El diseño catastral definido para la Reserva Cushamen correspondía de mane- ra general a la forma de una cuadrícula conformada en general por lotes de 2500 m de lado, es decir un cuarto de legua, con la idea de entregar uno por fa- milia. Por otro lado la idea de lotes individuales era algo extraño para esta cul - tura, significando la introducción de la concepción de propiedad privada indivi- dual de la tierra y de transformarlos en pequeños productores agropecuarios. Por un lado la superficie limitada de tierra y por otro las características ambien- tales, significaron desde la instalación de las familias una fuerte limitante para la actividad ganadera, que hoy continúa siendo la actividad económica princi- pal. Como menciona Filkenstein, varios informes de la dirección de tierras des- tacan esta situación, como la limitada superficie por lote, la aridez de algunos de ellos, faltos de aguadas u otros casos que son campos de veranadas, de di- fícil habitabilidad durante el invierno, sugiriendo que “como se considera que no es posible modificar el trazado de los lotes dándoles mayor extensión, se acon- seja que los lotes que constituyan campos de verano y que se les indica en
grupos separados, sean mantenidos libres de adjudicación, destinados para “pastos comunes” es decir constituirían lugares donde todos los pobladores tendrían por igual derecho llevar hasta ellos parte o toda la hacienda en el ve- rano conservación de los pastos para el invierno (IAC, 1919 – en Filkenstein 2007:15). De los 200 lotes marcados más de la mitad no tenía acceso a agua- das ni tampoco se diferenciaba entre campos de veranada e invernada o malli- nes y pampas.
En los primeros años muchos lotes no estuvieron ocupados como tampoco es- taban alambradas las tierras vecinas entregadas para una colonización inglesa, lo que hacía que la superficie que realmente disponía cada familia para pastoreo fuera considerablemente mayor que el cuarto de legua planificado. La actividad ganadera se complementaba con la producción de granos, los que eran deman- dados por molinos harineros que comenzaron a instalarse a fines del siglo XIX en la zona. En su libro, Clemente Onelli en 1904 menciona haber visto sembra- dos y silos de cuero en el Valle del Arroyo Cushamen. La Inspección de Tierras de 1905 registró 28 ha de cereales y los pobladores antiguos recuerdan siem- bras de secano en otoño de trigo y otros cereales (Dankelmaier et al., 2008). La actividad principal que han tenido las familias de Cushamen desde su insta- lación ha sido la ganadera15. Esto ha definido el uso del suelo para esta activi-
dad, hasta 1911 ampliada por la inexistencia de alambrados en campos de la Compañía inglesa, lo que permitía el uso de una mayor superficie, para luego reducir los pastoreos a la superficie original de los lotes.
En el año 1930 la zona no es ajena a la gran crisis económica mundial. Se des- tacan la caída de precios de la lana, la escasez de productos, la explotación de mano de obra indígena la cual se ve obligada a migrar para poder obtener in- gresos, la expropiación masiva de tierras y la deportación de comunidades en- teras como es el caso de la tribu Nahuelpan (ubicada en el boquete Nahuelpan cercano a Esquel). Testimonios de pobladores no solo hablan de que sus pro- ductos no tenían valor sino que también faltaban alimentos. Este tiempo marcó quizás la emigración forzada de integrantes de las familias de Cushamen en busca de trabajo, ante la imposibilidad de las unidades domésticas de absorber 15 Según datos de las inspecciones de Tierras de los años 1900 y 1912 (Filkenstein, 2005), para el primer caso, con 55 familias adjudicatarias existía un número de 21.460 ovinos, 1.613 vacunos y 1.858 equi- nos y para el año 1912 con 62 familias adjudicatarias el número de animales era de 37.353 ovinos, 1.893 vacunos y 4.666 equinos.
la fuerza de trabajo generada por ellas (Radovich y Balazote 1992 en Del Río 2007). Esta crisis se agravó aún más por cuestiones climáticas hasta por lo me- nos el año 1934.
Como mencionamos en la introducción, la situación de la tenencia de la tierra de las familias de Cushamen, continúa en un estado de precariedad que es si- milar en varias regiones de la Patagonia. Tomando como base los datos del Censo Nacional Agropecuario, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA), identificó las siguientes situaciones problemáticas predo- minantes respecto a la tenencia de la tierra en la región en la actualidad:
- Ocupantes de tierras fiscales criollas y aborígenes. - Comunidades indígenas. Aparcerías precarias. - Sucesiones indivisas.
Actualmente las tierras fiscales están ocupadas por una persona a la que se denomina ocupante, fiscalero o criancero (en las zonas de producción de ove- jas), generalmente son indígenas o pequeños campesinos a los cuales se les otorga un permiso precario de ocupación, debiendo pagar un derecho de pasta- je, el cual varía según la zona y la productividad de la tierra. En caso que el ocupante desee adquirir las tierras que está ocupando, se debe proceder a una mensura de la misma y una vez aprobada la misma por el Gobierno Provincial se adjudica y se vende a un precio fijado por el Gobierno de la Provincia. (Silli, 2011). En Chubut el índice de explotaciones agropecuarias con déficit de titula- rización es superior a la media nacional, alcanzando el 28% (CNA, 2002). Los reclamos por la titularidad de las tierras se sucedieron no solamente en el caso de la Colonia Cushamen sino de muchas otros lugares de la Provincia de Chubut, sin embargo en muy pocos casos se obtuvo respuesta desde los orga- nismos oficiales. Durante la década de 1970 se registraron algunas poquísimas titularizaciones, probablemente asociadas a decisiones discrecionales por parte de funcionarios de gobierno. El grueso de la población rural de Cushamen si- guió y sigue con la situación de precariedad en la tenencia irresuelta.
1.5. Estrategias de reproducción social, actividades económicas de