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Activity 12A: Inventory controls (page 135)

Todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo bueno, todo lo que es lleno de gracia, en toda la creación, en el cielo y en la tierra, será reunido en la futura Ciudad de Dios. Pero estará renovado, recreado y desa- rrollado a su máxima gloria. El material para esto ya está presente en esta crea- ción.

das y alcancen su pleno potencial. Es necesaria una intervención de lo alto para llevar esto a cabo. Éste será el regreso del mismo Señor resucitado. La conexión se puede mantener y el progreso se hará posible sólo a través de un rompimiento con lo que es. Pero debemos añadir con énfasis que es un asunto de lo primero – la conexión y no la ruptura. Es asunto del rompimiento tan sólo porque sirve a la conexión.

Es aquí pertinente la figura de len- guaje judía favorita con respecto a los ‘dolores de parto del Mesías’. Ellos forman la transición entre este mundo y el del futuro. Los dolores son parte de este mundo. Parecen estar en agudo contraste con el nuevo mundo. Sin embargo, no prueban la ausencia del mundo futuro, sino precisamente su presencia oculta. El nuevo mundo no cae sobre el antiguo como una bomba, ni toma el lugar del antiguo que es destruido, sino que nace a través del antiguo en el que ha estado activo. Aunque está activo, está oculto hasta el punto que puede llegar a existir sólo a través de una liberación, una reden- ción y una gran intervención. La forma externa de este mundo (schema en el griego) pasará (I Cor. 7:31). Esperamos una tierra nueva en el sentido de una tie- rra renovada; esta tierra, pero completa- mente renovada. Este mundo avanza hacia su fin (la palabra griega telos signi- fica ‘fin’ lo mismo que ‘meta’). Sin embargo, es una meta que puede ser alcanzada sólo a través de un fin, o un rompimiento.

De modo que la historia y la consu- mación están íntimamente relacionadas. Las fuerzas del Reino, que ya están acti-

vas en la historia, serán liberadas de los grilletes del pecado y la muerte en la con- sumación. En este sentido la consuma- ción es el momento cumbre de la historia. Pero este momento cumbre es, al mismo tiempo, la glorificación por la cual la his- toria por encima de las posibilidades que nos son conocidas.

Esto es un paralelo de lo que ocurre en la vida personal de un creyente, parti- cularmente su existencia física. ‘Se siem- bra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual’ (I Cor. 15:44). Estos dos cuer- pos no están separados el uno del otro. Es una conexión esencial, tal como la que existe entre el grano y la espiga (I Cor. 15:36ss.). Pero esta conexión es produ- cida por un rompimiento puesto que Cristo ‘transformará el cuerpo de la humi- llación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya’ (Fil. 3:21). Este cambio será tan tremendo que debemos confesar, ‘Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él…’ (I Juan 3:2). El mismo Cristo resucitado es la conexión entre mi antigua y mi nueva existencia, y entre nuestra historia y su consumación.

Uno puede haber notado que en el pensamiento tradicional de la Iglesia se ha colocado un mayor énfasis en el rompi- miento, más que en la conexión. A pesar de la repetida expresión ‘la expansión del Reino de Dios’, que parece señalar direc- tamente a la conexión entre este mundo y el siguiente, el pensamiento de una rup- tura definida, de un futuro que es extraño y que no está relacionado con el mundo antiguo, y que caerá sobre este mundo

malo como una bomba, se halla mucho más vivo. La otra cara de todo esto es que se considera que este mundo ha sido can- celado, mantenido con el propósito de ser más tarde destruido. Lo anterior ha puesto en claro cuán parcializada, y por lo tanto errónea y peligrosa, es esta forma de pensar. Esto se hace aún más evidente cuando descubrimos de qué manera tan vigorosa se presenta en el Nuevo Testa- mento la conexión entre la historia y la consumación. A pesar de todo lo que se dice acerca del rompimiento, hay una transición casi imperceptible de la histo- ria a la consumación. Esto es verdad de todos los pasajes que tratan con esta situación: Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21; I Cor. 15:23-30; II Tes. 2 y Apoc. 18-22. A veces es difícil (especialmente en I Cor. 15) decir dónde se encuentran las líneas divisorias debido a que la consumación simplemente se presenta como la conti- nuación de la historia. Una vez más, parece que el contraste dualista entre este mundo y el próximo, y que algunos creen discernir en el judaísmo intertestamenta- rio y en el Nuevo Testamento como un contraste de la conexión entre ambos mundos en la proclamación de los profe- tas, es una construcción que no le hace justicia a la verdad. Es verdad que se dice mucho acerca de la crisis futura en la his- toria y la naturaleza, pero esto no deses- tima el hecho que la consumación se presenta como ocurriendo en el mismo tiempo y espacio de la historia. Claro, estamos tratando con lenguaje figurado. Pero el lenguaje figurado es un lenguaje que trata de decir algo, no nada. Y trata de decir que este mundo será glorificado, y que esta historia será completada.

Si tratamos de encontrar la base de la

opinión que dice que existe únicamente un rompimiento entre la historia y la con- sumación, en realidad encontraremos únicamente las bien conocidas palabras de II Pedro 3:5-13, donde se argumenta que, puesto que el primer mundo fue des- truido por agua, los elementos del mundo presente se derretirán en el fuego para hacer espacio a la nueva tierra. Aquí la ruptura ciertamente se encuentra en pri- mer plano. Pero después de una lectura más cuidadosa parece que la conexión se asume, así como había una conexión esencial entre el mundo antes y después del diluvio. El fuego es una alusión a Isa. 66:15s. y a otros pasajes del Antiguo Tes- tamento. Es un indicativo del juicio divino que está activo probando y refi- nando. Aparece de esta manera también en otros pasajes del Nuevo Testamento (Mar. 9:49; I Cor. 3:15; I Ped. 1:7; Apoc. 3:18). No importa cuán arrolladora pueda ser su intervención, ella refina; no des- truye. Además, algo que es importante para esto son las palabras en el versículo 10 que según los mejores manuscritos dicen: ‘y la tierra y las obras que hay en ellas serán encontradas [“descubiertas”, margen de la Versión Revisada; “dejadas al desnudo” NEB]’. Desde los primeros días les ha parecido extraño a los lectores que ‘descubiertas’ fuese cambiada por ‘quemándose’, o que el negativo ‘no’ haya sido añadido, o que de una manera u otra se hubiese hecho un esfuerzo por cambiar este recordatorio de una conexión en una afirmación del rompimiento. Todo el pasaje está dirigido a aquellos que sueñan con una conexión eterna y tranquila, y niegan un rompimiento venidero. Aun- que este pasaje y otros discuten la des- trucción del mundo (Mat. 5:18; 24:35; I Juan 2:17), está claro que no aguardamos

una destrucción de la esencia, sino un cambio de la forma (Mat. 5:5; I Cor. 7:31). Este mundo y el próximo no pueden estar jamás en un contraste absoluto, pues las fuerzas de la Era venidera, Cristo, quien es las primicias, y el Espíritu, quien es la garantía de nuestra glorificación, ya están activos en este mundo.