SECTION 2. PRIORITY AXES
2.1. Description of the priority axes other than technical assistance
2.1.11. Specific objective 2.1
Al final del siglo XIX, la criptografía estaba en desorden. Desde que Babbage y Kasiski acabaron con la seguridad de la cifra Vigenère , los criptógrafos habían estado buscando una nueva cifra, algo que lograra restablecer la comunicación secreta, permitiendo de esta forma a los hombres de negocios y a los militares sacar provecho a la inmediación del telégrafo sin que sus comunicaciones fueran robadas y descifradas. Además, hacia finales de siglo, el físico italiano Guglielmo Marconi inventó una forma de telecomunicación todavía más poderosa, que hizo aún más apremiante la necesidad de una codificación segura.
En 1894 Marconi empezó a experimentar con una curiosa propiedad de los circuitos eléctricos. Bajo ciertas condiciones, si un circuito llevaba una corriente eléctrica, esto podía inducir una corriente en otro circuito aislado situado a cierta distancia. Mejorando el diseño de los dos circuitos, aumentando su potencia y añadiendo antenas, Marconi no tardó en transmitir y recibir pulsaciones de información entre distancias de hasta 2,5 km. Había inventado la radio. El telégrafo ya llevaba establecido medio siglo, pero requería un cable para transportar un mensaje entre el emisor y el receptor. El sistema de Marconi tenía la gran ventaja de no necesitar cables; la señal viajaba, como por arte de magia, por el aire. En 1896, buscando respaldo económico para su idea, Marconi emigró a Gran Bretaña, donde obtuvo su primera patente. Continuando con sus experimentos, aumentó el alcance de sus comunicaciones por radio, transmitiendo primero un mensaje a través de los 15 km del canal de Bristol, y luego los 53 km del canal de la Mancha hasta Francia. Al mismo tiempo comenzó a buscar aplicaciones comerciales para su invento, señalando a los patrocinadores potenciales las dos ventajas principales de la radio: no requería la
construcción de costosas líneas de telégrafo y tenía el potencial de enviar mensajes entre lugares que de otra forma permanecerían aislados. En 1899 llevó a cabo una magnífica maniobra publicitaria, equipando dos barcos con radios para que los periodistas que cubrían la Copa América, la carrera de vela más importante del mundo, pudieran enviar reportajes a Nueva York para que aparecieran en los periódicos del día siguiente.
El interés creció aún más cuando Marconi echó por tierra el mito de que la comunicación por radio quedaba limitada por el horizonte. Los detractores habían alegado que como las ondas de radio no podían curvarse y seguir la curvatura de la Tierra, la comunicación por radio quedaría limitada a unos cien kilómetros. Marconi trató de demostrar que se
a 3.500 km de distancia. En diciembre de 1901, durante tres horas cada día, el transmisor de Poldhu envió la letra S (punto-punto-punto) una y otra vez, mientras Marconi se hallaba en los acantilados de Terranova, siempre expuestos al viento, tratando de detectar las ondas de radio. Día tras día, luchó por hacer subir una cometa gigante, que a su vez izaba su antena a gran altura. El 12 de diciembre, un poco después de mediodía, Marconi detectó tres puntos remotos, el primer mensaje de radio trasatlántico. La explicación del logro de Marconi siguió siendo un misterio hasta 1942, cuando los físicos descubrieron la ionosfera , una capa de la atmósfera cuyo límite inferior está a unos 60 km sobre la Tierra. La ionosfera actúa como un espejo, permitiendo que las ondas de radio reboten en ella. Las ondas de radio también rebotan en la superficie de la Tierra, por lo que, de hecho, los mensajes por radio pueden llegar a cualquier parte del mundo tras una serie de rebotes entre la ionosfera y la Tierra.
El invento de Marconi sedujo a los militares, que lo vieron con una mezcla de deseo y agitación. Las ventajas tácticas de la radio eran obvias: permite la comunicación directa entre dos puntos sin necesidad de un cable entre los emplazamientos. Tender esos cables es a menudo muy poco práctico, y a veces imposible. Anteriormente, un capitán naval
estacionado en un puerto no tenía ninguna manera de comunicarse con sus naves, que podían desaparecer durante meses seguidos, pero la radio le permitiría coordinar una flota sin importar dónde se hallasen los barcos. De manera similar, la radio permitiría que los generales dirigiesen sus campañas, manteniéndolos en contacto continuo con los batallones, a pesar de sus movimientos. Todo esto lo hace posible la naturaleza de las ondas de radio, que emanan en todas las direcciones, y llegan a los receptores no importa dónde estén. Sin embargo, esta propiedad penetrante de la radio es también su mayor debilidad militar, porque los mensajes llegarán inevitablemente tanto al enemigo como al receptor a quien van dirigidos. Por consiguiente, la codificación fiable se convirtió en algo muy necesario. Si el enemigo iba a poder interceptar todo mensaje de radio, los criptógrafos tenían que encontrar una manera de impedir que descifraran estos mensajes.
Las ventajas e inconvenientes de la radio -facilidad de comunicación y facilidad de
interceptación- se pusieron claramente de manifiesto al estallar la primera guerra mundial. Todas las partes estaban deseosas de sacar partido al poder de la radio, pero también se sentían inseguras respecto a cómo garantizar la seguridad. La unión de ambas
circunstancias -la llegada de la radio y la guerra mundial- intensificó la necesidad de la codificación efectiva. Había la esperanza de que se produciría un gran avance, alguna nueva cifra que restablecería el secreto para los mandos militares. Sin embargo, entre 1914 y 1918 no iba a surgir ningún gran descubrimiento, solamente un catálogo de fracasos criptográficos. Los creadores de códigos produjeron varias cifras nuevas, pero una a una fueron descifradas.
Una de las cifras más famosas de los tiempos de guerra fue la cifra ADFGVX alemana , introducida el 5 de marzo de 1918, justo antes de la gran ofensiva alemana que comenzó el 21 de marzo. Como cualquier ataque, el empuje alemán se beneficiaría del factor sorpresa, y un comité de criptógrafos había seleccionado la cifra ADFGVX entre una variedad de candidatas, creyendo que ofrecía la mejor seguridad. De hecho, confiaban en que era indescifrable. La fortaleza de la cifra radicaba en su naturaleza enrevesada, una mezcla de sustitución y trasposición.
A principios de junio de 1918, la artillería alemana se encontraba a sólo 100 km de París y se estaba preparando para una ofensiva final. La única esperanza de los aliados era descifrar la cifra ADFGVX para descubrir el lugar exacto en que los alemanes planeaban romper sus defensas. Afortunadamente, tenían un arma secreta, un criptoanalista llamado Georges
Painvin . Este francés moreno y esbelto, con una mente penetrante, sólo había reconocido
su talento para los enigmas criptográficos tras un encuentro fortuito con un miembro del
Bureau du Chiffre (Oficina de Cifras) poco después del estallido de la guerra. Después
de eso, dedicó su valiosísima habilidad a determinar los puntos débiles de las cifras alemanas. Luchó noche y día con la cifra ADFGVX, perdiendo 15 kilos en el proceso. Finalmente, la noche del 2 de junio descifró un mensaje ADFGVX. El gran avance de Painvin condujo a una serie de nuevos desciframientos, incluido un mensaje que contenía la orden «Envíen municiones rápidamente. Incluso durante el día si no os ven». En el
preámbulo se indicaba que había sido enviado desde algún lugar situado entre Montdidier y Compiegne, a unos 80 km al norte de París. La necesidad urgente de municiones implicaba que ése iba a ser el lugar de la inminente ofensiva alemana. El reconocimiento aéreo confirmó que ése era efectivamente el caso. Se enviaron soldados aliados para reforzar este tramo del frente y una semana después comenzó el ataque alemán. Al haber perdido el factor sorpresa, el ejército alemán fue derrotado en una batalla infernal que duró cinco días. El desciframiento de la cifra ADFGVX tipificó la criptografía durante la primera guerra
mundial . Aunque había una ráfaga de nuevas cifras, todas ellas eran variaciones o
combinaciones de cifras decimonónicas que ya habían sido descifradas. Mientras algunas de ellas ofrecían seguridad inicialmente, nunca pasaba mucho tiempo antes de que los criptoanalistas fueran más fuertes que ellas. El mayor problema para los criptoanalistas
era enfrentarse al volumen mismo del tráfico. Antes de la llegada de la radio, los
mensajes interceptados eran artículos infrecuentes y preciosos, y los criptoanalistas valoraban cada uno de ellos. Sin embargo, en la primera guerra mundial la cantidad de tráfico de radio era enorme, y se podía interceptar cada uno de los mensajes, generando un flujo continuo de textos cifrados para ocupar las mentes de los criptoanalistas. Se estima que los franceses interceptaron mil millones de palabras de comunicaciones alemanas durante el curso de la primera guerra mundial.
De todos los criptoanalistas de los tiempos de la guerra, los franceses fueron los más eficaces. Cuando entraron en la guerra ya contaban con el equipo de descifradores más fuerte de Europa, como consecuencia de la humillante derrota francesa en la guerra franco- prusiana. Napoleón III , deseoso de restaurar su deteriorada popularidad, había invadido Prusia en 1870, pero no había previsto la alianza entre Prusia al norte y los estados
alemanes del sur. Conducidos por Otto Von Bismarck , los prusianos aplastaron al ejército francés, anexionando las provincias de Alsacia y Lorena y poniendo fin al dominio francés de Europa. Después de eso, la continua amenaza de la Alemania recién unificada parece haber sido el acicate para que los criptoanalistas franceses llegaran a dominar las técnicas necesarias para proporcionar a Francia una inteligencia detallada sobre los planes de su enemigo.
sus escritos proporcionaron a los franceses una guía excepcional de los principios del criptoanálisis. Para cuando empezó la primera guerra mundial, tres décadas después, los militares franceses habían puesto en práctica las ideas de Kerckhoffs a escala industrial. Mientras genios solitarios como Painvin trataban de descifrar las nuevas cifras, equipos de expertos, cada uno con habilidades especialmente desarrolladas para abordar una cifra particular, se concentraban en los desciframientos cotidianos. El tiempo era esencial, y este «criptoanálisis de cinta-transportadora» proporcionaba información -inteligencia- rápida y eficazmente.