1.5 Brain-Computer Interfaces (BCI): Definition and Categories
1.5.5 Active, Reactive and Passive BCI
La movilidad de la población constituye el aspecto demográfico más sensible a los cambios de las condiciones socioeconómicas del desarrollo. Por atracción o expulsión, el sector más dinámico de la población se traslada dentro y fuera de las fronteras nacionales. Este apartado se ceñirá al caso de las migraciones internacionales.
A comienzos del siglo XXI se estima que alrededor de 150 millones de personas, algo menos del 3% de la población mundial, viven fuera de sus países de origen. Esta cifra, que va en aumento, no contabiliza a quienes migran como indocumentados (OIM-Naciones Unidas, 2000), ni tampoco a quienes se desplazan temporalmente.
En América Latina y el Caribe más de 17 millones de personas viven fuera de su país de nacimiento. En otras palabras, por lo menos uno de cada diez migrantes en el mundo es latinoamericano o caribeño. La mitad de este contingente emigró en el decenio de 1990, en especial al principal país de destino de varios flujos: los Estados Unidos. Se detecta por otra parte una incipiente dinámica expansiva de los flujos migratorios hacia Europa.
Aunque la globalización no contempla la libre movilidad de las personas, ejerce una poderosa influencia en la dinámica migratoria mundial, que se advierte en nuestra región. La mayoría de las personas que migran vencen barreras que generan múltiples tensiones y sufren condiciones que afectan su seguridad y su calidad de vida. Existe un trasfondo general de pobreza en las decisiones de migrar, ya sea por el desempleo o subempleo, las bajas remuneraciones o, en general, las escasas perspectivas de movilidad social.
En relación con el principal destino extrarregional, los Estados Unidos de América, la situación migratoria latinoamericana y caribeña se refleja en el gráfico que sigue.
Gráfico III.2
ESTADOS UNIDOS: DISTRIBUCIÓN DE LOS INMIGRANTES PROVENIENTES DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, POR SUBREGIÓN DE ORIGEN,1971-1998 (En porcentajes) 0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 70.0 Central del Sur M é xico Am é rica Caribe Am é rica Subregi ó n de origen Porcentaje 1971-1980 1981-1990 1991-1994 1995-1998
La migración extrarregional representa para la región una oportunidad de empleo y de generación de remesas, pero también una disminución permanente de capital humano calificado. Los endebles sistemas institucionales de ciencia y tecnología se ven profundamente afectados por estos patrones migratorios, que comprometen aún más su futuro.
La migración entre los países de la región tiene profundas raíces históricas y acontece principalmente en naciones con fronteras comunes, donde se asocia con la articulación de los mercados de trabajo y factores de carácter coyuntural. La migración intrarregional fue particularmente intensa durante los años setenta, en función de las alteraciones sociopolíticas que sufrieron diversos países de la región. Esta dinámica mermó en el último decenio, cuando el total acumulado de migrantes intrarregionales representó sólo 2.2 millones de personas (Villa y Martínez, 2000).
Sin embargo, la información sobre el patrón migratorio intrarregional no está actualizada y se restringe además a quienes se trasladan con fines de residencia. Hasta 1990, casi dos tercios de los migrantes regionales se concentraban en Argentina y Venezuela. Esta dinámica ha cambiado: ambos países registran ahora un crecimiento de la emigración extrarregional. En la dinámica expulsora de los últimos años destacan sobre todo los países andinos, con destinos tanto intra como extrarregionales.
Debido a las graves alteraciones sociopolíticas que sufrió Centroamérica en los años setenta y ochenta —sumadas a las históricas insuficiencias estructurales en materia de desarrollo—, el número de migrantes nicaragüenses y salvadoreños aumentó considerablemente en Costa Rica entre 1973 y 1984. Durante el mismo período, México recibió una importante inmigración desde Guatemala y El Salvador. Algo similar con cifras menores pero con efectos de mayor envergadura en las esferas económica, social y cultural puede decirse respecto de Belice (Villa y Martínez, 2000). Todo parece indicar que en los últimos años Costa Rica ha mantenido su condición receptora dentro del Istmo y que México y Belice se han convertido en territorios de tránsito de migrantes centroamericanos en sus rutas hacia el norte.
La migración dentro del Caribe se distingue por la intensa circulación de personas, el retorno y la migración por etapas, como parte de un proceso de traslado a un destino extrarregional. La gran expansión de las actividades turísticas en algunos países y las menores oportunidades de empleo en otros han incrementado la movilidad intracaribeña. Algo más de la mitad de la inmigración en 1990 procedía de la misma subregión (Mills, 1997). Trinidad y Tabago, Islas Vírgenes de los Estados Unidos y Barbados se cuentan entre los países con mayor presencia de inmigrantes.
En la migración intrarregional reciente parece crecer la participación de mujeres y de personas de altos niveles de calificación. Todo indica que la migración de personas de alta calificación ha mantenido su dinamismo durante los años noventa. En el marco de una reestructuración territorial de las economías de la región, se detectan nuevas modalidades, como la migración temporal, que están relacionadas con los planes de contratación de las grandes corporaciones, la apertura económica y las iniciativas de integración subregional.
5. Migración y remesas
Una de las repercusiones más evidentes de la migración internacional en beneficio de los países en desarrollo son las remesas de dinero que envían los emigrantes a sus familiares y comunidades de origen. Los aportes, regulares u ocasionales, que los emigrantes ahorran y remiten de manera atomizada, se han convertido en una variable macroeconómica de primera magnitud para muchas zonas e incluso países de la región, en especial en México, Centroamérica y el Caribe. En algunos casos se trata de una verdadera “industria migratoria”. Muchos de estos envíos de dinero son informales, por lo que resultan difíciles de
contabilizar, y entrañan exorbitantes costos de transferencia, por comisiones o desfavorables tasas de cambio. Según una estimación aproximada y conservadora, entre 1990 y 2000, la magnitud total de las remesas hacia la región pasó de alrededor de 5 200 a unos 18 000 millones de dólares al año. La distribución de estas remesas y su importancia en relación con las principales variables macroeconómicas se pueden apreciar en el cuadro III.1.
Cuadro III.1
AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: PRINCIPALES PAÍSES RECEPTORES DE REMESAS, 1990-2000
Remesas Remesas/ Remesas/
Millones de dólares Variación media anual PIB (%) exportaciones (%) 1990 2000 a/ 1990-2000 (%) 1990 2000 a/ 1990 2000 a/
América Latina y el Caribe 5 168 b/ 18 000 13.3 0.4 0.9 3.6 4.4
México 2 492 7 000 10.9 0.9 1.2 9.5 3.8 El Salvador 358 1 800 17.5 7.5 13.9 70.7 51.6 República Dominicana 315 1 600 17.7 4.5 8.1 17.2 17.8 Brasil 527 1 200 8.6 0.1 0.2 1.7 1.9 Ecuador 50 1 100 36.2 0.5 8.1 1.8 18.8 Colombia 488 800 5.1 1.0 1.0 7.2 5.1 Perú 87 800 24.8 0.3 1.5 2.6 9.3 Jamaica 136 700 17.8 2.1 10.6 12.3 41.8 c/ Cuba … 720 … … 2.9 … 15.0 Guatemala 107 600 18.9 1.4 3.1 9.2 16.0 Resto d/ 409 1 680 15.2 … … … …
Fuente: CEPAL, sobre la base de cifras del Fondo Monetario Internacional. Para Cuba, estimaciones nacionales.
a/ Cifras estimadas, sobre la base de datos de 1999.
b/ A falta de datos oficiales, este total incluye cifras estimadas para Cuba y Haití de 300 y 200 millones de dólares, respectivamente.
c/ Cifra correspondiente a 1999.
d/ Haití, Nicaragua y Honduras, principalmente.
Las remesas que se envían a México, Centroamérica y el Caribe representan las tres cuartas partes del total regional. Con cerca de 7 000 millones de dólares anuales, México destaca como el mayor país receptor de la región y ocupa el segundo lugar en el mundo, después de la India.
En economías más pequeñas como El Salvador, República Dominicana, Ecuador y Jamaica, las remesas recibidas tienen un impacto interno mucho mayor, al representar entre 8% y 14% del PIB. En los casos de El Salvador y Jamaica las remesas, que equivalen al 52% y 42% de sus exportaciones totales, ejercen presiones sobre el tipo de cambio y las tasas de interés. Otros países de Centroamérica y el Caribe reciben también ingentes remesas; en el caso de Nicaragua, se estima que la cuarta parte de ellas proviene de Costa Rica. En el caso de Cuba, donde ascienden a poco más de 700 millones anuales, provienen sobre todo de ayudas familiares de la comunidad cubana residente en los Estados Unidos.
En América del Sur destaca la magnitud y el impacto macroeconómico de las remesas en Ecuador, así como los montos que reciben Brasil, Colombia y Perú, aunque su impacto relativo es bastante inferior. En Brasil y en Perú hay una fracción de remesas que corresponden a descendientes de japoneses que antiguamente inmigraron a esos países.
En Centroamérica y México, las remesas se utilizan sobre todo para mejorar el consumo alimenticio. Según encuestas realizadas a fines de los años ochenta por la CEPAL en El Salvador, Guatemala y Nicaragua, entre un 82% y un 85% de las remesas familiares se destinaban a este fin. Los
gastos en salud y educación de los niños resultaron ser otra prioridad, al figurar entre un 4% y un 8% del total de remesas. La inversión en mejoramiento de la vivienda y adquisición de bienes raíces comprendía entre el 5% y el 6% del total; los ahorros financieros y la inversión productiva —aquella que genera producción y empleo— resultaron bastante marginales (CEPAL, 2001d). Las limitadas habilidades empresariales locales y la inaccesibilidad del crédito limitan todavía más las posibilidades. Urge facilitar y fomentar un uso productivo de las remesas, que genere empleo e ingresos, por constituir un posible mecanismo autosostenido de superación de la pobreza y desarrollo local.