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Actions to be supported and their expected contribution to the specific objective

SECTION 2. PRIORITY AXES

2.2. Description of the priority axis for technical assistance

2.2.5. Actions to be supported and their expected contribution to the specific objective

Durante trece años, los británicos y los franceses habían asumido que la cifra Enigma era indescifrable, pero ahora había esperanza. Las revelaciones polacas habían demostrado que esta cifra tenía fallos, lo que levantó la moral de los criptoanalistas aliados. Los progresos polacos se habían interrumpido con la introducción de nuevos modificadores y cables extra del clavijero, pero seguía siendo un hecho que la Enigma ya no era considerada una cifra perfecta.

Los avances polacos habían demostrado a los aliados el valor de emplear a matemáticos como descifradores. En el Reino Unido, la Sala 40 había estado dominada por lingüistas y clasicistas, pero ahora existía un esfuerzo concertado para equilibrar el personal con matemáticos y científicos. Los reclutaron en gran parte a través de la red de antiguos compañeros de la universidad: los que trabajaban en la Sala 40 se pusieron en contacto con sus antiguos colleges de Oxford o Cambridge . También había una red de antiguas

compañeras que reclutaba estudiantes universitarias de lugares como Newnham College y

Girton College, de Cambridge .

A los nuevos miembros no se les llevaba a la Sala 40 de Londres, sino a Bletchley Park, en

Buckinghamshire , la sede de la Govemment Code and Cypher School (GC&CS, Escuela Gubernamental de Códigos y Cifras) , una organización de descodificación

recién fundada que estaba sustituyendo a la Sala 40. Bletchley Park podía albergar a mucho más personal, lo que era importante, ya que se esperaba un diluvio de mensajes cifrados interceptados en cuanto empezara la guerra. Durante la primera guerra mundial, Alemania había transmitido dos millones de palabras al mes, pero se preveía que la mayor

disponibilidad de las radios en la segunda guerra mundial podría resultar en la transmisión de dos millones de palabras al día.

. En el centro de Bletchley Park había una gran mansión victoriana de estilo gótico- Tudor, construida por el financiero del siglo XIX sir Herbert Leon. La mansión, con su biblioteca, salón comedor y su ornado salón de baile, proporcionó la administración central para toda la operación Bletchley. El comandante Alastair Denniston , el director de la GC&CS, tenía una oficina en la planta baja, que daba a los jardines, una vista que no tardó en ser afeada por la construcción de numerosos cobertizos. Estas improvisadas construcciones de madera albergaron las diversas actividades de descodificación. Por ejemplo, el Cobertizo 6 se

especializaba en atacar las comunicaciones por Enigma del ejército alemán, pasando sus desciframientos al Cobertizo 3, donde operarios de inteligencia traducían los mensajes y trataban de sacar partido a la información. El Cobertizo 8 se especializaba en la Enigma naval, y pasaba sus desciframiento s al Cobertizo 4 para su traducción y acumulación de inteligencia. Inicialmente, Bletchley Park tenía un personal de sólo doscientas personas, pero en cinco años la mansión y los cobertizos llegarían a albergar a setecientos hombres y mujeres.

Durante el otoño de 1939, los científicos y matemáticos de Bletchley se familiarizaron con las intrincadas características de la cifra Enigma y dominaron rápidamente las técnicas polacas. Bletchley contaba con más personal y más medios que el Biuro Szyfrów polaco y, por tanto, era capaz de hacer frente a un surtido mayor de modificadores y al hecho de que la Enigma fuera ahora diez veces más difícil de descifrar. Cada veinticuatro horas, los descifradores británicos desempeñaban la misma rutina. A medianoche, los operadores alemanes de la Enigma cambiaban a una nueva clave del día. A partir de ese momento, cualesquiera que fueran los avances que Bletchley hubiera realizado el día anterior ya no se podían utilizar para descifrar mensajes. Los descifradores tenían que empezar ahora la tarea de intentar identificar la nueva clave del día. Podía costar varias horas, pero en cuanto descubrían las disposiciones de la Enigma para ese día, el personal de Bletchley podía empezar a descifrar los mensajes alemanes que ya había acumulado, revelando información sumamente valiosa para el esfuerzo de la guerra.

La sorpresa es un arma valiosísima con la que puede contar un comandante. Pero si Bletchley conseguía descifrar la Enigma, los planes alemanes se volverían transparentes y los británicos podrían leer la mente del Alto Mando alemán. Si los británicos podían recoger noticias de un ataque inminente, enviarían refuerzos o realizarían maniobras evasivas. Si podían descifrar las discusiones alemanas sobre sus propios puntos débiles, los aliados podían enfocar sus ofensivas. Los desciframientos de Bletchley tenían una

importancia máxima. Por ejemplo, cuando Alemania invadió Dinamarca y Noruega en abril de 1940, Bletchley proporcionó una imagen detallada de las operaciones alemanas. De manera similar, durante la batalla de Inglaterra, los criptoanalistas fueron capaces de advertir de los bombardeos con antelación, incluyendo las horas y los lugares. También podían dar informes puestos al día del estado de la Luftwaffe (aviación alemana), como el número de aviones que habían perdido y la velocidad con la que estaban siendo

reemplazados. Bletchley enviaba toda esta información a la sede central del M16 (Inteligencia británica), que la remitía a la Oficina de Guerra, el Ministerio del Aire y el Ministerio de Marina.

Una vez que habían dominado las técnicas polacas, los criptoanalistas de Bletchley comenzaron a inventar sus propios atajos para descubrir las claves de la Enigma. Por ejemplo, se percataron del hecho que los operadores alemanes de la Enigma de vez en cuando elegían claves de mensajes obvias. Para cada mensaje se suponía que el operador elegía una clave de mensaje diferente, tres letras escogidas al azar. Sin embargo, en el calor de la batalla, en vez de forzar su imaginación para elegir una clave al azar, los agotados operadores a veces tomaban tres letras consecutivas del teclado de la Enigma, como, por ejemplo, QWE o BNM.

Imagen 04- 02 - Disposición del teclado de la Enigma

Estas claves de mensaje previsibles empezaron a ser conocidas como cillis . Otro tipo de cilli era el uso repetido de la misma clave de mensaje, quizá las iniciales de la novia del operador; de hecho, un juego semejante de iniciales, C.I.L., puede haber sido el origen del término. Antes de descifrar la Enigma de la manera difícil se convirtió en rutina que los criptoanalistas probaran los cillis, y a veces sus corazonadas valían la pena.

Los cillis no eran puntos débiles de la máquina Enigma, sino más bien se trataba de debilidades en la manera en que se usaba la máquina . El error humano a niveles

superiores también comprometió la seguridad de la cifra Enigma. Los responsables de redactar los libros de códigos tenían que decidir qué modificadores serían usados cada día y en qué posiciones. Trataron de asegurarse que las disposiciones de los modificadores fueran imprevisibles no permitiendo que ningún modificador permaneciera en la misma posición dos días seguidos. Así, si denominamos 1,2, 3, 4 Y 5 a los modificadores, el primer día sería posible tener la disposición 1-3-4, y el segundo día sería posible tener 2-1-5, pero no 2-1-4, porque no se permite que el modificador número 4 permanezca en la misma posición dos días seguidos. Esto podría parecer una estrategia sensata, porque los modificadores están continuamente cambiando de posición, pero el cumplimiento de una regla semejante facilita muchísimo la labor del criptoanalista. Excluir ciertas disposiciones para evitar que un modificador permanezca en la misma posición significaba que los redactores del libro de códigos redujeron a la mitad el número de posibles disposiciones de los modificadores. Los criptoanalistas de Bletchley se dieron cuenta de lo que sucedía y le sacaron el mayor

partido. En cuanto identificaban la disposición de los modificadores para un día

inmediatamente podían descartar la mitad de las disposiciones de los modificadores para el día siguiente. De esta manera, su trabajo se reducía a la mitad.

De forma similar, había una regla que impedía que las posiciones del clavijero incluyeran el intercambio entre cualquier letra y su vecina en el alfabeto, lo que significaba que la S podía ser intercambiada con cualquier letra excepto la R y la T. La teoría era que semejantes intercambios obvios debían ser evitados deliberadamente pero, de nuevo, el' cumplimiento de una regla redujo drásticamente el número de claves posibles.

Esta búsqueda de nuevos atajos criptoanalíticos era necesaria porque la máquina Enigma continuó evolucionando durante el curso de la guerra. Los criptoanalistas se veían forzados continuamente a innovar, a rediseñar y refinar las bombas, y a inventar estrategias

completamente nuevas. Parte de la razón de su éxito era la rarísima combinación de

matemáticos, científicos, lingüistas, clasicistas, grandes maestros del ajedrez y adictos a los crucigramas dentro de cada cobertizo. Un problema complejo iría pasando por el cobertizo hasta llegar a alguien que tenía las herramientas mentales idóneas para resolverlo, o hasta llegar a alguien que al menos podía resolverlo parcialmente antes de hacerlo pasar de

nuevo. Gordon Welchman , que estaba a cargo del Cobertizo 6, describió a su equipo como «una manada de perros de caza tratando de captar el olor». Hubo muchos grandes criptoanalistas y muchos avances significativos, y se necesitarían varios grandes tomos para describir detalladamente las contribuciones individuales. Sin embargo, si hay una figura que merece una mención particular es Alan Turing, que identificó el punto débil más importante de la Enigma y le sacó partido implacablemente. Gracias a Turing, se hizo posible descifrar la cifra Enigma incluso en las circunstancias más difíciles.