Aun cuando la prescripción de fármacos supresores de la acidez gástrica está correctamente indicada intrahospitalariamente, se deben revisar las indicaciones válidas para estos medicamentos tras el alta, es decir, si
existen factores de riesgo para continuar por un tiempo determinado el uso de estos fármacos. Sin una nueva revisión de las indicaciones, se comete nuevamente el desacierto de una innecesaria prescripción. Según algunos autores, esta mala prescripción tras el alta hospitalaria significa el 69% (Gupta et al., 2010), 50% (Parente et al., 2003) y el 30% (Zink et al., 2005) de pacientes.
De los pacientes que reciben terapia de supresión ácida 44% fueron prescritos antes de la admisión hospitalaria, mientras que el 56% la iniciaron durante su hospitalización (Nardino et al., 2000), al igual que lo analizado por Noguerado, el 54.1% de los pacientes continuaron con terapia supresora ácida tras el alta, de los cuales el 65.9% se los utilizó incorrectamente (Noguerado et al., 2002) y Pham en el cual el 54% de pacientes también continuaron con esta terapia tras el alta, de los cuales entre el 69.1% al 89.5% utilizaron con indicaciones inaceptadas (Pham, Regal et al., 2006).
En pacientes en quienes se les ha iniciado la terapia de supresión ácida inadecuadamente al ingreso, 69% de ellos continúan con la terapia tras el alta (Gupta et al., 2010). De igual manera, el 55% de pacientes con profilaxis para úlcera de bajo riesgo fueron dados de alta con fármacos supresores de la acidez gástrica (Nardino et al., 2000).
De igual manera, Carmona-Sánchez y colaboradores observaron que de los pacientes que iniciaron Anti-H2 durante su hospitalización, el 16% continuó tratamiento a su egreso o hasta completar cuatro semanas, lo que va en contra de las recomendaciones aceptadas (Carmona-Sánchez et al., 1997).
Una posible etiología que explique, pero no justifique la continuación extrahospitalaria de esta terapia, es la transcripción de las indicaciones hospitalarias por parte de los médicos en las recetas entregadas al alta, posiblemente por la percepción de relativa benignidad que esta terapia tiene (Zink et al., 2005).
El principal problema que tiene la prescripción inadecuada de estos medicamentos tras el alta, es el tiempo que seguirá la persona usándolos. Según Zink el 80% y 50% de los pacientes que recibieron la prescripción inadecuada, seguirán tomando por 3 y 6 meses respectivamente tras el alta (Zink et al., 2005).
La prescripción inadecuada de cualquier fármaco, y en este caso de los fármacos supresores de la acidez gástrica, es una desventaja tanto al paciente como para el sistema de salud, debido al costo elevado que tienen. Es así como lo determinaron Heidelbaugh e Inadomi (Heidelbaugh e Inadomi, 2006).
Los fármacos inhibidores de la bomba de protones son los fármacos supresores de la acidez gástrica mayormente prescritos intrahospitalariamente (Gupta et al., 2010), y se deben considerar el riesgo que existe para que se produzca una infección nosocomial desencadenada indirectamente por estos.
La mayoría de FSAG no necesitan receta médica para su adquisición, lo cual desencadena en un aumento de su uso y en una pobre monitorización de su
comercialización. Aunque generalmente son efectivos para el alivio de los síntomas y son relativamente bajos en costos (Majumdar et al., 2003), su uso indiscriminado y generalizado crea problemas para la población, que perciben una falsa seguridad en este tipo de medicamentos.
Finalmente, se puede decir que es preocupante que en los últimos años haya aumentado significativamente la prescripción de fármacos supresores de la acidez gástrica sin tomar en cuenta las modificaciones al estilo de vida, como disminución de peso, dejar de fumar, reducir el consumo de alcohol y grasas, que llegan a ser más importantes que la prescripción de más fármacos (McManus et al., 1998).
5.10. REPERCUSIÓN ECONÓMICA DEL USO INADECUADO DE FÁRMACOS SUPRESORES DE LA ACIDEZ GÁSTRICA
“Los médicos no podemos eludir la dimensión económica de nuestras decisiones, pero nuestro deber ético es procurar la máxima calidad de los actos médicos”.7
Existe un substancial, continuo e inexplicable aumento de la prescripción de inhibidores de la bomba de protones. En el 2007 se registró una prescripción
7Comité Permanente de Médicos Europeos. La calidad de la prescripción. Departamento de Humanidades Biomédicas. Universidad de Navarra. Pamplona-España, 2003
aproximada de 20.5 millones de ampollas de omeprazol en Estados Unidos, lo cual se tradujo en alrededor de $ 10 billones. Por lo tanto, los inhibidores de la bomba de protones se encuentran entre los fármacos de mayor abuso y de peor uso. Perwaiz y colaboradores determinaron que el 68.5% de los pacientes que estaban siendo administrados con IBPs por vía intravenosa, no tenían una indicación adecuada, en base a las recomendaciones brindadas por la American Gastroenterology Association (Perwaiz et al., 2010).
El promedio de días en que se prescribió esta terapia intrahospitalariamente fue de 4.5 días. Tomando en cuenta los costos según la farmacia del Interfaith Medical Center de Brooklyn, se determinó que cada ampolla de omeprazol de 40mg IV tiene un costo de $ 7.5. El total de ampollas utilizadas en el servicio de Medicina Interna, desde el mes de julio de 2008 hasta junio de 2009 en el cual se realizó el estudio, fueron de 2445 unidades, por lo tanto el costo estimado para esta medicación fue de $ 18 337 (Perwaiz et al., 2010).
Una investigación similar fue publicada por Wadibia et al., quienes calcularon que el costo para profilaxis inapropiada por úlcera de estrés con Anti-H2 por paciente hospitalizado en UCI era de $ 5081 (Wadibia et al., 1997).
Heidelbaugh e Inadomi examinaron el impacto económico de la inapropiada profilaxis por úlcera de estrés en una revisión retrospectiva de los ingresos a los servicios de medicina general y medicina familiar en un hospital docente. De los 1769 pacientes seleccionados, 391 (22.1%) estaban recibiendo