejemplo a hombres cuyas fantasías consisten en ser amordazados, golpeados, maltratados, obligados a obedecer, humillados e incluso mutilados y afirma que la interpretación más aceptada acerca de este hecho es que “el masoquista quiere ser tratado como un niño pequeño, inerme y. falto de toda independencia, pero especialmente como un niño malo” (Ibid, p.1037). Por último, afirma que este tipo de masoquismo, reposa en el masoquismo primario erógeno.

Por último, al referirse al masoquismo moral, afirma que éste tiene como base una conciencia de culpabilidad, ya que el individuo considera que cometió un hecho por el cual debe ser castigado.

“En el contenido manifiesto de las fantasías masoquistas se manifiesta también un sentimiento de culpabilidad al suponerse que el individuo correspondiente ha cometido algún hecho punible (sin determinar cuál) que ha de ser castigado con dolorosos tormentos. Se nos muestra aquí algo como una racionalización superficial del contenido masoquista; pero detrás de ella se oculta una relación con la masturbación infantil. Este factor de la culpabilidad conduce, por otro lado, a la tercera forma, o forma moral del masoquismo” [Ibid, p. 1037].

Adicionalmente, Freud afirma, que no importa de quien provenga el golpe en la conducta masoquista y que este tipo de masoquismo también puede ser explicado por un instinto de destrucción orientado hacia el propio yo.

“Lo que importa es el sufrimiento mismo, aunque no provenga del ser amado, sino de personas indiferentes o incluso de poderes o circunstancias impersonales. El verdadero masoquismo ofrece la mejilla a toda posibilidad de recibir un golpe. Nos inclinaríamos, quizá a prescindir de la libido en la explicación de esta conducta, limitándonos a suponer

que el instinto de destrucción ha sido nuevamente orientado hacia el interior y actúa contra el propio yo”. [Ibid, p.1039]

Por otra parte, al referirse al tratamiento psicoanalítico del masoquismo afirma, que

al existir un sentimiento “inconsciente” de culpabilidad, se presenta una alta resistencia del sujeto al tratamiento y un peligro para la consecución de los objetivos terapéuticos. “La

satisfacción de este sentimiento inconsciente de culpabilidad es quizá la posición más fuerte de la «ventaja de la enfermedad», o sea de la suma de energías que se rebela contra la

curación y no quiere abandonar la enfermedad”. (Ibid, p.1039)

Al hablar de conciencia de culpabilidad, Freud la relaciona con una manifestación de una diferencia entre el yo y el superyo, teniendo en cuenta que el superyo tiene la

función de la conciencia moral. De esta manera “en el masoquismo moral, el acento recae

sobre el propio masoquismo del yo, que demanda castigo, sea por parte del superyo, sea por los poderes parentales externos” (Ibid, p.1040-1041)

Freud (1923) explora la organización genital infantil. Se podría tomar esta teoría para intentar explicar un supuesto de desprecio del hombre hacia la mujer lo que podría conllevar a la aparición de la conducta maltratante.

En la organización genital de los niños (varones) es conocido, cómo primeramente existe la creencia de que todos los seres humanos poseen el mismo órgano genital que el suyo propio. Con el paso del tiempo, la experiencia les muestra lo contrario, ante lo cual surge la negación, para luego adoptar la idea de que la niña sí poseía el miembro pero posteriormente fue castrada. Esta idea le produce temor, miedo y angustia ya que esto significaría que él también pudiera perder su miembro. De esta manera, según Freud,

surgiría un desprecio hacia la mujer, por el temor y ansiedad que le genera. “También es

sabido, cuánto desprecio o hasta horror a la mujer y cuánta disposición a la homosexualidad

se derivan del convencimiento definitivo de su carencia de pene” (Freud, 1923, p.1210). Incluso el niño cree que sólo algunas mujeres no merecedoras de poseer el pene, han sido

despojadas de este órgano “cree que sólo algunas personas femeninas indignas, culpables

probablemente de impulsos ilícitos, análogos a los suyos, han sido despojadas de los

Por otra parte Freud (1912) nos habla de una noción de “impotencia psíquica” que

en algunos casos se da en el hombre y en la mujer, ante la imposibilidad de llevar a cabo el acto sexual. Sin embargo, aunque Freud utiliza este concepto en un nivel orgánico y biológico, podríamos pensar que esta noción también puede ser aplicada al psiquismo de la mujer maltratada, en el sentido de que ante un hecho de maltrato y de agresión muy fuerte,

el yo queda en un estado de “impotencia psíquica”, destituido de sus cualidades, de

cualquier posibilidad de pensamiento y de esta manera destituído de cualquier posibilidad de defenderse contra el maltrato. Así, como en la impotencia psíquica mencionada por Freud el pene queda inservible, en la impotencia psíquica del maltrato el yo también es inservible y carente de funciones.

Continuando con la exploración del funcionar psíquico, se explorarán las ansiedades y defensas desde Klein y Meltzer, ya que se considera que estas cuentan con una estrecha relacion con el funcionamiento maltratante.

Ansiedades y defensas (Klein y Meltzer)

Al hacer la revisión de la dimensión económica ampliada Harris y Meltzer (1983), retoman los principios de funcionamiento mental descritos por Freud. El primero es la compulsión a la repetición, siendo el principio más primitivo, en el cual se repiten patrones de comportamiento que no han sido alterados por la experiencia. El segundo, que implica una mayor evolución, es el principio del placer, el cual reduce la tensión psíquica producida por el deseo o la necesidad ligada a la pulsión y está sujeto a las experiencias del mundo externo. Cuando fracasa el principio de placer surge la compulsión a la repetición. Señalan como expansión de la dimensión económica el descubrimiento de Klein, sobre la posición esquizo-paranoide (PS) y la posición depresiva (PD) relacionadas con la posición del sí mismo frente a la cualidad de los objetos: parciales y amenazantes para el sí mismo en la primera y totales y amenazados por el sí mismo en la segunda. Centrada en el yo, la primera y en el objeto la segunda. Esto es lo que lleva a pensar en las posiciones como sistemas de valores diferentes (egoístas y altruistas)

Klein (1946) en Notas sobre algunos mecanismos esquizoides expone de manera clara las dos posiciones: esquizo-paranoide y depresiva y los mecanismos que ocurren en la

vida temprana del bebé y que posteriormente pueden aparecer en distintos momentos de la vida del individuo. En el presente trabajo se expondrán de manera resumida, los planteamientos de Klein (1952) sobre la vida emocional del bebé en los primeros años de vida y el surgimiento de las posiciones esquizo-paranoide y depresiva, ya que podría pensarse que la primera de ellas puede estar presente en los estados mentales relacionados con el maltrato.

La autora afirma que en los primeros tres o cuatro meses de vida del bebé, se da la posición esquizo-paranoide. Menciona que en los primeros momentos de vida del infante, surgen ansiedades que provienen de fuentes internas y externas, como la acción del instinto

de muerte y las ansiedades que implican el proceso del abandono del útero materno, “la

ansiedad persecutoria entra desde un principio en la realidad del bebé con los objetos, en

medida en que está expuesto a privaciones” (Klein, 1952, p.71). El bebé inicia una relación de objeto con la madre, por medio de sus experiencias con el alimento, la limpieza y el contacto afectivo con el bebé. Allí establece una relación de objeto parcial con su madre, ya que sus pulsiones orales-libidinales y orales- destructivas están orientadas hacia el pecho, como lo afirma la autora.

Cuando el bebé experimenta un estado de desequilibrio por causa de privaciones internas u externas (hambre) hay un aumento de las pulsiones agresivas, opacando las

pulsiones libidinales: “sugiero que esta alteración del equilibrio entre libido y agresión es

causa de la emoción que llamamos voracidad, la cual es primeramente y sobretodo de

naturaleza oral” (Ibid, p.71). Klein menciona que el niño experimenta momentos de gratificación y frustración que estimulan las pulsiones libidinales (de amor) y destructivas

(de odio) respectivamente. A partir de allí, el pecho es sentido como “bueno” cuando gratifica y “malo” cuando frustra y no provee de alimento en el momento deseado, dando

lugar así al proceso de escisión del objeto y secundariamente del self. Klein plantea que desde el comienzo de la vida están presentes en el niño los mecanismos de proyección e introyección y que estos se aplican a las partes del self y del objeto escindidas.

“El lactante proyecta sus pulsiones de amor y las atribuye al pecho gratificador (bueno), así como proyecta sus pulsiones destructivas al exterior y las atribuye al pecho frustrador (malo). Simultáneamente, por introyección, un pecho bueno y un pecho malo se instalan en

el interior. En esta forma la imagen del objeto, externa e internalizada, se distorsiona en la mente del lactante por sus fantasías, ligadas a la proyección de sus pulsiones sobre el objeto. El pecho bueno, externo e interno, llega a ser el prototipo de todos los objetos protectores y gratificadores; el pecho malo, el prototipo de todos los objetos perseguidores externos e internos” [Ibid, p.72]

Cuando el bebé no es gratificado, emprende un ataque de heces y orina contra el

“pecho malo” debido a lo cual siente que el pecho se vengará de él y lo atacará de la misma manera. “Como los ataques fantaseados dirigidos contra el objeto son fundamentalmente influidos por la voracidad, el temor a la voracidad del objeto, debido a la proyección, constituye un elemento esencial de la ansiedad persecutoria: el pecho malo devorará al bebé

con la misma voracidad con que él desea devorarlo” (Ibid, p.73). Sin embargo la relación del bebé con el pecho bueno, le ayudará a sobreponerse a la angustia persecutoria. Siguiendo de cerca las palabras de Klein, las emociones del niño pequeño tienden a ser extremas y poderosas, así el objeto que frustra es percibido como un perseguidor abominable mientras que el objeto bueno es el perfecto, dando lugar a la idealización que

derivado “de la necesidad de protección contra los objetos perseguidores, es un medio de defensa contra la ansiedad” (Ibid, p.73). Este proceso de idealización se da por medio de la gratificación alucinatoria en donde existe la fantasía del bebé de poseer al pecho bueno:

“En la alucinación de realización de deseos, varios mecanismos y defensas fundamentales entran en juego. Uno de ellos es el control omnipotente del objeto interno y externo, porque el yo asume la posesión total de ambos pechos, externo e interno. Además, en la alucinación, el pecho perseguidor es mantenido bien separado del pecho ideal, y la experiencia de ser frustrado de la de ser gratificado. Parece ser que este clivaje que lleva hasta la escisión del objeto y de los sentimientos hacia él, está ligado al proceso de negación. La negación en su forma extrema -tal como la hallamos en la gratificación alucinatoria- lleva hasta el aniquilamiento de cualquier objeto o situación frustradores y está ligada al fuerte sentimiento de omnipotencia que prevalece en los primeros estadios de la vida” [Ibid, p.74].

La autora afirma que cuando hay una menor escisión entre el objeto bueno y el objeto malo, disminuye la ansiedad persecutoria y el objeto puede integrarse. Esta

integración podría ser una expresión del instinto de vida de acuerdo con Klein. “Bien

pudiera ser que cada uno de estos pasos hacia la integración sólo se produce si, en ese momento, el amor hacia el objeto predomina sobre las pulsiones destructivas (en última

instancia, el instinto de vida sobre el instinto de muerte)” (Ibid, p.74). Luego, Klein aborda la posición depresiva y la ubica durante el segundo trimestre del primer año del bebé.

“Su relación con el mundo externo -con las personas así como con las cosas se vuelve más diferenciada. La gama de sus gratificaciones e intereses se amplía y aumenta su capacidad de expresar sus emociones y de comunicarse con la gente. Estos cambios observables evidencian el desarrollo gradual del yo. La integración, la conciencia, las capacidades intelectuales, la relación con el mundo externo y otras funciones del yo se desarrollan constantemente. Al mismo tiempo progresa la organización sexual del bebé; las tendencias uretrales, anales y genitales adquieren fuerza, aunque los impulsos y deseos orales predominan aún. Así pues, existe una confluencia de distintas fuentes de libido y agresión, que matiza la vida emocional del bebé y hace aparecer en primer plano varias situaciones nuevas de ansiedad; se amplía la gama de fantasías y éstas se vuelven más elaboradas y diferenciadas. Paralelamente ocurren importantes cambios en la naturaleza de las defensas”. [Ibid. p. 81].

El bebé también establece una relación con la madre como objeto total, como persona y no como pecho. También hay una mayor integración en las características de los