36 Puesto que para los ixcatecos la principal morada de Chikon Nangui y su séquito los – chikones– se localiza en el Cerro Rabón, uno de las tres elevaciones emblemáticas de la
geografía mítica mazateca, me interesó cuestionarme acerca de la relación de quienes fueron reubicados en Playa Vicente, a 210 kilómetros de distancia (pero a varias horas de trayecto), con dicho referente mítico y territorial.
37 Los habitantes indígenas de Nuevo Ixcadán siempre se refieren a San Pedro, el Viejo
Ixcadán, como su lugar de origen, aunque nunca hayan pisado aquellas tierras por haber nacido ya, años después del reacomodo, en el nuevo asentamiento. Casi todos coinciden en afirmar que aquella tierra era más fértil y con mejor clima. Al trasladarse a los llanos de Playa Vicente, los fundadores del pueblo tuvieron que adaptarse a un entorno selvático que en la actualidad, cincuenta años después, se encuentra integrado por amplias sabanas para ganadería extensiva y algunas plantaciones comerciales en manos de pobladores mestizos de la región. El poblado se encuentra asentado en las márgenes del río Lalana, y el paisaje es de extensas llanuras sin elevaciones mayores.
38 Cuando pregunté a un anciano curandero de este lugar acerca del rey de la tierra, Chikon
Nangui, me dijo al respecto:
Sí hay Chikon Nangui aquí, son de San Pedro Ixcadán, de allá vienen y son así, chaparritos, su pelo parece nieve, es blanco, está bonito; él es morenito como nosotros y tiene todo como nosotros, con el pelo largo a la cintura, con su ropa blanca. Un día lo ví allá en Ixcadán Viejo, en el campo, trabajando. Llegó como a las doce y desapareció y tenía bonito el pelo, platicando viene, quién sabe qué habla, no se le entiende, nada más como que grita... vive en el monte y en el cerro hay muchos, ahí en Ixcatlán Viejo en un cerro grande, en Cerro Rabón, hay mucha tierra, mucho tigre, mucho león, puro animal, víboras grandes, es bien fuerte ese cerro, ahí está el dueño, ahí está todo. Y la gente sí puede caminar por ahí, pero es muy peligroso.24
39 Si bien sería fácil interpretar estas palabras como una clara expresión de continuidad del
pensamiento mítico mazateco y de su adscripción a un territorio étnico ancestral, la realidad en Nuevo Ixcadán es mucho más compleja.
40 A mediados de los años setenta del siglo XX, dos décadas después de la fundación del
poblado, el sacerdote católico asignado a la localidad promovió la introducción del Movimiento de Renovación Carismática, al mismo tiempo que predicaba la disolución de las prácticas y creencias que él llamaba supersticiosas y de brujería. Hasta entonces se encontraba en funciones un grupo de “principales”, hombres de estatus y prestigio adquirido que hacían lo posible por reproducir las costumbres y los ceremoniales religiosos tal y como se desarrollaban en el terruño. Durante un tiempo, los habitantes del pueblo se dividieron entre quienes abogaban por el mantenimiento de la tradición en cuanto a los ceremoniales religiosos como la celebración de la semana santa y las fiestas patronales a la usanza de su pueblo de origen, y entre quienes estaban a favor de practicar el “catolicismo renovado”, vertiente pentecostal de la Iglesia católica.
41 Al mismo tiempo, algunas de las prácticas curativas tradicionales, como “las limpias” y las
ofrendas a los chikones, así como los métodos de adivinación con base en la ingestión de hongos alucinógenos (San isidro y Derrumbe), Hierba María (Salvia divinorum) y Semillas de la Virgen (Olloliuhqui) fueron severamente cuestionados; es decir, se generó una especie de censura hacia el quehacer de los shutá chiné en su carácter de rezadores, curanderos e intermediarios entre los dueños de lugares y los seres humanos.
42 El conflicto se prolongó durante varios meses. La facción tradicio-nalista tomó las
instalaciones del templo para impedir que se celebraran los oficios religiosos bajo la modalidad impulsada por el sacerdote carismático en turno. Después de infructuosas gestiones de los principales ante la jerarquía eclesiástica –en las que solicitaban explícitamente que se les permitiera continuar celebrando las fiestas y ceremonias religiosas, de acuerdo con la costumbre de sus antepasados mazatecos–, el obispo de la diócesis de Tuxtepec falló a favor del sacerdote y sus seguidores y se adjudicó a Nuevo Ixcadán la categoría adminis-trativa de parroquia. Tras esta resolución, los principales se retiraron de la contienda y abrieron las puertas del templo al sacerdote y sus partidarios. La defensa de la tradición se tradujo de este modo en una competencia por el dominio del espacio público ritual, el cual quedó finalmente bajo el control de los prosélitos carismáticos.
43 Algunos de quienes protagonizaron aquella pugna en defensa de la tradición, mantienen
hasta ahora su distancia de las actividades y oficios que se realizan en la parroquia, y continúan realizando procedimientos curativos y otros rituales domésticos a la manera antigua. Aún comenta uno de ellos: “la renovación es palabra nueva, la palabra de antes tiene más vida”. En algunos de estos sabios ancianos mazatecos, la prédica de los sacerdotes parece no haber mermado su fe en las prácticas ancestrales y con extrema discreción todavía consumen psi-cotrópicos durante las sesiones curativas y ejecutan procedimientos de adivinación mediante la lectura de granos de cacao y de maíz, entre otros procedimientos terapéuticos tradicionales. El conocimiento y ejecución de los cantos y rezos fúnebres de antaño es otro ingrediente muy valorado entre quienes se mantienen arraigados a este acervo cultural.
44 Don Matías –curandero tradicionalista y uno de los más notables impugnadores del
Movimiento de Renovación Carismática durante la década de los años setenta– continúa llevando a cabo la ejecución los procedimientos prescritos para devolver a sus pacientes
el espíritu atrapado por Chikon Nangui. Después del desenlace del conflicto con el sacerdote y sus seguidores, don Matías cayó en un sueño prolongado. En su viaje onírico fue recibido por Jesucristo –y no por Chikon Nangui– quien lo condujo hasta un altar y ahí le señaló aspectos de su vida que debía cambiar para estar en paz con Dios, así como el tipo de prácticas que debía excluir de su ejercicio como shutá chiné.
FOTOGRAFÍA Altar doméstico de shutá chiné. Fotografía de María Teresa Rodríguez L.
45 Don Matías relata que tras quince días de permanecer en trance y en ayuno entendió que
debía abstenerse de utilizar psicotrópicos para diagnosticar los males de sus pacientes, así como elegir sólo a una de sus dos esposas para tener con ella vida marital.25 A partir de
entonces resolvió que su campo de actuación sería la adivinación mediante la lectura de la flama de dos velas que le indican las causas del infortunio de sus enfermos (sin recurrir más a la ingestión de psicotrópicos), la aplicación de remedios a base de herbolaria, las “limpias” y otros procedimientos en los que incorpora la lectura de pasajes tomados del Antiguo Testamento.
46 De este modo, don Matías disipó parcialmente uno de los planos del antagonismo entre
diferentes sistemas cosmológicos. Realizó una adaptación selectiva, en la que determinados métodos fueron excluidos en su afán por construir un sistema coherente de ideas y de prácticas adivinatorias y curativas. Sin embargo, a pesar de su encuentro con el dios cristiano durante su trance prolongado, estima indiscutible la existencia de Chikon Nangui, misma que aún considera como una de las principales causas de enfermedad. Así lo exponía mientras curaba a una de sus pacientes: “Ella no quiere trabajar, no quiere nada, se espantó porque la agarró el Chikon Nangui, es la gente de la tierra, son muy malos, viven debajo de la tierra”.26
47 Otros shuta chiné, por su parte, se adaptaron a la ideología pente-costal reestructurando
sus vidas y asumiendo sus experiencias como una nueva iluminación; convirtiéndose en “sanadores” por medio de la oración, a semejanza de lo que ocurre en otras iglesias de corte pen-tecostal.27 En la actualidad, los “grupos de oración” impulsados por el
del poblado– atraen a personas de Nuevo Ixcadán y poblados circunvecinos que buscan alivio a problemas de salud física o de otra índole.
48 Don Agustín relata que él se alejó del ejercicio como shutá chiné tras las proclamas del
sacerdote en torno de la existencia de un solo dios, y su reprobación de las “supersticiones” relacionadas con Chikon Nangui Sin embargo, aunque don Agustín acata este mandato, asegura que
una persona puede morir de un día para otro si alguien se propone hacerle daño invocando a Chikon Nangui. Él vino de San Pedro Ixcadán Oaxaca, de un cerro muy grande que es como su casa. Es como el dios de la tierra y siempre está escuchando, acrúa y responde mucho más rápido que Jesucristo.28
49 Y agrega que cuando alguien muere bajo estas circunstancias, su espíritu se va con los chikones y nunca llega ante Dios, se queda atrapado con ellos en el infierno, en calidad de
esclavo.
50 Como otras divinidades de raigambre mesoamericana, los chikones tienen características
que denotan su carácter dual: son al mismo tiempo malévolos y benévolos. Sin embargo, en las declaraciones emitidas por don Agustín se expresan netamente sus atribuciones malignas vinculadas con la noción del demonio cristiano, no obstante que la cosmología mazateca también observa la existencia de un espíritu maligno (Shindají o Sutajnú), quien habita en profundas cavernas ubicadas al Poniente del universo, donde guarda todas las enfermedades que azotan a la humanidad. Es por ello que los shutá chiné dirigen sus plegarias hacia el Oriente, donde se localizan el mar sagrado y el Padre Eterno, el dador de vida.29
51 Chikon Nangui es dador de riqueza pero también puede producir enfermedad. No
obstante, como señala Incháustegui,30 aun cuando su proximidad es peligrosa (pues en
ocasiones se aparece en los parajes deshabitados o en los cruces de caminos, y en estos casos puede provocar enfermedades u otras desventuras) se trata de una deidad que se preocupa por su pueblo y se manifiesta cuando se presentan acontecimientos que afectan la vida de la gente. Durante la construcción de la presa “Miguel Alemán”, por ejemplo, Chikon Nangui hostigaba a los trabajadores de la Comisión del Papaloapan –instancia gubernamental encargada de la construcción de dicha obra hidráulica– provocando accidentes continuamente y cobrando vidas humanas.31