LOCATIONS AND ACTIVITIES
10.3 Activities engaged in by interviewees
Ya te he contado algunas de mis batallas en terrazas, transporte público y la playa. Ahora te voy a ilustrar con una experiencia de cita concertada después de un aplazamiento, haber quedado con ella, o incluso si es una chica a la que ya conoces desde hace tiempo y no ha caído hasta el momento. En este caso te voy a hablar de una mujer con la que solamente había hablado un par de veces por Chat, amiga de un amigo a través de una famosa red social. No la había visto en mi vida, más que en un par de fotos, tampoco había habido mucha insinuación y el encuentro iba a ser en primer lugar “amistoso”. Sería más bien un “A ver qué pasa”, porque para qué negarlo… Sería pedante por mi parte decir que
soy un seductor, nunca he sido un crack con las tías, pero sí que con el paso del tiempo y habiendo cometido muchos errores, puedo decirte el cómo, el qué y el cuando.
Yo desde luego había salido de casa con los deberes hechos: habitación ordenada, frigorífico lleno, casa y baño limpio, la cama hecha, etc. No por nada en espacial, ya que es algo que siempre hago antes de salir, es como salir siempre de casa con la ropa interior limpia o preservativos en la cartera: no deja de ser una mera cuestión de higiene personal o de previsión, que quieras o no, te predispone mucho más mentalmente a facilitar un posible encuentro sexual. Como siempre digo: no es magia, simplemente es predisposición y actitud. Añade a esta predisposición las rutinas de masturbación que te propongo para mantener activo tu vigor y tu impulso sexual, y dime después con qué mirada y con qué ánimo sales a la calle… Lo dicho.
Ella me sorprendió diciéndome que sí… ¿Un sábado? Lo dije solo por probar ¿Una primera cita y sin saber nada me dice que sí? Probablemente ella no tenía nada mejor que hacer, no quiero ir de listo contigo. No nos conocíamos realmente, y estaba dispuesta a quedar un sábado con un desconocido. Traducción: las puertas abiertas de par en par. Esto bien puede ser un tanteo, o un test para ver si eres un tío con una vida social muy activa, o ver por donde te sueles mover con tus amigos, pero desde luego había juego. Había quedado con ella a eso de las 22:00H en Vázquez de Mella y tuvo la gentileza de llegar casi media hora tarde, por lo que pensé desde ese momento que ella sí querría entrar al trapo de la seducción, siempre y cuando yo no la cagara, claro.
Me había echado dos cigarros, y de repente salió de detrás de una esquina, se había bajado en Chueca y había venido andando. Apareció con una sonrisa de oreja a oreja. Era fiel a la fotografía de su perfil, como me esperaba. OK todo en orden: “Me vas a matar por llegar tan tarde”. A lo que yo respondí: “Me lo estoy pensando”. Pensaba tomarme una caña con ella antes de ir a cenar, y tantear un poco el terreno, más que nada para darnos una oportunidad a ambos por si alguno de los dos tenía que salir corriendo por miedo. Había hecho una reserva con suficiente antelación en un restaurante muy chulo cercano, pero como ella había llegado tarde tuvimos que ir directamente para no perder la reserva. Esto podría ser un inconveniente, sentarse directamente a cenar sin haber “calentado” un poco, es algo forzado. Además cambiar de sitio conjuntamente con ella, al menos en dos o tres ocasiones es algo que da más familiaridad y una falsa ilusión de que has pasado más tiempo con ella, de lo que en realidad has pasado.
Ya por el camino la reñía en broma por llegar tarde y ella, no paraba de reírse. Por lo visto ese día tenía el día sembrado para el humor al menos con ella, cuando lo que me suele para es que ni mis mejore amigos me cogen el humor, por ser bastante malo. Cogí la racha de la risa y la endemoniada no paraba de entrar al trapo, parecía que le habían dado cuerda. Pensé que podía estar cayendo en la trampa del payaso que entretiene a la tía a la que se quiere ligar, pero por cada parida que yo decía ella soltaba una mayor. Esto le quitó
mucha tensión al momento de sentarnos a cenar, ya el ambiente se había calentado lo suficiente para no empezar con un “Bueno, cuéntame algo”.
Un sitio muy fashion… mejor dicho, muy pero que muy hortera, con sillones forrados con algo parecido a la piel de cebra. Es lo que tiene la zona, luces medio rojas, medio azules, poca comida y precios altos. Toda la cena de risas, toda la cena descualificándome como un poseso y haciendo bromas acerca del tamaño de mi pene (en cuanto a lo pequeño): “¡Tío para ya! que me va a salir el vino por las narices” me dijo cuando ya no podía más. Invité yo, a lo que ella se comprometió a pagar las copas. Éste fue un detalle por su parte que me hizo tenerla en cuenta, es una señal de respeto hacia ti que ella no quiera ser la invitada en todo momento: por todo ello, hasta aquí OK. Debían ser la 01:00 y nos fuimos a tomar un mojito a lo que antes era la Lupe de Chueca, sitio que me encanta. La noche iba avanzando, nos metimos en otro garito a bailar como locas. Cualquiera que nos viera pensaría que yo era el amigo gay de la rubia simpática, ayudado también por mi forma de vestir, cosa que dentro de los locales que visitamos contó muy a mi favor entre el resto de las mujeres de la sala, que no me dejaban en paz por momentos, para pedirme fuego, sobarme el culo… Aclaración: literalmente metiéndome la mano en el bolsillo de atrás y apretando las nalgas que Dios me ha dado, confiadas en que yo era el amigo gay de la rubia simpática, y te aseguro que ni me parezco a David Beckham ni a Cristiano Ronaldo. Y bueno, arrimándose constantemente para bailar.
Mi cita tirada por los suelos de la risa, al ver como yo resoplaba con todas estas cosas y como las seguía el juego. Simplemente me metí en el ambiente al 100% y solo me preocupé por disfrutar. Mucha risa, mucha gracia, no demasiadas copas y yo bailando como si fuera mi última noche de vida en plan reina de baile. Como diría mi hermano: “mucho jijí, mucho jajá… pero nada de nada”. Desde luego, yo no tenía la sensación de estar haciéndolo bien para ligármela y llevármela a la cama esa misma noche. Aunque bueno, como te pasará en muchas ocasiones, hasta que no fuerces un cambio de estado, o un punto de tesión-ruptura (en castellano: que te la juegues y le eches huevos) no pasará nada. Eres tú quien ha de liderar el ritmo y los tiempos. Si no fuerzas este cambio de estado, no hay sexo. Si hubiese seguido con ella de risas, gracias y simpatía... me quedaría como “una amiga más”.
Salimos del último local a las 03:00 porque ya estaban cerrando todo y había que definir, así que me la jugué con algo de humor y algo de morro. Mientras subíamos para la gran Vía a coger un hipotético taxi, pensé que tenía una baza muy importante a mi favor en cuanto a logística: ella vivía fuera de Madrid y le esperarían al menos casi dos horas de transporte, mientras que mi casa estaba a cinco minutos en taxi.
Estas eran las opciones, o eso, o habría que meterse en otro lado hasta las 06:00 de la mañana esperando que abriera el metro, pero que yo obviamente, no estaba dispuesto a hacer. Así que le solté algo parecido a lo siguiente: "Señorita, llegados a este punto, tiene usted dos opciones: en cuanto lleguemos a ese cruce de calles, puedo acompañarla a esperar un taxi para que llegue bien a casa, o bien… Puede usted aceptar un soborno, en el que hay mucho dulce de por medio y quizás un café. Tiene usted para decidirse hasta que lleguemos al cruce”. No faltaban ni cinco metros para salir a la Gran Vía.
Antes que ella pudiese pensar demasiado, llamé a un taxi (suerte la mía la de coger un taxi un sábado noche casi a las 04:00 de la mañana) y ella se metió conmigo dentro sin preguntar. Le di la dirección de mi casa al taxista, mientras mi cita tan tranquila, se dejaba llevar como una maleta. Aquí tienes una buena clave: no preguntes tanto y actúa más, mientras seas correcto, educado y natural todo tiene cabida. No te preocupes por si ella te va a decir que no, si ese es el caso, te lo hará saber, y tú como un caballero que has sido hasta ese momento y lo vas a seguir siendo, le darás dos besos, las buenas noches e irás a tu casa a hacerte una paja de las que marcan épocas; pero tranquilo… No es este caso, seguimos con ella:
El taxi nos dejó justo en frente de mi portal, nos bajamos, andamos un poquito y dije sacando las llaves de mi bolsillo “Ya hemos llegado”. Se sorprendió y me dijo:
“¿A tu casa? ¿Me has traído a tu casa?”
“Claro, a esta hora ¿dónde pretendes que te lleve?” “Pensaba que me ibas a llevar a tomar un café”
“Y eso he hecho, te voy a hacer un café que no lo has probado en tu vida: palabra” “No sé, no sé… Esto me huele a encerrona”
“Desde luego que sí, no te quepa la menor duda, pero prometo portarme bien… De todas formas aún estás a tiempo de salir corriendo, te daré 10 segundos de ventaja” y le hice un gesto con la mano, indicando que se podía ir en cuanto le diera la gana
“Tú pareces muy inocente, pero no lo eres tanto… Que conste que me has engañado”. Aquí dante cuenta que ella ha de justificar su presencia en mi casa, porque hipotéticamente la he engañado… ¡Y una leche! ¿Conoces a una sola mujer tonta? Yo desde luego que no. En un momento así es cuando de verdad te das cuenta que ella ha de sentir cero responsabilidad, y tú cargar con el 100% para que algo pueda pasar.
“Intentaré vivir con ello” respondí, mientras abría la puerta, sonreía y entrábamos del portal al ascensor.
Entramos y le enseñé la casa, le pregunté si tenía que utilizar el baño; aparte que por educación, para entrar yo después, pero toma como norma el preguntarle a ella siempre primero, es tu invitada. Es probable que quiera hacerse algún arreglo ahí dentro a puerta cerrada, si prevé que se va acostar contigo. Te aseguro que siempre llevan encima todo el kit necesario para sentirse estupendas, pero para ellas hacerlo a puerta cerrada es
imprescindible. Después la conduje a la cocina y comencé a hacer el café mientras ella se fumaba un cigarro.
Estuvimos hablando de las relaciones, de sexo… Mientras observaba que ella acariciaba una y otra vez los cigarros antes de encenderlos. Eso es algo que me invitaba a pensar más y más en sexo, obviamente ella pensaba en ello, debido al cariño y la sensualidad con que lo hacía mientras nos mirábamos a los ojos. Seguimos hablando un rato hasta que apuramos los cafés, entonces le dije:
“Ahora viene la siguiente parte del circuito” “¿Qué?” con los ojos como platos
“Vamos a mi habitación, te vas a poner cómoda y te voy a dar un masaje con aceites” Entró dócilmente en mi habitación, pero cuando vio que obviamente ya tenía todo el kit de masaje preparado, el incienso solamente a falta de encenderlo, todo perfectamente puesto, limpio y ordenado me dijo: “O sea… ¡Que lo tenías ya todo preparado!” dándome una torta en el brazo, mientras me daba la risa floja. Salí de la habitación para cambiarme y ponerme el uniforme de masajista, y para que ella se desnudara y se pusiera cómoda: “Cuando estés lista, da un par de golpes y entraré, utiliza esta toalla para cubrirte”. Ella estaba a cuadros, cada cosa que iba pasando le daba la sensación de que era inevitable: esa es la sensación que has de crear. Tú eres el responsable de que las cosas pasen. Entré cuando me dio la señal, encendí el incienso y le puse un refresco y un cenicero al lado de la cama por si le apetecía alargar la mano y fumar. Aún así cuando le eché el aceite y empecé a acariciarla la notaba muy tensa, nerviosa… Te engañaría si te dijera que estaba 100% cómoda, no tenía más que acariciarle la espalda para notar la tensión o la rigidez de su cuerpo. Probablemente para ella estaba pasando todo demasiado deprisa, después me di cuenta por qué, con un comentario que me hizo antes de irse al mediodía siguiente. Si en ese momento hubiese intentando hacer algo, probablemente ella se hubiera sentido más incómoda y yo no quería eso. Si ella no está relajada y a gusto en su totalidad contigo, mejor no intentar nada. Yo quería que cualquier cosa que fuésemos a hacer, fuese una buena experiencia para ambos.
Mientras le daba el masaje, hablaba susurrando, le soltaba alguna gracia para hacerla reír, le contaba alguna batalla, cada vez con la voz más baja para ir relajando el ambiente. Debían ser ya casi las 06:00 de la mañana y yo ya estaba cansado, así que le propuse que durmiéramos. Sí… No pongas esa cara, que durmiéramos juntos. En ese momento no se podía ni se debía hacer nada. Quizás yo había ido demasiado deprisa, ya que mientras habíamos cenado y tomado copas, mi comportamiento no fue demasiado seductor y sí muy amistoso. De hecho, el salto al contexto sexual fue como tiene que ser: forzado. ¿Por qué? Ella no lo va a hacer por ti (como siempre). Con esto no quiero decir que la cojas por el pelo y la metas en la cueva, eso es maltrato. Pero sí has de encargarte de que todo
suceda, encaminar el encuentro y poner los medios… Vamos bien, necesitaba generar el confort suficiente para que ella estuviera cómoda conmigo en la cama y de hecho así fue. Nos quedamos los dos hablando en la cama casi desnudos mirando hacia arriba, hablando hasta que nos diera sueño. Hice un comentario, ya que esa situación me parecía bastante parodiable, como muy de película americana de adolescentes o de universitarios: “¿No te parece que estemos en una película en plan American Pie?”. Y venga a reír, y venga a reír ya a oscuras, hasta que nos callamos y nos quedamos dormidos.
Debimos dormir dos o tres horas nada más, pero bien dormidas. Cuando abrí los ojos me la encontré apoyada en mi hombro, ya era de día y la persiana de mi habitación dejaba entrar algún rayo de sol. En ese momento sentí que debía acariciarla, despertarla poco a poco, con dulzura, tocando su pelo, que lo primero que viera al abrir sus ojos fuese mi sonrisa y un susurro dándole los buenos días. Así lo hice y nada más abrir ella los ojos y dárselos, ella sonrió y me dijo: “Eres un cabrón”, cerró los ojos y empezamos a besarnos, primero despacio y cada vez más subiendo la energía. Nos pegamos cuerpo a cuerpo y ciertamente todo fue pasando bastante rápido, ya que ella también fue tomando mucha iniciativa y aparte de su aspecto frágil y delicado, tenía muchísima fuerza, cosa de la que me estaba dando cuenta en ese momento.
No había mucha ropa que quitarse, en cuanto a eso ya estaba casi todo hecho gracias al masaje… Ciertamente me di cuenta en ese mismo instante, que hice bien en dormir con ella sin atacarla, era lo que hacía falta: algo más de confianza y confort. Estuvimos pegados un buen rato a pesar del calor, como si en el cuerpo del otro estuviera la respuesta a todo: arriba, abajo, de lado, con besos, mordiéndonos y haciendo alguna extravagancia que primero propuse yo, y que después ella superó con creces. La botella se había descorchado. Cuando ya caímos relajados, mientras fumábamos el cigarro de después, ella me dijo algo a lo que en principio no di importancia, pero en lo que ella me insistió, porque era la primera vez (según ella) que le pasaba: “Eres el primer tío que me mete en la cama en la primera noche”. Aunque ya era de día, todo estaba bien dicho y hecho.
Lo siguiente que me dijo al ver que no le di aparente importancia a ese comentario fue: “Oye, esto que te he dicho es verdad, deberías tomarlo como un halago”. Y ya caí en la cuenta de que en efecto todo estaba bien. Domingo por la mañana y mujer preciosa en mi cama, era el momento de hacer lo que más me gusta: preparar un desayuno especial de domingo y llevárselo a la cama. Me encanta ver la cara que pone una mujer cuando esto sucede en mi habitación y le pongo la bandeja llena de cosas ricas para desayunar. Estuvimos hablando más de tres horas en la cama, trayendo más café y fumando mucho… Eso es lo verdaderamente especial tío, entérate ya, ese momento, eso sí es intimidad con una mujer… Lo demás es solamente una consecuencia de seguir una logística y respetar los ritmos de cada uno. Creo que hablamos absolutamente de todo lo conversable, sobre todo
de lo que nos gustaba y lo que nos dejaba de gustar en la cama, en pareja, en una relación… Y también de su novio, porque lo tenía. Lo cierto era que encima vivía con él, pero no sé por qué razón exactamente no había problema en que ella volviese a mediodía a su casa, supongo que debió buscarse una coartada o algo así. De lo del novio me enteré en ese momento, no me gusta meterme donde no me llaman y suelo creerme lo que me dice, llámame cándido. Pero durante la cena se refería a él como si ya no estuvieran juntos, aun compartiendo casa, cosa que me parecía muy rara, por la mañana volvía ser su novio. Cosas de mujeres… ¡Qué se le va a hacer!