14 —¿Usted cómo aprendió a curar? –Pregunté a don Gaudencio, un reconocido curandero de
San Pedro Ixcadán, en la subregión de la Mazateca Baja, en el estado de Oaxaca.
15 —Yo creo que es como una herencia que yo traigo, porque mi papá, mi abuelo, mis tíos,
todos fueron curanderos. Pero además un día me desmayé, estuve como una semana dormido y ahí fue donde me revelé muchas cosas, ahí aprendí cómo curar.
16 —¿Vio a alguna persona mientras estaba desmajado?
17 —Vi el cielo, la tierra, vi varias personas como reyes, esos son los que mandan. Tiene un
rey, un espíritu la tierra. Por eso se enferma uno, por los reyes, los chaneques que tiene la tierra, cuando una persona se cae, se asusta y ahí es cuando se enferma. A ellos se les pide, se les ruega para que devuelvan el espíritu del enfermo.
18 —¿Ellos se parecen a nosotros los humanos?
19 —Son hombres, son personas, pero no son iguales a nosotros, tienen unas caras muy
diferentes.
20 —¿Pero cómo son, son altos o bajitos?
21 —Algunos, algunos son altos, la mayoría no crecieron desde que el Dios hizo la tierra y el
El encabezado de todos es un rey, el Chikon Nangui, le decimos en dialecto, y los que son como sus soldados se llaman chikones.
22 —¿El rey que vive en el Cerro Rabón es otro, o es el mismo?
23 —Es el mismo, vive ahí pero tiene sus soldados, su gente, algunos pertenecen al río, otros
al cerro, están divididos como nosotros, aquí por ejemplo es San Pedro, allá es Tuxtepec.
24 —¿El rey tiene esposa, tiene familia?
25 —Sí tiene, por eso también ellos viven, porque tienen su familia. Pero no es igual como
nosotros que tenemos hijos y año con año hay niños, ellos tienen familia pero ya son contados.12
26 El complejo cerro con sus referentes naturales –manantiales, cuevas y árboles sagrados– y
simbólicos –como símbolo emblemático condensador de los ancestros tutelares y los santos patronos protectores– ocupa un lugar clave en la cosmovisión, ritualidad y representación del espacio en el pensamiento religioso de distintas culturas indígenas de tradición mesoamericana. Las concepciones relativas a los “dueños de los cerros” se sitúan en el contexto de esta tradición religiosa.13 En el marco de esta tradición, se
reconoce a las cuevas como marcadores espaciales y temporales entre dos ámbitos delimitados de la cosmografía mesoamericana: la exterioridad y la profundidad, lo temporal y lo intemporal, lo profano y lo sagrado. Representan la entrada al infra-mundo y a las entrañas de la tierra, lugar de origen y reproducción de los animales silvestres, la vegetación y las divinidades. Para distintos pueblos indígenas contemporáneos, el subsuelo es la morada de los dueños de la tierra, equivalente al Tlalokan de los pueblos nahuas precolombinos, el paraíso silvestre, lugar de mantenimientos.
27 Las cuevas son por lo tanto umbrales, puntos de transición entre el ámbito subterráneo y
la superficie terrestre, son además los surtidores de donde emanan los vientos y las lluvias. El simbolismo mesoameri-cano vincula a las cuevas y los cerros como unidad conceptual y como las partes más significativas del paisaje.14
28 Los dioses de este complejo tienen como su principal refugio o morada las entrañas de la
tierra, o bien un gran cerro, en cuyo interior se atesoran formidables riquezas vegetales, multitud de animales silvestres y domésticos, y prolíficas corrientes de agua. Al tiempo que cumplen la función de guardianes de dichos caudales y tesoros, estas deidades infringen castigos cuando no se realizan adecuadamente los rituales propiciatorios prescritos. Su dimensión ambivalente se expresa en el intercambio simbólico que precisan realizar con los seres humanos, a cambio de beneficios materiales o poderes extraordinarios. Es necesario para ello la intervención de un mediador, un especialista en la unión de los dos mundos y en la gestión del infortunio que en ocasiones causan aquellos seres a sus desafortunadas víctimas.15
29 En la tradición de los pueblos mazatecos, cada una de las tres su-bregiones que integran la
región mazateca16 cuenta con un cerro que es la montaña de mantenimientos o su centro
emblemático: el Cerro Rabón en la subregión Baja, el Cerro San Martín Caballero en la Media, y el Cerro de la Adoración en la Alta.17 Estas grandes cumbres sagradas constituyen
el eje de una línea en cuyo extremo occidental se encuentra el Volcán de los Tuxdas, o Volcán San Martín, ubicado en la región de Los Tuxdas, al sureste del estado de Veracruz. Algunas versiones señalan que en esta montaña reside el dios del trueno, y que cuando resuena en el interior de su cráter, le responden las cumbres mazatecas. Otras versiones aseguran que este volcán es la morada del Padre Eterno, señor de los arquetipos en plata de todos los seres vivos que existen en el mundo.18
30 Chikon Nangui o Chikón Tokosho vive en el interior de los cerros mazatecos; su forma de
vida emula las características de la vida campesina: se rodea de campos sembrados de maíz y café, bosques, pastizales y ganado vacuno, y un núcleo familiar extenso cuyos conflictos amorosos y domésticos se expresan en distintos relatos de su tradición oral.19
Los chikones son parejas de dueños, deidades menores que constituyen el séquito de Chikon Nangui y cuyo dominio se asigna a lugares específicos del bosque o de la selva, cruces de caminos, ríos y manantiales. Estos personajes son concebidos de forma ambivalente como justos y protectores, caprichosos y peligrosos. Corresponden al gran complejo de seres húmedos, fríos y nocturnos, al dominio del crecimiento y la reproducción.20
31 Como decía don Gaudencio, Chikon Nangui es como un rey que gobierna en el monte y
que pastorea a los animales silvestres, a los cuales cuida y mantiene como si fueran su ganado. Es el jefe máximo de los chikones. En general, los chikones son semejantes a los humanos, pero de color oscuro, muy bajitos; eran los habitantes del mundo cuando aún no había luz, antes de que Dios creara el día y la noche y el cielo y la tierra.21 El Chikon
Nangui también habita en las pochotas, árbol sagrado de los mazatecos. En algunas localidades de la serranía maza-teca se denomina a este personaje como “El Güero”, debido a que se supone que sus cabellos son muy rubios, o casi blancos.
32 Determinados rituales se dirigen a Chikon Nangui y particularmente a los chikones
asignados a lugares definidos, para que devuelvan a los espíritus humanos que se pierden o espantan en el bosque, o cerca de los ríos y manantiales, provocando severos trastornos en la salud de las personas afectadas. Algunos otros rituales se vinculan con el calendario de las actividades agrícolas: antes de preparar el terreno para la siembra se realizan ofrendas para solicitar permiso a estos dueños sobrenaturales, y prevenir de este modo el hecho de incurrir en una trasgresión que pueda afectar la productividad del suelo. El momento de la cosecha es motivo, asimismo, de un ritual de agradecimiento a Chikon Nangui.
33 Para los ixcatecos (gentilicio que designa a los habitantes tanto del Viejo como del Nuevo
Ixcadán), el Cerro Rabón es la morada principal de Chikon Nangui; allí se localizan riquezas inmensas y todas las especies de animales que existen sobre la tierra. Este cerro se localiza en la zona baja de la serranía mazateca, cerca de Jalapa de Díaz y de San Pedro Ixcadán, Oaxaca, los municipios más afectados por el embalse de la gran presa hidroeléctrica “Miguel Alemán”.
34 Debido a que el Cerro Rabón es la principal morada de este personaje mítico, dicha
cumbre es considerada por los ixcatecos como un espacio encantado, reservado para los hombres y mujeres de conocimiento, shutá chiné, quienes experimentan allí la intensificación de sus facultades. Es sin embargo, un lugar potencialmente peligroso para los inexpertos en el manejo de las formas ritualizadas de interacción simbólica, con dicho entorno y las entidades que lo habitan. En ocasiones, las personas contratan los servicios de un shutá chiné para llevar a efecto ceremonias propiciatorias en el cerro o sus inmediaciones, en busca de la consecución de buenas cosechas, o la solución de algún conflicto o atribulación de índole personal. El especialista realiza las peticiones ofrendando a Chikon Nangui pollos vivos, semillas de cacao, huevos, copal y otros elementos ceremoniales. También se le invoca en el espacio doméstico antes de habitarlo por vez primera, y en ocasión del inicio de un nuevo año; entonces se le implora bienaventuranza, dirigiéndose hacia el oriente mientras se realiza un banquete ceremonial y se disponen ofrendas especiales.
35 También se dice que en el Cerro Rabón vive el arco iris, en una jicara o recipiente cóncavo
que gira continuamente en la superficie de un lago que se localiza en la cima. Cuando se intensifica la época de sequía, los habitantes de los alrededores se dirigen hacia una cueva ubicada en las faldas de dicha elevación. En el interior de esta cueva se encuentran dos formaciones rocosas que simulan los pechos de una mujer. Allí se realiza un ritual propiciatorio de petición de lluvias, puesto que se supone que es la morada de Jchún Majé, dueña del rayo y del agua y deidad de la fertilidad.22 El mito fundador de los ixcatecos
establece que de un sitio conocido como Cabeza de Tilpan, ubicado en la actualidad en la parte norte del litoral de la presa “Miguel Alemán”, emigraron los habitantes hacia el ahora pueblo de San Pedro. Según esta versión, los antepasados de los ixcatecos actuales huyeron de Cabeza de Tilpan, ya que un águila gigante se robaba a los niños en sus primeros años de vida, y no siempre conseguían burlarla, aunque lo intentaban ocultando a los pequeños en las canastas utilizadas para la cosecha de maíz. Una de las versiones de este relato refiere que Chikon Nangui eludió finalmente al águila y logró que su gente residiera en el territorio que Dios les había asignado, el actual pueblo de San Pedro Ixcadán. Según Barabas23 este mitema es común a cuicatecos, chinantecos, mazatecos,
mixes, chontales y triquis. En todos los casos las águilas “comeniños” obligaron a los antepasados a emigrar y a fundar nuevos pueblos.